domingo, 5 de octubre de 2014

Sobre Zubiri

                Una propuesta estructural
                 de lectura de la trilogía teologal de Xavier Zubiri

                                                



                              de Francisco Correa Schnake
                                                                                                              Facultad de Teología,
                                                                                                                          Pontificia Universidad Católica de Chile.


                                                 por J. P. Miñambres
                                                          Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                          Pontificia Universidad Antonianum

Francisco Correa
A los ojos de la mayoría, Zubiri (1898-1983) es reconocido como un notable filósofo, quizás uno de los más grandes del siglo XX, dedicación por la que ha transcendido y sobresalido su labor. Y es cierto, pero no en manera exclusiva. En la esfera personal, Zubiri fue una persona de profundas y permanentes convicciones de fe, heredadas desde niño en el núcleo familiar. A la vivencia religiosa se unía en él una constante preocupación intelectual por la cuestión de Dios y lo religioso. No se debe olvidar su pasado como sacerdote y que, de hecho, su primer doctorado fue en teología. Él mismo admite al recibir el honoris causa en esta materia por la Universidad de Deusto: «La teología es una de las fibras más íntimas de mi realidad personal» (X. Zubiri, Escritos Menores, Madrid 2006, 313). Por esta razón, existe hoy entre los investigadores más jóvenes de la obra de Zubiri, tanto españoles como iberoamericanos, un gran interés por desarrollar el estudio de su pensamiento religioso, lo que ha provocado una oleada de tesis doctorales y artículos al respecto. Aquí existe un gran campo de investigación abierto, todo un mundo por explorar en lengua castellana que puede aportar potenciales posibilidades, propuestas y respuestas a los desafíos de la fe y de la teología futura.
U. Católica de Chile
El libro que presentamos se encuadra dentro de esta tendencia. Se trata de la tesis doctoral en Teología de Francisco Correa Schnake, defendida en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica de Chile en noviembre de 2008. Cuatro años después viene publicada y puesta a disposición del público general en la colección de estudios de «Teología y vida», revista teológica de esta misma facultad. Sabemos que las investigaciones doctorales tienen una serie de rasgos propios que las constituyen en género: son escritos técnicos y específicos, destinados más a especialistas que a lectores ocasionales. Este es el caso presente. La comprensión y valoración de esta indagación requiere un conocimiento previo de la filosofía de Zubiri, cosa nada sencilla ni rápida. Por eso parece destinada en primer término al juicio de los expertos en el pensamiento de Zubiri.
En efecto, la tesis que Francisco Correa propugna, tiene una finalidad preponderantemente interpretativa, es decir, pretende dar una clave de lectura general y apropiada «que permita una comprensión coherente del pensamiento teologal zubiriano en el conjunto de su filosofía» (p. 19). Es un intento de respuesta a lo que se denomina la cuestión hermenéutica del corpus zubiriano. Tal problema nace del hecho de que el despliegue mismo del pensamiento tanto filosófico como teológico de Zubiri, siempre en continúa gestación, no fue lineal ni homogéneo. El Zubiri adulto nunca quiso que se tuvieran en cuenta sus primeros escritos al considerarlos poco representativos de su pensamiento final, lo cual hace pensar que es desde aquí desde donde se deben tomar los criterios para la valoración del mismo: la obra de madurez de Zubiri es el principio hermenéutico de su pensamiento. Esto sirve en grado especial para los escritos publicados con carácter póstumo, provenientes la mayor parte de sus cursos orales, que, bajo este punto de vista, quedan anticuados en algunos de sus desarrollos. El grueso de la producción teológica madura de Zubiri se remonta a la década de los setenta, pero es anterior a su obra filosófica última. Es obvio sospechar que, si ésta se hubiera forjado antes, muchos de los temas tratados en los escritos teológicos tendrían un aspecto considerablemente distinto. Paradigmático resulta el caso del concepto de religación, que desde los años treinta hasta su muerte no cesa de ser revisado. Por lo general, los expertos consideran que la madurez de Zubiri se alcanza en su trilogía Inteligencia sentiente, escrita pocos años antes de su muerte. Por eso, Correa estudia esta obra filosófica y busca la estructura fundamental que la sustenta y articula, para utilizarla como clave de lectura de la trilogía teologal, compuesta con anterioridad. En concreto, lo que pretende mostrar es que «la “estructura binaria” fundamental de Inteligencia sentiente, constituida por la “aprehensión primordial” de realidad o “actualización de lo real” y las “reactualizaciones ulteriores o Logos y Razón” […], permite ordenar estructuralmente, en coherencia con su planteamiento filosófico más desarrollado, el pensamiento teologal zubiriano que se articula en torno a la “religación” como “fundamento-fundamentante” de la experiencia humana de encuentro con Dios o experiencia teologal, que es siempre individual, social e histórica, con sus “plasmaciones ulteriores” entendidas como “religión-religiones” y cristianismo-deiformación”, como expresión de plenitud que se da en un proceso de madurez desde la religación» (p. 20).
En función de este objetivo el autor estructura su disertación en tres partes de desigual longitud y profundidad.
La primera tiene un contenido netamente filosófico. Que la teología emplee categorías filosóficas no debe causarnos sorpresa. Si lo que se pretende es que el quehacer teológico esté a la altura de la cultura actual y dialogue con ella, debe confrontarse con naturalidad con el pensamiento que produce. Sobradamente noto es el ejemplo de Tomás de Aquino, que conoció muy a fondo las ideas de Aristóteles y usó sus nociones para vehicular su propia reflexión teológica. Exactamente igual sucede con Zubiri, aunque en este caso él mismo sea el creador de la filosofía que sustenta su teología. Es preciso conocer su planteamiento filosófico, porque, sin esta base, a duras penas se podrá sopesar en toda su amplitud la propuesta teológica de Zubiri. En ningún caso, esto significa que Correa minusvalore la dimensión teológica. Al contrario, la clarificación y precisión de la filosofía de Zubiri constituye un medio indispensable, un instrumento original y de primer orden que servirá posteriormente para enriquecer y ahondar en los contenidos teológicos. Los cinco capítulos de que se compone esta primera parte tienen tal cometido. En el primero, se realiza una breve introducción biográfica y se señalan las influencias filosóficas de su pensamiento, algo siempre útil dada la complejidad de la figura de Zubiri; servirá especialmente para aquellos que desconozcan al personaje y el mundo en el que se movió. En los restantes cuatro capítulos, el autor entra en materia, analizando las nociones de «realidad», «actualidad» y «verdad» que son las que aclaran el sentir inteligente. Para Zubiri la intelección humana es formalmente mera actualización de lo real en la inteligencia sentiente. Hay ante todo un modo primario y radical, la aprehensión primordial de realidad, cuya esencia consiste en implantarnos en la realidad; en él, lo aprehendido se actualiza directa, inmediata y unitariamente en y por sí mismo; es una aprehensión directa, porque que no es una representación; es inmediata, porque se da sin inferencias de razonamientos del orden que fuere; y es unitaria, porque, a pesar de la gran complejidad de su contenido, éste viene aprehendido compactamente. Además existen otros modos ulteriores de actualización que son «re-actualizaciones» y atiende a la actualidad campal y mundanal de toda realidad: son el logos y la razón. No se trata de otras actualizaciones, sino de la actualidad de la cosa como actualizada respecto a otra realidad. Ambos modos de intelección son un dinamismo y una marcha que acontecen dentro ya de la realidad misma, dentro de la unidad modal del inteligir.
Instituto Teológico de Murcia OFM
Con estas pautas adquiridas, la segunda parte cuida de exponer sistemáticamente la verdadera y propia obra teologal de Zubiri. En primer término, el autor introduce una serie de consideraciones que nos parecen imprescindibles como prolegómeno, tales como el contexto y la cuestión hermenéutica que subyacen a la misma. En un curso durante el año 1971-1972 es donde Zubiri diseña y desarrolla lo que pensaba debía ser un planteamiento abarcador del problema teologal del hombre con tres momentos internamente conexos, cada uno incoado o fundado en el anterior y, a la vez, despliegue suyo: el hombre y Dios, la historia de las religiones y el cristianismo como religión singular. En primer lugar, está el problema de Dios, que, según Zubiri, lo tiene el hombre planteado ya, por el mero hecho de ser hombre; la realidad humana posee «de suyo» una constitutiva dimensión teologal por vía de la religación, vía que sintetiza prácticamente todos los elementos de su propia filosofía: el hombre está religado al poder de lo real, fundamento último que le impele y posibilita su realización. De esta experiencia fundamental, en segundo lugar, nacen las posibles respuestas, que no son otras que las diversas religiones que en la historia de la humanidad han sido e, incluso, otras formas de vida al parecer irreligiosas como el ateísmo, el agnosticismo y la indiferencia. Estas respuestas son plasmaciones de la religación. Por último, está el cristianismo, transcendencia histórica de esa gigantesca experiencia individual, social y teologal de la humanidad según su condición de deiformación y, por ello, solución final del problema radical del hombre; por la encarnación, Cristo se convierte en la puerta de acceso a Dios mismo, reclamando una adhesión global a su persona con decidida pretensión de universalidad. Este hecho impulsa a Zubiri a traspasar las fronteras de la filosofía y a adentrarse por los caminos de la teología repensando sus temas concretos: la revelación, el dogma, la Trinidad, la creación, la encarnación, los sacramentos, la Iglesia, la escatología. Correa lee la triada religación, religiones, cristianismo a la luz de la triada intelectiva aprehensión primordial de realidad, logos y razón. Ambas se sintetizan en la más básica estructura binaria actualización-reactualizaciones, de modo que el papel primordial atribuido a la aprehensión de realidad viene concedido a la religación, y el dado al logos y la razón se equipara al de las religiones y el cristianismo.
Por último, la tercera parte consiste en un tentativo de resumen, valoración crítica y verificación de lo hasta entonces tratado. Originales son las perspectivas teológicas que el autor apunta. Es consciente de la radicalidad de las ideas de Zubiri que surgen de un nuevo horizonte, constituyen un nuevo método de acceso a Dios y dan una nueva visión unitaria de la filosofía y la teología. No por ello dejan de tener ciertas dificultades por su carácter filosófico, intemporal y evolutivo.
ITM e iglesia La Merced
Francisco Correa nos entrega un trabajo sugerente. Ha logrado penetrar y exponer con claridad el complejo pensamiento de Zubiri, expresado con un vocabulario propio y particular. Destacamos muy brevemente dos aportes que su lectura deja traslucir meridianamente. Por un lado, valioso es el énfasis que coloca sobre la estructura más general del sentir intelectivo, que él considera que es el binomio «actualización-reactualizaciones». Ciertamente el concepto de «actualización» es la esencia del pensamiento zubiriano maduro sobre la intelección. Además está a la base del carácter noérgico sobre el que se asienta la explicación teologal. El hombre está en la realidad y ésta ejerce una fuerza de imposición, una dominancia. La religación es la realidad apoderándose de nosotros: actualiza en nuestra mente el perfil del poder de lo real que de nosotros se apodera. Por otro lado, el autor marca con vigor uno de los aportes más geniales de Zubiri en la comprensión de la intelección: la modalización y la ulterioridad. Zubiri concibe el inteligir no monolíticamente, sino como tres momentos, tres estadios internamente conexos, cada uno fundado en el anterior y, a la vez despliegue interno suyo. El fundamento de esta modalización y ulterioridad es el «hacia» como apertura trascendental en sus diversas líneas. En el aspecto teológico la estructura es similar pues Zubiri diferencia entre experiencia teologal y experiencia teológica. Lo teologal es lo que envuelve la versión al problema de Dios; es una experiencia metafísica y de busca de fundamento. En cambio, lo teológico es lo que envuelve a Dios mismo. Lo teologal es para Zubiri más amplio que lo teológico; lo teológico se engarza y tiene su raíz en lo teologal.

Anales de la Facultad de Teología 4, Suplementos a Teología y Vida, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago 2012, 297 pp., 16,5 x 24 cm.
                       


Reconciliación IV: Comunión

            LA RECONCILIACIÓN

                                                                        IV


                                                                        La comunión

El ministerio de Pablo, como el de todos los seguidores de Jesús, que anuncian su cruz y resurrección, expresa la voluntad de Dios de «que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad [por el] mediador el hombre Cristo Jesús» (1Tim 2,4-5). Y la verdad última es la comunión con Dios y con todos los hombres comprendidos como hermanos e hijos de un mismo Padre. Es decir, el objetivo de la reconciliación es estructurar filialmente la historia.

           
En el relato yawista de la creación el nacimiento del hombre se simboliza modelando el Señor la arcilla extraída del suelo y soplando en su nariz el aliento de la vida (cf. Gén 2,7). El párrafo indica que la humanidad está religada radicalmente a Dios de manera que existe una tendencia natural de unión entre el hombre y Dios. De hecho, el relato sacerdotal ahonda el deseo innato de unión del hombre con su fundamento trascendente al llevar siempre en su historia la imagen y semejanza divina (cf. Gén 1,26). Rota la imagen por el pecado, Dios toma la iniciativa para relacionarse con su criatura en un plano personal para salvarla. Elige a Israel y sella una Alianza con él por medio de un sacrificio y una comida para representar la unión mutua (cf. Éx 24,1-11). Jesús, hijo de Israel, proclama la presencia de Dios en la vida humana, y los cristianos, por la fe en él, entienden que la relación definitiva de Dios con su criatura, iniciada al principio de los tiempos, se lleva a cabo con la encarnación de su Hijo (cf. Jn 1,14; Rom 8,3; Gál 4,4). Él es el que revela que el Señor es el que llama y pone un nombre al hombre para recrearlo y establecer relaciones duraderas y estables, de comunión (cf. Ef 1,18; 4,1.4). Y por medio de él —ahora el hombre es imagen de Cristo, y Cristo es imagen de Dios— es como se realiza la comunión con Dios. Porque, si ha sido en la historia donde el hombre se ha distanciado, Dios quiere que un hombre en la historia rehaga la creación, que ha infectado por el pecado, y restaure la relación con Él.

           
Jesús sienta en su mesa a los marginados de la sociedad (cf. Mt 9,11; 11,19) y redescubre los lazos que unen a todos los humanos, ejemplificados en la familia que formaliza en su ministerio por Palestina, fundada en la escucha de su palabra y en el cumplimiento de la voluntad del Padre (cf. Mc 3,35). A esta familia se entra por el bautismo (cf. Mt 28,19), y ella permanece unida a Jesús al hacer memoria de la Última Cena que celebra con sus discípulos: «La copa de bendición que bendecimos ¿no es comunión con la sangre de Cristo? El pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Uno es el pan y uno es el cuerpo que formamos muchos; pues todos compartimos el único pan» (1Cor 10,16-17). La comunión con Cristo lleva consigo la comunión entre todos los que componen la comunidad cristiana, y la comunión con el cosmos, representado en los símbolos del pan y el vino, donaciones de la naturaleza y elaboraciones humanas, pero que, en la tradición israelita, entrañan la vida que el Señor regala al hombre y con la que muestra su amor ilimitado, ya que el hombre existe por la comida y la bebida, y se realiza por una relación de amor, que es la imagen y semejanza del amor divino (cf. Gén 2,24). El cristianismo confiesa que el Señor renueva la relación con su creación por medio de su Hijo, por quien ha creado todas las cosas (cf. Col 1,16), que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14; Rom 8,3; Gál 4,4) y ofrece la posibilidad de comunión con el Padre: «Fiel es Dios, el que os llamó a la comunión con su Hijo» (1Cor 1,9).

            En efecto. La comunión de los cristianos entre sí y con el cosmos, que nace de su comunión con Cristo, comprende la comunión con el Padre, y se establece en los parámetros de las relaciones del Hijo y del Padre: «Que todos sean uno, como tú, Padre, estás en mí y yo en ti; que también ellos sean uno en nosotros» (Jn 17,21). La comunión de los hombres en la historia se funda teológicamente en las relaciones que Jesús mantiene con Dios (cf. Mc 14,36; Q/Lc 10,21-22; Mt 11,25-27), y que Juan objetiva en los términos aducidos. Así la comunión del Padre y del Hijo se constituye en el arquetipo de la comunión de Dios con los hombres y de éstos entre sí.

           
La experiencia en la historia de la comunión con el Padre y con el Hijo se hace gracias al Espíritu de Dios (cf. Rom 8,9) y de Cristo (cf. Gál 4,6). Tanto el Padre como el Hijo son Espíritu (cf. Jn 4,24; 2Cor 3,17), es decir, son amor, y cuando afirman una relación de amor se manifiestan en y por su Espíritu. El Espíritu, la comunión en amor y por amor del Padre y del Hijo (cf. 2Cor 13,13), su clima eterno, es enviado por ellos (cf. Hech 2,33) para crear la comunión en toda la creación. El Espíritu origina, mantiene y potencia la relación filial y fraterna de todas las criaturas, y hace posible el amor y la concordia entre todos los seres (cf. Ef 2,2). Es el que prosigue en la historia la voluntad de reconciliación de Dios con sus criaturas y el que desarrolla de una forma práctica el plan reconciliador de Jesús, instalando la comunión que él significa y obra en la Trinidad. Porque el Padre engendra a su Hijo y se comunica a su Hijo en el Espíritu, como el Hijo se entrega al Padre y conoce al Padre en el Espíritu; es la pura relación de amor, cuyo reflejo e imagen transfiere a todos los hombres. El amor que define a las Personas en la Trinidad y su  relación mutua, identificándolas, es el mismo amor con que el Espíritu hace que se relacionen sus criaturas y éstas con Dios: con los hijos según el Padre, con sus hermanos según el Hijo. Pero el amor de los hermanos entre sí, de los hijos con respecto al Padre, es un proceso inserto en el proyecto de filiación de toda la creación. Y se hace por la ejecución de las esperanzas; de aquellas esperanzas que se conquistan paso a paso para proseguir la humanización deseada y querida por Dios y para que todos alcancen la dignidad inscrita en su ser desde su creación.

            El Hijo de Dios se ha encarnado (cf. Jn 1,14; Rom 8,3; Gál 4,4) para activar los mecanismos de bondad insertos en la historia: «... el reconocimiento de Dios no se opone de ningún modo a la dignidad del hombre, ya que esa dignidad se funda y se perfecciona en el mismo Dios: pues el hombre ha sido constituido inteligente y libre en la sociedad por Dios creador; y, sobre todo, es llamado a la misma comunión de Dios como hijo y a la participación de su misma dignidad. Enseña, además, la Iglesia que la esperanza escatológica no disminuye la esperanza de las tareas terrenas, sino que más bien proporciona nuevos motivos de apoyo para su cumplimiento» (GS 21). De ahí, la necesidad de crear paradigmas donde cada persona se sienta situada en la historia según su identidad y misión, la necesidad de reactivar la reconciliación y comunión entre todas las criaturas que componen la creación.



Santos del 6 al 12 de octubre

            6 de octubre

                                                                   
  
                                                María Francisca de las 5 Llagas (1715-1791)

       Santa María Francisca de las cinco Llagas de Nuestro Señor Jesucristo, Virgen de la Orden Franciscana Seglar, nace en Nápoles (Campania. Italia) el 25 de marzo de 1715, hija de Francisco Gallo y Bárbara Basini, comerciantes. Viste el hábito franciscano el 8 de septiembre de 1731 y profesa los tres votos de castidad, pobreza y obediencia. Sigue la espiritualidad franciscana de venerar la Pasión del Señor y a la Virgen bajo la advocación de la “Divina Pastora”, cuyo culto difunde por doquier. Por sus visiones, revelaciones y éxtasis la autoridad eclesiástica la vigila durante siete años. Muere el 6 de octubre de 1791, a la edad de 76 años. Su cuerpo es depositado en la iglesia de Santa Lucía del Monte, de Nápoles, junto a San Juan José de la Cruz. El papa Pío IX la canoniza el 29 de junio de 1867.

Común de Vírgenes

Oración. Padre de misericordia, que en la virgen Santa María Francisca nos dejaste una imagen viva de tu Hijo crucificado, concédenos, por su intercesión, asemejarnos a Cristo en la tierra y ser glorificados con ella en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.


           6.1 de octubre
María Ana Mogas Fontcuberta (1827-1886)

La beata María Ana nace en Corró del Vall-Granollers (Barcelona. España) el 13 de enero de 1827; es hija de Lorenzo Mogas y Magdalena Fontcuberta. Conoce a María Valdés y a Isabel Yubal, Capuchinas exclaustradas, que se dedican a la educación de la niñez. Las asesora el beato José Tous Soler, franciscano capuchino exclaustrado. El 13 de junio de 1850, María Ana inicia su vida religiosa con sus compañeras en Ripoll. Emite sus votos el 25 de junio de 1851. Dirige la Escuela bajo la inspiración mariana. María, la Virgen Madre, Divina Pastora, es considerada por la fundadora y sus hermanas religiosas la suprema Abadesa del Instituto. El 10 de diciembre de 1865 se traslada a Madrid para rehabilitar a las jóvenes prostitutas y seguir educando a los niños pobres. Desde Madrid parten las hermanas para fundar en otras ciudades de España. Muere el 3 de julio de 1886 en Fuencarral (Madrid). El papa Juan Pablo II la beatifica el 6 de octubre de 1996.

Común de Vírgenes

Oración. Oh Dios Amor, que suscitaste en el corazón de la beata María Ana un amor maternal y un espíritu de sacrificio para educar a las niñas y cuidar a los enfermos, concédenos que, alentados por su ejemplo y cumpliendo fielmente tu mandato, demos testimonio de tu caridad en el servicio a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.


             10 de octubre
Daniel y Compañeros, Mártires de Ceuta (†1227)

En el año 1227, los hermanos Ángel, Samuel, Dónulo, León, Hugolino, y Nicolás, pertenecientes a la Toscana (Italia), piden permiso al Vicario General de la Orden, Elías de Cortona, para predicar el Evangelio a los musulmanes. Viajan a España. Aquí se les une Daniel, Ministro Provincial de Calabria, que fue su superior y les espera para dirigirse a Ceuta. Daniel y sus compañeros zarpan desde Tarragona el 20 septiembre de 1227. Poco después llegan a Ceuta, donde se hospedan en un pueblo cercano habitado por comerciantes cristianos. El 1 de octubre predican la fe en Jesucristo como único mediador de la salvación. Provocan a los creyentes musulmanes, que los maltratan, apalean y torturan, encarcelándolos después. Ante la presión de la gente, las autoridades los sentencian a muerte, decapitándolos el 10 de octubre. Los cristianos recogen lo que queda de sus cadáveres vapuleados, y los trasladan a iglesias de España y Portugal. La muerte de estos mártires tuvo lugar un año después de la muerte de San Francisco y ocho años después de los mártires de Marruecos (cf. 16 de enero). El papa León X los canoniza el 22 de enero de 1516.

Común de Mártires

Oración. Dios de bondad y misericordia, que concediste a los santos Daniel y compañeros mártires la gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad, para que, así como ellos no dudaron en morir por ti, nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

         10.1 de octubre


         Ángela María Truszkowska (1825-1899)

La beata Ángela María nace el 16 de mayo de 1825, en Kalisz (Polonia). Su familia se traslada a Varsovia en 1837. En la catedral de Colonia (Alemania) experimenta la llamada del Señor para servir a los pobres y necesitados, llevando una vida de oración y sacrificio. En 1854 se entrega a los niños abandonados y a los ancianos sin casa de Varsovia. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar. El 21 de noviembre de 1855, ante el icono de María y junto a su prima, se consagra al Señor: aquí comienza la comunidad de las religiosas Felicianas o de San Félix de Cantalicio, con el ideal de que el Señor sea conocido, amado y glorificado. La comunidad es suprimida por el gobierno ruso en 1864, pero continúa en secreto bajo la guía espiritual de la fundadora, que muere el 10 de octubre de 1899. El papa Juan Pablo II la beatifica el 18 de abril de 1993.

Común de Vírgenes

Oración. Señor y Dios nuestro, te pedimos que la beata Ángela María, virgen, tu fiel esposa, encienda en nuestro corazón la llama de la caridad divina que ella suscitó en otras vírgenes, para gloria perpetua de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

           11 de octubre


         Juan XXIII, Papa (1881-1963)

San Juan XXIII, de la Orden Franciscana Seglar, nace el 25 de noviembre de 1881 en Sotto il Monte (Bérgamo. Italia). Después de cursar los estudios eclesiásticos, es ordenado sacerdote el 10 de agosto de 1904 en Bérgamo. En 1905 enseña Historia y Patrología en el seminario de Bérgamo. En 1921 es presidente para Italia del Consejo Central de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe. El papa Pío XI lo consagra arzobispo de Areópolis y lo nombra enviado oficial para Bulgaria el 3 de marzo de 1925. El 12 de enero de 1935 es elegido delegado apostólico para Turquía y Grecia. Ayuda a miles de judíos en la persecución nazi. El 23 de diciembre de 1944, el papa Pío XII lo nombra nuncio apostólico de Francia, y el 12 de enero de 1953, cardenal presbítero y patriarca de Venecia. El 28 de octubre de 1958 es elegido Papa. El 25 de enero de 1959 anuncia el Concilio Vaticano II, el I Sínodo de la Diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. El 11 de octubre de 1962 abre el Concilio Vaticano II en San Pedro. Muere en Roma el 3 de junio de 1963. Juan Pablo II lo beatifica el 1 de octubre del año 2000 y Francisco lo canoniza el 27 de abril del año 2014.

Común de Pastores

Oración. Dios de bondad y misericordia, que en San Juan XXIII, papa, has hecho resplandecer ante el mundo el ejemplo de un buen pastor, concédenos, por su intercesión, difundir con alegría la plenitud de la caridad cristiana. Por nuestro Señor Jesucristo.

             12 de octubre


        Nuestra Señora del Pilar

La Virgen María se apareció en Zaragoza sobre una columna. Es la Patrona de la Hispanidad. Pío XII concede a todas las naciones de América la posibilidad de celebrar la Misa que se celebra en España.

                        Común de María Virgen

Oración. Dios eterno, que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

12.1 de octubre

Serafín de Montegranario (1520-1604)

San Serafín nace en 1540 en Montegranario (Áscoli Piceno. Italia); es hijo de Jerónimo Rapagnano y Teodora Giovannuzzi. Se gana el pan trabajando como leñador y como pastor hasta que fallecen sus padres. Ingresa en la fraternidad de Tolentino (Macerata) de los Franciscanos Capuchinos en 1538 y hace el noviciado en Jesi (Ancona), dos conventos de Las Marcas de Italia. Se distingue por su sencillez, vida de penitencia y oración, práctica que había desarrollado cuando era pastor. Su entrega a los pobres y desfavorecidos es permanente, sintiéndose uno de ellos, pues compartía sus carencias y sufrimientos. Sus devociones principales son la Eucaristía y la Virgen María. En Áscoli es consejero de muchos dignatarios de la vida eclesiástica y social de entonces. Muere el 12 de octubre de 1604. El papa Clemente XIII lo canoniza el 16 de julio de 1767.

Común de Santos Varones


Oración. Padre de bondad, que en el bienaventurado Serafín, lleno de los dones del Espíritu, nos dejaste un testimonio admirable de las riquezas del corazón de Cristo, concédenos la gracia de tu sabiduría y vivir en plenitud el Evangelio que nos anunció tu Hijo. Él, que vive y reina contigo.

viernes, 3 de octubre de 2014

San Francisco de Cartagena

EL CONVENTO DE S. FRANCISCO EN CARTAGENA



Esteban Calderón
Facultad de Letras
Universidad de Murcia


           
El desaparecido convento de S. Francisco de la ciudad de Cartagena data de finales del s. XVI, como la mayor parte de los conventos de las órdenes religiosas que se instalaron en la ciudad portuaria. Fue uno de los tres conventos que la Orden Franciscana tuvo en Cartagena: el que aquí traemos a colación (intramuros), el de S. Diego (extramuros) y el de S. Ginés de la Jara (en el campo). Tras infructuosos intentos por instalarse en 1541 de manera permanente en la ermita de S. Sebastián, finalmente la intervención real solucionó las desavenencias y el Concejo recibió la orden de ceder un terreno adecuado para la ubicación del convento. Ésta tuvo lugar en la actual plaza de S. Francisco, en donde entonces había tierras de labor y unas casuchas de adobe.
            La obra fue dirigida desde 1571 a 1574 por el arquitecto Juan de Inglés, procedente de Orihuela, donde realizara importantes trabajos en el colegio de Santo Domingo o en la parroquia de Santiago, así como en otros lugares de la Vega Baja. Las obras se realizaron con mucha lentitud, ya que a principios del s. XVII aún no se había concluido la capilla mayor, costeada por el regidor D. Nicolás García de Cáceres. Parece que el traslado desde la antedicha ermita al nuevo edificio tuvo lugar en 1586, aunque las obras no estuviesen finalizadas. En 1604 el obispo Coloma otorgó la licencia definitiva. Al igual que otros conventos, como el de los mercedarios o el de los agustinos, fue víctima de las leyes de desamortización y demolido en 1844. Otras órdenes también sufrieron este proceso desamortizador y, aunque sus conventos fueron demolidos, sus respectivas iglesias se mantienen en pie: es el caso de El Carmen (carmelitas), Santo Domingo (dominicos) y S. Diego (franciscanos).
           
Gracias a las sucesivas remodelaciones de que ha sido objeto la plaza de S. Francisco se han obtenido algunos datos arqueológicos que permiten tener una idea de cómo fue el mencionado edificio. El croquis así como la reconstrucción virtual de García Olmos fueron publicados en la Historia de Cartagena, dirigida por Julio Mas (vol. VII). A su ubicación se llegaba por el Oeste por las calles Honda y Campos, por el Norte por la calle del Pocico, por el Este por la calle de S. Antonio el Pobre y por el Sur por la calle de S. Francisco. La entrada al templo era por el Oeste, justo donde con la última remodelación se ha situado la estatua de bronce dedicada al actor Isidoro Máiquez, de manera que el presbiterio y el altar miraban a Oriente, siguiendo la tradición generalizada en la construcción de iglesias, que atiende a la expresión ex Oriente Lux. Idéntica orientación se puede observar en otros dos templos conventuales que perviven en Cartagena y que son de la misma época: Santo Domingo y El Carmen.
           
Para saber cómo era este desaparecido edificio lo mejor es recurrir a la descripción que hiciera el marino Vargas Ponce en su visita y recorrido por los templos de la ciudad, publicada por Vicent y Portillo en 1889 en su Biblioteca Histórica de Cartagena (vol. I). Por el estudio arqueológico y por las páginas de Vargas Ponce se puede concluir que no era de grandes dimensiones, como no lo eran ninguno de los templos y conventos de Cartagena, a diferencia de los de Murcia. La conservación de los citados templos de El Carmen, Santo Domingo y S. Diego nos da una idea bastante ajustada de las discretas proporciones, especialmente el último de ellos. Las formas de la iglesia de S. Francisco eran sencillas y fue muy del agrado de Vargas Ponce, pues éste era enemigo declarado de las formas barrocas. Tan es así que en este templo es en el que más se explaya.
           
A partir de aquí sabemos que era iglesia de una sola nave, con un altar mayor dorado y con imágenes de Salzillo y de Diego Francés, si bien no precisa cuáles eran esas imágenes; es lógico pensar que el titular sería S. Francisco. En una de sus capillas había un S. José que Vargas califica como «de lo mejor de Salsillo» –y que no hay que confundir con el S. José de Salzillo que se conserva en S. Diego– y una Santa Rosa que, por el contrario, era «de lo muy común» del imaginero murciano, probablemente una obra de taller. Del mismo imaginero había, en otra capilla, la de la V.O.T., una Santa Isabel de Hungría, de vestir, de mucho mérito. Igualmente informa de la existencia de un S. Francisco, de origen italiano, cuya cabeza y manos eran de gran belleza. De gran mérito era la capilla financiada por D. Nicolás García de Cáceres, en la que se hallaba su sepultura y que estaba coronada por su escudo de armas; la presidía un hermoso cuadro de S. Francisco. Tanto el templo como el claustro del convento contenían varios cuadros del célebre Senén Vila, que tuvo una gran actividad en la diócesis de Cartagena-Murcia, en la que se conservan numerosas pinturas. Concretamente, menciona un éxtasis de S. Francisco al recibir el jubileo de la Porciúncula, un S. Antonio, en el coro, un cuadro del Papa visitando el cuerpo del seráfico santo, un S. Juan y otros varios cuyo contenido no precisa, amén de otras pinturas de autores de menor nivel, como las de un pintor lorquino llamado Muñoz, que ejecutó para este convento algunos motivos franciscanos como el bautismo de S. Francisco o la impresión de las llagas, obras no exentas de gracia y colorido.
           
Sobre el destino de todas estas obras de arte nada se sabe. Como muchas otras, la barbarie desamortizadora hizo que se perdieran en la nebulosa de la historia. Unas quedarían destruidas, otras tal vez irían a parar a ignotos paraderos.

            Tendrían que pasar bastantes años para que los hijos de S. Francisco pisaran de nuevo el suelo del lugar que da nombre a su provincia Cartaginense. El convento de S. Francisco desapareció; sólo queda su nombre en una plaza y una calle, pero la Orden de Frailes Menores sigue hoy activa en Cartagena a través de su actual colegio de La Inmaculada.

lunes, 29 de septiembre de 2014

San Francisco de Asís

29 de setiembre

Miguel, Gabriel y Rafael, Arcángeles
La funciones de estos arcángeles es la siguiente: Miguel somete la rebelión de los ángeles malos; Gabriel, mensajero de Dios en diferentes misiones, anuncia a la Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina; Rafael acompaña al joven Tobías cuando cumple un encargo y trata de solucionar problemas difíciles. Escribe San Francisco: «…a los bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael, y a todos los coros de los bienaventurados serafines, querubines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, ángeles, arcángeles, […] humildemente les pedimos te den gracias a ti, sumo verdadero Dios, eterno y vivo, con tu Hijo carísimo, nuestro Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo Paráclito por los siglos de los siglos (Ap 19,3). Amén. Aleluya» (Ap 19,4) (RegNB 23,6).
Oración. Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
30 de setiembre

Jerónimo (340ca.-420)
San Jerónimo nace en Estridón (Dalmacia. Croacia en la actualidad) hacia el año 340. Estudia y reside en Roma. Después de servir a la Iglesia de Roma, marcha a Oriente. Regresa de nuevo a la Ciudad eterna. Hace de secretario del papa San Dámaso. Viaja de nuevo a Tierra Santa. Se instala en Belén y lleva una vida de penitencia. Escribe comentarios a la Escritura. Muere en Belén en el 420.
Común de Doctores de la Iglesia
Oración. Oh Dios, tú que concediste a San Jerónimo una estima tierna y viva por la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu Palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

OCTUBRE
1 de octubre

Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
Santa Teresita nace en Alençón (Normandía. Francia) en el año 1873. De joven lleva la vida de carmelita en el convento de Lisieux. Vive en clausura la evangelización del mundo. Ofrece su vida por la salvación de los hombres. Muere el 30 de setiembre del año 1897.
Común de Vírgenes
Oración. Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de Santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
2 de octubre

Ángeles Custodios
San Francisco escribe: «Alábenlo al glorioso los cielos y la tierra. Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos. Y toda criatura, que hay en el cielo y sobre la tierra y las que hay bajo la tierra y el mar y las que hay en él (Ap 5,13): Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos» (AlHor 7-8).
Oración. Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 de octubre

Hipólito Galantini (1565-1619)
El beato Hipólito Galantini, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Florencia (Toscana. Italia) el 12 de octubre de 1565 en el seno de una familia artesana. Se hace tejedor de paños. Alterna su trabajo con la educación religiosa de los jóvenes abandonados o pertenecientes a familias desestructuradas. El cardenal Alejandro de Médicis, después papa León XI, lo nombra maestro de la doctrina cristiana para la Archidiócesis de Florencia y le deja la iglesia de Santa Lucía en Prato para que imparta su catequesis. El 14 de octubre de 1602 toma el hábito de la OFS y funda la Congregación de San Francisco de Asís para la Doctrina Cristiana. Y lo mismo hace en Lucca, Pistoya, Módena, Volterra, etc. Se incorporan a la Congregación personas de toda condición social para educar en la fe al pueblo, sobre todo a los niños y a los jóvenes. Después de padecer durante 14 años una enfermedad, que le acarrea fuertes dolores, muere en Florencia el 20 de marzo de 1619, a los 54 años de edad. El papa León XII lo beatifica el 12 de julio de 1825.


Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo del beato Hipólito, afiánzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
3.1 de octubre

Antonio Chevrier (1826-1879)
El beato Antonio Chevrier, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Lyón (Ródano. Francia) el 16 de abril de 1826. Ingresa en el seminario, y después de cursar los estudios eclesiásticos es ordenado sacerdote en 1850 y nombrado Vicario de la Parroquia de San Andrés de Lyón. En 1857 hace de capellán de la «Ciudad del Niño Jesús», fundada por Ca-milo Rambaud y destinada a acoger y cuidar a los niños abandonados, tanto en el ámbito humano como cristiano. Con la ayuda de Pedro Louat y de las religiosas Amelia y María funda la «Providencia del Prado». Es un albergue donde cobija a niños y adolescentes pobres. En 1867 es elegido párroco en Molino de Viento, muy cerca del albergue donde vive. En el año 1871 amplía su obra de caridad ayudando a la formación de sacerdotes pobres. Los cuatro primeros, ordenados en 1877, continúan su labor en el Prado y constituyen el centro del futuro Instituto. El beato Chevrier muere en Prado el 2 de octubre de 1879. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 4 de octubre de 1986.
Común de Pastores
Oración. Dios lleno de misericordia, que por la predicación y el ejemplo del beato Antonio Chevrier llevaste a nuestros padres a la luz de la fe, concédenos, por su intercesión, que cuantos nos gloriamos de llamarnos cristianos mostremos siempre con las obras la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.
4 de octubre

Francisco de Asís (1182-1226)
San Francisco nace en Asís (Perugia. Italia) en el año 1182; es hijo de Pedro Bernardone y Pica Bourlemont. Cae prisionero en la guerra de Asís contra Perugia en la batalla del Puente de San Juan el año 1202. Forma parte también del ejército del papa a las órdenes de Gualterio de Brienne contra el Imperio Germánico. Para combatir en la guerra, viaja a Apulia en 1205, y escucha una voz en el camino que le pide que regrese a Asís. Se dedica a la oración y sirve a los leprosos. Repara la iglesia de San Damián y es acogido por Guido I, obispo de Asís. Con los primeros discípulos vive en Rivotorto y después junto a la iglesia de Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula; aquí recibe la misión del Señor de proclamar el Evangelio por todo el mundo en pobreza, castidad y obediencia, misión que aprueba verbalmente el papa Inocencio III. En la Porciúncula celebra también los capítulos desde el año 1217. Viaja a Oriente en 1219 pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo. Escribe la Regla no bulada en 1221, y el 29 de noviembre de 1223 el papa Honorio III aprueba la Regla definitiva. En setiembre de 1224 recibe los estigmas de la crucifixión de Jesús. En el verano de 1225 compone el Cántico del Hermano Sol. Escribe el Testamento. Muere en la noche del 3 de octubre de 1226 a la edad de 44 años. El papa Gregorio IX lo canoniza el 16 de julio de 1228.
                                               Lecturas
            Primera lectura
                        «Todas las cosas son tuyas, Señor, amigo de la vida»
El texto del libro de la Sabiduría  relata el amor misericordioso del Señor, que pasa por alto los pecados de los hombres, porque actúa con misericordia, los perdona y los recrea para que sigan viviendo desde los objetivos que les puso al inicio de la creación. El amor de Dios abarca a todos los hombres y a toda la historia humana, espacio y tiempo de amor, que incluye también a todas las criaturas creadas. El hombre y los seres han salido de la bondad creadora del Señor. Aunque la libertad humana ha desviado a la creación de su objetivo, el Señor se empeña en proseguir su creación, salvando al hombre; salvación que  será explícita con la encarnación de la Palabra (cf. Jn 1,14).

            Lectura del libro de la Sabiduría                  11,22-26                    
El mundo entero es ante ti como un gramo en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, | porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.

            Salmo responsorial                                                   Sal 15,1-2.5.7-8.11
            El salmo expresa la entrega total y definitiva al Señor. A pesar de que los creyentes llevan una vida de trabajo y cuidado de la familia, cuando mantienen su relación con el Señor, éste se hace cada vez más patente e intensifica su presencia en la vida, hasta que se ofrece por entero a su correspondencia amorosa.

            V. El Señor es el lote de mi heredad.
            R. El Señor es el lote de mi heredad.
V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
                        yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
                        El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            V. Bendeciré al Señor que me aconseja,
                        hasta de noche me instruye internamente.
                        Tengo siempre presente al Señor,
                        con él a mi derecha no vacilaré.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            V. Me enseñarás el sendera de la vida,
                        me saciarás de gozo en tu presencia,
                        de alegría perpetua a tu derecha.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            Segunda lectura
                                   «Nos apremia el amor de Cristo»
Toda la humanidad está contenida en la historia de Jesús. El designio del Padre, que por él lo ha creado todo (cf. Gál 3,27), hace que participemos en su resurrección (cf. 1Tes 4,14), porque él es el primero de una multitud que participarán en el futuro de la nueva creación que ha diseñado en su Hijo. Y es el Hijo quien hace posible de nuevo el diálogo entre Dios y el hombre y el del hombre con Dios, reconciliando definitivamente a la humanidad separada por el pecado.  Por eso, el ministerio de la Iglesia debe anunciar en el tiempo y en el espacio el Evangelio para que los hombres adquieran la esperanza de vivir y caminar tras la plenitud de su vida.

            Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5,14-21

Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Secuencia
            Aleluya
            Aleluya. Aleluya.
«Francisco, pobre y humilde,
entra rico en el cielo
y es honrado con himnos celestes».
Aleluya.

            Evangelio
            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.
            Lectura del santo evangelio según san Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

                     4.1.- Francisco de Asís (1182-1226)


                                                                           Lecturas
            Primera lectura
                                   «De las espadas forjarán arados»
El texto corresponde a la reforma litúrgica de Josías (reina entre el 639-608  a.C.). Josías fomenta el judaísmo, destruye los santuarios paganos y las prácticas idólatras, y activa los valores fundamentales del pueblo del Señor cimentados en la Alianza. El profeta divisa los tiempos mesiánicos, identificando el monte con el templo de Dios, en el cual se reunirán todos los pueblos. El futuro mesías creará un universalismo religioso en el que la gente podrá conocer y adorar al Dios verdadero. Y se verá con la consecución de una paz que alcanzará a toda la creación. La frase lapidaria «De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas», grabada en el edificio de la ONU, significa: las espadas se transforman en arados para producir el pan que da la vida cada día (petición del Padrenuestro), y las lanzas se convertirán en podaderas para elaborar el vino que comunica la alegría de vivir.

            Lectura del profeta Isaías                                         2,2-5
En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».
            Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
            Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

            Salmo responsorial                                       Sal 35,6-7.8-9.10-11
            El hombre siempre intenta buscarse la vida al margen de quien se la dio. Es como un instinto de desapego, de libertad mal planteada, que nace de una búsqueda desasosegada de sí, que lo revuelve contra sus hermanos. El Señor se presenta como la verdadera fuente de la vida, que cuando el hombre lo vive, la comparte con los demás y disfruta de los bienes que el Señor le ha regalado desde el el principio del tiempo.

            V. En ti, Señor, está la fuente viva.

            R. En ti, Señor, está la fuente viva.

V.  Señor, tu misericordia llega al cielo, 
tu fidelidad hasta las nubes;
             tu justicia es como las altas cordilleras, 
tus juicios son como el océano inmenso. 
Tú socorres a hombres y animales.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            V. ¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, 
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;
            se nutren de lo sabroso de tu casa, 
les das a beber del torrente de tus delicias.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            V. Porque en ti está la fuente viva, 
y tu luz nos hace ver la luz.
            Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, 
tu justicia con los rectos de corazón.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            Segunda lectura
                                   «Servíos unos a otros por amor»
               La vida de Jesús no sólo se entiende como la revelación del Reino de Dios, sino como una nueva vida para todos los hombres. La novedad de vida se centra en el amor (cf. Gál 5,6; Rom 13,8; 1Cor 13,1), cuyo origen está en Dios (cf. 1Jn 4,19); establece su identidad y la de su Hijo (cf. Rom 8,35.37-39) como la del Espíritu (cf. Rom 15,30). El Espíritu Santo difunde e introduce el amor trinitario en los corazones de los creyentes (cf. Rom 5,5), constituyéndose en la esencia de los mandamientos cristianos (cf. Rom 13,8-10).


            Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas   5,13-14

Pues vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

            Aleluya                                               Jn  2,12
            Aleluya. Aleluya.
            «Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
y yo las conozco y ellas me siguen»
            Aleluya

            Evangelio

            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

           
Lectura del santo evangelio según san Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».



            4.2.- Francisco de Asís (1182-1226)

                                                    
                                   Lecturas
            Primera lectura
                                   «Habitará el lobo con el cordero»
            El rey Acaz prescinde de la fe de Israel, de la Alianza para gobernar el reino de Judá, que rechaza el profeta como una actuación extraña en la historia de Israel. Las promesas mesiánicas con referencia a Israel se fundan en una ilimitada confianza en el Señor (cf.  Is 9,13-17), porque sólo Él puede lograr una vida digna, equilibrada en las relaciones humanas, imponiendo la paz entre los pueblos y personas. La paz no sólo abarca a las relaciones entre los hombres y los pueblos, sino también alcanza a la creación; la  naturaleza se une al cántico de la paz que transformará todo cuanto existe para bien, siempre que se confíe en el que ha originado la vida, la cuida y busca la armonía de todo lo creado.
           
            Lectura del profeta Isaías                             11,1-9

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un ástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
            Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

            Salmo responsorial                                       Sal 32,1-3.4-5.6-7.8-9
            El justo entona cánticos de alabanza a la justicia y a la misericordia del Señor, porque el Señor se deja oír y ver en las maravillas de su creación. El creyente debe abrir su corazón y dejarse invadir por Él a fin de reconocer su presencia en la creación y en la historia.

            V. La palabra de Dios hizo el cielo.

            R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Aclamad, justos, al Señor, 
que merece la alabanza de los buenos.
            Dad gracias al Señor con la cítara, 
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
            cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Que la palabra del Señor es sincera, 
y todas sus acciones son leales;
            él ama la justicia y el derecho, 
y su misericordia llena la tierra.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V.  La palabra del Señor hizo el cielo; 
el aliento de su boca, sus ejércitos;
            encierra en un odre las aguas marinas,
 mete en un depósito el océano.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Tema al Señor la tierra entera, 
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
            porque él lo dijo, y existió; 
él lo mandó y todo fue creado.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.


            Segunda lectura
                        «Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud»
               Jesús es el centro de la fe cristiana, de la vida personal y colectiva de los pueblos. En este texto se presenta como la imagen de Dios en la historia humana: Dios se deja ver en él y por él (cf. Heb 1,3; 2Cor 4,4); Cristo es la primera realidad pensada y querida por Dios, por eso es el primogénito de toda la creación (cf. Ef 1,21). No es extraño, pues, que sea, a la vez, cabeza de la comunidad cristiana (cf. Ef 1,22-23). Y en el colmo de la experiencia cristiana se le cree y retiene como el que posee la plenitud de todas las gracias, la plenitud de Dios, de la cual todos hemos participado al ser nuestro hermano y hacernos hijos de Dios (cf. Ef 2,9; Jn 1,16).

            Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 1,15-20
Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.
            Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Aleluya                                                                        2Tim 1,10
            Aleluya. Aleluya.
            «Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte,
y por medio del Evangelio sacó a la luz la vida».
            Aleluya.

            Evangelio
            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

            Lectura del santo evangelio según San Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».