lunes, 2 de marzo de 2015

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré»

III DOMINGO CUARESMA (B)


                                      «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré»

        Lectura del santo Evangelio según San Juan 2,13-25.

        En aquel tiempo se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: —Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
        Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: —Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: -Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
        Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.


1.- Texto. Jesús viaja desde Betania hacia Jerusalén. El camino termina en el templo siguiendo la ruta del monte de los Olivos.  Jesús expulsa a los cambistas y vendedores de una forma violenta. El mercado, situado en el amplio atrio de los gentiles del templo, funciona para adquirir las aves y las ovejas para los sacrificios, que en tiempos de Pascua se consumen muchas. En el templo es donde el Señor escucha y bendice y los creyentes suplican y dan gracias, por lo que se produce la relación más intensa y más objetiva entre Dios y el pueblo. El creyente sabe con toda seguridad que Dios le atiende en su espacio. Junto a esto se añade que la suntuosidad del templo remite a la soberanía divina, soberanía que Dios reclama a todo el mundo como su gran morada y en el lugar que Israel ha separado del mundo profano para edificarle una casa con arreglo a su grandeza y majestad. El signo físico de la magnificencia divina es el que han transformado los responsables del culto en mercado. Sobran, pues, las personas y las cosas que están en el mercado y que alteran el sentido de la presencia del Señor al cambiar su estancia por un comercio. Se describe el celo que devora a Jesús por defender la casa de su Padre.

2.- Mensaje. La pregunta de los judíos y la respuesta de Jesús: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré» no significa el templo físico que destruirán más tarde los romanos, sino su cuerpo postrado por los castigos que recibe en el huerto de los Olivos, en la casa de Anás, en los azotes y en la crucifixión. Ese cuerpo y existencia humillada tiene una causa y un sentido: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos», es el que resucita el Señor. Y su cuerpo resucitado es el «hombre nuevo» que él ha revelado cuando convive con su familia y paisanos en Nazaret y Cafarnaún: no es el poder, ni la vanidad, ni el dinero quienes cobijan al Señor en sus edificios grandiosos, sino la relación de amor que el Señor estableció para siempre al Resucitar a Jesús, y Jesús introduce en las relaciones humanas: «Venid benditos de mi Padre….». No hay otro templo.

3.- AcciónPablo reprende a los cristianos de la comunidad de Corinto, porque alguno de sus miembros entregan su cuerpo a la fornicación. Entonces afirma: «¿Acaso no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros y habéis recibido de Dios? Y no os pertenecéis, pues habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!» (1Cor 6,19). Y le escribe a los Romanos: «….ofreced vuestros cuerpos ­como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual". El Espíritu habita en toda nuestra persona, en toda nuestra vida. El templo va con nosotros si somos capaces de salir de nosotros amando, si sabemos establecer relaciones de amor con todas las personas con las cuales convivimos. Ahí está el templo, y de esta forma damos el auténtico culto al Señor. Y se reafirma San Pablo: «Porque… todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios» (1Cor 3,23). Los templos físicos están para celebrar la relación de amor que se da en la convivencia humana y ser conscientes que su origen y fuerza proviene del Señor.



domingo, 1 de marzo de 2015

Francisco de Asís y su mensaje. XVI: Humanización permanente


                                                          Francisco de Asís y su mensaje

                                                                   XVI


                                                                  Humanización permanente

           
En primera instancia, pensar el cosmos y la historia de la humanidad es seguir el camino que ha recorrido la ciencia. El resultado alcanzado es de algunas certezas y muchas hipótesis, y se continúa investigando para elaborar medios mejores para escudriñar el cosmos y aquilatar el origen y la evolución del hombre. Pero la visión científica de la realidad no agota su significado. Hay mil formas de comprenderla, de acercarse a ella, sobre todo cuando se la une a la evolución e identidad del hombre. De esta forma se entienden mejor los dos pilares de la realidad que nos envuelve. La comprensión cristiana de la realidad dice que tiene una estructura filial; depende de Dios Padre, que crea y redime pensando y obrando por su Hijo. Jesucristo, presente en el universo —«primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas» (Col 1,15-16; cf. Jn 1,3; Heb 1,2)—, y en la humanidad — «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14)—, logra la filiación y pertenencia divina de toda la realidad existente: «... la prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba Padre!» (Gál 4,6; cf. Rom 8,19-21; Col 1,20).
           
Esto conlleva que Dios se hace presente en la naturaleza creada y en la historia de la humanidad asegurando su bondad originaria y su capacidad de corregir y reorientar la historia cuando la libertad humana la desvía de sus objetivos. Estamos bien hechos y en un ámbito admirable y bello, cuya relación es fraterna. Miradas las cosas desde Dios, la vida humana y la naturaleza merecen la pena vivirse y experimentarse en nuestros ambientes saneados. Ni hay que huir de la comunidad humana, ni hay que esconderse del medio natural en el que se nace y se madura como persona por medio de la cultura que establece los parámetros de la humanización. De ahí la perspectiva positiva radical que transmite la fe cristiana cuando trata del hombre y del mundo. Y el hombre, por más bombas que fabrique, está incapacitado, aunque tenga el poder, de destruir en bloque el hábitat que posee.

           
El Franciscanismo comprende que la bondad del hombre y del cosmos no remite a Dios, sino que contiene a Dios. La bondad de la realidad es participación de la bondad divina, y como tal da la posibilidad de encontrar a Dios en la historia humana, sobre todo después de asumir la vida de Jesús como la última y definitiva palabra que Dios dirige al hombre (cf. Heb 1,2). Tal convicción ratifica de nuevo que la naturaleza y el hombre están bien hechos y, por consiguiente, no se debe buscar la meta de la vida humana y de su contexto más allá de las coordenadas que hacen posible esta humanidad. No es válido inventar mundos futuros a partir de negar y, por tanto, destruir cuanto se observa y se experimenta como obra de Dios recreada por su Hijo. La estructura filial de la naturaleza y del hombre, no es una cuestión exclusiva de su origen, o de su llamada a la existencia. Dios sigue actuando en su Hijo y por medio de su Espíritu.

           
La creación continúa adelante. No está acabada y no depende exclusivamente, para que llegue a su término, del quehacer humano. El Espíritu, la relación de amor que Dios mantiene con la creación, y que es inmanente a ella, cuida, potencia y orienta el trabajo humano que pretende cumplir el mandato del principio de la creación: creced y dominad la tierra (cf. Gén 1,28). El trabajo es el sacramento de una historia de amor que no concluye cuando Dios la llama a la existencia al principio del tiempo, sino que permanece y se enriquece con la respuesta del amor filial de la naturaleza y de la humanidad. Vistas así las cosas, cosmos y humanidad son un despliegue del Amor y de amor. Porque el trabajo no es una cuestión sólo individual, sino social y natural, con una dimensión creativa que afecta al desarrollo de las cosas y del hombre como colectividad. Los desastres ecológicos y la explotación inhumana son expresión de lo que no es ni se debe hacer. Constituirse en creador absoluto de todo es sustituir a Dios y destruir la identidad filial de la realidad.


           

Francisco, a pesar de su naturaleza débil, recuerda en su Testamento, como Pablo (cf. 1Tes 2,9), que ha comido de su trabajo (cf. Test 20; 2Cel 161). Y manda trabajar a sus hermanos sin ánimo de lucro (cf. RegNB 7,3; 8,9; RegB 5). Aunque en su tiempo no se vive el trabajo como la explotación que conlleva la regla de la productividad, sí que era un exponente de la esclavitud o minoridad de los pueblos frente a los mayores o amos de la tierra. Sin embargo para Francisco trabajar es un don, es una gracia: «Aquellos hermanos a quienes ha dado el Señor la gracia del trabajo, trabajen fiel y devotamente» (RegB 5,1-2; cf. Test 20-22), porque actúan las cualidades que Dios pone en cada persona, por los dones de gracia, por la herencia biológica y por el contexto social. Éste es el bagaje que tiene una persona y un pueblo, con lo que se realiza a la medida de sus componentes, que no por lo que producen y tienen (cf. EP 85), estructurando la sociedad al modo filial, es decir, a la medida del hombre, que es la voluntad de Dios (cf. RegB 5,2-5). Y la medida del hombre se hace al poner sus cualidades y su tiempo al servicio de los demás, y no venderlos, o comerciar con ellos (cf. 2Cel 161). Francisco gana en el trabajo de toda su vida apenas 12 denarios (cf. Buenaventura, Epistula de tribus quaestionibus, 12. Opera Omnia 8 334). La pobreza, como elemento fundamental del seguimiento de Jesús, frena la tendencia a acumular cosas por medio del trabajo (cf. RegB 6,1-6; Tes 17-18), con lo que subraya la índole escatológica de la vida humana, además de la fe inquebrantable en la Providencia divina (cf. 1Cel 55; LM 2,8; 9,5), donde el mundo sigue siendo la casa y el huerto que cobija y alimenta a los hermanos (cf. RegNB 9,8.11-12; 14,1-3; Rer 4-5).  

Santos y Beatos: del 2 al 8 de marzo

                                                                                 MARZO

                                                                             2 de marzo


                                                              Inés de Praga (1211-1282)

            Santa Inés, de la Orden de las Clarisas, nace en Praga (Chequia) en el año 1211; es hija de Premysl Otakar I, rey de Bohemia, y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría. Es educada por Santa Eduvigis en el monasterio cisterciense de Trzebnica y en el premonstratense de Doksany (Praga). En 1220 es prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II. Vive en la corte del duque de Austria hasta el año 1225. Rescinde el pacto de matrimonio, regresa a Praga y se entrega a la oración y a los pobres. El papa Gregorio IX admite su propósito de virginidad. Funda en Praga entre 1232 y 1233 el hospital de San Francisco, el instituto de los Crucíferos y el monasterio de San Francisco para las «Hermanas Pobres» o «Damianitas», donde ingresa el día de Pentecostés de 1234. Profesa los votos de castidad, pobreza y obediencia. Es abadesa del monasterio de por vida y ayuda a Santa Clara en la defensa de la vida de pobreza y en la aprobación de la Regla. Santa Clara de Asís le escribe varias cartas para animarla a seguir en el camino de Cristo pobre y crucificado. Nace así una amistad espiritual que dura casi veinte años, aunque las dos mujeres no llegan a conocerse. Muere el 2 de marzo de 1282. El papa Pío IX aprueba su culto el 28 de noviembre de 1874, y Juan Pablo II la declara santa el 12 de noviembre de 1989.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor, Dios nuestro, que inspiraste la renuncia a los falsos placeres de este mundo a Santa Inés de Praga y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos los valores eternos a los caducos. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                 3 de marzo


                                                         Mártires de Etiopía (1716)

            LIBERATO WEISS nace el 4 de enero de 1675 en Konnesreuth (Baviera. Alemania); ingresa en la Provincia Francis-cana de San Bernardino de Austria el 17 de octubre de 1693 y es ordenado sacerdote en 1698. SAMUEL MARZORATI nace el 10 de septiembre de 1670 en Biumo Inferiore (Varese. Italia); entra al convento franciscano de los llamados “Reformados”, de Lugano (Suiza), a los 22 años. MIGUEL PÍO FASOLI, nace en Zerbo (Pavía. Italia) el 3 de mayo de 1676; pertenece a la Provincia de San Diego de la Región de Insubria (Milán. Italia); misionero apostólico por la Sagrada Congregación de «Propaganda Fide» el 21 de enero de 1704. La Congregación los envía a Etiopía en 1711. Llegan a Gondar, capital de Etiopía, en julio de 1712. El rey Justos (el Negus) los acoge con gusto y les ruega que no discutan con los coptos y no se declaren romanos. La Fraternidad lleva una vida de oración, trabajo y servicio con la gente pobre y desamparada, evitando la relevancia social de su evangelización. No obstante, el rey Justos, para evitar males mayores, envía a los franciscanos a la provincia de Tigré. Muerto el Rey, le sucede David, rey perteneciente a otra dinastía y muy favorable a los coptos. Los misioneros son enviados a Gondar para ser procesados. En el juicio son condenados a muerte por herejía contra la Iglesia Copta de Etiopía. Son trasladados a un lugar llamado Amba-Abo, donde son lapidados el 3 de marzo de 1716. El papa Juan Pablo II los beatifica el 20 de noviembre de 1988.

                                               Común de Mártires

            Oración. Concédenos, Señor, que nuestras oraciones nos sirvan de alegría y ayuda, para que al celebrar la fiesta anual de los mártires de Etiopía, beatos Liberato, Samuel y Miguel Pío, imitemos su fidelidad a Cristo crucificado. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                5 de marzo


                                                  Cristóbal Macassoli de Milán (1400?-1485)

            El beato Cristóbal Macassoli nace en Milán (Lombardía. Italia) a comienzos del siglo XV. Ingresa en la Orden hacia los 20 años. Se integra en el movimiento de reforma de San Bernardino de Siena, acentuando la conversión, la penitencia y la pobreza para redescubrir la vida de San Francisco. Después de la ordenación sacerdotal, recorre Italia predicando al pueblo la vuelta al Evangelio y la reforma de las costumbres. Funda el convento de Santa María de las Gracias en Vigevano con el beato Pacífico Ramati de Cerano, cuya iglesia fue construida por Galeazzo Sforza y consagrada en 1476. Pasa en esta comunidad el resto de su vida. No obstante su edad, recibe y atiende a muchos cristianos que le visitan para recabar sus consejos y ayuda en todos los órdenes de la vida. Muere el 5 de marzo de 1485. Es sepultado en la iglesia de Santa María de las Gracias, en la capilla de San Bernardino. En 1810 se trasladan sus reliquias a la catedral de Vigevano. En el cuadro del altar de Santa María de las Gracias, de 1653, se representa al beato y a San Bernardino a un lado de la Virgen. El papa León XIII aprueba su culto el 25 de julio de 1890.

                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el beato Cristóbal de Milán predicara la conversión a tu Reino; concédenos, por su intercesión, crecer en la práctica de las virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                             5.1 de marzo


                                                      Juan José de la Cruz (1654-1734)

            San Juan José de la Cruz nace el 15 de agosto de 1654 en Isquia (Nápoles. Italia); es hijo de José Calosinto y Laura Garguilo. Por la predicación y el testimonio de Juan de San Bernardo, franciscano descalzo de la reforma de San Pedro de Alcántara, ingresa en el convento de Santa Lucía del Monte (Nápoles). En 1674 participa con otros religiosos en la fundación de la fraternidad alcantarina en Piedimonte de Afila, junto a los montes Apeninos. El 18 de setiembre de 1677 es ordenado sacerdote a los 23 años, y a los 27 es nombrado Maestro de Novicios y poco más tarde Guardián. En 1690 es elegido Definidor de la Orden y de nuevo dirige a los Novicios por cuatro años en Nápoles y en Piedimonte. En 1702 asume la Reforma Alcantarina en Italia siendo elegido Ministro Provincial. Organiza las comunidades, los centros de formación y los estudios. El arzobispo de Nápoles, Card. Francisco Pignatelli, le encarga la dirección de setenta monasterios y retiros napolitanos, y el Card. Innico Caracciolo le da la misma misión para su diócesis de Aversa. Después de una vida contemplativa y de extrema austeridad siguiendo el ejemplo de San Pedro de Alcántara, muere el 5 de marzo de 1734 en Nápoles, en el convento de Santa Lucía del Monte, y es sepultado en su iglesia. El 4 de octubre de 1779, en la iglesia franciscana de Santa María de Aracoeli en Roma, Pío VI proclama la heroicidad de sus virtudes y lo declara beato en la Basílica de San Pedro del Vaticano el 24 de mayo de 1789. El papa Gregorio XVI lo canoniza el 26 de mayo de 1839.

                                   Común de Pastores o Santos Varones

            Oración. Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Juan José de la Cruz por su vida de austeridad y de contemplación, concédenos, por sus méritos, que caminando con una vida penitente alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                7 de marzo


                                                             Perpetua y Felicidad (202)

            Santa Perpetua es una joven de 22 años acusada de ser cristiana en la persecución de Septimio Severo. Su criada Santa Felicidad comparte la misma suerte que su señora. Las dos son decapitadas. Su martirio se relata en Passio Perpetuae et Felicitatis.

                                               Común de Mártires

            Oración. Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                8 de marzo


                                                                Juan de Dios (1495-1550)

            San Juan de Dios nace en Montemor-o-Novo (Portugal) el 8 de marzo de 1495. Pertenece al ejército de Carlos I. Lucha en la defensa de Fuenterrabía (contra los franceses) y de Viena (contra los turcos). Convertido, se entrega al cuidado de los enfermos. Con un grupo de hermanos funda la Congregación de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Muere en Granada en 1550.

                                               Común de Santos Varones
                                  
            Oración. Señor, tú que infundiste en San Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.


sábado, 28 de febrero de 2015

Palabras en la cruz. II. Dios mío,.....

                              LAS PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ

                                                                  II


«A media tarde Jesús gritó con voz potente: Eloi eloi lema sabaktani (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15,34; Mt 27,45).

La frase pertenece al Salmo 22,2. Este Salmo ha sido citado en la pasión; se emplea en la repartición de los vestidos d Jesús por los soldados una vez crucificado (Sal 22,7, cf. Mc 15,24par) y en las injurias de los sacerdotes y letrados (Sal 22,9, cf. Mc 15,32par). 
Las palabras de Jesús manifiestan una situación personal que venimos observando a partir de Getsemaní: el abandono de Dios. No solicita Jesús a Dios el porqué le están sucediendo estos hechos, sino expone la queja del justo por su alejamiento y falta de ayuda en la última etapa de su vida, cuando ésta ha descrito una fidelidad sin límites resumida en las tres tentaciones (Lc 4,4.8.10; Mt 4,4.6.10). El mismo Salmo afirma sin rodeos: «Fuiste tú quien me extrajo del vientre, me tenías confiado a los pechos de mi madre; desde el seno me arrojaron a ti, desde el vientre materno tú eres mi Dios» (22,10-11), además del v.9 puesto en boca de sus acusadores: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo, que lo libre si tanto lo quiere».
Pero el verso del Salmo puesto en boca de Jesús reproduce el lamento del justo de no verse liberado de la muerte. Ella le separa de su familia, de su pueblo, de su templo en cuanto presencia de Dios en la historia. El clamor de Jesús revela que habiendo sido fiel al Padre a lo largo de su vida, siente que éste le deja orillado en el camino sin dar la más mínima señal de ayuda y socorro. Porque sus discípulos huyen o duermen (Mc 14,37.40par), Judas le traiciona (14,10-11par), Pedro le niega (14,66-72par) y, ante esto, Jesús pierde la autoridad y el magisterio; los prebostes religiosos de su pueblo le juzgan, se ríen de su causa y le entregan a los romanos (14,55-64par) y, con ello, desaparece su identidad judía; Pilato lo tortura, y quita su forma humana (15,15-20par); y lo ejecuta como enemigo del Imperio arrebatándole la vida. La comunidad cristiana lee con acierto estos acontecimientos identificándolo como el siervo de Isaías: «... sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo [...] se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz» (Flp 2,7-8); y la carta a los Hebreos le da el sentido: «... padeció la muerte para bien de todos» (2,9).

                                                           Reflexión

La reacción de Jesús ante los sufrimientos que padece no sigue la entrega personal que muestran muchos mártires, que ofrecen su vida por Dios y por los mejores ideales humanos. Ni siquiera expresa el dominio de sí del estoicismo griego, que simboliza la imagen de un Dios apático y sin sintonía con la historia. Más bien, aunque de una forma distinta, continúa la experiencia personal de la agonía de Getsemaní, en la que Marcos describe su angustia con esta queja al que puede sacarlo y liberarlo del abismo del dolor y la muerte. Si esto es verdad, también lo es que tanto el Evangelista como los lectores ya saben el final. Es decir, se cita el verso del Salmo de súplica, porque la salida a esta situación de angustia es un futuro en el que Dios ayuda y asiste al justo. De hecho, las tres predicciones de la pasión afirman a la vez la resurrección. La queja se ciñe a un momento en el tiempo y a un espacio concreto del camino del encuentro definitivo con Dios. No es una actitud permanente. De ahí que no enseñe el verso un estado de desesperación de Jesús por el que pierde toda referencia a Dios y se aleja por completo de toda posibilidad de salvación. Esto supondría la rotura definitiva con Dios: la pérdida de la esperanza, que arrastra a la fe y al amor. La frase, al incluir el «Dios mío», indica que Jesús permanece en la relación de toda criatura con su Creador, de Jesús con Dios, aunque no en el nivel que él ha experimentado en su vida: la relación filial con el Padre. Jesús experimenta a Dios como tantas veces sucede en nuestra vida, donde la percepción de sus silencios no son otra cosa que la expresión de nuestra sordera o ceguera  qu no de su fiel compañía.


Los contenedores

                                                          Contenedores

                                                      Francisco Henares Díaz
                                                               Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                                                  Pontificia Universidad Antonianum

            Habrán visto Uds. en TV y radio que se quiere aprobar una ley que borra del mapa social a esos pobres hombres y mujeres que pasan por los contenedores al atardecer, levantan la tapa grande, y empiezan a rebuscar materiales que les sirvan, desde unos tomates todavía aprovechables hasta unos zapatos pasables, y desde un bol de plástico a un tubo de metal o de hierro. O sea, que lo que nosotros tiramos, otros lo aprovechan. Más de una vez se ha dicho que por lo que una familia tira a la basura se sabe el nivel de vida en que se halla. El contenedor es como un termómetro que mide la temperatura del bolsillo en billetes. Por ejemplo, si tira una familia mucho papel medimos  que se lee en esa casa y se compran revistas, o algo parecido. Y a lo mejor, pensamos que tiene carrera, y por supuesto, no está en paro. O bien deja una TV obsoleta allí tirada, porque ya se ha comprado una TV de plasma. Y suma y sigue.                 
       
Pues a mí me interesa aquí hacer una defensa solidaria de esas personas junto al contenedor. Haré unas reflexiones acerca de lo que hablamos. Sale en la TV un político municipal o regional y empieza  a hablarnos de lo buena que será esa ley, porque valdrá para más higiene en la calle, para tener más limpia la ciudad, y todo eso. Se ve claro que culpa de la porquería de nuestras calles a esos de la carretilla, la moto y de las bolsas a cuestas que se llevan. Es cierto que más de una persona de las que hablamos en torno a los contenedores, saca las bolsas de adentro, las raja, y esturrea lo que no se lleva. Pero también hay otras personas que dejan la basura en el suelo, o envían al crío y éste no recicla. Pues señores políticos multen, prohíban y repriman a todos los sucios, igual que hacemos con los propietarios de los perros en calles y jardines, pero no prohíban como única forma, sino que vivan las personas de lo que hacían debidamente. No todos serán igual de sucios. Prohibir es la cosa más fácil del mundo. Y encima ese político en la tele decía que las multas serán de órdago. De 800 euros. Se queda uno pensando: este político ¿sabe para quién habla?  Para gente bien, supongo, porque los busca bolsas en el contendedor no han visto 800 euros juntos en su vida, quizás.
           
Y aquí me viene a las mientes otra reflexión. Carroña es cosa, idea o persona despreciable, según el DRAE. Y carroñero sería oficio de eso mismo. La basura es despreciable, pues. Siento que la palabra coja un sentido peyorativo siempre, pero se nos olvida que el ser humano fue carroñero en la antigüedad. Para sobrevivir tuvo que ser carroñero, vivir de las sobras, porque animales más potentes que él se llevaban la mejor parte. Da pena llamar carroñero a un hombre o una mujer, pero el carroñero hace un servicio a la sociedad y a la vida sana, a la ecología. Nadie desprecia a la abubilla, o al cuervo, o al buitre por ser carroñero. Hasta son especies protegidas en la biodiversidad. Son útiles. Así que si el hombre aprovecha lo que otro tira, no debiéramos ofendernos, sino agradecerlo. Pero nos hemos vuelto tan higiénicos y guapos que se convierten en seres despreciables. Hasta habría que ocultarlos y que salgan solo de noche, porque producen mal aspecto en la ciudad.
   
A mí me gustó más lo que dijo una chica en TV, al ser preguntada por todo esto, tras el aviso de que serían prohibidos. Dijo: a nadie le gusta ser carroñero, si estuvieran con un trabajo retribuido, se librarían del contenedor. Vamos que nadie va al contenedor por deporte, señores políticos. Y ahora cabe una última reflexión. ¿Puede haber intereses en borrar del mapa social a estas personas porque no es grata su figura? O ¿cabe la posibilidad de que alguna empresa esté interesada en industrializar todo esto, y le estorben los carroñeros para sus fines? Demasiadas preguntas quizás. Nadie habla de estas posibilidades. Nadie habla de mejoras en el empleo, tan enteco éste. Más fácil hablar de prohibir. Uno vuelve a pensar cómo las especies tienen sentido en su quehacer natural (la hiena, por ejemplo, que es carroñera), y los humanos, no alcanzamos a ordenar nuestra distribución en el hábitat. ¿Quién sabe más de la vida nosotros o ellos?      
           
A mí de todos modos, lo que más me preocupa es la multa. ¿Cómo la va a pagar el hombre con su carrito, su bicicleta vieja, o la bolsa entre las manos? 800 euros. ¿En qué estarán pensando los políticos guapos, bien aseados, y nosotros  pintiparados? Y si no la puede pagar ¿a qué viene poner la multa, si se declaran insolventes?  A lo mejor lo que necesitamos es irnos al campo y ver más a los animales, y que nos dé el aire. Todo menos atosigar a los pobres. Y en todo caso, vamos a crear puestos de trabajo, porque la crisis da para muchos contenedores y para muchas bolsas de hambre.                                                           


lunes, 23 de febrero de 2015

«Maestro. ¡Qué bien se está aquí!»

                                                  II DOMINGO CUARESMA (B)


                                                        «Maestro. ¡Qué bien se está aquí!»

        Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9,1-9.

        En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: —Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
        De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

1.-  Dios revela a Pedro, Santiago y Juan, y en ellos a los bautizados en Cristo, que la persona de Jesús, su Hijo amado,  es la nueva ley, es el profeta por el que nos habla definitivamente sobre nuestra salvación (cf. Heb 1,3). El Señor se reveló en el Sinaí a Moisés y le dio las tablas de la Ley para que Israel pudiera convivir. Elías es el símbolo del profetismo. Pues bien, Moisés y Elías son sustituidos por Jesús, la Palabra que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14) y que con su vida y doctrina nos comunica la buena nueva de la salvación. La voz llama a su seguimiento: "¡Escuchadle!". Dios ratifica las palabras y la vida de Jesús. Por consiguiente, Dios se deja ver y se escucha en la historia de Jesús, en su doctrina expresada en las parábolas y frases, y en sus hechos, en los milagros que muestran que Dios impulsa la vida curando y devolviendo la libertad a los poseídos por el diablo. Nuestra vida se abre a un mundo nuevo.
              
2.-  Cuando el Señor nos llama a salir de sí mismo, o mejor, que Jesús se adentre en nuestra existencia, sólo es posible cuando lo hacemos en la familia, en la comunidad cristiana, en las fraternidades que pululan en la Iglesia. No es posible que solos afrontemos la historia repleta de tentaciones continuas, de violencias sin cuento, o de fantasías irreales. Jesús devolvió a la realidad a Pedro, a Santiago y a Juan. Y, además de Jesús, quien nos indica la verdad de la existencia es la comunidad familiar y la comunidad cristiana. Son los otros los que nos señalan el objetivo de nuestra vida, la meta que debemos alcanzar, y de una forma paulatina la vamos haciendo nuestra. La ventaja es que no corremos solos; que vamos en grupo por la historia apoyándonos mutuamente en las cruces, y comunicando el gozo del Señor cuando los sentimos en nuestro corazón.
              
3.- El Tabor revela a Dios en su gloria; su cercanía transfigura y emociona. Y tan es así, que los discípulos quieren sujetar ese momento para siempre: «Hagamos tres tiendas…..», porque Dios está al alcance de la mano.  Pero estas experiencias no son permanentes en nuestra historia, transida por el bien y el mal. La tierra ni es el cielo ni es el infierno. Es una mezcla de ambos. Lo importante de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, es lo que nos comunica el Señor: por más que suframos, por más que tengamos problemas y sinsabores, la vida termina en Él; la vida concluye en la transformación final que sólo Dios da a los que le son fieles y le corresponden en el amor. Para ello hay que escuchar a Jesús, y después de escucharlo, adentrarnos en él y ver la realidad con sus ojos, para decir con San Pablo: «No soy yo, es Cristo que vive en mí» (Gál 2,20).




               

Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

                                         II DOMINGO CUARESMA (B)


                                                          Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

        Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9,1-9.

        En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: —Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
        De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Iglesia de la Transfiguración
Tierra Santa
1.- Texto. Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina. Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, le dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir (cf. Mt 16,21). Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, Santiago y Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó con Juan Bautista (cf. Mt 11,7), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.
2.- Mensaje. Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre le reveló en el Bautismo (cf. Mt 3,17). Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.
3.- Acción. La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección. Es la vía que ha recorrido Jesús.  Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos que al final está la resurrección; que al final sólo quedará lo que hayamos amado, es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para solapar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fiel, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.