lunes, 19 de mayo de 2014



                                                    LA POBREZA


                                                                VII

2.- San Francisco profundiza en la pobreza de Cristo fundado en la reflexión que hace el NT sobre su vida y doctrina antes descrita. Por eso la experiencia de Francisco abarca el Jesús histórico, el que convive con sus discípulos en Palestina, y la revelación que componen los autores neotestamentarios desde su condición de Hijo de Dios, encarnado, resucitado y perteneciente a la condición divina y a la condición humana. El himno prepaulino  de los Filipenses se divide en dos partes, la relativa a su constitución humana: "... el cual [Cristo Jesús], a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios; sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y mostrándose en figura humana se humilló, se hizo obediente hasta la muerte, una muerte en cruz+; y la relativa a su constitución exaltada: *Por eso Dios lo exaltó y le concedió un título superior a todo título, para que, ante el título de Jesús, toda rodilla se doble, en el cielo, la tierra y el abismo; y toda lengua confiese para gloria de Dios Padre: (Jesucristo es Señor!"[1].
La preexistencia sitúa a Jesús en la gloria del poder y honor divinos. Desde dicha altura recorre un camino de humillación que llega hasta lo más profundo: el Calvario. Pablo lo afirma: "Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, por vosotros se hizo pobre para enriqueceros con su pobreza"[2]. El rico Jesucrito asume un modo de ser esclavo, se hace a imagen y semejanza del hombre, lo que le obliga a despojarse de sí en su relación histórica. Es un vaciarse de sí tan radical, y lleva consigo una generosidad tan extrema que se coloca en el lugar más ignominioso que puede sufrir un hombre, como es la muerte en la cruz.
Por consiguiente, Jesús no sólo se se encarna para salvar al hombre, sino que lleva a cabo esa redención desde la misma vida de los pobres. «Y cuando fuere necesario vayan por limosna. Y no se avergüencen y más bien recuerden que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo omnipotente, puso su faz como roca durísima y no se avergonzó; y fue pobre y huésped y vivió de limosna él y la bienaventurada Virgen y sus discípulos» . Con más exactitud: «Y como peregrinos y extranjeros en este siglo sirviendo al Señor en pobreza y humildad vayan por limosna confiadamente, y no deben avergonzarse, porque el Señor se hizo pobre por nosotros en este mundo. Esta es aquella eminencia de la altísima pobreza, que a vosotros, carísimos hermanos míos, os ha constituido herederos y reyes del reino de los cielos, os ha hecho pobres de cosas, os ha sublimado en virtudes. Esta sea vuestra porción, que conduce a la tierra de los vivientes. A la cual, amadísimos hermanos, adhiriéndoos totalmente, ninguna otra cosa por el nombre de nuestro Señor Jesucristo jamás queráis tener debajo del cielo»[3].
La pobreza, entonces, es una actitud global, como lo es el amor que identifica la vida de Jesús de Nazaret. La pobreza no es una actitud ascética, o moral, o de aplicación de la justicia social, o de imitación de la vida apostólica y de la primera comunidad cristiana, que bien pronto cambió la radicalidad de Jesús[4]. Para Jesús, según lo vive e interpreta Francisco, la pobreza es una opción de vida del Verbo encarnado y la une a su misión salvífica. Esta misión supone la entrega y obediencia a la voluntad de Dios, que es una especie de atmósfera en la que respira continuamente Jesús y el Poverello. Esto conlleva una kénosis personal para dejar paso a la total disponibilidad para el Reino. Es el significado de pobreza que al final da Francisco: Vivir sin propio[5]. El sin propio conduce a la paz, a la libertad y al respeto a la creación, sin la manipulación que dimana del dominio, pues todas las cosas son propiedad de Dios. El sin propio da también la posibilidad de favorecer la fraternidad entre todas las criaturas. Y con una clara finalidad: Que toda la creación desvele al Señor presente en la historia, y desde aquí le tribute el honor, la gloria y la gracia debidas[6].




[1] Flp 2,6-11; cf. 1Tm 3,16
[2] 2Cor 8,9; cf. Jn 1.14.
[3] Regla Bulada 6,2-6; Textos citados:   1Pe 2,11; 2Cor 8,9; Sant 2,5; Sal 141,6. Sacrum Comercium, 2.4.31.
[4] Lc 12,22-31: «Dijo a sus discípulos: "Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis: porque la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido; fijaos en los cuervos: ni siembran, ni cosechan; no tienen bodega ni granero, pero Dios los alimenta. ¡Cuánto más valéis vosotros que las aves! Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un codo a la medida de su vida? Si, pues, no sois capaces ni de lo más pequeño, ¿por qué preocuparos de lo demás? Fijaos en los lirios, cómo ni hilan ni tejen. Pero yo os digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba que hoy está en el campo y mañana se echa al horno, Dios así la viste ¡cuánto más a vosotros, hombres de poca fe! Así, pues, vosotros no andéis buscando qué comer ni qué beber, y no estéis inquietos. Que por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso. Buscad más bien su Reino y esas cosas se os darán por añadidura.»; corrección por la comunidad primitiva en Lc 22,35: «[Jesús]  les dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja y sin sandalias, ¿os faltó algo?" Ellos dijeron: "Nada". Les dijo: "Pues ahora, el que tenga bolsa que la tome, y lo mismo alforja, y el que no tenga, que venda su manto y se compre una espada»; cf. Mt 6,25s.28-30;
[5]  Regla no bulada, 1,1: «La regla y vida de estos hermanos es ésta, a saber, vivir en obediencia, en castidad y sin propio, y seguir la doctrina y las huellas de nuestro Señor Jesucristo»;  Regla Bulada 1,1: « La Regla y vida de los Frailes Menores es ésta, a saber:
guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad».
[6] Admoniciones, 6; 7,4; 12; 15; 17; 18.

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