domingo, 29 de noviembre de 2015

Libros: Fe y ateísmo


                                   Fe cristiana y ateísmo del siglo XXI

                                 Gerardo de Pozo Bajón e Ignacio Serrada Sotil (Eds.)



Pilar Sánchez Álvarez
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

                          El texto recoge las conferencias del Curso Fe cristiana y ateísmo del siglo XXI de la Facultad de Teología, de la Universidad  Eclesiástica de San Dámaso en el marco de los XXVII Cursos de verano de la Universidad Complutense celebrados desde el 30 de junio al 2 de julio de 2014.
                     Los editores escriben en el prólogo: "Y también el testimonio de un ateo nos afecta a los cristianos y nos obliga a escuchar, reflexionar y meditar". Siguiendo su lectura hay algunos puntos interesantes.
            ¿Fue alguna vez un cristiano acusado de ateo? Hoy nos puede parecer esto imposible, porque como cristianos nos consideramos creyentes del verdadero Dios. Pero hay que recordar el punto de vista cultural diferente  en ambientes históricos diversos.
            Los primeros cristianos, en los inicios del cristianismo, eran considerados ateos, y los romanos los tenían como una secta insignificante de los judíos. Tertuliano (Apologética 21) afirmaba que los cristianos vivían como a la sombra de una insigne religión, sin duda lícita. Atenágoras, en la Súplica a los emperadores, los acusó de ateos, antropófagos y de practicar el incesto.
           
Tanto los judíos como los cristianos eran acusados de venerar la imagen de un asno, de un carnero o de un buey (Tácito, Historias 5,4) o de odiar a todos los hombres (Tácito, Historias 5,5),;  o bien que eran ateos porque no adoraban a los dioses imperiales (Flavio Josefo, Contra Apión, 2.6; Plinio. Historia sobre la naturaleza humana, 13,4,46).
            Más tarde Galeno (Pedro Laín Entralgo, El cristianismo primitivo y la medicina, Alicante 2012) reconoce que los cristianos asumían actitudes propias de auténticos filósofos, al llevar una vida austera alejada de las pasiones, e incluso que afrontaban la muerte sin miedo. 
             Analizando lo anterior me pregunto:¿Qué lección podemos  concluir de estos datos? 
            En primer lugar que cuando no se conoce una cosa, se puede inventar todo tipo de infamias: cristianos como antropófagos, ateos, etc.
            En segundo lugar, que aunque no se compartan las mismas ideas, se debe reconocer lo bueno y lo verdadero que existe en los  demás. Conocerlas, para clarificar las propias.
            Hoy, según González de Cardedal (Meditación Teológica desde España, Salamanca, 1970,141) “el ateísmo colectivo constituye uno de los elementos determinantes de la conciencia contemporánea”.
            Esta postura no solo afecta a los demás, sino al propio cristiano, no a las dudas aisladas surgidas en cualquier momento, sino a la sensación de la inutilidad de la creencia y la duda permanente sobre la existencia de Dios.
         
           Ante estas posturas caben dos soluciones: seguir esa sensación y negar a Dios o bien, acogerlo como don y tarea.
          La mayoría de las personas no elige ninguna de ellas, porque optan por una solución intermedia, acogen a Dios, pero lo degradan hasta convertirlo en un ídolo.
          
Es decir,  aunque los cristianos tengamos una fe firme y creamos en el Dios Amor y Misericordioso como el Bien supremo, La Verdad suprema y la Belleza suprema, debemos por ese mismo amor y misericordia, así como por honestidad intelectual, conocer los ateísmos del siglo XXI, analizar  las críticas que se nos hace, reflexionar sobre ellas, poner soluciones si existen, y sobre todo respetar a todos, acogiéndolos como hermanos, aunque defendiendo la esencia cristiana sin caer en el  relativismo  que tanto daño está haciendo actualmente, y que, si seguimos por este camino, es posible  que en tiempos venideros podamos ser  acusados de “ateos”, con toda propiedad y razón, porque quizás,  no dejamos a Dios ser Dios, sino que hacemos   de Dios un  ídolo a nuestra medida.


lunes, 23 de noviembre de 2015

¡Ven, Señor Jesús!

                                                                 I ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 21,25-28. 34-36

            En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo, temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
            Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
            Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.


           
1.-  Comenzamos el tiempo en el que nos preparamos para celebrar el gran don del Señor: el nacimiento de su Hijo, pues  «tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo único, para que todo el que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).  Y con la memoria de Belén, recordamos la segunda venida de Jesús al final de los tiempos, y en los términos que escuchamos el domingo pasado: para desvelar cómo y cuánto hemos amado a los necesitados. Jesús no sabe cuándo vendrá de nuevo; él desconoce  el momento  del fin del mundo, pero es cierto que el encuentro individual con el Señor será en nuestra muerte. Esta se nos puede presentar de improviso; o esperada por la gravedad de  nuestras enfermedades, por los años que hemos cumplido, etc. La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿estamos preparados y despiertos?; es decir, ¿«de pie» para el encuentro con el Señor? El encuentro con el Señor será la luz de la mañana,  que sigue a la noche de nuestra vida, donde tanteamos el bien, hacemos el mal sin darnos cuenta, y dormimos mucho siendo inconscientes de la gente que nos necesita. Por eso, debemos estar despiertos y de «pie».

           
2.-  Jesús se dirige a los discípulos para que estén preparados para el encuentro final con él. No deben distraerse con los asuntos banales de nuestra vida, pues hay que comunicar a todos los pueblos la esperanza de que el Señor vuelve para salvarnos, para sacarnos de los infiernos que hemos creado entre todos en esta vida. El Señor nos dirá al final de los días que nuestra vida individual y colectiva no es un sufrimiento sin fin, o una paz y amor interesados, o una libertad experimentada a costa de la esclavitud de mucha gente, o una autonomía conseguida por el dinero, dinero del que no todo el mundo puede disponer. Por eso, la Iglesia no se puede parar en la historia; no puede esconderse en un castillo o en un palacio y ver pasar los acontecimientos que angustian o alegran a los hombres, sin participar en sus tristezas y gozos. Si hemos sido salvados en esperanza (cf. Rom 8,24), dicha esperanza hay que proclamarla hasta el confín de la tierra. La Iglesia no se puede dormir; no puede recibir al Señor ausente de la vida de los hombres; o siendo una desconocida en los espacios donde se da la soledad, la enfermedad, el hambre, la injusticia, la esclavitud.

       

3.- Lucas nos recuerda dos actitudes en este tiempo de adviento. Debemos estar atentos a los hechos y acontecimientos que favorecen nuestra vida, alejarnos de los que nos distraen y embotan nuestra mente, que no siempre es el alcohol, y enfrentarnos a los que nos hacen daño. Para eso hay que saber del amor, que es el criterio que discierne lo bueno y lo malo. Tenemos la vida muy llena; con muchas tareas por delante, sobre todo los que debemos sacar una familia adelante y los que estamos jubilados, con mil ocupaciones al día. Hay que estar atentos al Señor que está presente en nuestra vida, y si le abrimos el corazón su influencia será cada vez más intensa hasta el encuentro definitivo con Él.— Después debemos orar. Debemos atender al Señor y descubrir su existencia en nuestra vida por medio de la oración. Así no tendremos sorpresa alguna cuando nos encontremos con él en nuestra muerte. Hay que introducir al Señor en nuestra conciencia, en nuestra intimidad, y desde ahí recibir y experimentar la relación de su amor que nos mantiene vivos, despiertos, vigilantes ante cualquier distracción o sueño intespectivo. Y, por otro lado, salir fuera de nosotros para cambiar a las personas, para transformar las situaciones e instituciones y provocar que su llegada se adelante al conseguir que la vida sea más humana.
       


I Adviento (C)

                                                                     I ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas, 21,25-28. 34-36

            En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: —Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del Hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
            Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.
            Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del Hombre.

             
  1.- Texto. El Hijo del Hombre se comprende en los Evangelios para este tiempo futuro como un juez que vendrá «con la gloria de su Padre y acompañado de sus santos ángeles» (Mc 8,38par; 13,27par). Y responde a una de las primeras aclamaciones de los cristianos cuando experimentan la resurrección de Jesús: a la afirmación « ¡Señor Jesús!» (1Cor 12,3), cuando se solicita su vuelta a la historia para clausurarla, se responde: «¡Marana tha!» « ¡Ven, Señor!» (1Cor 16,22). Por consiguiente, el Hijo del hombre, como juez poderoso (cf. Mc 8,38par), vendrá en el futuro para inaugurar la etapa última de la historia de la salvación: «Llegarán días en que desearéis ver uno de los días de este hombre y no lo veréis [...] Lo que sucedió en tiempos de Noé sucederá en tiempo del Hijo del hombre [...] Así será el día en que se revele el Hijo del hombre» (Lc 17,26-30). El regreso para juzgar es inesperado, aunque sea seguro: «Pero vosotros estad preparados, pues cuando menos lo penséis, llegará el Hijo del hombre» (Lc 12,40). Sin embargo no hay que inquietarse por el retorno imprevisto. El cristiano no debe desequilibrarse en las responsabilidades de la vida cotidiana si camina con la confianza de que Dios saldrá en defensa de sus hijos (cf. Lc 18,8).

       
2.- Mensaje. Comienza el Año Litúrgico con la preparación de la celebración del nacimiento de Jesús. Y con esta ocasión, la Liturgia nos recuerda la segunda venida, cuando el Señor vendrá en su gloria para desvelar la verdadera historia colectiva y personal de todas las generaciones humanas. Por eso, el Evangelio  avisa de «estar despiertos». Estar vigilantes implica a los dos protagonistas de la salvación humana. El primero es el Señor con su actitud de bondad, y de bondad misericordiosa, que desea siempre el encuentro definitivo con todos para que sus criaturas, que son sus hijos en su Hijo Jesús, puedan alcanzar la felicidad eterna. El otro protagonista es el ser humano, tanto individual como colectivo. Y la actitud es la apertura del corazón a Él para saber de su amor permanente, y la apertura amorosa a los demás para contribuir a la construcción del Reino en la historia, cuya responsabilidad única recae sobre la libertad del hombre, de la sociedad y de la cultura que crea y transmite.
       
       

3.-Acción.  La mayoría de la gente pasa la vida elaborando proyectos que  hacen trabajar, soñar, ilusionarse. La sociedad, la familia, cada persona alberga en su corazón la íntima convicción de que será más que la generación anterior, porque poseerá más medios para vivir y disfrutar los bienes que exhiben otros ante nuestros ojos: salud fuerte, familia estable, trabajo digno, amigos fieles y reconocimiento social. Se espera  la autonomía suficiente para hacer lo que se desea en cada época de la vida. Esto es bueno, si estas esperas básicas de todos los hombres se introducen en la esperanza que vehicula las realidades eternas. Es decir, los sueños que hacen tener más cosas, se haga más justicia, se experimente más libertad, más gozo, se integran en la relación de amor con el Señor, que es el que da el sentido y el valor último a cada espera, que no es otro que la vida feliz  para siempre. Porque se sabe que, o se alcanza lo que se desea, o se frustra la persona; o si se alcanza, se espera tener más; o, al cumplir años, se cambia el sentido del gozo y de la posesión.  Toda la vida es un caminar insaciable, o conformista, pero que en cualquier momento puede desaparecer. Hay que introducir la vida con todas sus conquistas en la esperanza de eternidad; en la esperanza de lo que de ella permanece para siempre, que no es otra cosa que su dimensión de amor.


           


domingo, 22 de noviembre de 2015

Santos y Beatos, del 25 al 30 de noviembre

25 de noviembre

Isabel Bona (1386-1420)

            La beata Isabel Bona nace en Waldsee (Württemberg. Alemania) el 25 de noviembre de 1386; es hija de Juan Achler y de Ana. Ingresa en la OFS a los14 años, y a los 17 años en una comunidad de la Orden. Se le encarga el oficio de la cocina. Lleva una vida de oración y penitencia, y es amante de la soledad. Se la llama reclusa, porque no sale del convento. Padece la lepra y otras enfermedades graves. Se une a la pasión de Cristo pobre, y padece sus signos, como heridas de espinas en la cabeza, de flagelación en el cuerpo y los estigmas en las manos, pies y pecho. Muere en Reute (Baden-Württemberg. Alemania) el 25 de noviembre de 1420, a los 34 años de edad. El papa Clemente XIII aprueba su culto el 19 de junio de 1766.

                                                                    Común de Santas Mujeres

            Oración. Señor Dios, que cada año nos alegras en la fiesta de la beata Isabel Bona, concede a los que celebramos su memoria imitar también los ejemplos de su vida admirable. Por nuestro Señor Jesucristo.


25.1 de noviembre
Humilde de Bisigniano (1582-1637)

            San Humilde nace el 26 de agosto de 1582 en Bisigniano (Cosenza. Italia); es hijo de Juan Pirozzo y de Ginevra Giardino. Ingresa en el noviciado de los frailes menores de Mesoraca (Crotona) en el año 1609. Profesa el 4 de septiembre de 1610. Se le encarga el oficio de limosnero, atender el servicio de la mesa de la comunidad, cultivar el huerto, etc. Practica la oración continua, teniendo una actitud obediente, humilde y dócil. Ayuda a las personas necesitadas a quienes distribuye parte de lo que recibe de la Providencia. Es consejero de General Benigno de Génova, y de los papas Gregorio XV y Urbano VIII. Vive en el convento de San Francisco a Ripa y en el de San Isidoro en Roma. Muere el día 26 de noviembre de 1637, en Bisigniano. El papa León XIII lo beatifica el 29 de enero de 1882 y Juan Pablo II lo canoniza el 19 de mayo del 2002.

                                               Común de santos Varones

            Oración. Dios nuestro, que otorgaste a San Humilde la gracia de imitar a Cristo pobre y crucificado, concédenos por sus ruegos que, viviendo con fidelidad nuestra vocación, podamos alcanzar aquella perfección que tu Hijo nos propuso con su ejemplo. Que vive y reina contigo.

25.2 de noviembre
Luis Beltrame (1880-1951) y María Luisa Corsini (1884-1965)

            Luis Beltrame Quattrocchi nace en Catania (Sicilia. Italia) el 12 de enero de 1880. Estudia Derecho en Roma y llega a ser Abogado del Estado. En la ciudad eterna conoce a María Luisa Corsini, nacida en Florencia (Toscana. Italia) el 24 de junio de 1884, profesora y escritora. Se desposan el 25 de noviembre de 1905 en la capilla de Santa Catalina de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma. Pertenecen a la Orden Franciscana Seglar. Casados durante cincuenta años, tienen cuatro hijos: Felipe, Estefanía, César y Enriqueta. Responsables en sus respectivos trabajos, llevan una vida intensa de fe con asistencia diaria a la Eucaristía, la devoción filial a la Virgen María, invocada con el Rosario rezado todas las noches. Promueven intensamente la justicia, la enseñanza y la ayuda a los pobres y necesitados. Modelos de educación a sus hijos, lo son también de familia cristiana. Transforman su trabajo en una fuente de santificación como pareja. Luis muere en 1951 y María en 1965. El papa Juan Pablo II los beatifica el 21 de octubre de 2001 y establece su fiesta el día en el que contrajeron matrimonio: el 25 de noviembre.


                                                               Común de Santos Varones o Mujeres

            Oración. Dios misericordioso, por la gloria de los beatos Luis y María Luisa nos ofreces el supremo testimonio de tu amor; concédenos, por tu bondad, que ayudados por su intercesión y estimulados por su ejemplo imitemos fielmente a tu Hijo. Que vive y reina.


26 de noviembre

Leonardo de Porto Mauricio (1676-1751)

            San Leonardo nace el 20 de diciembre de 1676 en Porto Mauricio (Liguria. Italia); es hijo de Domingo Casanova y Ana María Benza. Estudia Humanidades y Filosofía en el Colegio de los Jesuitas en Roma. A los veintiún años ingresa en la Comunidad de los franciscanos de la Reforma. Viste el hábito franciscano el 2 de octubre de 1697. Después de cursar los estudios eclesiásticos, es ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1702. Destinado primero como profesor de Filosofía, se dedica después a la evangelización. En 1709 se traslada al convento de San Francisco al Monte de Florencia, donde trabaja en el establecimiento y organización de los conventos-retiro de la Orden. En 1717 crea una fra-ternidad-retiro en la colina de El Encuentro, bajo el espíritu de San Pedro de Alcántara y del beato Buenaventura de Barcelona. Desde 1708 hasta su muerte en 1751, San Leonardo se dedica a la predicación de las misiones populares. Escribe un “Reglamento de misiones”, en 1712, que ha perdurado hasta nuestros días. Inaugura un Víacrucis en el Coliseo de Roma y en todas las iglesias donde predica. Logra erigirlo en 571 iglesias de Italia. También propaga la devoción del Santísimo Sacramento, la del Sagrado Corazón de Jesús y la del Inmaculado Corazón de María. Muere en Roma el 26 de noviembre de 1751. El papa Pío IX lo canoniza el 29 de junio de 1867. El 17 de marzo de 1923, Pío XI lo nombra patrono de los sacerdotes que se dedican a las misiones populares.


                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Dios rico en misericordia, te rogamos que, así como hiciste a San Leonardo un predicador insigne de la pasión de tu Hijo, propagando la devoción del Vía Crucis, nos concedas, por su intercesión, meditar esos mismos misterios de Cristo y merecer los frutos de su redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

27 de noviembre

Bernardino de Fossa (1420-1503)

            El beato Bernardino nace en Fossa (Áquila. Italia), el año 1421. Estudia en Perusa, donde se doctora en Jurisprudencia. En 1445 ingresa en el convento de Monterrípido de Perusa. Profesa la regla en manos de San Jaime de la Marca. Ordenado sacerdote, se dedica a la predicación siguiendo a San Bernardino de Siena, del que imita el espíritu de fe y recogimiento, prudencia, humildad y modestia. Dirige la re-forma de las fraternidades de Gubbio, Stroncone, Áquila, etc. Es vicario provincial varias veces y vicario de Bosnia y Dalmacia entre los años 1464-1467. También desempeña el cargo de Procurador general de la observancia cismontana ante la Curia romana entre 1467 y 1469; toma parte de los capítulos generales cismontanos de L’Áquila (1452), Asís (1455), Milán (1457), Roma (1458) y Mantua (1467). Funda varias fraternidades, entre las que se cuenta la de Santo Ángel d’Ocre, en la que vive mucho tiempo. Se retira al convento de San Julián, en las cercanías de L’Áquila. Muere el 27 de noviembre de 1503. El papa León XII aprueba su culto el 26 de marzo de 1828.


                                               Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Dios nuestro, que llamaste al beato Bernardino para que buscara tu Reino en este mundo por la práctica de la caridad y oración perfecta, concédenos que, fortalecidos por su intercesión, avancemos por el camino del amor con espíritu gozoso. Por nuestro Señor Jesucristo.


27.1 de noviembre
Francisco Antonio Fasani (1681-1742)

            San Francisco Antonio Fasani nace en Lucera (Foggia. Italia), el 16 de agosto de 1681. A los 15 años ingresa en la Orden de los Frailes Menores Conventuales. Emite sus votos religiosos en Monte S. Ángelo. Cursa sus estudios eclesiásticos en los colegios de Venafro, Agnone, Montella, Aversa y Asís, junto a la tumba del Seráfico Padre San Francisco, donde fue ordenado sacerdote el 19 de septiembre de 1705. Defendida la tesis doctoral, es profesor de Filosofía en el convento de San Francisco en Lucera. Desempeña las funciones de superior, maestro de novicios, maestro de estudiantes, profesor y ministro provincial de la provincia religiosa de San Miguel Arcángel en Pulla. Se distingue por llevar una vida inocente y por su actitud humilde, penitente, servicial con los hermanos y con la gente; tiene una devoción especial al Sagrado Corazón y a la Virgen Inmaculada. Predica durante 35 años en las ciudades y los poblados de Pulla Septentrional y de Molisa. Muere en Lucera el 29 de noviembre de 1742. El papa Pío XII, el 15 de abril de 1951, lo beatifica y Juan Pablo II lo canoniza el 13 de abril de 1986.

                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Oh Dios de bondad, que en San Francisco Antonio Fassani nos has dado un modelo de perfección evangélica y un ferviente apóstol de tu Palabra, concédenos, por sus méritos y su intercesión, permanecer siempre firmes en la fe y solícitos en la caridad, para obtener así la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


28 de noviembre


Jaime de La Marca (1394-1476)

            San Jaime nace en Monteprandone (Áscoli Piceno. Italia) el 1 de septiembre de 1394. Se doctora en Derecho Civil en Perusa hacia 1412. Trabaja como juez en Bibbiena (Arezzo. Italia) y como notario en la cancillería municipal de Florencia. Ingresa en la Orden en julio de 1416, haciendo la profesión en Asís. Es discípulo de Juan de Capistrano y Bernardino de Siena. En 1423 es ordenado sacerdote. Consigue la paz entre las ciudades de Fermo y Áscoli en 1446 y en 1463. Lucha contra las herejías de los bogomilos en Bosnia y de los husitas en Austria y Bohemia. Predica también en Ale-mania, Suecia, Dinamarca, Polonia y Hungría; difunde la devoción al nombre de Jesús. Cuando San Juan de Capistrano muere en 1456, lo sustituye como comisario de la Orden en Hungría. En el Concilio de Basilea promueve la unión de los husitas moderados con la Iglesia, y en el de Florencia, la de las Iglesias ortodoxa y latina. Predica la cruzada contra los otomanos. En Italia, combate también el movimiento radical de los fraticelli. Calixto III, en 1455, lo nombra juez en la cuestión entre los franciscanos conventuales y los observantes; su decisión, publicada el 2 de febrero de 1456, no complace a ninguna de las partes. Instituye diversos Montes de Piedad como instituciones de crédito sin afán de lucro, pozos y cisternas públicas. Da estatutos civiles a once ciudades y funda numerosas fraternidades laicas, siendo uno de los precursores del asociacionismo católico. Muere en Nápoles el 28 de noviembre de 1476. El papa Urbano VIII lo beatifica el 12 de agosto de 1624 y Benedicto XIII lo proclama santo el 10 de diciembre de 1726.

                                   Común de Pastores o de Santos Varones

Oración. Dios generoso en clemencia, que, para la salvación de los hombres y conversión de los pecadores, confiaste la predicación de tu Evangelio a San Jaime de La Marca, concédenos, por sus méritos, el verdadero arrepentimiento de nuestras culpas y la gracia de la eterna salvación. Por nuestro Señor Jesucristo.

29 de noviembre

Todos los santos de la Orden Franciscana

            El papa Honorio III, el 29 de noviembre de 1223, aprueba la Regla de la Orden. En su aniversario se recuerda a todos los hermanos que han alcanzado la gloria del Padre, finalidad del escrito de San Francisco. El proyecto de vida y el carisma de Francisco es seguir a Cristo pobre y crucificado, servirlo a la Iglesia y, al servirlo, alcanzar la santidad y salvación prometida por Dios Padre. “Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos” (Jn 17, 20-26). Y San Francisco pre-dice: “Carísimos, consolaos y alegraos en el Señor; no os entristezcáis por el hecho de ser pocos; no os asustéis de mi simplicidad y de la vuestra, porque, como me ha revelado el Señor, él nos dará una innumerable multitud y nos propagará hasta los confines del mundo. Vi una gran multitud de hombres venir hacia nosotros, deseosos de vivir con el hábito de la santa religión y según la regla de nuestra bienaventurada Orden”.


Oración. Dios, rico en misericordia, que has enriquecido a tu Iglesia con la santidad de innumerables hijos e hijas de la Familia Franciscana, concédenos a los que celebramos en una misma fiesta los méritos de todos ellos, seguir sus huellas en la tierra y obtener el premio de la salvación en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


30 de noviembre

Andrés, Apóstol

            San Andrés, originario Betsaida, es hermano de San Pedro. Dice a Jesús que un muchacho tiene unos panes y unos peces cuando la multiplicación de los panes y los peces.

                                               Del Común de Apóstoles


            Oración. Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol San Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Libros: Cúmulo

                                          Cúmulo
                                           Francisco Javier Gómez Ortí

La obra recopilatoria CÚMULO fue presentada recientemente en el  Instituto Teológico de Murcia,  por el Cronista  de la Región de Murcia, J. Antonio Melgares,  quien cumplió su tarea con precisión  de avezado experto.  La obra, mirada solo su calidad tipográfica,  logró captar el interés de los asistentes,  profesores universitarios en su mayoría,  que elogiaron la clásica impresión del libro,  tan alejada de ciertas ilegibles y repelentes ediciones hodiernas  en boga. Por ende, séame permitido estampar y publicitar aquí el nombre de la imprenta murciana que ha confeccionado tan  primoroso libro:  Imprenta Compobell. De haberse publicado  esta abigarrada Colección  en el siglo XVI, le habría venido de molde  el pintiparado título Silva de varia lección. 

Respecto a su fondo, si bien heterogéneo por la índole y procedencia de los artículos  (inéditos unos, otros publicados) lo divide el autor en cuatro secciones o apartados de temática humanística, a saber: Lengua, Arte, Historia y Religión, sin perjuicio de que a veces se entrecrucen los temas. Sin duda alguna, hubiera sido una irreparable pérdida el olvido de tanto artículo desperdigado  por acá o  acullá en revistas o periódicos. Adentrándonos ya en su contenido, cabe espigar un puñado de estudios que merecen especial mención. Nunca los oriolanos  habrían podido conocer los diversos trabajos que dedico a cosas de su tierra, como la típica almojábena, pero sobre todo, el encomiástico y  documentado artículo que consagro a las Fiestas de la Reconquista de Orihuela. Ni los lorquinos hubieran tenido ocasión de leer el artículo que me rechazaron para la revista lorquina Clavis, pero que J. Díez de Revenga, con mejor criterio, me publicó en la murciana y  prestigiosa revista Murgetana. Ni en Cehegín, llegarían a general conocimiento los artículos en que me ocupo del pintor G. Arévalo o de la parroquia de Sta. Mª Magdalena o sobre sus afamados jaspes, etc., ni en Moratalla podrían gloriarse de su ínclito paisano, el humanista Alonso Sánchez, sabio catedrático de la Universidad de Alcalá, amigo y defensor de Lope de Vega. Tampoco  los caravaqueños se habrían podido solazar con los raros impresos sobre la Vera Cruz de Caravaca,  ni  en Calasparra podrían agradecer la instrucción a la juventud calasparreña, que los franciscanos  impartieron en los siglos XVIII-XIX.

Otros muchos artículos interesantes, de no publicarse en CÚMULO, habrían sido hurtados a la curiosidad y conocimiento de muchos lectores.  Al tratarse de un contenido variopinto, lo mismo  encontramos  un curioso trabajo de campo lexicológico, denominado  Filologando en Lisboa, que otro entre donairoso y socarrón  sobre el inefable H. R., artículo que acabaría en “cuasi” delito, rastreado por la policía.  
                                                               
                                                     
                                                                                                                                                     
           Finalmente, uno de los estudios más importantes y valiosos es el artículo sobre el  sufijo –ico, en que el autor, pertrechado de irrefutable batería documental,   demuestra exhaustivamente la difusión  peninsular de tal uso ya desde la  Baja Edad Media hasta el presente. Por lo demás,  cumple resaltar que la mayoría de los artículos abordan asuntos referentes lógicamente a Murcia, pero también a sus cercanías, Orihuela, por ejemplo.