domingo, 21 de junio de 2015

Santos y Beatos. Semana 22-28 de junio

                                                                                  22 de junio


                                   Juan Fisher (1469-1535) y Tomás Moro (1477-1535)

            SAN JUAN FISHER, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Beverley (Yorkshire. Inglaterra) en el 1469. Estudia en Michaelhouse en Cambridge. Es ordenado sacerdote en 1491 y poco después desempeña la función de vicecanciller de Michaelhouse. Promueve la Facultad de Teología, las lenguas clásicas y el hebreo. En 1502 es capellán de la madre del rey, Doña Margarita Beaufort. Bajo su dirección, Doña Margarita funda Christ’s College y Saint John’s College en Cambridge. A ella se le reconoce como la mayor bienhechora de esta Universidad. En 1504 es elegido Canciller de la Universidad y obispo de Rochester. Como miembro de la cámara de los Lores, Fisher impulsa la reforma del Clero, muy relajado en este tiempo. Protesta que Enrique VIII se erija en la cabeza de la iglesia de Inglaterra. El Rey impone el «Juramento de Supremacía», por el que pueblo acepta dicha función. Él lo rechaza. Es arrestado en Rochester y encarcelado en la Torre de Londres en 1534, condenado a muerte el 17 de junio de 1535, nombrado cardenal, en la cárcel, por el papa Pablo III y ejecutado el 22 de junio de 1535.
            SANTO TOMÁS MORO, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Cheapside (Londres. Inglaterra). Estudia en Oxford en 1492 y Leyes en Londres. Ejerce como abogado y a los 22 años ya tiene una gran fama en Inglaterra. Reside con los Cartujos entre 1500 y y 1504. Traduce la Farsalia de Lucano, escribe la vida de Pico de la Mirándola y la Utopía. Se desposa y tiene cuatro hijos. Entra al servicio del Rey en 1518 y en 1529 es Canciller del Reino. Renuncia al cargo cuando Enrique VIII se casa con Ana Bolena y se declara jefe de la iglesia de Inglaterra. Se niega a jurar conformidad y obediencia el 14 abril. Encarcelado en la Torre de Londres es decapitado el 6 de julio de 1535. Desde 1522 combate con la pluma la doctrina de los protestantes en torno a la Eucaristía, la primacía del Papado, la Jerarquía eclesiástica, etc. El papa Pío XI los canoniza en el año 1935.


                                               Común de Mártires

            Oración. Señor, que has querido que el testimonio del martirio sea perfecta expresión de fe, concédenos, te rogamos, por la intercesión de San Juan Fisher y de Santo Tomás Moro, ratificar con una vida santa la fe que profesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                                     24 de junio


                                                          Natividad de San Juan Bautista


            Oración. Oh Dios, concede a tu familia caminar por la senda de la salvación, para que, siguiendo la voz de San Juan, el precursor, pueda llegar con alegría al Salvador que él anunciaba, nuestro Señor Jesucristo. Que vive y reina contigo.


                                                                                 25 de junio


                                                    Dorotea Swartz de Montau (✝ 1394)

            La beata Dorotea Swartz de Montau, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Montau (Polonia), el 6 de febrero del año 1347. Se desposa con Albrecht de Danzig, que la maltrata. Tienen nueve hijos. Poco a poco cambia el carácter de su marido con paciencia y sacrificio, estableciendo la paz en el hogar. El matrimonio peregrina a Colonia, Aachen, y Einsiedeln, y en 1390 viajan a Roma. El marido contrae una enfermedad que lo lleva a la muerte. También fallecen ocho de sus hijos. Dorotea establece su residencia en Marienwerder en 1391. El 2 de mayo de 1393 edifica una ermita cerca de la catedral, donde se entrega a la oración y a aconsejar a las personas que se le acercan buscando el consuelo del Señor. Lleva una vida muy austera. Muere en Marienwerder, el 25 junio de 1394. Su confesor John de Marienwerder escribe sus conversaciones y una biografía en latín y alemán. El papa Juan Pablo II la beatifica en el año 1986.

                                               Común de Santas Mujeres

            Oración. Señor Dios, tú nos has revelado que toda la ley se compendia en el amor a ti y al prójimo; concédenos que, imitando la caridad de la beata Dorotea, podamos ser un día contados entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                               26 de junio


                                                      Andrés Jacinto Longhin (1863-1936)

            El beato Andrés Jacinto nace el 23 de noviembre de 1863 en Fiumicello di Campodarsego (Padua. Italia), en una familia de campesinos. A los 16 años ingresa en el noviciado en los Franciscanos Capuchinos. Cursa los estudios eclesiásticos en Padua y Venecia. Es ordenado acerdote el 19 de junio de 1886. Profesor de teología y director espiritual del estudiantado capuchino en Venecia. Ministro Provincial en 1902. El 13 de abril de 1904, Pío X lo nombra obispo de Treviso y es consagrado en Roma por el cardenal Merry del Val. Hace la Visita Pastoral, preside un Sínodo, reforma el Seminario, promociona los ejercicios espirituales para los sacerdotes. En la Segunda Guerra mundial permanece con sus sacerdotes en la Diócesis situada en la línea de fuego. Atiende a los soldados heridos, a los ancianos y niños enfermos. El papa Pío XI lo nombra visitador apostólico de Padua y Údine. Muere el 26 de junio de 1936. Juan Pablo II lo beatifica el 20 de octubre de 2002.

                                               Común de Pastores

            Oración. Dios de piedad y misericordia, que concediste al beato Andrés Jacinto, obispo, edificar tu Iglesia por medio del anuncio de la fe cristiana y la caridad pastoral, concédenos, por su intercesión, que demos constante testimonio de tu amor sirviendo a los hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                               26.1 de junio


                                                        Santiago de Ghazir (1875-1954)

            El beato Santiago nace en Líbano en el año 1875, hijo de una familia cristiana de rito maronita. Es profesor de árabe en Alejandría (Egipto). Ingresa en los Franciscanos Capuchinos en 1894. Se ordena sacerdote el 1 de noviembre de 1901, después de cursar los estudios de filosofía y teología. Se dedica a la predicación y a la promoción de centros de educación, hospitales y orfanatos para los pobres en el Líbano, Palestina, Irán y Siria. Crea el Instituto de las Hermanas Franciscanas de la Cruz de Líbano para fortalecer sus obras, con especial dedicación a los minusválidos, a los ancianos y enfermos incurables. Sor María Zougheib es la cofundadora de la Congregación. Peregrina a Asís, Roma y Lourdes y en 1913 funda la revista «El Amigo de la Familia». Nota particular de su espiritualidad es la devoción a la Cruz de Cristo y a la Virgen. Muere en Beirut el año 1954. El papa Benedicto XVI lo declara beato el 22 de junio de 2008.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor, tú que otorgaste al beato Santiago la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por su intercesión, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación, para que así tendamos a la perfección que tú nos has propuesto en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

                                                                              27 de junio


                                                     Bienvenido de Gubbio (✝ ca. 1232)

            El beato Bienvenido nace en Gubbio (Perugia. Italia). Es militar y noble caballero. San Francisco visita la ciudad en 1222. Le impresiona tanto que, como Ángel Tancredo, deja las armas para promover la paz con la oración y la vida de pobreza y penitencia. San Francisco le encarga el oficio de cuidar a los leprosos. Él mismo padece graves enfermedades que soporta con paciencia y humildad seráficas. Franciscano contemplativo, promueve las devociones a la Eucaristía y a la Maternidad de María. El 27 de junio de 1232 muere en Corneto (Apulia. Italia). El papa Inocencio XII aprueba su culto con oficio y misa.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor, tú que otorgaste del beato Bienvenido la gracia de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por su intercesión, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación, para que así tendamos a la perfección que tú nos has propuesto en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.

                                                                          27.1 de junio


                                                           Margarita Bays (1815-1879)

            La beata Margarita Bays, de la Orden Franciscana Seglar, nace en La Pierraz (Friburgo. Suiza), el 8 de septiembre de 1815. Perteneciente a una familia muy sencilla, trabaja de modista y se entrega a la oración, que no abandonará durante toda su vida. Es el alma pacífica y alegre de su familia, compuesta por sus padres y seis hermanos. Es muy activa en las funciones caritativas y catequéticas de su parroquia. Promociona las Obras misionales, la prensa católica, la práctica de la oración y la devoción a la Eucaristía y a la Maternidad de María. Recibe los estigmas de la crucifixión de Jesús. Muere en la fiesta del Sagrado Corazón, el 27 de junio de 1879. El papa Juan Pablo II la beatifica el 29 de octubre de 1995, con las franciscanas María Bernarda Bütler (cf. 19 de mayo), María Teresa Scherer (cf. 16 de junio).

                                               Común de Santas Mujeres

            Oración. Señor Dios, tú nos has revelado que toda la ley se compendia en el amor a ti y al prójimo; concédenos que, imitando la caridad de la beata Margarita, podamos ser un día contados entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                   28 de Junio


                                                                           Ireneo (130?-200?)

            San Ireneo es discípulo de San Policarpo, Padre Apostólico y obispo de Esmirna, ciudad donde Ireneo recibió su formación cristiana. Desde año 177 reside en Lyón. Más tarde es obispo de esta ciudad. Escribe Contra las herejías, escrito que trata de rebatir los errores gnósticos, y que ha iluminado a la Iglesia de todos los tiempos. Muere en torno al año 200

                                                           Común de Pastores

            Oración. Señor, Dios nuestro, que otorgaste a tu obispo San Ireneo la gracia de mantener incólume la doctrina y la paz de la Iglesia, concédenos, por su intercesión, renovarnos en fe y en caridad y trabajar sin descanso por la concordia y la unidad entre los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.


Espíritu Santo: La irrupción dela misericordia

                                                                          ESPÍRITU SANTO


                                                                                       V

                                                                      
                                                           La vida según el Espíritu

           
La acción del Espíritu en la comunidad cristiana y en cada bautizado confiere una vida nueva al constituirse en su «templo»: «¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguien destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá, porque el templo de Dios, que sois vosotros, es sagrado» (1Cor 3,16-17). Esto lleva consigo que ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a Dios según la imagen de su hijo Jesucristo: «... consideraos muertos al pecado y vivos para Dios con Cristo Jesús» (Rom 6,11)»; o como Pablo dice de sí mismo: «... y ya no vivo yo, sino que vive Cristo en mí. Y mientras vivo en carne mortal, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Nace un nuevo sentido de vida que deriva en actitudes y actos que expresan el amor de Dios manifestado en Cristo y realizado en nosotros por el Espíritu. El Espíritu es quien inicia y desarrolla la vida nueva del cristiano consagrado a Dios por el Bautismo. Vivir según el Espíritu (cf. Gál 5,16), caminar según el Espíritu (cf. Gál 5,25) es abrir la vida humana al amor, una historia diferente a la del poder, la vanidad y la facilidad de la existencia que le ofreció Satanás a Jesús (cf. Mt 4,1-11; Lc 4,1-13).

           
El concilio Vaticano II lo expresa así: «Cuando el Hijo terminó la obra que el Padre le encargó realizar en la tierra (cf. Jn 17,4), fue enviado el Espíritu Santo el día de Pentecostés para que santificara continuamente a la Iglesia y de esta manera los creyentes pudieran ir al Padre a través de Cristo en el mismo Espíritu (cf. Ef 2,18). Él es el Espíritu de vida, la fuente de agua que mana para la vida eterna (cf. Jn 10,1.14; 7,38.39). Por Él, el Padre da la vida a los hombres, muertos por el pecado, hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales (cf. Rom 8,10-11). El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los creyentes como en un templo (cf. 1Cor 3,16; 6,19), ora en ellos y da testimonio de que son hijos adoptivos (cf. Gál 4,6; Rom 8,15-16.26). Él conduce la Iglesia a la verdad total (cf. Jn 16,13), la une en la comunión y el servicio, la construye y dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la adorna con sus frutos (cf. Ef 4,11-12; 1Cor 12,4; Gál 5,22)» (Lumen gentium 4).
 
            En la nueva etapa inaugurada por el don del Espíritu (cf. Hech 2,1-4) se establecen nuevos parámetros para el seguimiento de Jesús y pertenencia a las nuevas comunidades. Se trata de la participación de la filiación divina que el Hijo nos ha ofrecido en su vida y ministerio en Palestina y que el Espíritu hace posible en la historia humana.


                                               La irrupción de la misericordia

           
Jesús inicia la presencia del Reino de Dios en la historia cuando proclama en Galilea: «Se ha cumplido el plazo y está cerca el Reino de Dios: arrepentíos y creed la buena noticia» (Mc 1,15). Poco antes, Juan habla de la necesidad de una penitencia personal para preparar el camino del Señor. Dios toma la iniciativa para recuperar a su criatura, pero es necesario que ésta deje un resquicio de libertad a su endiosamiento y autosuficiencia, que enmascara la maldad en el mundo; debe ceder su poder, en todos los niveles que comporta, a la relación gratuita del amor de Dios, que es la única que puede iluminar las situaciones reales de la persona. Por eso es muy fácil comprender que Jesús sea escuchado en los ámbitos de la pobreza y el pecado, en los que la debilidad abre el corazón a la influencia divina con más libertad, influencia que es de amor misericordioso. Hay dos parábolas que describen esta situación social y esta actitud personal.

           
Jesús es invitado por el fariseo Simón. Entonces se presenta en el convite una pecadora conocida por la gente, que «acudió con un frasco de perfume de mirra, se colocó detrás, a sus pies, y llorando se puso a bañarle los pies en lágrimas y a secárselos con el cabello; le besaba los pies y se los ungía con la mirra» (Lc 7,37-38; cf. Mc 14,3-9; Mt 26,6-13; Jn 12,1-8.). Estas acciones de la mujer provocan, por las reglas de impureza, un juicio del fariseo con el que descalifica a Jesús por no conocer la clase de persona que le está besando los pies: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer lo está tocando, que es una pecadora» (Lc 7,39). Es entonces cuando Jesús propone esta parábola a Simón: «Un acreedor tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y otro cincuenta. Como no podían pagar, les perdonó a los dos la deuda. ¿Quién de los dos le tendrá más afecto? Contestó Simón: —Supongo que aquel a quien le perdonó más. Le replicó: —Has juzgado correctamente» (Lc 7,41-43). El fariseo comprende la intención de Jesús por la respuesta que le da: amará más aquel a quien se le ha perdonado más.

           
Después de la parábola, Jesús explica a Simón que Dios ha sido muy benevolente con la mujer al perdonarle sus pecados: «Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra» (Lc 7,47). Es la razón del porqué responde la pecadora a Dios con tanto afecto mostrado en la unción, el perfume y, en definitiva, el gesto de besarle los pies como símbolo de amor a Jesús que se ofrece como intermediario de la salvación de la mujer. Ésta, arrepentida, y sintiendo la cercanía del amor misericordioso de Dios, encauza su amor y lo manifiesta en signos externos que explicitan la relación íntima que existe entre el amor y el perdón en Dios, la «misericordia entrañable» divina (cf. Neh 9,17; Flp 2,1), y entre el amor y la fe como respuesta del hombre a Dios. Por eso le dice Jesús a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz» (Lc 7,50), como antes se cuenta en las curaciones de la hemorroisa (cf. Lc 8,48), del leproso (cf. Lc 17,19) y del ciego de Jericó (cf. Lc 18,42), donde el que percibe la misericordia y se siente perdonado y revitalizado puede caminar en la paz.

           
Simón, como fariseo, basa la fe en la relación legal con Dios. Se fija en el creyente para que sus actos respondan a las exigencias de la Ley. Jesús, al contrario, pone su mirada en Dios. Por eso, viendo a la pecadora y hablándole a Simón, fundamenta la fe en el amor, que es la réplica a la Persona que ama previamente. Y con esta visión tan diferente es como Jesús, de nuevo, cuenta que un fariseo y un publicano suben al templo para orar (cf. Lc 18,10-14). Y los presenta de una manera contrapuesta al pertenecer a dos tipos sociorreligiosos distintos. El fariseo, mirándose a sí mismo, hace una oración de acción de gracias con una orientación horizontal, en este caso comparándose con el publicano. Es la beraká judía con la que se bendice a Dios por los dones que se reciben de Él. Y comienza su oración de forma negativa y fundada en el propio orgullo: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como el resto de los hombres, ladrones, injustos, adúlteros, o como ese recaudador» (Lc 18,11). El fariseo observa las leyes del decálogo (cf. Éx 20; Dt 5), y a continuación refiere su obras: «Ayuno dos veces por semana y pago diezmos de cuanto poseo» (Lc 18,12), un ayuno que se cumple el lunes y el jueves y los diezmos que se pagan al Señor como dueño legítimo de la tierra de Israel, según prescribe el Deuteronomio (cf. 14,22-23; 12,6-7.17; Lev 27,30-32).
           
El publicano es el que recauda para sí y para el Imperio, que no para Dios. Sin embargo su oración es vertical, su término es Dios. Por tanto tiene una compostura distinta a la del fariseo. Jesús lo describe con signos que remiten a una actitud interior humilde y arrepentida. Distante de la presencia del Señor, en la puerta del atrio de Israel en el templo, no se atreve a levantar los ojos al cielo y se da golpes de pecho (cf. Lc 23,48). Y esta compostura externa responde a la oración que hace, que no es de acción de gracias, sino de súplica: «Oh Dios, ten piedad de este pecador!» (Lc 18,13), y según la pauta que marca el Salmo (51,3): «Misericordia, oh Dios, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa». Su oficio le hace ser una persona impura en contraste con la pureza que los fariseos cumplen con rigidez.
             La solución que da Jesús es contraria a la opinión común de la gente: «Os digo que éste volvió a su casa absuelto y el otro no. Porque quien se ensalza será humillado, quien se humilla será ensalzado» (Lc 18,14), y en línea con lo que antes subraya el Evangelista sobre los fariseos: «Vosotros pasáis por justos ante los hombres, pero Dios os conoce por dentro. Pues lo que los hombres exaltan lo aborrece Dios» (Lc 16,15). El publicano, por la confesión de su pecado, es declarado justo ante Dios, es decir, comprende y cree a Dios por el amor misericordioso que le restablece su condición de justo. El fariseo, por el contrario, se hace justo a partir de sus propias obras e invoca la presencia de Dios para que ratifique lo que él ya ha conquistado.
             Jesús extiende la actitud del fariseo a los que apoyan su vida en las riquezas (cf. Mc 10,25par), o en cualquier clase de poder (cf. Mc 10,42; Q/ Lc 4,1-13; Mt 4,1-11) que pueda ocultar la relación gratuita de Dios (cf. Mt 10,7-10). Sin embargo, Jesús no anula la potencia natural que vehicula la eficacia de la acción divina, tanto para el servicio a los demás, como para la unión con Él (cf. Mt 25,14-30). Incluso aconseja lucir las cualidades humanas como focos del amor de Dios para que alumbren al mundo sumido en las tinieblas del mal (cf. Mc 4,21par). El Espíritu de Dios ya está actuando en la vida y ministerio de Jesús.


Santa Teresa de Ávila

SANTA TERESA DE JESÚS Y LA FILATELIA




                    Esteban Calderón
                        Facultad de Letras
                        Universidad de Murcia

           
La filatelia siempre ha estado atenta a todos los acontecimientos que se han ido sucediendo a lo largo y ancho de este mundo y a través de los años. Se puede decir sin temor a errar que la filatelia es la suerte de coleccionismo más transversal de cuantas hay. En este sentido, se hace preciso recordar que la filatelia española no ha sido ajena a los eventos que Santa Teresa de Jesús ha sugerido desde que el primer sello español apareciera, allá por 1850. ¡Ya ha llovido! Es de justicia indicar que en el correo vaticano –como no podía ser menos− y en algún país de habla hispana también se han emitido algunos sellos con motivos teresianos, pero tan sólo de manera esporádica y muy lejos de los pormenores de la filatelia española. Así las cosas, quisiera contribuir al V Centenario de la santa de Ávila trayendo a colación un tema menor, como es el reflejo teresiano en la filatelia, pero por esa misma razón muy poco conocido.
           
La primera emisión que se realizó en España sobre Santa Teresa fue en 1962, con motivo del IV Centenario de la Reforma Teresiana. En concreto, se emitió una tirada de ocho millones de sellos con tres motivos y distintos valores faciales, con técnica de huecograbado: el Monasterio de San José, en Ávila (25 céntimos, color gris negro), que sería el primero de una nueva Orden de Carmelitas Descalzas y donde la abulense compondría la mayor parte de sus obras, una reproducción parcial de la celebérrima escultura de Santa Teresa, de Bernini (1 peseta, color castaño), y una réplica del retrato de Santa Teresa, obra del inmortal Velázquez (3 pesetas, color azul).
           
De 1971 data un sello insertado en una serie consagrada al centenario de celebridades. El valor de 2 pesetas, multicolor, está dedicado a Santa Teresa como doctora de la Iglesia y reproduce una maravillosa imagen vallisoletana de Gregorio Fernández, en la que se puede observar a la santa con un libro en la mano izquierda y una pluma en la diestra, en actitud contemplativa.
           
Un año después, en 1972, se llevó a cabo la emisión de una serie compuesta por tres sellos en huecograbado, cuyo motivo era el Real Monasterio de Santo Tomás de Ávila, en el que residió nuestra santa. En dicho monasterio se encuentra el confesionario de Santa Teresa y en este lugar tuvo una visión el 15 de agosto de 1561. La serie plasma la fachada (2 pesetas, color gris verde y azul), la nave central (8 pesetas, color castaño y lila claro) y el patio de los Reyes con su claustro (15 pesetas, color azul violeta y lila), así llamado porque era la parte destinada al descanso estival de los Reyes Católicos. Recogemos aquí el primer valor, esto es, la fachada con su enorme portada dibujada por un gran arco escarzano y dos machones, conformando una inmensa «H», letra inicial de Hispanidad.
           
Diez años después, 1982, con motivo del IV Centenario de la muerte de Santa Teresa, se emitió en calcografía un sello conmemorativo (33 pesetas, castaño y verde), que reproduce el rostro de otra escultura del maestro castellano Gregorio Fernández sobre un fondo en el que se observa un Crucificado y la mano de la santa escribiendo una de sus obras.
Como no podía ser menos, en la conmemoración del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa, que celebramos durante el año en curso, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, siempre atenta a estas efemérides, ha emitido una tirada de treinta millones de un solo ejemplar. En dicho sello, de clase A, la FNMT ha retomado como motivo la imagen de Bernini, conservada en la iglesia de Santa María de la Victoria, de Roma, que ya se emitiera en 1962, conjugada con el lienzo norte de la muralla de Ávila, así como la «ñ» de la Marca España. Además, la hoja-bloque incluye el logotipo de la ruta Huellas de Teresa, en referencia al itinerario por las diecisiete localidades en las que la santa fundó conventos.
Pero no ha sido la única iniciativa de la FNMT con motivo de este evento, ya que también se han realizado seis grabados de seis de los sellos antes reseñados, con el fin de difundir aún más entre los filatélicos la figura de Santa Teresa de Ávila.
Hay que felicitar a la filatelia española, que siempre ha sabido estar en los momentos oportunos, divulgando así por todo el mundo la figura de nuestra santa más universal.


sábado, 20 de junio de 2015

Franciscanos en Cataluña

                                  Els Franciscans a Catalunya. 
                      Historia, convents y frarades (1214-2014)




                                                            Agustí Boadas Llavat OFM




                                                                                    Por  Luis C. Mantilla Ruiz, OFM.
                                                                                    Archivo Nacional
                                                                                                                 Bogotá. Colombia

La historiografía franciscana se enriquece  cada año con nuevos aportes provenientes de culturas, países y lenguas diversas, en libros,  obras colectivas, revistas especializadas y en infinidad de otras publicaciones,  de tendencias y opiniones opuestas, lo cual pone de manifiesto el atractivo que continúa ejerciendo la persona de San Francisco de Asís en el hombre de hoy. Atractivo y vigencia, que ─a manera de ejemplo paradigmático─ demostró el Papa Francisco al inaugurar su pontificado asumiendo el nombre del santo y su legado; pero aún en otros signos contemporáneos, quizás de menor impacto, aunque de mucha significación, como la canonización del franciscano  español Fray Junípero Serra, figura cimera en la historia colonial de los Estados Unidos de América, anunciada oficialmente para el 23 de septiembre de 2015.
En cuanto a las nuevas aportaciones bibliográficas a la historiografía franciscana ─en este caso la que le deja en herencia el año  2014 ─no dudamos en creer que será Els Franciscans a Catalunya. Historia, convents i frarades(1214-2014), volumen de 604 páginas ─en preciosa edición de lujo─  en el cual su autor ha querido presentar de un vistazo el ser y el quehacer de los franciscanos en el ámbito geográfico de Cataluña en el período de 800 años. Una obra escrita  “con esfuerzo, ilusión y competencia”, según palabras del ministro provincial de Cataluña, fray Josep Gendrau i Valls, es un homenaje a la efeméride del 8° Centenario de la presencia de San francisco en Cataluña,  pero a su vez es un reconocimiento a los 800 años de trasiego de sus hijos en esta importante región de la Península. Pero también es la satisfacción de una de las recomendaciones que dejó el último visitador general a la Provincia: “que los últimos cincuenta años de su historia debían quedar explicados para las generaciones futuras”. Tarea ardua y sacrificada, que no podía haber sido escrita sino por un franciscano catalán, hijo de la misma Provincia,  porque “Ofrecer una visión de conjunto y de síntesis del hecho franciscano en Cataluña a través de la Provincia de San Salvador de Horta ”─que es el propósito de la obra ─ implicaba no solo  un amplio conocimiento de la cultura y costumbres enraizadas en ese ámbito geográfico, sino un amor acendrado por el tema, dos condiciones en que sobreabunda  el autor.  Admirable, pues, el servicio que éste ha hecho a sus hermanos franciscanos y de modo muy particular a los amantes de la catalanidad.
El libro toma como punto de partida el año 1214, apoyado en la incontrovertible tradición oral según la cual  San Francisco ─peregrino de Santiago de Compostela─ pasó por tierras catalanas, dejando tras de sí tal irradiación en el pueblo, que en ese episodio tuvo origen una de las presencias más activas de la Orden, y a constituirse en elemento constituyente de la identidad regional, como se expresa en la celebrada frase del poeta catalán Jacinto Verdaguer: en Cataluña,«quien por fraile o por hermano, todo el mundo es franciscano». La obra se cierra en el 2014, en concordancia con el VIIIº Centenario del acontecimiento mencionado, pero también como año que pone  punto final a los ocho siglos de esa presencia, según lo anuncia  en su Prólogo del libro el provincial fray Josep Gendrau i Valls: «Nos encontramos frente a un hito histórico: el día 1 de enero de 2015, la Provincia Franciscana de Cataluña de San Salvador de Horta, restaurada en Villa Real en 1878, hará ya ciento treinta y seis años, pasará a formar parte de la nueva Provincia de la Inmaculada, fruto de la unión de siete entidades franciscanas de la península Ibérica».  ¿Se trata, por consiguiente, de la extinción del franciscanismo en Cataluña? ¿Acaso esa tradición multisecular de que trata el libro, tanta tradición, tanta riqueza histórica, tantos trabajos y testimonios, tanta sangre de mártires ─como se evidencia en sus páginas ─ podrían extinguirse con un decreto?  ¿O se trata más bien ─como lo creemos─ de una nueva forma de organización jurídica ─en este caso impuesta por la escasez de personal─ como las otras variantes que fue tomando esa presencia franciscana catalana en el transcurso de los ocho siglos?
La obra está distribuida en cinco partes o capítulos.  La primera, bajo el título Via Francisci,  está consagrada a una reseña crítica sobre el “hecho fundante del franciscanismo catalán”, o sea el paso o breve estancia de San Francisco en tierras catalanas,  basándose en aquellos testimonios más autorizados  que respaldan la tradición sobre el venerable acontecimiento: un viejo tema que fue abordado críticamente hace más de un siglo, pero que aun así “merecía una visión panorámica después de los 20 años de investigación del Padre Josep Martí, entre otros”, según  el autor.
La segunda parte, “Pequeña historia”, presenta la evolución franciscana en Cataluña desde la llegada de los primeros frailes hasta el presente, mostrando las distintas formas de organización administrativa y jurisdiccional, de acuerdo con las necesidades y características de cada época: la división de la Orden (en Conventuales y Observantes), pasando por las consiguientes desmembraciones, supresiones, fusiones, etc., avanzando en el período liberal con la supresión de la Provincia y la exclaustración, la restauración (1808-1835), y finalmente “la guerra civil, el esplendor y la decadencia” (1936-2014). El capítulo culmina con la necrología de los 54 mártires de la persecución religiosa del siglo XX  (1934-1939), ilustrada con sus fotografías individuales ─menos las de cinco de ellos.  La claridad y la capacidad de síntesis del autor ─y su franqueza─ que son notas características  de toda la exposición, se imponen de modo admirable en el tratamiento de este capítulo -que por la multiplicidad de episodios y acontecimientos el autor llama “batibull franciscá”- pero que precisamente por ello, él se esfuerza en facilitar su comprensión al lector.
La tercera sección está consagrada a bocetos biográficos de los religiosos más sobresalientes -“las piedras vivas”- como llama a los  que han desfilado a lo largo de la historia de la Provincia. Son cerca de cincuenta nombres, espigados  de entre más de cinco mil que el autor fue rescatando a lo largo de sus lecturas e investigaciones de varios años. Laborioso fichero, buscado y precisado con lupa, como se echa de ver ─a manera de ejemplo─ en el caso del padre Nicolás Giner Gomis, nacido en Tortosa,  quien recién ordenado vino a Colombia destinado al convento de Cali (antiguo Colegio de Misiones) donde su actividad fue sumamente útil en la formación de los futuros presbíteros, cuando la Provincia de la Santa Fe se encontraba dando los primeros pasos de su restauración, tras 20 años de exclaustración (1861-1881). Quizás se le quedaron en el fichero los nombres que no menciona de otros ilustres frailes catalanes que también vinieron a Colombia en los primeros años de la restauración de la Provincia de la Santa Fe, procedentes de los colegios de misiones del Perú, pero que aquí jugaron un papel importantísimo en aquel período difícil, y por ello nosotros los hemos conservado en el Necrologio provincial con gratitud y orgullo: Fray Pedro Mas, natural de Santa Perpetua de Moguda; Fray Joaquín Pulí Salá, de Molló; Fray Juan Gimbernat, de Tordera, y Fray Ignacio Sans, de Igualada.
La cuarta parte ─la más extensa del libro─ está consagrada a los conventos, cincuenta y nueve (¡), presentados en orden alfabético y no cronológico, con una sucinta información de cada uno, pero ricamente ilustrados con fotografías modernas o antiguas, planos, mapas, imágenes, escudos, y en fin, con exquisitos detalles pertinentes, que ponen de manifiesto el inmenso trabajo de campo y la gigantesca labor de recopilación de datos que se impuso. En verdad que una detallada revisión de esta parte del libro  invita a que el lector comparta con creces la autoevaluación que el autor hace de su labor en la Introducción: “el reto era inabarcable; el trabajo más que titánico; el resultado bien franciscano”.
La quinta y última parte del libro ─“de tipo misceláneo”─ recoge refranes, dichos, anécdotas, recetas de cocina, caricaturas, muestras de pinturas y objetos de arte conservadas en el Archivo provincial, así como fotografías de bulas (como la de canonización de San Antonio de Padua), litografías antiguas, libros y documentos del mismo archivo. Todo  un festín visual, que el ministro provincial  Fray Josep Gendrau y Valls, ha calificado de “espléndido reportaje gráfico”, pero que en realidad son ejemplares que sirven para iluminar el capítulo de “la vida cotidiana”, tan apreciado y tan esencial en la moderna historiografía.
Aunque el franciscanismo ha contado en Cataluña con muy buenos cultores de su historia a lo largo del tiempo ─que envidiarían muchas provincias de la Orden ─especialmente “la colosal” Historia de la Seráfica Provincia de Cataluña del padre Pedro Sanahuja (Barcelona 1956), la novedad del libro que estamos reseñando, y su mayor aportación, radican a nuestro modo de ver en que  el autor ha conseguido ofrecer  una cabal  “visión de conjunto y de síntesis del hecho franciscano en Cataluña a través de la Provincia de San Salvador de Horta”, que se propuso como meta. Así lo reconoce uno de los prologuistas del libro, como el Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cataluña: “esperaba con ansia una obra científica sobre la impronta de San Francisco en Cataluña y ahora ya ha llegado”.
En cuanto a que el libro se presente como “visión de conjunto y de síntesis”,  no por ello deja de tener la solidez que requiere un trabajo histórico en un período tan vasto como éste. Pues si bien en él se echa de menos el aparato crítico ─que de todas maneras  hubiera resultado desproporcionado ─ por doquiera se advierte, otras veces se adivina  el respaldo de las fuentes primarias y la larga experiencia del autor en el manejo del tema. Sin estas dos cualidades, “la síntesis”, quizás se habría convertido en un resumen poco fiable, pero con la conjunción de ambas el resultado ha sido esta actualizada y fresca imagen de la Provincia franciscana catalana. En efecto, Fray Agustí ─catalán raizal, nacido en Barcelona en 1963 ─vistió el hábito franciscano a los 20 años y tras haber escalado con lucimiento el proceso de formación recibió la ordenación sacerdotal el 8 de diciembre de 1991. Durante ese período ya había dado muestras de su invariable afición por la historia franciscana, bajo la guía y el ejemplo del padre José Martí Mayor, gestor de muchas iniciativas muy valiosas para su Provincia, como la Asociación Hispánica de Estudios Franciscanos (AHEF), autor de numerosas investigaciones y organizador del Archivo Histórico de la Provincia. Tras la muerte del padre Martí, fray Agustí, que ya era como el alma de la Asociación y su órgano institucional, pasó a ser su Secretario general, pudiendo acreditar 25 años continuos en esa actividad. En sus muchos trabajos históricos, y por supuesto en el presente libro sobresalen su estilo directo y claro, y otros signos, que el doctor Jaume Aymar i Ragolta, Decano de Filosofía de la Universidad Raimundo Lulio de Barcelona, ha sintetizado en su prólogo: “El P. Agustí es un hombre muy culto que hace compatible la actividad docente y la investigación con el ministerio pastoral…Además es un gran músico (toca el órgano en el santuario de San Antonio de Padua de Barcelona) y en su trato se manifiesta una buena dosis de humor. Un humor inteligente e incisivo que de pronto puede sorprender a quien no lo conozca”.
Para quienes creemos que la mejor forma de conocer el franciscanismo sea a través de la historia individual de las Provincias ─sobre todo si éstas agrupan el elemento raíz en su ámbito regional─ como es el caso presente, el mayor aporte de esta obra ─por encima de todas las excelencias señaladas─ es el haber descubierto el hecho franciscano en Cataluña, es decir, cómo desde el paso de San Francisco “nuestras tierras se han franciscanizado y el franciscanismo se ha cataluñizado”, como sugiere con contundencia el autor en la Introducción. 
Que a Fray Agustí, quien ha gastado tantas horas en configurar esta novedosa visión de su amada Provincia de San Salvador de Horta  ─justamente en momentos de tanto descaecimiento en la Orden Franciscana─ le sirva el libro como espejo de su estatura moral e intelectual y como testimonio irrevocable de su espíritu de servicio. El libro ya ha comenzado su aventura editorial; de su insospechada carrera estamos seguros que le han de venir muchas satisfacciones y  sorpresas a su autor.



                                                Pages editors, Lleida 2014, 604 pp.



lunes, 15 de junio de 2015

Domingo XII (B). ¿Por qué sois tan cobardes?

                                                       DOMINGO XII (B)

                                                                  
            
                    Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4,35-40.

            Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: —Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. El estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma. El les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Se quedaron espantados y se decían unos a otros: —¿Pero, quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

           
1.-  La vida de Jesús descubre una dimensión que está más allá del poder humano que se desarrolla en nuestro mundo. Cuando Jesús es despertado por los discípulos, muertos de miedo por la zozobra de la barca, y calma la tempestad, es todo un símbolo del compromiso del Señor para salvar a sus criaturas de aquellos poderes que las esclavizan y matan. En el Padrenuestro lo rezamos continuamente. «…. mas líbranos del mal»: líbranos de las instituciones humanas que crean poderes de violencia y destrucción; de las fuerzas corruptas presentes en nuestra cultura, y de las que nadie es responsable visible, pero que nos persiguen, nos desintegran, obstruyen nuestra esperanza y cercan nuestra libertad. Despertamos a Jesús para que nos eche una mano y nos libre de la droga, del reparto de las riquezas entre las naciones poderosas, de la pobreza que originan otros países para comprar armas, del alejamiento o desconocimiento del que no razona, no come, no sabe convivir ni cura su egoísmo, etc.

             
2.- Pregunta Jesús a sus discípulos: «¿No tenéis todavía la fe?» Hay una fe, que es la confianza que tienen los discípulos de Jesús cuando recorren Galilea anunciando la presencia misericordiosa del Señor. Esa confianza va aumentando poco a poco conforme comparten el cuidado que el Padre tiene sobre sus criaturas. La Providencia divina guía a sus hijos, los viste, les da qué comer, les cobija y les salva de los enemigos. Pero no basta esto sólo. Hay poderes muy fuertes en el mundo que pueden quebrar dicha confianza en cualquier momento: Judas le traiciona; Pedro le niega; los demás discípulos huyen cuando Jesús es apresado y juzgado. Es necesaria la fe teologal, es decir, el don del Padre por el que les ama, les cambia, les transforma y entonces son capaces de dar la vida por Jesús. Esta es la fe sobre la que se edifica la Iglesia.

           
3.- Fe, esperanza y caridad, las virtudes teologales, son las gracias que fundamentan nuestra vida cristiana.  Son las cualidades infundidas por Dios que nos ofrecen la paz interior por sabernos elegidos y amados por Él. Las virtudes teologales transmiten la serenidad y la calma que tenía Jesús en medio de la tormenta; y ellas nos comunican la fuerza para afrontar nuestra vida cuando enferma, cuando se siente sola o aislada, cuando se considera amenazada por tanto mal, o tantas batallas que tenemos que sostener y no sabemos qué estrategia seguir, qué armas tomar y cómo luchar. Ya lo dijo Jesús: «Los hijos de las tinieblas son más sagaces que los hijos de la luz» (Lc 16,8). Hay que estar atentos y despertar a Jesús siempre; o tenerlo vivo en nuestro interior, porque somos su imagen y templos de su Espíritu.


Domingo XII (B). La tempestad calmada

                                                               DOMINGO XII (B)



                                  Lectura del santo Evangelio según San Marcos 4,35-40.

            Aquel día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: —Vamos a la otra orilla.
Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron diciéndole: —Maestro, ¿no te importa que nos hundamos? Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: —¡Silencio, cállate! El viento cesó y vino una gran calma. El les dijo: —¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
            Se quedaron espantados y se decían unos a otros: —¿Pero, quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!

           
1.- Texto. El relato narra el peligro de que la barca zozobre y se hunda ante la tempestad, y con ella, sus ocupantes. Aquí Jesús no manifiesta su gloria como se dice en el relato anterior cuando aparece andando sobre el agua (Mc 6,47-50), sino que los salva, y según un esquema que evoca la historia de Jonás (Jon 1,1-16). Jesús ordena a los discípulos atravesar el lago, pues el suceso siguiente tiene lugar en territorio pagano de la Decápolis. Es de noche y unas barcas los acompañan. Se forma una tempestad. El peligro se agrava cuando la barca se anega de agua. A la tensa situación de los discípulos se contrapone la serenidad y seguridad de Jesús, que duerme ajeno a las circunstancias, como Jonás (Jon 1,5). Los discípulos reaccionan de mala manera ante la indiferencia de Jesús. Marcos prepara muy bien la situación para que se dé el acto milagroso, ya que es impensable que Jesús duerma en tales circunstancias. El «maestro», como le invocan, en vez de rezar al Señor como sucede en el episodio de Jonás, afronta personalmente la situación. Jesús manda al viento con palabras parecidas a las que emplea para conminar al demonio que posee a un habitante de Cafarnaún: «Cállate y sal de él» (Mc 1,25).

2.- Mensaje. El mar embravecido por la potencia del viento recuerda las fuerzas del caos y del mal, pero ante las cuales muchas veces se interpone el Señor, y en este caso Jesús con el poder divino, como profeta que es de Él. Gritar «cállate», no es una expresión para que enmudezca el mar y se pare el viento, es un increpación y un anatema al maligno, que remueve a la creación contra las criaturas de Dios, pues Jesús increpa a alguien, a un ser «vivo», que no a la naturaleza inerte. Jesús despeja los peligros que acechan a su Iglesia. Pero avisa: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» (Mc 4,40). Fe con relación a su poder, aunque manifiestan su confianza cuando le despiertan para que les saque del peligro de morir ahogados. La falta de fe mira más a la adhesión y comunión que la Iglesia debe mantener con Jesús, tanto en sus éxitos como en sus riesgos, como el que han pasado (cf. Mc 8,32-33).


3.- Acción. Debemos siempre mantener nuestra confianza en Jesús en los peligros que de una forma continua nos acechan, aunque en apariencia esté ausente su «Señor» en las relaciones cotidianas de la vida. Muchas veces sentimos la impotencia ante tanta adversidad, y ello nos debe llevar hundir nuestras raíces en Dios, donde la oración es el agua que las nutre, porque hace posible recibir la savia divina. La oración la realizamos según se describe en la petición que los discípulos hacen a Jesús en la barca: ir hacia él para despertarle; pedir que nos salve y mostrar nuestra debilidad ante la adversidad. Estos movimientos abocan en un reconocimiento de la identidad filial de Jesús, cuya potencia de amor hace que nos libre de tanto mal en nombre del Señor, como rezamos en el Padrenuestro.