domingo, 6 de diciembre de 2015

San Francisco. Misericordia IX


                                                        MISERICORDIA     
                             «CARTA A UN MINISTRO» DE SAN FRANCISCO
                        

                                                                IX


            2.3.- Todo es gracia

           
2.3.1. La afirmación de Francisco: «debes tenerlo todo por gracia» da con el núcleo central de la fe cristiana. El Ministro sufre el pecado de los hermanos, el pecado del mundo, la cultura que genera conflictos sin cuento; y Francisco le recomienda que la única forma de escapar a su dominio es la obediencia radical al Amor, que es Dios, y en dicha relación de obediencia advierte que la vida proviene exclusamente de Él, que da el sentido y las fuerzas para vivir. Es así como conoce que su vida pertenece al Señor, que «todo es gracia» dentro de la historia de la fraternidad, de la historia del mundo, de la cultura que sustenta la fe. Poco a poco, se fijará el Ministro que la relación gratuita del Señor es algo previo a cualquier deseo y acción de bien que tienda, desee y haga. No se da el Señor porque sepa que va a responderle o espere una contestación adecuada a su amor. Él es una dinámica de amor, un movimiento continuo de vida que se abre, se comunica, crea y regenera vida. No tiene Dios otra forma de ser y existir hacia la creación. Por consiguiente, es don cuando se abre al Ministro, a todos, al margen de que lo merezca y le vaya a responder con amor al amor recibido[1].
           
Y lo demuestra en las relaciones históricas que mantiene con Israel, que, a pesar de algunas actitudes iracundas que responden a los pecados y traiciones del pueblo, siempre fruto de su amor, prevalece la relación gratuita y libre, que se fundamenta en su propia identidad amorosa. Esta identidad no tiene límites algunos (cf. Sal 136) en un doble aspecto: curar y salvar, y con una doble relación: comunidad e individuo, que lo santifica y lo hace agradable a sus ojos. De ahí que la actitud benevolente y graciosa divinas supere la distancia infinita que hay entre Dios y su criatura, y, como ha comenzado Francisco su carta,  haga resplandecer su rostro amoroso sobre la debilidad básica de su pueblo y sus hijos (cf. Núm 6,25). La conducta de Dios hace que las misiones que encarga para salvar a su pueblo estén al margen del valor o la calidad humana de sus elegidos. Nadie merece ante Él, y menos que se vea obligado a pagarle sus servicios. Las acciones graciosas divinas, no hay que olvidarlo,  también recaen sobre las desgracias que sacuden a Israel o a los débiles e indefensos en su conjunto[2]. En definitiva, Israel, al menos al principio de su historia relaciona la gracia divina a la Alianza y al perdón permanente que Dios tiene para con sus infidelidades.  Y todo ello antes de las derivas que, con el tiempo, ofrecen algunas espiritualidades judías, en especial la farisea, del obligado cumplimiento de la Ley.
            El dinamismo de entrega del Señor, expresión de su generosidad y poder, se ha revelado y situado en la historia de Jesús. El Evangelio es el desarrollo de la benevolencia divina, que la deletrea Jesús cuando va a Nazaret a proclamar el año de gracia del Señor: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos» (Lc 4,18-19).
           
Sin embargo, algunas comunidades judeocristianas han seguido las relaciones con el Señor desde la obediencia escrupulosa a la Ley como última voluntad divina y han valorado positivamente las obras de bondad humanas para la salvación. Contra dichas obras y la actitud que las cobijan, en cuanto originan la salvación,  reacciona Pablo, y enseña a los seguidores de Jesús que Dios todo lo ha hecho nuevo: «Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación» (cf. 2Cor 5,17-18), y lo nuevo que Dios ha revelado en su Hijo lo concreta en los cristianos de la siguiente manera: «… y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).
            Pablo encierra a todo el mundo en rebeldía (cf. Rom 3,9-20), para que todos necesiten la gracia divina, y todo vuelva a partir, como en la creación, de Él; ahora de Él en su Hijo: «… ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados de balde por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús»[3]. Ni la obediencia a la Ley, ni la justicia retributiva a las obras morales ajustadas a la dignidad humana son suficientes para la salvación, o para extirpar el pecado en el hombre. La justicia graciosa del Señor es única, favorable por entero al pecador, que unidas a la verdad y fidelidad divinas arrancan al pecador de su injusticia, mentira e infidelidad.  Y Dios en Cristo concede la salvación como un don, como un regalo, sin mediar esfuerzo alguno humano, «de balde», «gratis». Dios da un veredicto favorable no a los justos, sino a los pecadores, para hacerlo ontológicamente justos. No es una declaración; es un hecho divino de gracia, que recrea de una manera completa a los bautizados: «Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo»[4] Es pura misericordia lo que está afirmando Pablo, cuyo origen no es otro que el mismo Dios que salva en Cristo, sustituto de la Ley. El camino de la bondad; la posibilidad misma de vivir y vivir para siempre es gracia. Por eso Francisco afirma rotundamente al Ministro: todo es gracia[5]. Pablo y Francisco lo demuestran en sus propias experiencias creyentes.





[1] Cf. Rom 3,24; 5,2; 6,4; 8,3-4; 11,5-6; Gál 2,20ss; Flp 2,8ss; etc.; L. Boff, Gracia y liberación del hombre. Madrid 19873; A. Ganoczy, De su plenitud todos hemos recibido. Barcelona 1991; J.I. González Faus, Proyecto hermano. Visión creyente del hombre. Santander 1987; L.F. Ladaria, Teología del pecado original y de la gracia. Madrid 1993; W. Pannenberg, Antropología en perspectiva teológica. Salamanca 1993; K. Rahner, La gracia como libertad. Breves aportaciones teológicas. Barcelona 1972; J.L. Ruiz de la Peña, El don de Dios. Santander 1991.
[2] Cf. Gén 6,8; 39,21; Éx 3,21; 11,3; 12,36; 33,12-13.16; etc.
[3] Rom 3,21-26; cf. 8,32; Gál 3,28; 2Cor 13,13; etc.;  cf. A.M. Buscemi, Lettera ai Galati. Commentario esegetico. Jerusalem 2004; S. Légasse, L’épître aux Romains. Paris 2002; E. Lohse, Der Brief an die Römer. Göttingen 2003; R. Penna, Carta a los Romanos. Estella (Navarra) 2013; U. Wilckens, La Carta a los romanos. I-II. Salamanca 2007.
[4] 2Cor 5,17; cf. Gál 6,15: «Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura».
[5] Cf. Rom 5,5.19; 6,1-11; 8,14-17; Gál 4,5-6; etc.

Libros. San Francisco

Francisco de Asís
Una luz puesta en lo alto


                                                                 Antonio López Baeza

           
El Autor plantea su ensayo sobre San Francisco desde el testimonio de su vida, vida que es «luz del mundo», según el mandato de Jesús (Mt 5,13-14). Y al testimonio une la vena poética demostrada en sus innumerables ensayos publicados como expresión de sus profundas experiencias creyentes y de su ministerio sacerdotal. Por tanto, se aleja de la erudición que da lugar el pensamiento franciscano.  Precisamente por eso es un ensayo que ilumina a todo el que quiera adentrarse en la vida de Francisco de Asís, sea desde la espiritualidad, desde los estudios de sus escritos y desde los pensadores que procuran adaptar sus experiencias a la vida actual del Cristianismo.
            El libro comprende ocho capítulos en los que se exponen los aspectos fundamentales de la vida de Francisco: Evangelio como norma de vida, Profetismo, Pobreza, Fraternidad, Paz, Iglesia, María, y un capítulo introductorio y otro conclusivo sobre la identidad de Francisco como una vida poética, mística, plena de amor, en definitiva, creyente en Dios según el seguimiento de Jesús, pobre y crucificado.
            Subrayemos tres aspectos del estilo de vida sanfranciscano, como le gusta escribir al Autor. La pobreza es la que mantiene en pie a la Iglesia de Cristo, donde encuentra su dignidad al saberse amada por Dios quien le capacita para encauzar su salvación a todos los pueblos; pobreza es liberación del egoísmo de los ricos que los capacita para compartir con los necesitados; pobreza es humildad, es decir, kénosis, dejar de ser uno para que Dios inunde con su amor nuestra vida; pobreza es responsabilidad en el trabajo como medio de subsistencia; y pobreza es vivir con los pobres.
           
La paz empieza en la conversión del corazón violento e interesado. Y la paz se une a la pobreza, porque esta libera de toda defensa necesaria para salvaguardar lo que tenemos. La paz junto con la pobreza evita levantar muros o barreras, aunque sea en el mar, como el Mediterráneo, para que nadie entre a formar parte de nuestra cómoda y feliz arcadia europea. La paz evangélica pertenece a todo el mundo, cuando este mundo reconoce la radical igualdad de la dignidad humana y de las culturas que la forma y protege. Paz, para el sanfranciscanismo, es el respeto por las religiones como cauce de encuentro con Dios. Con una sensibilidad creyente exquisita y, a la vez, rigor histórico, se expone el encuentro de San Francisco con el sultán Al-Kamil. Ambos convencidos de cortar el derramamiento de sangre que originaba la guerra entre cristianos y musulmanes. Paz también con los pecadores, pobres, ladrones, etc. Paz entre el Podestá y el Obispo.
            La Fraternidad franciscana hunde sus raíces históricas en las relaciones que Jesús establece con los Doce. Francisco abre la fraternidad a toda la creación: todos formamos una familia. La predicación a los pájaros, los episodios de las tórtolas, el lobo de Gubbio. López Baeza entiende el símbolo según el Pseudo Dionisio Areopagita, que recoge la escuela franciscana para objetivar la experiencia de Francisco sobre la creación. Las cosas, las personas no remiten a Dios; contienen a Dios, como también explica San Buenaventura: la realidad es vestigio, imagen y semejanza divina. Defiende el sano laicismo de Francisco, no encerrado en el fuerte clericalismo medieval; laicismo que relativiza toda estructura temporal, todo poder legal y toda seguridad de pensamiento (134). Define la identidad de Francisco en estos versos: «Nada nuevo trajiste, Francisco, a este mundo,/ que en él ya no estuviera. / Solo supiste ver que, en los senderos / ocultos de la tierra, / podía encontrar el hombre la alegría /  más humana y perfecta, / ¡solo con aceptar que, lo divino, / florece en la Pobreza! (137)
                                              

                                               Desclée de Brouwer, Bilbao0 2015, 214 pp., 15 x 21 cm.

domingo, 29 de noviembre de 2015

II Adviento (C). Juan Bautista

                                                                  II ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 1-6

            En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de  Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y  Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios  sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto.
            Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para  perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una  voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los  valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.  Y todos verán la salvación de Dios"


            1.- Dios. Juan  exige que apartemos de nuestra vida todas las piedras que nos impiden andar. Debemos allanar el camino a Jesús para que podamos encontrarnos con él y recibir la salvación del Señor. La pretensión de Juan es que tomemos conciencia de nuestros pecados, podamos descubrir a Dios y comprenderlo como una Persona amigable y misericordiosa. El Profeta nos invita a todos a convertirnos; y por otra parte, que el cambio de vida nos suponga un cambio de corazón, de toda nuestra interioridad y que la expresemos en nuestra conducta. Juan nos dice que volvamos, retornemos  al camino de Dios, que jamás debimos abandonar.

2.- La Iglesia. Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin, Dios anuncia una intervención definitiva sobre el Pueblo, que ve acercarse su fin. Ante tal estado de cosas, es necesaria una conversión urgente, un cambio de rumbo en la vida, pues el Señor no está dispuesto a rehacer una y otra vez su Alianza y conceder el perdón de una forma permanente e ilimitada. La predicación de Juan y la práctica del bautismo como signo de conversión, son aceptadas por Jesús en su conjunto. Y lo traslada a la comunidad cristiana después de la Resurrección y Pentecostés. No solo nosotros, sino la Iglesia, en sus estructuras, ministerios y experiencia comunitaria del Señor, necesita la conversión permanente. También nuestras familias, como iglesias domésticas que son.

          
  3.- El creyente. Juan predica la conversión desde el desierto. El desierto es un lugar peligroso, pues es donde se cobijan los rebeldes políticos y sus secuaces, además de los que huyen de la justicia; viven toda clase de animales en un terreno inhóspito y quebradizo. Por otro lado, el desierto se contempla, de una forma simbólica, como un tiempo de revelación y relación con Dios. Por eso, el desierto desconcierta: Juan escucha la voz de Dios y Jesús percibe la seducción del diablo. Pero también el desierto es para Jesús uno de los lugares solitarios donde se retira para orar y relacionarse con Dios.  En este período de la espera de la celebración de la Navidad debemos intensificar nuestra oración; limpiar de cosas y personas que puedan interferir nuestras relaciones de amor, nuestra apertura al Señor.  Jesús nos bautizará con el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios origina nuestra renovación interior, dando lugar a una nueva situación ante Dios y ante los demás hombres. He aquí la descripción de Isaías: «Hasta que se derrame sobre vosotros un aliento de lo alto; entonces el desierto será un vergel, el vergel contará como un bosque, en el desierto morará la justicia, y el derecho habitará en el vergel, el efecto de la justicia será la paz, la función de la justicia, calma y tranquilidad perpetuas» (Is 32,15-18). Por eso, el bautismo de agua de Juan es solo un preámbulo o una sombra del definitivo, que dará más adelante Jesús, y que renovará nuestra interioridad desde su entrega personal.




II de Adviento C) Juan Bautista

                                                                   II ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según san Lucas 3, 1-6

            En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de  Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y  Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la Palabra de Dios  sobre Juan, Hijo de Zacarías, en el desierto.
            Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para  perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: "Una  voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los  valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale.  Y todos verán la salvación de Dios".
            
       

1.- Texto. Juan pertenece, seguramente, a una familia sacerdotal. Sin embargo, los Evangelios lo sitúan alejado del templo, predicando contra la corrupción social y religiosa que reina en el judaísmo de entonces. Juan vive en lugares alejados de los centros urbanos. Esto se indica con el término «desierto», que no necesariamente se entiende un lugar inhabitado y estéril, sino más bien un sitio distanciado de las grandes concentraciones humanas; es el lugar solitario que Jesús busca también para descansar, instruir a la gente y a los discípulos, y orar.
           
           

2.- Mensaje.- Juan  proclama una intervención de Dios al final de los tiempos para abrir la historia a unas nuevas posibilidades de vida que destierren el pecado, la muerte, la injusticia y la esclavitud. En este «final de los días», o en este «detrás de los días» se dará una situación en la que se inaugurarán «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Is 65,17) a partir de un juicio divino. En primer lugar, el mundo nuevo  entraña la paz/plenitud, es decir, poseer salud y una buena familia, un trabajo que dé de comer a todos, unas relaciones sociales y poder ir al templo para orar a Dios y ofrecerle sacrificios. En segundo lugar, la novedad de la vida nueva lleva consigo que Dios se abra al corazón humano para purificarlo, para salvarlo; y dialogue con el pueblo para que Israel sea fiel y cumpla la Alianza.  Por último, que se experimente la amistad, las relaciones interpersonales y comunitarias para que la persona alcance su plenitud en el amor y consideración de los valores de los demás. Son el contenido de la promesa y de la esperanza que anida desde hace mucho tiempo en Israel.


           
            3.- Acción. La vida y la palabra de Juan forman una unidad inseparable. Pide desandar el camino de la comodidad y la búsqueda de sí mismo, y lo muestra con su vida; exige que la vida se oriente hacia Jesús. Él es el que vendrá pronto para dar al hombre todo lo que necesita para alcanzar su dignidad: pan, agua, formación, salud, familia, amistad, relación viva con el Señor, alabarlo en su templo, apreciar y ser apreciado por el pueblo. Jesús lo ha iniciado con la presencia de reino en los pueblecitos de Galilea y con otros modales: visita las ciudades, come y bebe con la gente, se mezcla con ella y experimenta sus esperanzas, sus problemas, sus gozos y pesares, crea lazos de humanidad. Baja al Señor de su trono y lo sirve a sus conciudadanos con el perdón de los pecados, la relación pacífica. Y al final de su vida, nos da el Espíritu para que continuemos su obra. Es nuestra responsabilidad cristiana tanto individual como colectiva. Es el único camino que ahora tiene el Señor para cambiar la historia humana.


                                          


Santos y Beatos, del 1 al 7 de diciembre

DICIEMBRE
1 de diciembre
Antonio Bonfadini (1400-1482)
            El beato Antonio nace en Ferrara (Emilia Romagna. Italia) hacia el año 1400; pertenece a la familia Bonfadini. Una vez graduado en la Universidad, ingresa en la Orden en el año 1437, en la fraternidad de Santo Espirito de Ferrara. Después de cursar los estudios teológicos, es ordenado sacerdote y se dedica a la evangelización en el nombre de Jesús, impulsado por el ejemplo de San Bernardino de Siena. Pronto adquiere las costumbres de la vida franciscana: espíritu de oración, predicación acompañada del testimonio evangélico, cuyos símbolos franciscanos en este tiempo son, además de San Bernardino, San Jaime de la Marca y San Juan de Capistrano. Viaja a Tierra Santa, siguiendo las huellas de San Francisco. Después de su estancia en la tierra del Señor, prosigue la predicación por las ciudades y pueblos de Italia. Muere en el hospital de los Peregrinos de Cotignola (Ravena) el 1 de diciembre de 1482. El papa León XIII aprueba su culto el 13 de mayo de 1901.
                        Común de Pastores o Santos Varones
            Oración. Dios providente, que consagraste este día con la fiesta del beato Antonio, concédenos, por tu bondad, mantener con firmeza y consolidar con obras la fe queÉl proclamó infatigablemente. Por nuestro Señor Jesucristo.


1.1 de diciembre
María Rosa de Jesús (1917-1972)
            La beata María Rosa nace en Prignano sulla Secchia (Módena. Italia) el 11 de noviembre de 1917. El 27 de agosto de 1940 ingresa en las Religiosas Franciscanas de San Onofre en Rímini. Profesa el 25 de septiembre de 1942. Se dedica a la enseñanza en la escuela Santa Ana, de Rímini, y luego en la escuela parroquial Pro Patria, en Ferrara. El 22 de julio de 1945 abre una guardería en Tamara. Enferma de tuberculosis ingresa en el hospital Santa Ana de Ferrara. Padece la enfermedad durante 27 años. Se une a Jesús crucificado, y ayuda a los enfermos a vivir el dolor desde el amor a Dios y a los hermanos. Se muestra siempre con alegría, paz y serenidad. El 16 de julio de 1946 se consagra a la Virgen. Repite la consagración el 8 de diciembre de 1961. Muere el 1 de diciembre de 1972. El papa Benedicto XVI la beatifica el 29 de abril del año 2007.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Señor y Dios nuestro, que prometiste habitar en los limpios de corazón, concédenos, por la intercesión de la beata Rosa María, virgen, ser de tal manera fieles a tu gracia que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.


2 de diciembre
Ángela María Astorch (1592-1665)
            La beata Ángela María Astorch nace en Barcelona (Cataluña. España) el 1 de septiembre de 1592. Muy joven ingresa en la fraternidad de las hermanas Clarisas Capuchinas de la misma ciudad. Profesa el 8 de septiembre de 1609. En 1614 es destinada a Zaragoza con la responsabilidad de maestra de novicias. En 1628 es elegida abadesa, cargo que ejerce hasta 1637. En 1645 viaja a la fundación de las Clarisas Capuchinas de Murcia. Es abadesa y maestra de novicias durante 16 años. Acoge en la comunidad a la hermana del escultor Francisco Salzillo, por cuya intercesión esculpe a Santa Clara, obra maestra de la imaginería clariana. Sirve a los pobres y enfermos en la peste de 1648 y en la inundación de 1651. La piedad de María Ángela se centra en la persona y en el misterio de Cristo, sobre todo en su pasión y muerte. Muere el 2 de diciembre de 1665. El papa Juan Pablo II la beatifica el 29 de mayo de 1982.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Oh Dios, rico para todos los que te invocan, que adornaste a la beata María Ángela, virgen, con el don de penetrar de modo inefable en el tesoro de tus riquezas mediante la diaria liturgia de alabanza: concédenos, por su intercesión, dirigir a ti de tal manera nuestras acciones, que seamos alabanza de tu gloria en Jesucristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.


2.1 de diciembre
Rafael Chylinski (1694-1741)
            El beato Rafael Chylinski nace en Wysocko (Poznam. Polonia) el 8 de enero de 1694. Terminados sus estudios en Poznam, ingresa en el ejército en 1712. Tres años después entra en la Orden de los Menores Conventuales en el convento de Cracovia. Estudia filosofía y teología; es ordenado sacerdote en 1717 y se entrega a la evangelización, al cuidado de los enfermos y a la ayuda a los pobres, principalmente en Lagiewniki, cerca de Lodz. Lleva una vida de intensa oración y extrema penitencia; siente una devoción especial a la Virgen María. Cuida a los apestados en Cracovia y Lagiewniki, preparándolos a bien morir. Después de una larga enfermedad, muere en Lagiewniki, el 2 de diciembre de 1741. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 9 de junio de 1991, en Cracovia.
                                   Común de Pastores o de Santos Varones
Oración. Oh Dios y Padre nuestro, que concediste al beato Rafael Chylinski, presbítero, la gracia de seguir a Cristo pobre y humilde y socorrer a los pobres y enfermos, haz que, por su intercesión, sirvamos con generosidad a los hermanos, para obtener así tu bendición en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 de diciembre
Francisco Javier (1506-1552)
            San Francisco Javier nace en el castillo de Javier (Navarra. España) el año 1506. Ingresa en París en la Compañía de Jesús. El año 1541 marchó al Oriente y evangeliza India y Japón. Muere el año 1552 en la isla de Sancián, a las puertas de China.
                                               Común de pastores
            Oración. Señor y Dios nuestro, tú has querido que numerosas naciones llegaran al conocimiento de tu nombre por la predicación de San Francisco Javier; infúndenos su celo generoso por la propagación de la fe, y haz que tu Iglesia encuentre su gozo en evangelizar a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.


4 de diciembre
Juan Damasceno (ss. VII-VIII)
            San Juan Damasceno nace en Damasco. Después de prepararse en Filosofía, ingresa en el monasterio de San Subas, próximo a Jerusalén. Escribe contra los iconoclastas. Muere a mediados del siglo VIII. Es doctor de la Iglesia.
                                   Común de doctores de la Iglesia
Oración. Te rogamos, Señor, que nos ayude en todo momento la intercesión de San Juan Damasceno, para que la fe verdadera que tan admirablemente enseñó sea siempre nuestra luz y nuestra fuerza. Por nuestro Señor Jesucristo.
5 de diciembre
Pedro de Siena (†1289)
            El beato Pedro nace en Campim (Siena. Italia). Se dedica a la fabricación y comercio de peines, de ahí el epíteto de “pettinaio” que siempre acompaña su nombre. Comienza a santificarse en el ejercicio de su profesión. Es tan justo y serio en las relaciones comerciales, que la gente lo busca por doquier. De hecho tiene que ir a las ferias después de las vísperas, para no arruinar a sus competidores. Desposado, y sin hijos, lleva una vida familiar perfecta, según los valores evangélicos. De una vida religiosa profunda, frecuenta a los enfermos del hospital de Santa María de la Scala, curando sus heridas y besando sus llagas. Vende sus bienes y los distribuye entre los pobres. Vive en una habitación junto a la Puerta dell’Ovile. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar. En 1282 se encarga de escoger entre los detenidos de las prisiones a cinco hombres entre los menos culpables para ser liberados y distribuir el dinero a los pobres destinado por el Ayuntamiento. Después de una grave enfermedad, obtiene el permiso para vivir en una celda del convento de los franciscanos. Adquiere el don de la prudencia, siendo llamado el “Santo del silencio”. Muere el 4 de diciembre de 1289. El papa Pío VII concede en su honor oficio y misa el 2 de enero de 1802.
                                               Común de Santos Varones
Oración. Dios misericordioso, por la gloria del beato Pedro nos ofreces el supremo testimonio de tu amor; concédenos, por tu bondad, que ayudados por su intercesión y estimulados por su ejemplo imitemos fielmente a tu Hijo. Que vive y reina contigo.
7 de diciembre
Ambrosio (340ca.- 397)
San Ambrosio nace en Tréveris, hacia el año 340. Estudia en Roma. El año 374 es elegido obispo de Milán. Muere un Sábado Santo, el 4 de abril del año 397.
                                   Común de doctores de la Iglesia

            Oración. Señor y Dios nuestro, tú que hiciste al obispo San Ambrosio doctor esclarecido de la fe católica y ejemplo admirable de fortaleza apostólica, suscita en medio de tu pueblo hombres que, viviendo según tu voluntad, gobiernen a tu Iglesia con sabiduría y fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo.

Medio ambiente

                 San Francisco de Asís, un modelo de solidaridad con                                                      la naturaleza y el medio ambiente





Francisco López Bermúdez
Facultad de Letras
Universidad de Murcia


           
La reciente encíclica Laudato SI del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común (la Tierra en la que vivimos),  comienza con el Cantico a las Criaturas, la bella oración  de San Francisco calificada como la expresión más completa y lírica del alma y de la espiritualidad del autor. Algunos quizás vean en Francisco de Asís un romántico de la naturaleza, un sentimental que tenía una visión cándida del ambiente que le rodeaba, sin embargo, era  la búsqueda  y el compromiso por la armonía con la naturaleza y la fraternización universal  por lo que Francisco clamaba. En el Universo que nos envuelve con su majestuosidad y grandeza  y, en la naturaleza,  era    donde  Francisco encontraba  la sencillez, la  armonía, la perfección  y la belleza en su estado más puro.  Francisco  en su Cántico  puso de manifiesto una profunda reconciliación entre el cielo y la tierra, entre la vida y la muerte, entre el universo y Dios. Se trata del canto de un hombre que durante toda su vida luchó para lograr más fraternidad entre sus conciudadanos y para que se hiciera visible la humanidad de Dios. Francisco aprendió  a contemplar los seres vivos y las cosas de una forma  sencilla y fraterna. Dejó de verlos desde el ángulo de su valor comercial, como se hacía en su tiempo y se sigue haciendo hoy, para considerarlos criaturas de Dios y, por lo tanto, dignos de interés por sí mismos. Francisco cantó para mostrar a los hombres de su tiempo (y a los de ahora) la importancia vital de los recursos de una  tierra fraternal liberada del dominio del dinero y de toda servidumbre.
           
La actitud fraterna de Francisco ante los humanos  y los demás seres de la naturaleza nace y se fundamenta en una raíz y sensibilidad profundas, basadas  en el conocimiento y valor que daba a todos los componentes de la naturaleza para la vida (lo que hoy llamamos biodiversidad), que le lleva a una comunión intensa con todos los seres vivos,  comprendiendo que todos  son  hermanos nacidos del mismo amor del Creador: “Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas. Y por el aire, las nubes y la calma”. Nada hay que  iguale los recursos  que la “madre tierra” ofrece y regala con tanta abundancia. Sin embargo, el  depredador e insostenible sistema económico neoliberal dominante, aquellos que tienen más recursos y poder económico y político, sus modos de entender la economía, la actividad comercial y productiva, han originado un deterioro de gran parte de los ecosistemas de la  tierra, de la calidad de vida de centenares de millones de personas, la acentuación de las desigualdades  y la pobreza en el mundo. Hoy los grandes problemas y desafíos a los que se enfrenta la humanidad son: El cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la desertificación, la pobreza y las migraciones, problemas globales con grandes dimensiones ambientales, sociales, económicas, distributivas y políticas como recoje la Encíclica Laudatio del papa Francisco.  La intensidad de las acciones  humanas para el aprovechamiento sin límites de los recursos de la tierra, que todo esté  al servicio del mercado, de las finanzas y del consumismo, tiene altos costos medioambientales y provocan el gemido de la hermana tierra que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un camor que reclama otro rumbo (Encíclica Laudato), y está haciendo que la tierra en la que vivimos se esté haciendo menos variada, rica y bella que aquella  salida de la mano del Creador y en la que vivió San Francisco allá por el siglo XII. 
           
En la actualidad  puede constatarse que entre el hombre y la naturaleza hay una relación de posesión, de dominio, más que de respeto y cercanía La civilización del tener ha cambiado la cultura del ser y la misma existencia humana. Nuestra relación con el mundo es de posesión y de propiedad más que de empatía  y de contemplación. Por lo que Francisco nos exige, si queremos compartir fraternalmente con las cosas y los seres de la creación, levantar la voz contra toda explotación que destruya, dañe y empobrezca nuestro planeta y, a la vez,  promover entre los hombres el estilo de sobriedad y el progreso sostenible, indispensables para no empobrecer irremediablemente nuestro planeta. San Francisco de Asís, ofrece el ejemplo de un respeto autentico y pleno por la integridad de la creación, su legado  consiste en enseñarnos que debemos repensar nuestro lugar en el orden creado, de modo que el bienestar humano está  integrado en el valor y necesidad  de una naturaleza y  medio ambiente saludables. Para él, era vital entender la relación entre la humanidad y toda la creación.
           
Naturalistas, conservacionistas, ecologistas cristianos y otros, ven en Francisco un modelo de solidaridad con la naturaleza, un testigo de la fe que supo  vivir con autenticidad la actitud cristiana de acercamiento fraterno con todo lo creado, por ello, fue proclamado  “patrono de los ecologistas” por Juan Pablo II el 9 de noviembre de 1979. La figura de Francisco, para muchos, es el precursor de una nueva democracia universal de tipo eco-socio-cósmica.  Ejerció fascinación en  los hombres de su tiempo y también en los hombres  del pasado siglo y del actual, por  su  modo de conocer, valorar y respetar todos los componentes de la naturaleza, por transmitirnos la belleza que encierra el cosmos, por  la práctica de una  fraternidad universal  y por su profunda espiritualidad. Hoy, en un mundo depredador de los  recursos de la tierra, generador de peligrosos impactos ambientales y de acentuación de las desigualdades, si se aprecia, acepta y valora el mensaje de Francisco, parece  imprescindible practicar una cultura que cuide de la naturaleza y respete el medio ambiente, pues como humanos somos parte de ellos.