domingo, 20 de diciembre de 2015

Santos y Beatos, del 26 al 30 diciembre


26 de diciembre
Esteban, Protomártir


«[Esteban] lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: “Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios». Entonces, gritando fuertemente, se taparon sus oídos y todos a una se abalanzaron sobre él; le arrastraron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearle. Los testigos depusieron sus mantos a los pies de un joven llamado Saulo. Mientras le apedreaban, Esteban hacía esta invocación: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: “Señor, no les tengas en cuenta este pecado”. Y diciendo esto, se durmió». (Hech 7,55-59).

                                               Común de Mártires

            Oración. Concédenos, Señor, la gracia de imitar a tu mártir San Esteban y de amar a nuestros enemigos, ya que celebramos la muerte de quien supo orar por sus perseguidores. Por nuestro Señor Jesucristo.

27 de diciembre
Juan, Evangelista

            San Juan es el discípulo a quien amaba Jesús (Jn 13,23); es el que se reclina sobre Jesús durante la última cena (Jn 13,23-25); y es el que Jesús entrega a su Madre María (Jn 19,26-27).


                                               Común de Apóstoles

            Oración. Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol San Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos, te rogamos, llegar a comprender y amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer. Por nuestro Señor Jesucristo.


28 de diciembre
Los Santos Inocentes

            «Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos» (Mt 2,16).

                                               Común de Mártires

            Oración. Los mártires Inocentes proclaman tu gloria en este día, Señor, no de palabra, sino con su muerte; concédenos, por su intercesión, testimoniar con nuestra vida la fe que confesamos de palabra. Por nuestro Señor Jesucristo.

28.1 de diciembre
Catalina Volpicelli (1839-1894)

            Santa Catalina Volpicelli nace en Nápoles (Campania. Italia) el 21 de enero de 1839. Estudia en el Colegio Real de San Marcelino. El beato Ludovico de Casoria, el 19 septiembre de 1854, la admite en la Orden Franciscana Seglar y le indica como única finalidad de su vida el culto al Sagrado Corazón de Jesús. El 28 mayo de 1859, Catalina forma parte de las Adoradoras perpetuas de Jesús Sacramentado. Más tarde se entrega al apostolado de la oración, que en el futuro será el centro de su vida espiritual. Catalina funda el nuevo Instituto de las «Esclavas del Sagrado Corazón» el 1 julio de 1874, aprobado por el papa León XIII el 13 junio de 1890. Se extiende rápidamente. El 14 mayo de 1884, el Arzobispo de Nápoles, Guillermo Sanfelice, consagra el Santuario dedicado al Sagrado Corazón de Jesús que Catalina edifica junto a la Casa Madre. Muere en Nápoles el 28 diciembre de 1894. El papa Juan Pablo II la beatifica el 28 de junio de 1999 y Benedicto XVI la canoniza el 26 de abril de 2009.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor y Dios nuestro, te pedimos que Santa Catalina, virgen, tu fiel esposa, encienda en nuestro corazón la llama de la caridad divina que ella suscitó en otras vírgenes, para gloria perpetua de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.


30 de diciembre
Bentivoglio de Bonis (1188-1232)

            El beato Bentivoglio de Bonis nace en 1188 en San Severino Marcas (Macerata. Italia). San Francisco lo recibe en la Orden. Ordenado sacerdote, es un modelo de oración y penitencia, testificando con su vida la predicación evangélica. Maseo, párroco de San Severino, ingresa en la Orden Franciscana por su ejemplo. Lo mismo hacen sus dos hermanos. Habita un tiempo en Trave Bonati, o Ponte della Trave para cuidar a un leproso. Trasladado a Monte San Vinicio, cerca de Potenza Picena, distante unos veinte kilómetros, lleva a la espalda al leproso consigo. Es modelo de humildad, obediencia y caridad. Muere en la fraternidad de San Severino el 25 de diciembre de 1232. El papa Pío IX aprueba su culto el 30 de septiembre de 1852.

                                                                   Común de Santos Varones


            Oración. Dios nuestro, solo tú eres santo y nadie puede ser bueno fuera de ti, por la intercesión del beato Bentivoglio, danos la gracia de vivir de tal manera que nunca nos veamos privados de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

Escritos de Fr. Junípero Serra

                      ESCRITOS DE FRAY JUNÍPERO SERRA 

                                            P. Riquelme Oliva (Coord.)

         
 La canonización de Fray Junípero Serra ha sido la ocasión para que la Editorial Espigas (Instituto Teológico de Murcia OFM) lleve a cabo la edición de los escritos de uno de los más importantes evangelizadores de la Iglesia en América. Mucha leyenda negra sobre la evangelización, que tiene parte de razón, ha ocultado las muchas y buenas luces que también las hubo. Y, entre ellas, la de este franciscano que fue llevado por la pasión del Evangelio sine glossa hasta las tierras americanas del norte. Su labor ha sido alabada por el papa Francisco y esto nos permite comprender también el cariz de su obra.
           El libro es un trabajo de enorme mérito por enfrentarse a una obra ardua de revisión de las cartas y otro material escrito que nos ponen ante los avatares de la tarea evangelizadora y, a veces, los sinsabores del esfuerzo. Su lectura puede ser de gran utilidad para conocer mejor una época en la que muchos han puesto más o menos de lo que realmente sucedió
               
 El papa Francisco nos sorprendió a todos cuando el día 15 de enero de 2015, durante el viaje de Sri Lanka a Filipinas, anunció que el Beato franciscano Junípero Serra seríacanonizado en el próximo mes de septiembre en Washington con motivo de su viaje a los Estados Unidos de América para la participación en la Jornada Mundial de las Familias.
               
 No es frecuente que la Iglesia anuncie una canonización de estas características sin antes haber realizado un largo y minucioso proceso de investigación y aportación de pruebas para que un determinado cristiano sea puesto ante toda la Iglesia universal como modelo. El motivo lo explicó el mismo papa Francisco durante el anuncio de la canonización: «He decidido canonizar a aquellos que hicieron una gran labor de evangelización y que recogen el espíritu evangelizador de la Evangelii Gaudium». En una celebración del papa Francisco con el Pontificio Colegio Norteamericano pronunciada el día 2 de mayo de 2015 destacaba tres rasgos fundamentales de la espiritualidad de nuestro santo franciscano: su ardor misionero que le llevó a dejarlo todo para adorarlo, para seguirlo, para encontrarlo en el rostro de los pobres, para anunciarlo a aquellos que no han conocido a Cristo, y por esto, no se sienten abrazados por su misericordia; su devoción a María bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, presente en cada una de las 21 misiones por él fundadas en la costa californiana, y que constituye en la actualidad la raíz común del continente americano; y su testimonio de santidad, fuente para descubrir la propia dignidad, consolidando cada vez más la propia pertenencia a Cristo y a su Iglesia.
             
La acción misionera no estuvo exenta de barbarie, y así «lo ha reconocido la Iglesia pidiendo perdón por la crueldad y los abusos de los líderes coloniales e incluso de algunos misioneros, pero también ha reconocido, con profundo pesar, que el proyecto colonial perturbó y, en algunos casos, destruyó formas de vida tradicionales». Pero también es cierto que «no podemos juzgar actitudes y comportamientos del siglo XVIII de acuerdo a los estándares del siglo XXI, aunque las exigencias del amor evangélico son las mismas en todas las épocas. Y es triste pero cierto que, como dijo Juan Pablo II, al llevar el Evangelio al continente americano, «no todos los miembros de la Iglesia estuvieron a la altura de sus responsabilidades cristianas».
Sin embargo, este no fue el caso con el Padre Serra. Incluso los historiadores críticos admiten que él y sus compañeros misioneros «fueron protectores y defensores de los indígenas ante la explotación colonial y la violencia». Fray Junípero conocía los escritos y la experiencia del misionero dominico, Bartolomé de Las Casas, en América Central. Al igual que de Las Casas, el P. Serra fue audaz y elocuente en la lucha contra las autoridades civiles para defender la humanidad y los derechos de los pueblos indígenas. En ese sentido, su Memorando de 1773, o Representación, al virrey colonial de la Ciudad de México es probablemente la primera «declaración de derechos», publicada en Norteamérica, donde proponía «recomendaciones prácticas detalladas para mejorar el bienestar espiritual y material de los pueblos indígenas de California». «La canonización del Padre Serra será una señal importante en esta nueva era de la globalización y del encuentro cultural». Los misioneros de esa primera generación eran creativos, y fueron los primeros aprendices de las culturas y los pueblos indígenas que servían. Ellos aprendieron sus idiomas, costumbres y creencias. Y sembraron las semillas del Evangelio para «crear una rica civilización cristiana, expresada en poemas y obras de teatro, en pinturas y esculturas, en canciones, oraciones, devociones, en la arquitectura e incluso en leyes y políticas».
                 
La obra nos permite volver sobre uno de los acontecimientos de inculturación del Evangelio que mejor pueden mostrar el camino de la verdad de una fe que se hace carne en la historia de los hombres y que se propone y expone con la propia vida. Como Fray Bartolomé de las Casas, Fray Junípero Serra fue llevado por dos amores, el amor al Evangelio y el amor a los habitantes de aquellas tierras. Esos dos amores los desgarraron. Testigo de ese desgarramiento interior son estos ESCRITOS DE FRAY JUNÍPERO SERRA.

Publicaciones Instituto Teológico de Murcia OFM, Ed. Espigas, Murcia 2015, (Serie Mayor 64), 883 pp., 17 x 24 cm.


lunes, 14 de diciembre de 2015

¡Dichosa tú que has creído!

                                                               IV ADVIENTO (C)



            Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-45.

            En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

           
1.- María, después del encuentro con Dios y aceptar ser Madre de su Hijo, siente necesidad de comunicar la alegría de haber sido elegida por el Señor, de ser madre, y de ayudar a Isabel, que necesita todos los cuidados del mundo. Se encuentran las madres del Precursor y del Mesías; del que anuncia la salvación y de quien la hace presente con su vida y obra. El amor servicial relaciona dos mundos distintos y dos personajes muy diferentes. El templo, el sacerdocio de Israel y el ámbito sagrado del templo, situado en Jerusalén, con la casa, la joven y el pueblo de Nazaret, como son la mayoría de las casas, de las gentes y de los pueblos que pululan la tierra.  El mundo de María y Zacarías son muy diferentes, como distintos el desierto donde predica Juan el fin del mundo y los pueblecitos que recorre Jesús, diciendo que el Señor viene con una actitud de amor misericordioso. Pero el amor salta acequias, allana montículos y relaciona a un sacerdote con un carpintero, a una anciana con una joven. Todos dispuestos para anunciar y para servir al Señor de la vida que está al llegar.

              
2.-  Isabel recibe a María con una expresión que sería el saludo a toda mujer afortunada: por confiar en Dios, por ser madre. Cuando María termina los cuidados de madre con Jesús, al llegar a su mayoría de edad, se convierte en la madre creyente de su hijo, como toda madre humana, que luce a sus hijos como sus obras más valiosas. Y así es como saludan y reconocen a María en el ministerio de Jesús: «Mientras él hablaba estas cosas, aconteció que una mujer de entre el gentío, levantando la voz, le dijo: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”». Pero él dijo: “Mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen” (Lc 11,27-28). «Vinieron a él su madre y sus hermanos, pero con el gentío no lograban llegar hasta él. Entonces le avisaron: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte”. Él respondió diciéndoles: “Mi madre y mis hermanos son estos: los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”» (Lc 8,19-21). Es la familia de Dios que formamos todos los cristianos.


               3. - El Señor derrama su gracia sobre cada uno de nosotros en nuestra vida, y solo necesita la apertura de nuestro corazón a su relación, que es capaz de transformarnos en personas de bien por su potencia amorosa. Pasamos de una actitud  pasiva, dejarnos hacer por Él, ―como María en la Anunciación―, a una actitud activa ―como María cuando viaja para ayudar a Isabel―. Pero Isabel nunca deja de ver en María que es obra del Señor, que es la conciencia que tiene María de sí misma. No debemos olvidar que cuando servimos, ayudamos, compartimos nuestros valores con los demás, somos hijos de Dios que los transmitimos con los mejores sentimientos, afectos y valores. Es nuestra vida centrada cuando se mueve con el motor del corazón divino.



IV Adviento (C): Dichosa tú que has creído.

                                                                  IV ADVIENTO (C)



            Lectura del santo Evangelio según San Lucas 1,39-45.

            En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: -¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

1.- Texto.-  El ángel anuncia a Zacarías que será padre de un niño. Juan es un don del Señor, como Isaac (cf Gén 18,10-14), Samuel (cf 1Sam 1) y Sansón  (cf Jue 13). La oración de petición de Zacarías al fin es escuchada por Dios. Zacarías e Isabel son un matrimonio creyente y obediente, atento a la Palabra del Señor; son justos en cuanto cumplidores de la Ley, y preceden al justo José (cf Lc 1,6).  María también recibe como un don al Salvador. Entonces, todo se llena de gozo y paz cuando el Señor regala lo más valioso que tenemos: la vida.  Goza Zacarías, Isabel, María y  las dos primas cuando se encuentran. Comienza el Evangelio del gozo y la alegría.  Es el gozo de la presencia del Señor en la historia al crear vida. Y la revela ―para el nacimiento de Juan―en un espacio sacral y majestuoso como es el templo, o ―para Jesús―en una humilde casa de una humilde familia en un humilde pueblo, Nazaret.

2.- Contexto. El centro del relato está en el encuentro de ambas madres, el salto de alegría de Juan y la expresión de Isabel: « ¡Dichosa tú que has creído!». María se ha puesto a disposición del plan salvador del Señor. Quiere decir que ha confiado en su propuesta; se ha fiado y abandonado a su voluntad, porque previamente ha sido agraciada con su relación de amor, que se expresa cuando el Espíritu la cubre con su sombra. Entonces, surge la vida de Dios en la historia humana por el encuentro de dos libertades, pero la libertad de María está iluminada por la gracia divina: es «llena de gracia». Cuando Dios ayuda se acierta en el cumplimiento de su voluntad, que en María es aceptar el ser Madre de su Hijo.

3.-  Acción. Como María cumple la voluntad del Padre, fiándose de la propuesta del Señor para ser Madre del Salvador, también nosotros cumplimos su voluntad cuando defendemos la dignidad humana de todos sus hijos, hermanos nuestros. Y cumplimos la voluntad del Padre, cuando, abiertos a su relación de amor ―es la gracia divina―, somos capaces de realizar lo que María hace con su prima Isabel: compartir la alegría de ser madres, de vivir para transmitir vida, y servir, ayudar, poner a disposición de los que necesitan todas nuestras capacidades naturales. Es lo que hace la joven María a Isabel, embarazada, llena de años y de felicidad.




domingo, 13 de diciembre de 2015

15 de diciembre

María Francisca Schervier (1819-1876)


            La beata María Francisca Schervier nace en Aquisgrán (Renania del Norte-Westfalia. Alemania) el 3 de enero de 1819, hija de Juan Enrique y Luisa Migeon. Es ahijada del emperador Francisco II. A la muerte de su madre, acaecida en 1832, se dedica a ayudar a los pobres y enseñarles el catecismo. El 3 de octubre de 1846 crea una comunidad para la asistencia a los pobres y enfermos, y en especial para las prostitutas, que se estrena con una epidemia de cólera y de viruela que asola Aquisgrán. Escribe una Regla y pone a la comunidad bajo la protección de San Francisco de Asís. De aquí viene el nombre del Instituto de Hermanas de los Pobres de San Francisco de Asís. Profesa en la vida religiosa el 12 de octubre de 1850, aunque su regla es aprobada por San Pío X en 1908. La nueva congregación se difunde rápidamente en USA; durante la guerra de 1864, 1866 y 1870, las hermanas se dedican a la asistencia sanitaria de los militares en los hospitales. Cultiva la adoración al Santísimo Sacramento y a la Virgen María. Muere el 14 de diciembre de 1876 en Aquisgrán. El papa Pablo VI la beatifica el 28 de abril de 1974.

                                               Común de Vírgenes, p. 1874

            Oración. Señor y Dios nuestro, te pedimos que la beata María Francisca, virgen, tu fiel esposa, encienda en nuestro corazón la llama de la caridad divina que ella suscitó en otras vírgenes, para gloria perpetua de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

22 de diciembre
Francisca Javiera Cabrini (1850-1917)

            Santa Francisca Javiera Cabrini nace el 15 de julio de 1850 en Santo Ángel Lodigliano (Lodo. Italia); es hija de Agustín y de Stella Oldini, familia dedicada a la agricultura. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar. Al quedar huérfana de padre y madre, entra en los institutos de las Hijas del Sagrado Corazón y de las Hermanas Canossianas, pero no puede permanecer en ellos por su debilidad física. Realizados los estudios de Magisterio, se dedica a educar a los niños huérfanos. Funda el Instituto de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús. Juan Bautista Scalabrini, obispo de Piacenza, le indica que se entregue a los emigrantes italianos. Viaja a América y se establece en Nueva York. Acoge a los huérfanos de emigrantes, construye el hospital Colombo en Nueva York, otro en Chicago y muchos hospicios por toda USA, allí donde hay emigrantes abandonados a su suerte. Abre una escuela en Buenos Aires. Muere en Chicago el 22 de diciembre de 1917. El papa Pío XII la canoniza el 7 de julio de 1946.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor y Dios nuestro, te pedimos que Santa Francisca Javier, virgen, tu fiel esposa, encienda en nuestro corazón la llama de la caridad divina que ella suscitó en otras vírgenes, para gloria perpetua de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.


De la esperanza

                                                   FUNDAMENTO DE LA ESPERANZA CRISTIANA




Pilar Sánchez Álvarez
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum


           
Según Olegario González de Cardedal, entre las muchas paradojas de la existencia humana, existen algunas evidentes como son:  
            1. Anhelar más de lo que puede conseguir, porque sus deseos son más grandes que sus verdaderas potencialidades. Anhela el Bien que no puede conseguir por sí mismo.
            2. Tiene un anhelo de libertad y de autonomía, que analizando el orden biológico y biográfico solo lo consigue  por el “otro”, cuando lo acepta o la ama; amor que no puede imponer sino aceptar y agradecer.
             3. Prepara, proyecta, anticipa el futuro, pero el Futuro le es desconocido.

            ¿Qué es lo que más necesita el hombre y a la vez se siente superado? Al introducirse en su interior, y analizar sus necesidades comprueba que necesita al Absoluto, al Amor y al Prójimo, lo que forma su mismidad.  Esa afirmación del teólogo está confirmada por estudios científicos. Entre ellos se encuentra la teoría de  la Piramide de Maslow o Jerarquía de las necesidades humanas.  Maslow expuso esta  teoría psicológica en su obra Una teoría sobre la motivación humana (en inglés, A Theory of Human Motivation) de 1943, que posteriormente amplió. Maslow formula  una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas, los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados. Entre estas necesidades se encuentran las fisiológicas (respiración, alimentación, descanso, sexo, homeostasis); necesidades de seguridad (seguridad físicas, de empleo, de recursos, moral, familiar, de salud, de propiedad privada);  necesidades de afiliación (amistad, afecto);  de reconocimiento (autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito); y de autorrealización (moralidad, creatividad, resolución de problemas, etc.).  Al analizar estas necesidades se observa que el hombre necesita de los “otros”, para satisfacer cualquier necesidad, porque es el animal más indefenso que nace. Pero al ir dando satisfacción a esas necesidades básicas, necesita el amor del prójimo y a la vez necesita de Alguien o Algo que satisfaga las necesidades de trascendencia que tiene.
           
El hombre no se conoce a sí mismo hasta que otro le lleva a alturas que el mismo no ha sospechado. Al entrar el hombre en sí mismo se reconoce finito, aunque espera que esto no sea así, en ese interior  anhela la infinitud. Una paradoja importante y una cuestión presente en el hombre desde el principio de los tiempos como lo demuestran los múltiples restos arqueológicos encontrados.  Un ejemplo de esta afirmación son  los ajuares encontrados en las tumbas egipcias, o la moneda en la boca para pagar el viaje de ultratumba.
            Pero la esperanza ha entrado en crisis en la modernidad.  Nietzsche al dar muerte a Dios, al constituir el superhombre, lo que estaba negando es al prójimo, y sin  él no hay esperanza porque  donde no hay prójimo absoluto no hay esperanza contra la muerte.
            La pregunta por la esperanza es la pregunta por el Otro. Y esta esperanza debe transformar la vida, la de aquí y ahora, la que quiere superar la pobreza, la injusticia,  el sin sentido, el pecado; pero   a la vez debe  trascender a  la muerte, porque no se agota en este mundo. Y no es individual, como muchas filosofías la han comprendido, sino que es una esperanza desde el prójimo y desde Dios que se ha hecho hombre.
En el cristianismo, mientras que un hombre vivo ore por otro, vivo o muerto, sigue abierto el destino de todos. De esta forma, esperanza, oración y solidaridad van unidas.
           
La esperanza cristiana tiene su fundamento  en Cristo, que esperó por todos, porque si el amor todo lo espera,  y si Cristo nos amó hasta el final, Cristo esperó por todos. Por este motivo en el cristianismo, el fundamento de esta esperanza que vence a la muerte como El la venció, es Cristo.
            Cuando el hombre  ve pasar el tiempo siente desconsuelo al percibir la finitud, siente nostalgia, y para buscar consuelo debe dirigir su mirada más allá de la temporalidad. Y cuando el hombre en libertad, renuncia a la posesión, y se afinca en lo Eterno, en Dios, participa en el señorío del tiempo, porque el porvenir se gesta en el presente.
            Y en ese presente,  en la inmediatez, se presenta como mediación  Dios,  porque en la humanidad mediadora del Verbo encarnado encontramos a Dios. Don Olegario entiende el tiempo como tiempo de libertad, de soledad y de esperanza: “Libertad, ya conseguida teóricamente, afirmada vitalmente, amenazada siempre. Soledad padecida, temida y rehuida. Esperanza necesitada, descuidad y vulnerada” (Raíz de la esperanza, 31).
            Olegario González de Cardedal afirma la necesidad del hombre que, al romper con su origen, necesita arraigarse en algo para crear su ambiente de libertad. Al dominar la naturaleza ya solo la considera solo materia y por tanto,  no le sirve  de albergue. Así mismo en su relación como individuo con la sociedad,  ha perdido el sentido grupal de familia para alcanzar plena independencia, lo que le lleva al anonimato, porque no existe para otros,  perdiendo su propia identidad y cayendo en la incomunicación, siendo la comunicación  condición necesaria para la libertad y para el amor. Esa incomunicación lleva a la soledad, principal mal de la sociedad actual.
            Al plantearnos la soledad se pueden hablar de clases de soledad: cuando es mero silencio e incomunicación total que lleva a un anticipo de la muerte; cuando uno se aísla y pone distancia a las cosas para  descubrirse a sí mismo, a los demás y a Dios.
            ¿El hombre en su entraña es soledad? No es así porque es comunicación, necesita compañía. Olegario  González de Cardedal se hace las siguientes preguntas:
• ¿Estamos desde el origen solos en el ser?
• ¿Seguimos solos en medio del mundo?
• ¿Nos quedaremos definitivamente solos al fin de la historia?

           
A estas preguntas responde el teólogo: El cristiano responde a la pregunta por la soledad del hombre en el origen desde la Trinidad: al principio no eran la indigencia, la soledad, el silencio o la incomunicación sino la Palabra y el Espíritu del Padre. El hombre surge de esa comunión para compartirla en plenitud. A la pregunta por la soledad en el trayecto, responde desde la común encarnación: Dios no ha arrojado los seres a la existencia con desinterés o por despecho para dejarlos sumidos en su desamparo, sino que los ha acompañado tomando naturaleza de hombre y viviendo destino de hombre. Y a la pregunta por la soledad al final de la historia, responde desde la resurrección: Dios no dejó a su Hijo Jesús ni dejará a ninguno de sus hijos conocer la corrupción definitiva del sepulcro.
 De esta forma la esperanza tiene :
1. como sujeto al hombre
2. como fundamento a Cristo
3. como contenido a todos los demás hermanos

            Por ser redimidos por Cristo de la muerte ya no está el hombre solo ni desesperado sino destinados a servir al prójimo  y a sentir la alegría propia de los redimidos. 
                                               ¿Qué significa Dios de la esperanza?
            Olegario González de Cardedal afirma que existen cuatro lecturas posibles siendo algunas no religiosas y otras religiosas:
1. Dios es aquello a lo que tiende la esperanza. Dios es la meta
2. Se absolutiza la Esperanza y se nombra como Dios. Se ha repetido “El amor es Dios, la esperanza es Dios” pero la revelación nos dice que Dios es Amor, pero el amor no es Dios. Dios es amor y esperanza.
3. Dios es el que suscita y sostiene en nosotros  la esperanza
4. El amor de Dios, acreditado en Jesucristo y otorgado por su Espíritu, es la raíz de la esperanza del hombre. Se conoce como esperanza teologal porque tiene como origen, fundamento y contenido a Dios.

                                   ¿En qué se apoya la esperanza cristiana?
El teólogo sostiene: La esperanza cristiana por consiguiente se apoya en dos quicios: las promesas de Dios hechas por los profetas y acreditadas definitivamente por la resurrección de Cristo y por lo que la iglesia ha seguido tras ella a lo largo de la historia; y la anticipación del don definitivo de Dios o vida eterna por la acción del Espíritu santo, enviado a la comunidad y en ella dado a cada creyente, haciendo gustar ya la realidad teológica y soteriológica del presente (41).
De esta forma ese futuro se convierte en meta del presente. De esta esperanza teologal nace como de una fuente todas las esperanzas históricas de las necesidades de este mundo.  Pero esta esperanza se puede devaluar si da lugar a que se soslayen las responsabilidades morales que tenemos para la realidad concreta.



lunes, 7 de diciembre de 2015

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego

                                                               III ADVIENTO (C)


            Lectura del santo Evangelio según San Lucas 3,10-18.
            En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: -¿Entonces, qué hacemos? Él contestó: - El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. Vinieron también a bautizarse unos publicanos; y le preguntaron: -Maestro, ¿qué hacemos nosotros? El les contestó: -No exijáis más de lo establecido.
            Unos militares le preguntaron: -¿Qué hacemos nosotros? El les contestó: -No hagáis extorsión a nadie, ni os aprovechéis con denuncias, sino contentaos con la paga.
            El pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: -Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará con Espíritu Santo y fuego: tiene en la mano la horca para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.
            Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba la Buena Noticia.


             1.  -  Juan anuncia la intervención última de Dios, que se lleva a cabo por medio de un enviado suyo, por un mediador, como casi siempre ha ocurrido en la historia de la salvación. La imagen de que no tiene derecho a desatarle las correas de las sandalias al mediador del Señor puede significar el contrato de cambio y símbolo del derecho que da el poner los pies en una nueva tierra. En este caso, la antigua alianza, la que ha tenido al Señor y a Israel desposados, queda anulada, y Juan abre un nuevo camino, por mucho tiempo anunciado, en el que se encontrarán definitivamente Dios y el hombre por medio de la presencia de alguien que ha tomado las sandalias para desposar a un nuevo pueblo con el que realmente se dé la fidelidad y amor mutuo, y que antes no se dio entre el Señor e Israel por la infidelidad de este. En esta alianza se acentuará el perdón de los pecados por voluntad divina (cf. Ez 36,25), la retribución personal por la responsabilidad individual de los actos (cf. Ez 14,12), la exclusión de una religiosidad externa, acentuando una relación con Dios por la hondura del corazón, sin descuidar la fidelidad a la ley y una presencia de Dios que se palpará en la buenas cosechas y en la paz de Israel.



               2.- La predicación de Juan Bautista entraña dos dimensiones, que la comunidad cristiana debe atender como camino para participar en la Eucaristía, núcleo central de la celebración de la fe. Las relaciones con los demás tienen que cumplir una justicia básica: no extorsionar a los demás; contentarse con lo que está estipulado por la sociedad y no querer vivir por encima de las propias posibilidades, porque ello lleva consigo el robo y el perjuicio al prójimo. La otra dimensión no debe olvidarla la Iglesia: anunciar a Jesucristo como se presentó en Galilea y murió en Jerusalén, y proclamar que vendrá para implantar la justicia, una justicia que es nuestra salvación definitiva, lo que entraña la misericordia infinita del Señor para todos y cada uno de nosotros.

              
3.- Muchas veces nos cansamos de ser justos; de cumplir con nuestras obligaciones, bien porque no recibimos nada a cambio, bien porque es inútil ante tanta sinvergonzonería que nos rodea por doquier. Parece que cada vez hay más pillos, y menos gente honrada. Y no es así. Sin darnos cuenta, el misterio del bien va calando en las conciencias y en las actitudes personales de mucha gente. Lo importante es que en el seno de las familias y en la educación social se enseñe y se adopten principios y medidas, válidas para todos, para que podamos convivir con el respeto que merece nuestra dignidad humana. Y esto va desde cuidar nuestra casa común, como es nuestra casa y nuestra ciudad, hasta respetar las ideologías y creencias de todos. Debemos de ser capaces de convivir en paz, porque estamos de acuerdo en los principios básicos de la vida: comida, agua, educación y sanidad, para acceder después a una justicia y libertad verdaderas. Sería el reto humanista actual.