lunes, 20 de abril de 2015

IV de Pascua: Yo soy el buen Pastor.

IV DOMINGO DE PASCUA (B)




           
            Lectura del santo Evangelio según San Juan 10,11-18.

            En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: -Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
            Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño un solo Pastor.
            Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.

1.- Texto.  Entre setiembre y octubre se celebra la fiesta de los Tabernáculos. Los hebreos recuerdan durante siete días cuando vivían en tiendas de campaña antes de conquistar la tierra prometida. En este tiempo tenían en el Tabernáculo el candelabro de los siete brazos, los panes de la proposición, y en un sitio más recogido el Arca de la Alianza, que contenía las Tablas de la Ley, la vara de Aarón y el maná (cf. Heb 9,4). Durante esta fiesta, Jesús se ofrece como el agua viva, la luz del mundo, el Hijo y Enviado del Padre, y después de enseñar cuál es el itinerario de la fe al ciego de nacimiento, se propone como el buen Pastor. En los capítulos del ciego y de Lázaro (Jn 9.11), Juan presenta las tensiones que hay entre los responsables de la fe hebrea y Jesús. Tal es así, que desvela dos mundos irreconciliables: expulsan al ciego de la Sinagoga, y cuando se queda solo: sin familia, sin conciudadanos, sin Dios, es cuando «ve» a Jesús como Mesías: cree en él. La tensión entre judíos y Jesús se prolonga cuando acuerdan la muerte de Jesús al devolverle la vida a Lázaro, tensión que continúa en el párrafo que acabamos de leer. Jesús es el buen Pastor, como el Señor es para Israel desde que los sacó de Egipto y los condujo a la Tierra prometida. Y será su Pastor cuando los conduzca de nuevo desde el destierro a Sión (cf. Jer 31,10; Is 40,10). También será un buen Pastor un descendiente de la casa de David, como personaje único, como único será el rebaño. Y este pastor se diferenciará claramente de los que no cuidan al rebaño, porque son asalariados, y porque él entra por la puerta del aprisco al conocer y ser conocido por las ovejas.
2.- Sentido. Conocimiento y amor hacia el rebaño es lo que diferencia los buenos de los malos pastores. Es una alusión a los que cuidan la religión de Israel y que Jesús, el nuevo tabernáculo, sustituye definitivamente cuando el Señor lo resucita de entre los muertos. Él es el nuevo templo del Señor (cf. Jn 2,19-22), porque ha establecido la auténtica relación de amor fraterna, que es la que revela la religación de amor con el Señor. Pero la vida de Jesús, en la que en el tiempo de Juan ya se contempla con la pasión y muerte, va más allá de la imagen que entraña el Señor como Pastor en la historia de Israel. Jesús, buen Pastor, da la vida, entrega su vida, no duda en llevar su entrega por sus hermanos hasta la muerte. Es la imagen cabal del Pastor opuesta a los asalariados que abandonan el rebaño ante cualquier peligro; y peor: los que usan el rebaño para beneficio propio; lo contrario al amor. Pero Jesús también es pastor de los que aún no pertenecen a su rebaño. El mandato que da a sus discípulos antes de introducirse en la gloria del Padre es muy explícito: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). La comunidad cristiana no puede olvidar que Jesús es de todos, y dicha conciencia la debe hacer explícita por la proclamación de la Palabra y por hechos de amor.
3.  Acción. Jesús es el único pastor de su Iglesia, además de su cabeza. Los demás  que ha constituido pastores no lo sustituyen, sino son signos de su presencia. Jesús, aunque esté sentado a la derecha del Padre, no abandona a su rebaño, porque le ha dado su Espíritu. Pero a los que él ha hecho pastores, representantes suyos, deben vivir la experiencia de amor divino, que les lleva a dar la vida por el rebaño, si es necesario. Es la única manera que hay para que el «rebaño tenga vida, y la tenga en abundancia». Por eso no se puede concebir un pastor egoísta en la Iglesia, que huya ante las adversidades, sobre todo en este tiempo que están martirizando y asesinando a muchos cristianos en Oriente Medio y en África. - Por otra parte, vivimos en un mundo donde se dan toda clase de ideologías, sentidos de vidas, propuestas de felicidad humana fundadas en creencias muy diferentes. Y lo que es peor: es que tales ofertas de felicidad o de fe son expresiones de nuestra mente, de nuestra imaginación, de nuestra inteligencia, de nuestra buena voluntad. Y hay que entrar por la puerta del corral, es decir, por Jesús que es el único Mediador y Centro de las relaciones con Dios y con los hermanos, porque es «el camino, la verdad, la vida» (Jn 14,6). Él nos da la seguridad que andamos en el camino correcto y su revelación del Señor es la que en verdad es y existe: Dios es amor y nos lo ha dado para nuestra salvación (cf. Juan 3,16; 1Jn 4,8.16).



domingo, 19 de abril de 2015

Apariciones a los discípulos III.


                                                        La Apariciones



                                                                III

                                                   A los discípulos



Hay una tercera aparición en el Evangelio de Juan junto al lago de Tiberíades y recuerda el encargo que da Jesús a las mujeres que visitan el sepulcro en Jerusalén para que comuniquen a Pedro y a los discípulos que los verá en Galilea (Mc 16,7). Los discípulos recuperan las tareas que desempeñaban antes de embarcarse en la aventura del Reino con Jesús. La escena parte de una invitación para pescar que Pedro hace a seis discípulos: Tomás, Natanael, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo (cf. Mc 1,19-20), y dos innominados, de los que seguramente uno es el que Jesús ama. «Salieron, pues, y montaron en la barca; pero aquella noche no pescaron nada» (Jn 21,1-3). El hecho responde a una cita de la llamada de los primeros discípulos después de una pesca infructuosa (Lc 5,1-11; Mt 4,18-22) y el sentido estéril de la «noche» en Juan, contrapuesto al de la «luz», que en este relato se identifica una vez más con Jesús (Jn 9,4; 11,10).
Pescar sin él es una trabajo inútil (Jn 15,5; Lc 5,5). En efecto: «Ya de mañana estaba Jesús en la playa; pero los discípulos no reconocieron que era Jesús», como María Magdalena en el jardín (Jn 20,14). Jesús resucitado se adelanta a los discípulos para que le identifiquen (Jn 20,15; Lc 24,16); él toma la iniciativa y les pide algo de comer. Al no tener ellos nada por el fracaso de la noche, les invita a que echen las redes a la derecha de la barca con la promesa de que encontrarán peces. Y así sucede. Con la palabra eficaz que conduce al bien de la gran pesca, llega también el reconocimiento del discípulo amado: «Es el Señor». Se lo dice a Pedro que, de inmediato, se tira al agua para reunirse con Jesús.
Cuando arriban el resto de los discípulos hallan «unas brasas preparadas y encima pescado y pan [...] Les dice Jesús: Venid a almorzar. Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, pues sabían que era el Señor. Llega Jesús, toma pan y se lo reparte y lo mismo el pescado» (Jn 21,4-13).


El discípulo desconocido, que descubre a Jesús ahora y es el primero que llega a la tumba ante la indicación de María (Jn 20,5), es el mediador que encamina a Pedro y a sus compañeros al Señor resucitado, porque reconoce a Jesús en su nueva dimensión divina e identifica a quien les convoca al banquete eucarístico. Jesús les distribuye el pan y el pescado como en la multiplicación de los panes y de los peces lo hace con la multitud que le sigue (Jn 6,1-21) y como símbolo de su presencia en el ámbito eucarístico, que él personalmente preside. Como sucede con los discípulos de Emaús, la eucaristía supone el lugar en el que se manifiesta el Señor resucitado y se da a conocer a los creyentes de todos tiempos. Y en el contexto de la comida, Jesús interroga a Pedro en presencia de los seis discípulos sobre su fidelidad con clara referencia a las negaciones en el proceso religioso (Jn 18,15-18). Con la respuesta afirmativa de Pedro de fidelidad en el amor y de fe en su identidad mesiánica (Mc 8,29), Jesús le encarga la misión de ser pastor y guía de los creyentes (Jn 21,15-23). El evangelio de Juan cuenta la fidelidad de Pedro a Jesús que mantiene hasta la muerte: «Te lo aseguro [le dice Jesús]: cuando eras mozo, tú mismo te ceñías e ibas donde querías; cuando envejezcas, extenderás las manos, y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres. (Lo decía indicando con qué muerte había de glorificar a Dios)» (Jn 21,17-19).

Santos y beatos Franciscanos: 20-26 abril

21 de abril

Anselmo de Cantérbury (1033-1109)

            San Anselmo nace en Aosta (Piamonte. Italia). Pertenece a la Orden Benedictina. Enseña Filosofía y Teología en Bec (Normandía. Francia). Es nombrado obispo de Cantérbury (Kent. Inglaterra). Trata con maestría los temas fundamentales de la fe cristiana: la Encarnación, la Redención y la Salvación, de una forma original y según el contexto medieval y feudad en el que vive. Los pensadores franciscanos lo tienen muy en cuenta en sus escritos.

                                               Común de Doctores

            Oración. Señor Dios, que has concedido a tu obispo San Anselmo el don de investigar y enseñar las profundidades de tu sabiduría, haz que nuestra fe ayude de tal modo a nuestro entendimiento que lleguen a ser dulces a nuestro corazón las cosas que nos mandas creer. Por nuestro Señor Jesucristo.


21.1 de abril
Conrado de Parzham (1818-1894)

            San Conrado (Juan) nace en 1818 en Parzham (Baviera. Alemania), hijo de Bartolomé Birndorfer y Gertrudis Niedermaier. Fallecidos sus padres, Conrado se hace cargo de la familia, a la vez que cuida su piedad con la devoción a María en el santuario de Altötting, y su seguimiento a San Francisco de Asís profesando en la Orden Franciscana Seglar. Juan Birndorfer toma el hábito en el convento capuchino de Laufen, a los 33 años de edad, el día 17 de septiembre de 1851, fiesta de las llagas de San Francisco. Se le da el nombre de Conrado, como expresión del hombre «nuevo» que ha recibido de Dios. Después de profesar se le destina al convento de Santa Ana de Altötting, vecino a su querido santuario. Hace de portero, oficio que no dejará hasta su muerte. Se entrega por entero al servicio de los hermanos, de la gente que visita el Santuario, de los pobres. Lleva una vida de oración que adorna con un carácter servicial, humilde, fraterno. Muere el 21 de abril de 1894. El papa Pío XI lo beatifica el 15 junio de 1930 y lo canoniza el 20 de mayo de 1934.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que abriste las puertas de tu misericordia a los necesitados por medio de San Conrado, te rogamos nos concedas imitarle en el servicio a todos y en su sencillez evangélica. Por nuestro Señor Jesucristo.

21.2 de abril

Juan de Cagli (1327ca.-1372)

            El beato Juan de Cagli, o Juan Saziari, de la Orden Franciscana Seglar, nace alrededor del año 1327. Se conduce en la vida consagrado por entero al Señor, santificándola con su trabajo en el campo y una vida de oración permanente. Sin embargo, su soledad familiar se ve compensada por el cariño que le profesa todo el pueblo de Cagli. Esta ciudad, sita en las faldas del Monte Petrano (Las Marcas. Italia), es testigo de la sencillez y simplicidad del beato Juan, que quiso vivir el carisma de San Francisco siguiendo a Jesús pobre y crucificado. Muere entre los años 1370 y 1372. Es enterrado en la iglesia de San Francisco, la más antigua de la Orden en Las Marcas, provincia de Piceno. En 1642 sus restos son colocados en una urna de madera. Es beatificado por el papa Juan Pablo II el 9 de diciembre de 1980, habida cuenta de la veneración constante de los cristianos de Cagli, pues al poco de fallecer el pueblo lo comprende como un ejemplo de vida cristiana y franciscana.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que en nuestra fragilidad nos has puesto a los santos como ejemplo y defensa para allanarnos el camino de la salvación, concédenos, te rogamos, que al celebrar la fiesta del beato Juan de Cagli sigamos de tal modo sus ejemplos de piedad y simplicidad que podamos llegar al reino de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

22 de abril

                        Francisco Venimbeni de Fabriano (1261ca.-1322)

            El beato Francisco Venimbeni nace en Fabriano (Ancona. Italia) alrededor del año 1261, hijo del médico Compagno Venimbeni y Margarita de Federico. Estudia filosofía, y a los dieciséis años ingresa en la Orden Franciscana. En una peregrinación a la Porciúncola conoce a Fray León, compañero de San Francisco. Fue superior del convento de Fabriano, donde construye la primera biblioteca de la Orden. Su amor a los libros lo compagina con una vida de piedad muy intensa, sobre todo su devoción a la Eucaristía, en la que contempla los misterios de la vida de Jesús. Su vida de oración y estudio la armoniza con la relación con los pobres, a los que les profesa el amor de San Francisco; él mismo prepara la comida que les daba personalmente en la puerta de la fraternidad. Su vida transcurre con la plena confianza del amor de aquel que le llamó a la vida franciscana. El 22 de abril de 1322 fallece a los 61 años de edad. El papa Pío VI aprueba su culto el 1 de abril de 1775.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor, tú ves que somos débiles y que desfallecemos; por medio del ejemplo del beato Francisco Venimbeni, afiánzanos en la relación contigo y con los más necesitados. Por nuestro Señor Jesucristo.


23 de abril
Gil de Asís (1190-1262)

            El beato Gil de Asís se incorpora al grupo de San Francisco en abril del año 1208 después de Bernardo de Quintaval y Pedro Catáneo. San Buenaventura lo llama «el santo padre Gil, varón lleno de Dios y digno de gloriosa memoria» (LM 3,4), y Celano afirma: «El hermano Gil, varón sencillo y recto y temeroso de Dios, a través de su larga vida, santa y justa y piadosamente vivida, nos dejó ejemplos de trabajo manual, de vida solitaria y de santa contemplación» (1 Cel 25). Peregrina a Santiago de Compostela, al Monte Gargano (Santuario de San Miguel Arcángel), a Tierra Santa y África. Entre 1215 y 1219 vive como ermitaño en las afueras de Asís. Entre 1219 y 1220 evangeliza en Túnez. Su biógrafo escribe: «Luego que el hermano Gil llegó a ser un hombre perfectísimo por los trabajos de su vida activa y por algunas aflicciones del espíritu, el Señor lo llevó al descanso y a la consolación de la vida contemplativa» (Vita Beati Aegidii, en Analecta Franciscana III, 74-115). San Francisco dice de él que tenía: «la elevación del alma por la contemplación, en sumo grado» (EP 85). Las Florecillas afirman: «Fue arrebatado hasta el tercer cielo, como San Pablo». Muerto San Francisco, su vida transcurre en los eremitorios de la Umbría, sobre todo en el de Monterípido, donde fallece el 23 de abril de 1262. El papa Pío VI lo beatifica el 4 de julio de 1777.

                                               Común de Santos Varones


            Oración. Dios eterno, que elevaste al vértice de la contemplación al beato Gil, concédenos, por su intercesión, que, amándote sobre todas las cosas, consigamos la paz que supera todo deseo. Por nuestro Señor Jesucristo.

24 de abril
Fidel de Sigmaringa (1577-1622)

            Marcos Rey Rosemberger nace en Sigmaringa (Suabia. Alemania), hijo de Juan Rey y Genoveva Rosemberger. Estudia Derecho Civil y Canónico y ejerce como abogado en Ensisheim (Alsacia). Después de un período de discernimiento es ordenado sacerdote en 1612 y poco más tarde ingresa en la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, recibiendo el nombre de Fidel. Se entrega a la predicación en Alemania, Austria y Suiza. Alterna la predicación con la responsabilidad de las fraternidades de Friburgo, Rheinfelden y Feldkirch. El Archiduque de Austria, Leopoldo, pide ayuda a la Santa Sede para afianzar la doctrina católica en Suiza, sobre todo en la región de los grisones. Recién fundada la «Congregación de Propaganda Fide», el Papa envía a San Fidel con otros nueve Capuchinos. Predica la Palabra, y a la vez que convierte a bastantes protestantes, debe sufrir la oposición de los calvinistas. Padece el martirio en Sevis (Suiza) el 24 de abril del año 1622. Es sepultado en el convento de Feldkirch; su cráneo se conserva bajo el altar mayor de la catedral de Coira (Suiza). El papa Benedicto XIII lo beatifica el 21 de marzo de 1729 y Benedicto XIV lo canoniza el 26 de junio de 1746.


                                               Común de un Mártir

            Oración. Señor Dios, que te has dignado conceder la palma del martirio a San Fidel de Sigmaringa cuando, abrasado en tu amor, se entregaba a la propagación de la fe, concédenos, te rogamos, que arraigados, como él, en el amor, lleguemos a conocer el poder de la resurrección de Jesucristo. Que vive y reina contigo.

25 de abril
Marcos, Evangelista

            Según Eusebio de Cesarea, Papías de Hierápolis asigna a Marcos la autoría del Evangelio que lleva su nombre. Es el primer Evangelio escrito. Funda su enseñanza en la predicación de Pedro, pues tiene muy en cuenta los hechos fundamentales del discípulo de Jesús. Según la tradición es el fundador y el primer obispo de la Iglesia de Alejandría.

                                                           Común de Apóstoles

            Oración. Señor, Dios nuestro, que enalteciste a tu evangelista San Marcos con el ministerio de la predicación evangélica, concédenos aprovechar de tal modo sus enseñanzas que sigamos siempre fielmente las huellas deCristo. Él, que vive y reina contigo.


25.1 de abril
Cristóbal de Santa Catalina (1638-1690)

            El padre Cristóbal de Santa Catalina, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Mérida (Badajoz. España) el 25 de julio de 1638. Es hijo de agriculores. Cursados sus estudios eclesiásticos, recibe la ordenación sacerdotal en Badajoz el 10 de marzo de 1663, por mons. Jerónimo Rodríguez de Valderas. Le nombra capellán del Ejército de Castilla, que lucha contra Portugal. Después de una grave enfermedad, se retira seis años a Bañuelos de Córdoba. Profesa en la OFS en 1671 en el convento de Madre de Dios (Córdoba). El 11 de febrero de 1673 funda el Hospital de Nuestro Padre Jesús Nazareno para atender a los pobres. Poco después crea la Fundación de Hermanos y Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, aprobadas por Benedicto XIV en 1746. Tiene una devoción especial a Jesús crucificado y a la infinita misericordia del Padre. Muere en Córdoba el 24 de julio de 1690. El papa Francisco lo beatifica el 8 de abril de 2013.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor Dios nuestro, tú nos has revelado que toda la ley se compendia en el amor a ti y al prójimo: concédenos que, imitando el amor a los enfermos del beato Cristóbal de Santa Catalina, podamos ser un día contados entre los elegidos de tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

26 de abril
Isidoro de Sevilla (560?-636)

            San Isidoro nace hacia el año 560. Sucede a su hermano San Leandro en la Diócesis de Sevilla. Organiza teológica, jurídica y pastoralmente la diócesis hispalense. Concreta la liturgia hispano-visigoda. Después de 40 años de obispo, muere el 4 de abril del año 636.

                                               Común de Doctores de la Iglesia

            Oración. Señor Dios, tú elegiste a San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia, para que fuese testimonio y fuente del humano saber; concédenos, por su intercesión, una búsqueda atenta y una aceptación generosa de tu eterna verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

26.1 de abril
                    Pedro de San José de Betancur (1626-1667)

            Pedro de San José de Betancur nace en Vinaflor (Tenerife. España) en 1626, hijo de Amador González Betancur y Ana García. A los veintitrés años marcha a América. Reside en Cuba y Honduras y después de dos años llega a Guatemala. Profesa en la Orden Franciscana Seglar en el Convento de San Francisco sito en la ciudad de La Antigua Guatemala. Lleva una vida de pobreza, penitencia y servicio a los pobres, a los que se entrega por entero. Construye un oratorio, una escuela, una enfermería, una posada para sacerdotes de viaje y para estudiantes universitarios. Recordando la pobreza de la primera posada de Jesús en la tierra, llama a su obra «Belén». Crea en 1656 la Orden de los Hermanos de Nuestra Señora de Bethlehem (conocida como Orden de los Betlemitas), que se dedican a servir a los marginados, incluso a enterrar a los fallecidos. Muere el 25 de abril de 1667. Es llamado la «madre de Guatemala» y el «padre de la caridad». En la actualidad la Provincia Franciscana de Guadalupe en Centro América prosigue la obra del Hermano Pedro, recreada en 1980 por fray Guillermo de Costa Rica. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 22 de junio de 1980 y le canoniza el 30 de julio del 2002.

                                               Común de Santos Varones


            Oración. Señor Dios nuestro, tú nos has revelado que toda la ley se compendia en el amor a ti y al prójimo; concédenos que, imitando la caridad del beato Pedro Betancur, podamos ser un día contados entre los elegidos de tu Reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

martes, 14 de abril de 2015

La mirada de Jesús por Elena Conde

                                                               Esa mirada
                                                   
                                                                      


Elena Conde Guerri
Facultad de Letras
Universidad de Murcia

            El tiempo de Pascua es el tiempo de la luminosidad. De la luz trascendente que se abre paso al exterior anulando nuestros posibles túneles interiores. Eso sí, si tenemos la voluntad de recibirla. Es la luz de Emaús, magistral, pero también la débil luz de los discípulos noqueados en la madriguera del cenáculo, como a la espera. La luz plena se identifica con El. Esa persona triunfante sobre lo contingente, que se revela en las heridas de su anatomía palpable pero nueva para el umbral del tiempo nuevo que ahora comienza. Un regalo delicioso para el impasse que precede a la Ascensión, en que el Señor viene y va, como jugando al escondite,  anima, reconforta y nos identifica con El esencialmente a través de la mirada. Eso pienso yo, al menos.

             
En los Evangelios, el término "decir"/"les dijo", es constante en la narración de los hechos vinculados a la actividad evangélica del Señor. Pues el mensaje, la finalidad catequética, se trasmite esencialmente por la palabra. Tras su resurrección, Jesús habla menos y cuando lo hace es con autoridad rotunda, estableciendo incluso bases teológicas y sacramentales según documentan los citados textos. Sin embargo, en esas convivencias fugaces pero tiernísimas con sus discípulos, que ahora son casi como sus iguales, compañeros y amigos añejos de tantas experiencias previas, cambia en parte el vehículo de su comunicación. Son signos, actitudes, gestos, miradas. Quizá, la palabra suya había cumplido su misión. Ahora, bastaba sólo su mirada. Pero también antes, en la etapa de triturar pueblos y caminos fiel a su elección, el Señor quiso servirse de su mirada salvífica en dos ocasiones muy puntuales, con dos personas muy diferentes e inmersas en circunstancias bien distintas. En su encuentro con el llamado joven rico (Mc 10,21. Mt 19,16-22. Lc 18,18-23) y en el episodio de la negación de Pedro (Mc 14,66-72. Mt 26,69-75. Lc. 22,54-62. Jn 18,17-27). En ambos, los textos remarcan el término específico que señala el interés del que mira por el otro. En la primera ocasión, es Marcos 10,21  quien escribe que Jesús intuitus eum, es decir "fijando directamente su mirada en él", sintió al punto surgir de su corazón un sentimiento de afecto profundo por ese hombre que, desde siempre, había sido obediente a la ley de Dios pero que, paradojicamente, no tuvo los arrestos suficientes para desprenderse de sus bienes materiales. Y el Señor, entonces, sintió gran tristeza. Debió de producirse como un bumerán de empatías encontradas en el intercambio de aquellas dos miradas. Un bullir de sentimientos  que el mirado directamente por la pupila divina probablemente ni pudo asimilar. No es igual "él levantó los ojos al cielo", "miró a su alrededor", expresiones recurrentes en los Sinópticos cuando el Señor va a actuar, que "mirar directamente a los ojos, detenerse en la recreación de la mirada del otro, bucear en la reciprocidad de su interior". Todos nos hemos preguntado alguna vez cómo miraría Jesús. Y más de una vez y todas las veces seguimos tiritando cuando releemos el pasaje de la negación de Pedro. Es San Lucas (no los otros evangelistas) el que se detiene explicitamente en el detalle de la mirada del Señor a Pedro cuando éste curioseaba, en la noche dramática, el veredicto de las autoridades religiosas sobre su Maestro. Et conversus Dominus respexit Petrum (22,61-62). Volviéndose hacia el amigo,su intención clara fue dirigir y clavar su mirada en los ojos de Pedro. Y, sin duda, en la doliente dulzura de esas pupilas, el discípulo vio reflejado el pronóstico de que él zozobraría en su lealtad y que sólo era un cobarde y bravucón abominable. "Y rompió a llorar amargamente". Pero la mirada de Jesús no le despreció ni le condenó. Igual que no lo había hecho con el joven acaudalado.
         
Toda mirada que perturba y que puede cambiar la vida es siempre personal y directa. No puede ser al infinito. La intención y la reciprocidad de la mirada en general puede tener, no obstante, consecuencias bien distintas de las de la mirada del Señor. Siguiendo con la Biblia, hay personajes tatuados para siempre con actuaciones y desenlaces nefastos que fueron incubados  en la perversidad u oscuridad de sus miradas. Proverbiales: la degollación de San Juan Bautista como causa directa de una promesa precipitada por la concupiscencia de la mirada hacia la Salomé danzante. (Aunque los Evangelistas no empleen un verbo más específico y digan placuit Herodi, por ejemplo Mateo 14,6, es obvio que el rey tuvo que escrutar). La perícopa de Susana y los ancianos (Dn 13) es otro ejemplo.
Los dos ancianos que la veían diariamente paseando en su jardín empezaron a desearla, et videbant eam senes ...  et exarserunt in concupiscentiam eius. (v.8).  Pero su calumnia contra la inocente se volvió contra ellos mismos y provocó su propia muerte. Las miradas infractoras, criminales, opacas, engendran la destrucción.
La mirada del Señor es diferente, no es una simple inspección epidérmica de corto alcance. Es esa mirada. Engendra vida, paz, futuro, serenidad y esperanza. Porque es la mirada de la misericordia, la que nace de un corazón capaz de sentir y regalar compasión. Por Pedro y por cada persona de la humanidad entera. En tiempo de Pascua y fuera del tiempo. El Santo Padre, Francisco, acaba de anunciar el próximo Año de la Misericordia. Lo estamos contemplando YA.