lunes, 15 de febrero de 2016

Libros: El pecado original

             El pecado original. Fe cristiana, mito y metafísica
     
                 Jean-Michel Maldamé



Bernardo Pérez Andreo
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum


La cuestión del pecado original es la más espinosa que aún hoy tenemos en la teología, especialmente la católica. Los datos científicos parecen contradecir uno de los dogmas troncales de nuestra fe. Cuando la ciencia nos enseña que no hay ningún momento en el proceso de hominización que podamos mostrar como paradisíaco, un estado desde el que el hombre pudo ‘caer’, el dogma del pecado original parece perder consistencia a ojos del hombre moderno. Es, probablemente, la cuestión peor entendida por la mentalidad científica, quizás porque durante mucho tiempo nos empeñamos en que el tema del pecado original tenía que ver con la historia de la humanidad y con los datos constatables. Bien sabemos que no es así y que muchas de las críticas que se hacen a la Iglesia por este asunto son infundadas. Pero, es necesario demostrarlo y, de paso, mostrar que el creer común de muchos cristianos también está equivocado, probablemente por cierta insistencia en lo histórico por parte del magisterio en algunas ocasiones.
Este trabajo de Maldamé viene a colmar el vacío que existe entre la ciencia y el dogma, mostrando la realidad que hay detrás de un dogma mal entendido y, a veces, peor expuesto ante el pueblo. La intención de toda la obra no es otra que explicar para el mundo actual el valor de este dogma, sus límites y su virtualidad para explicar uno de los mayores problemas del hombre en cualquier tiempo: explicar el origen del mal. Porque se trata de eso cuando hablamos del pecado original, del origen del mal. Para llevar a cabo su tarea, Maldamé divide la obra en tres partes, que a su vez se compone de quince capítulos y una conclusión. En la primera parte aborda los Fundamentos de la doctrina del pecado original, por eso va al origen de la temática: San Agustín. Sí, fue la genialidad del de Hipona la que inventó lo del pecado original. En la Biblia no se encuentra y antes de él ninguno de los Santos Padres, menos en Oriente donde hasta el día de hoy no saben nada del asunto, lo cita como tal. En el Génesis y en San Pablo tenemos tematizado el pecado de Adán y el pecado del mundo, pero no el pecado original.
Para Agustín, que venía del dualismo maniqueo que afirma la existencia de un principio para explicar el origen del mal, existe un pecado que es fruto de la libertad de Adán, pero que se extiende por propagación a toda la raza humana. Es decir, es hereditario. Esto, en sí mismo, es causa de muchos problemas porque Dios estaría castigando en los hijos el pecado del padre y eso no parece que se relacione bien con la justicia. Pero, Agustín entiende que el hombre obra el mal que no quiere porque éste forma parte de su naturaleza tras la caída de Adán. De ahí que sea necesario bautizar a los niños recién nacidos para remediar este pecado original, restaurando la naturaleza caída. Se tiene constancia de bautismo de niños en el siglo II y III, pero para incorporarlos cuanto antes a la comunión de los santos, no para restaurar la naturaleza dañada. La perspectiva de Agustín pasó a la Iglesia de Occidente como una posición bien definida tras la crisis pelagiana y la dogmatización de la postura agustiniana. Pelagio defendía que el pecado es un acto de la libertad y que la libertad es real, de ahí que todo hombre nazca en el mismo estado de inocencia y de integridad que Adán. Ante esto, Agustín extrema su posición: la naturaleza humana está pervertida por el pecado de Adán, un pecado que se transmite por la procreación, por el desorden de los sentidos que produce el acto sexual. Las posiciones se tensan entre los seguidores de Pelagio y Agustín. Mientras para aquellos el uso de la concupiscencia natural en su medida es usar bien de un bien, para Agustín, ese uso es, como mucho, un buen uso de un mal. He aquí el quicio de la cuestión del pecado original a lo largo de la historia: que la Iglesia lo ha explicado, y así se ha extendido, como una perversión inherente a la naturaleza humana que se transmite por vía sexual. La identificación entre sexo y pecado, de origen gnóstico, es la clave para la mala comprensión de este dogma.
Aquí viene la segunda parte del trabajo: Pecado original, Pecado de Adán, Pecado del mundo. En este parte se abordan las fuentes bíblicas para entender el problema y la elaboración dogmática del mismo. Tras el análisis de los textos clásicos de la Biblia, desde Génesis hasta Pablo, se llega a la conclusión de que el término ‘pecado’ hay que entenderlo como  un rechazo deliberado de la propuesta de alianza hecha por Dios. Dos nociones hay en el texto bíblico. La primera es el pecado de Adán, pecado que abarca a toda la humanidad por ser un personaje metahistórico, no prehistórico, como lo han mostrado erróneamente en tantas ocasiones. En Adán está recapitulada toda la humanidad, como luego lo estará en Cristo. En Adán pecamos todos, en Cristo todos hemos sido salvados. La universalidad del pecado está en función de la universalidad de la gracia. Por su parte, el pecado del mundo expresa que todos los seres humanos somos solidarios en el pecado, pero también en la salvación. Cada niño que viene a este mundo está marcado por el pecado del mundo del que él no es culpable, pero del que no puede zafarse, queda marcado por él. El pecado en la Biblia, por tanto, tiene una dimensión universal y otra colectiva, pero también es fruto de la decisión libre que rechaza la gracia de Dios, y aquí es donde entra el sentido verdadero del pecado original como es explicado por los concilios, no la parodia en la que se convirtió con el uso popular y hoy con la cultura moderna.
La tercera parte, El origen del mal, se encarga de hacer una revisión sistemática del tema en relación con el mundo moderno y la ciencia. Para entender el pecado original hay que situarlo donde lo puso Agustín. Él necesitaba explicar el origen del mal. No quería cargarlo en el debe de Dios, tampoco volver a las posiciones maniqueas de un principio exclusivo del mal. De ahí que la única opción es atribuirlo a la libertad humana. El mal entra en el mundo por el pecado del hombre que es el mal uso de su libertad. Si Agustín y la dogmática posterior se hubieran quedado aquí todo habría ido mejor, porque ese es el resultado de la Escritura con los términos estudiados de pecado de Adán y pecado del mundo. Pero, al explicar la postura, sobre todo en la crisis pelagiana, salieron posiciones que no tienen que ver con el problema central. Marcado Agustín por el pensamiento ‘científico’ de su época, sólo podía explicar cómo se propaga el pecado mediante el recurso a un padre original caído y la propagación sexual del pecado. En esto último, Agustín está preso de su propia experiencia con el sexo, una experiencia nada positiva según él mismo cuenta y que marcó la dogmática cristiana de los siglos venideros.
Queda la opción de entender el pecado original en el sentido de Santo Tomás, como pecado original originante y pecado original originado, para darle la vuelta a esta concepción. Pero, no es más que atascarse en el mismo problema una y otra vez. La verdadera solución es la que adopta Maldamé: situar el pecado original en el contexto de la salvación y de la gracia. La teología no tiene intención de buscar lo que sucedió con el primer homo sapiens, su intención es estudiar la relación del hombre con Dios. De ahí que la expresión ‘pecado original’ no sea un preámbulo de la doctrina de la salvación y de la gracia, sino un corolario a la plena revelación de la salvación realizada por Cristo. La vida que pasa de generación en generación está marcada por el mal y todo niño lo hereda; pero no es culpable, aunque está marcado por la herencia del pecado, que nada tiene que ver con la esencia del humano, sino con la acción llevada a cabo por los hombre a lo largo de su historia en el mundo. Por eso, más importante que el pecado es el perdón, por encima del pecado está la gracia, la salvación es el proyecto divino, no remediar un mal en el mundo.

Ed. San Esteban, Salamanca 2014, 15 x 21 cm.


El Tabor

                       II DOMINGO DE CUARESMA (C)


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9,28b-36.

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros se caían de sueño, y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
-Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

1.-  Dios revela a Pedro, Santiago y Juan (y en ellos a los bautizados en Cristo) que la persona de Jesús, su Hijo amado,  es la nueva ley, es el profeta por el que nos habla definitivamente sobre nuestra salvación (cf. Heb 1,3). El Señor se reveló en el Sinaí a Moisés y le dio las tablas de la Ley para que Israel pudiera convivir. Elías es el símbolo del profetismo. Pues bien, Moisés y Elías son sustituidos por Jesús, la Palabra que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14), y que con su vida y doctrina nos comunica la buena nueva de la salvación. La voz llama a su seguimiento: "¡Escuchadle!". Dios ratifica las palabras y la vida de Jesús. Por consiguiente, Dios se deja ver y se escucha en la historia de Jesús, en su doctrina expresada en las parábolas y frases, y en sus hechos, en los milagros que muestran que Dios impulsa la vida curando y devolviendo la libertad a los poseídos por el diablo. Nuestra vida se abre a un mundo nuevo.

2.- El Tabor revela a Dios en su gloria; su cercanía transfigura y emociona. Y tan es así, que los discípulos quieren sujetar ese momento para siempre: «Hagamos tres tiendas…..», porque Dios está al alcance de la mano.  Pero estas experiencias no son permanentes en nuestra historia, transida por el bien y el mal. La tierra ni es el cielo ni es el infierno. Es una mezcla de ambos. Lo importante de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor es lo que nos comunica el Señor: por más que suframos, por más que tengamos problemas y sinsabores, la vida termina en Él; la vida concluye en la transformación final que solo Dios da a los que le son fieles y le corresponden en el amor. Para ello, hay que escuchar a Jesús, y, después de escucharlo, adentrarnos en él y ver la realidad con sus ojos, para decir con San Pablo: «No soy yo, es Cristo que vive en mí» (Gál 2,20).

3.-  Cuando el Señor nos llama a salir de sí mismo, o mejor, que Jesús se adentre en nuestra existencia, solo es posible cuando lo hacemos en la familia, en la comunidad cristiana, en las fraternidades que pululan en la Iglesia. No es posible que solos afrontemos la historia repleta de tentaciones continuas, de violencias sin cuento, o de fantasías irreales. Jesús devolvió a la realidad a Pedro, a Santiago y a Juan. Y, además de Jesús, quien nos indica la verdad de la existencia es la comunidad familiar y la comunidad cristiana. Son los otros los que nos señalan el objetivo de nuestra vida, la meta que debemos alcanzar, y, de una forma paulatina, la vamos haciendo nuestra. La ventaja es que no corremos solos; que vamos en grupo por la historia, apoyándonos mutuamente en las cruces y comunicando el gozo del Señor cuando los sentimos en nuestro corazón.



La transfiguración

                       II DOMINGO DE CUARESMA (C)


Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9,28b-36.
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Juan y a Santiago a lo alto de una montaña, para orar. Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.
            Pedro y sus compañeros se caían de sueño, y espabilándose vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:
-Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el escogido; escuchadlo. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.


1.- Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina. Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, le dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir. Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, Santiago y Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó con Juan Bautista (cf. Mt 11,7), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.

2.- Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre le reveló en el Bautismo. Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio, y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina y humana de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.

3.- La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección. Es la vía que ha recorrido Jesús.  Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos de que, al final, está la resurrección; que al final solo quedará lo que hayamos amado; es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para solapar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fiel, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.




domingo, 14 de febrero de 2016

Santos y Beatos:16 al 22 febrero

            16 de febrero
   Felipa Mareri (1236)

La beata Felipa Mareri, de la Orden de Santa Clara, nace hacia finales del siglo XII en Borgo San Pietro (Rieti. Italia). San Francisco se hospeda en casa de su familia cuando visita el Valle de Rieti. Se retira a un eremitorio con su hermana y algunas amigas. En la actualidad se conoce el eremitorio como «Gruta de Santa Felipa». Poco más tarde, sus hermanos Tomás y Gentil le dan en el año 1228 el castillo de San Pietro de Molito. San Francisco manda a Rogelio de Todi para que las cuide espiritualmente. Cumple su misión hasta la muerte de la beata. Como sucede en el Monasterio de San Damián con Santa Clara, pronto se convierte San Pietro en una escuela de espiritualidad clariana dirigida por la beata Felipa, en la que se alterna la vida de trabajo, asistencia a los pobres con la elaboración de medicinas para los enfermos sin recursos, y una vida de pobreza, austeridad y penitencia fraterna unida a la contemplación, la devoción a María y a la Eucaristía. La comunidad influye en la renovación de la vida cristiana en todo el Valle de Rieti. Muere el 16 de febrero de 1236. Inocencio IV, en una bula de 1247, da a Felipa el título de «santa». Pío VII confirma su culto y aprueba la misa y oficio en su honor el 30 de abril de 1806.


Común de una Virgen

Oración. Infunde, Señor, en nuestros corazones el mismo espíritu con que enriqueciste a la beata Felipa Mareri, para que lleguemos a un conocimiento profundo del misterio incomparable del amor de Cristo y alcancemos nuestra plenitud según la plenitud total de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.


           17 de febrero
Lucas Belludi (1286)

El beato Lucas Belludi nace en Padua (Véneto. Italia) hacia el año 1200. Con toda probabilidad estudia en la Universidad de Padua. En 1220 escucha a San Francisco que, a su regreso de Oriente, desembarca en Venecia, y después de cumplir el tiempo prescrito para evitar la propagación de las pestes, de camino a Asís, pasa por Padua. En Arcella, junto a Padua, funda un monasterio de clarisas, y en él admite a la beata Elena Enselmini. En la fraternidad que atiende a las hermanas, recibe Lucas el hábito de manos de San Francisco. Cuando San Antonio de Padua predica por los pueblos del norte de Italia y sur de Francia y es elegido Provincial en 1227, Lucas Belludi es su compañero y colaborador hasta su muerte en Padua. Es Ministro Provincial varias veces. Es editor de los «Sermones de San Antonio», promotor de la Basílica edificada en su honor; junto a ella, construye el convento de los franciscanos. Escribe una colección de «Sermones», que se conservan inéditos en la Biblioteca Antoniana de Padua. Muere en Arcella (Padua) el 17 de febrero de 1286. Es beatificado por Pío XI el 18 de mayo de 1927.
Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el beato Lucas Belludi anunciara a tu pueblo la riqueza insondable que es Cristo; concédenos, por su intercesión, crecer en el conocimiento de tu misterio y vivir siempre según el Evangelio, dando fruto abundante de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

              19 de febrero
Conrado de Piacenza (1290?—1351)

San Conrado Confalonieri, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Piacenza (Milán. Italia). Contrae matrimonio con Eufrosina de Lodi. En una cacería quema un matorral para obligar a salir a las piezas. Esto provoca un incendio que destruye casas y cosechas. Ante el temor de un enfrentamiento entre güelfos y gibelinos, se acusa a un hombre, pero, cuando éste iba a ser ejecutado, Conrado se declara culpable, y con sus bienes y los de su esposa paga a los damnificados. Arruinados deciden consagrarse al Señor. Eufrosina ingresa en el monasterio de Clarisas de Piacenza y Conrado prefiere vivir como ermitaño dedicado a la penitencia y oración. En 1315 recibe el hábito de la OFS en Calendasco. Viaja a Roma, Malta, Sicilia, etc. En Noto Antica, al sur de Siracusa, cuida de los enfermos del Hospital de San Martín. Más tarde se retira a la Gruta de los Pizzoni, sita a unos 5 km. de Noto, donde conoce al beato Guillermo Buccheri de Scicli, también ermitaño franciscano seglar. Y aquí permanece consagrado a la oración y a la asistencia a los enfermos y pobres hasta su muerte, acaecida el 19 de febrero de 1351. Fue enterrado en la iglesia de San Nicolás de Noto. Aprueban su culto los papas León X, Pablo III y Urbano VIII. Este último lo canoniza el 12 de septiembre de 1625 y concede a la Orden Franciscana celebrar su misa y oficio.

Común de Santos Varones

Oración. Oh Señor, justo y bueno, que llamaste a San Conrado a una vida de penitencia y servicio a los pobres, te pedimos, por su intercesión, trabajar por la justicia en el mundo y servir a los demás con entrega generosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

           20 de febrero
 Pedro de Treia (1225-1304)

El beato Pedro de Treia, que es el nombre actual del antiguo Monticello (Las Marcas. Italia), pertenece a una generación de franciscanos que, siguiendo el carisma de nuestro Padre, alternan la vida contemplativa con la evangelización. Pedro de Treia pasa grandes temporadas en el monte Alvernia. Continúa la experiencia mística de San Francisco, llevando una existencia de penitencia. Pertenece a la corriente de los espirituales franciscanos que defienden la forma de vida del Poverello según el rigor fraterno primitivo. Junto a la vida contemplativa, evangeliza toda la región de las Marcas según la tradicional predicación penitencial franciscana. Mantiene una especial relación con Conrado de Offida, según las Florecillas (c.42). Muere el 19 de febrero de 1304 en el convento de Sirolo. Aprueba su culto el papa Pío VI el 11 de setiembre de 1793.

Común de Santos Varones


Oración. Señor, tú que llamaste al seguimiento de San Francisco al beato Pedro de Treia, para que te sirviera con una vida de oración y penitencia, concédenos por su intercesión que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.

            22 de febrero
 Cátedra del Apóstol San Pedro

La fiesta de la Cátedra de San Pedro viene del siglo IV. Se celebraba en Roma, y el objetivo es dar gracias a Dios por la misión encomendada a San Pedro y a sus sucesores. Cátedra es la sede fija del obispo, símbolo de la autoridad de su magisterio, de la enseñanza evangélica y de que es sucesor de los Apóstoles. Las sedes de Pedro son Jerusalén, Antioquía y Roma.

Común de Apóstoles

Oración. Señor Dios, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.


Misericordia. Carta a un Ministro: II-1

            MISERICORDIA
            CARTA A UN MINISTRO DE SAN FRANCISCO


                                                   II-1

           
2.- «Y ama a aquellos que te hacen esto. Y no quieras otra cosa de ellos, sino lo que el Señor te diere. Y ámalos en esto; y no quieras que sean mejores cristianos. Y ten esto por más que un eremitorio».

            2.1.-  Actitud de amor

           
Situado el Ministro en la perspectiva de la relación de amor de Dios, entonces su relación con los hermanos, sean cuales fueren, es la del amor. Pero Francisco afirma no sólo el hecho de amar, sino la actitud, que también debe reflejar la actitud de Dios. Esto va a ser el paso previo a la misericordia.
            El amor al prójimo, el amor a todos los hombres, que impulsa el amor recibido del Señor, tiene una doble dimensión y un horizonte inabarcable. La doble dimensión ―el bien objetivo y la actitud subjetiva― la ofrece la parábola del Buen Samaritano[1]. La estudiaremos con más amplitud después[2]. Basta ahora acentuar que la enseñanza de Jesús sobre el amor al prójimo está en el hecho objetivo de ayudar y en la actitud interna por la que el samaritano se aproxima al herido que está abandonado en el camino. Y que es el servicio al Señor en el templo lo que impide que el sacerdote y el levita tengan compasión del judío malherido.
En este sentido Jesús avanza abriendo el horizonte del amor. Es la última antítesis de Mateo: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Si amáis solo a los que os aman, ¿qué premio merecéis? También lo hacen los recaudadores. Si amáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? También lo hacen los paganos. Sed, pues, perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto»[3].
Jesús cita el texto reseñado del Levítico en el que se manda el amor y la defensa de aquellos que pertenecen al pueblo de Israel. Es, pues, un amor práctico, que no teórico. Esta exigencia tiene en cuenta otro pilar de la religiosidad del pueblo elegido, y que Mateo refiere al final del párrafo: «El Señor habló a Moisés: Di a toda la comunidad de los israelitas: Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo»[4]. El punto de partida es el amor de Dios a su criatura, la ilimitada ternura o la libre cercanía del amor de Dios a toda persona. Esto provoca la profunda alegría y el gozo interior de los que descubren y aceptan este nuevo movimiento divino[5] que les obliga a vivir el amor con todos los hombres en el contexto de la presencia del Reino. Entonces, el campo de las relaciones humanas se queda sin fronteras, al no levantar Dios muro alguno para establecer contacto con los vivientes. Por su paternidad universal fundamenta una dignidad común y un común reconocimiento entre todos.          Ahora podemos entender la frase de Francisco: «No pretendas que sean mejores cristianos», para recibir el Ministro el amor por el amor ofrecido en forma de compasión. Afirma exactamente lo del amor a los enemigos cuando Jesús radicaliza, de manera absoluta, el amor como obras y acciones concretas que determinan la conducta permanente de cualquier seguidor suyo ante el que le descalifica y le hace un daño real. Presupone la afirmación de Lucas: los que os odian, los que os maldicen, los que os injurian;  lo que lleva consigo ser bien vistos por Dios: «Bienaventurados los perseguidos...». Y son del agrado divino porque reproducen el amor paterno de Dios a todas sus criaturas[6].



[1] Lc 10,29-37; cf. Jn 4,48; Lc 9,53.
[2] Cf. infra, III. 2.1.3. 2º.b.
[3] Mt 5,43-48; Lc 6,27-28.35; cf. Lv 19,18.
[4] Lv 19,2.
[5] Jesús recomienda la oración por los enemigos, cf. Mc 10,9-10; Mt 10,17-18. La razón no es la participación de una misma naturaleza, o defender la armonía del cosmos como espejo de la bondad de Dios al estilo griego, o el texto del Salmo (145,9): «El Señor es bueno con todos». Cf. Mt 20,1-16; Lc 6,35; Mt 5,45.
[6]  Textos citados: Lc 6,17; Mt 5,9-11

Encíclica: Alabado seas Señor

LAUDATO SI SOBRE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN.
LOS PUNTOS CLAVE DE UNA VALIENTE ENCICLICA MEDIOAMBIENTAL



Francisco López Bermúdez
Facultad de Letras
Universidad de Murcia


Alabado seas, mi Señor, cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre amorosa  que nos acoge entre sus brazos  y clama  por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable.
La Encíclica contiene una prolongada reflexión, gozosa y dramática a la vez, y abre un valiente y  lúcido  debate sobre los peligros del cambio climático global,  la crisis ecológica  y otras importantes cuestiones sobre el medio ambiente. El Papa hace una enérgica llamada  a los líderes mundiales y a los negociadores en la  Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático (COP21, Paris 30 noviembre-11 Diciembre) para que lleguen a un acuerdo sobre el clima que sea justo, legalmente  vinculante, sobre todo a los grandes países contaminantes que bloquean medidas y frenan los acuerdos necesarios para salvar nuestro planeta. Acuerdo que sea motor de un verdadero cambio económico y social mediante decisiones políticas  a favor del medioambiente, y bajo principios éticos de lucha contra la creciente degradación de la Tierra, nuestro hogar común. Este llamamiento nace de la clara conciencia  y  necesidad de que se adopten políticas mundiales efectivas y a largo plazo que lleven  a un cambio de mentalidad bajo  el imperativo de actuar ahora, con el fin  de  evitar una catástrofe ecológica  por el impacto del calentamiento global y  cambio climático.
El Papa Francisco en esta Carta Encíclica traza robustas líneas de orientación y acción, y postula un alianza entre la humanidad y el medio ambiente. Con este documento  el Papa trata de sacudir las conciencias de todos  dando  un gran paso,  porque vincula la ecología con lo social ya que el calentamiento global y el deterioro de nuetro planeta está  afectando a los desposeídos, a los hambrientos, a los más débiles  y pobres del mundo, ahondando la desigualdad, las migraciones y la pobreza. Con esta Encíclica el Papa toma una inequívoca y valiente  posición ante el tema del daño que una importante  parte de los gobiernos del mundo y de los humanos provocan  a causa del uso depredador, abusivo e irresponsable de los recursos naturales  y bienes  que el Creador  ha puesto en la Tierra. El Papa Francisco traza un camino para alcanzar la conversión ecológica y el cuidado de la casa común: la madre Tierra.
A modo de síntesis, los principales  aspectos  que el Papa Francisco expone  en su encíclica medioambiental son:
1- El Papa pide "cambios profundos" en los estilos de vida, los modelos de producción y consumo y las estructuras de poder;
2. Critica "el rechazo de los poderosos" y "la falta de interés de los demás" por el medio ambiente;
3. Afirma que la Tierra “parece convertirse cada vez más en un inmenso estercolero”; .
4. El Papa llama a "limitar al máximo el uso de recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar".
5. Se refiere a "una general indiferencia" ante el "trágico" aumento de migrantes "huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental";
6. Critica la privatización del agua, un derecho "humano básico, fundamental y universal" que "determina la supervivencia de las personas";
7. Asegura que "los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre" y habla de "una verdadera deuda ecológica" entre el Norte y el Sur";
8. Se refiere al "fracaso" de las cumbres mundiales sobre medio ambiente, en las que "el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común";
9. Apunta al "poder conectado con las finanzas" como el responsable de no prevenir y resolver las causas que originan nuevos conflictos;
10. El Papa cree necesario "recuperar los valores y los grandes fines arrasados por un desenfreno megalómano";
11. "Cuando no se reconoce (...) el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza;.
12. Para el Papa, "es una prioridad el acceso al trabajo por parte de todos";
13. Entiende que "a veces puede ser necesario poner límites a quienes tienen mayores recursos y poder financiero";
14. Pide que las comunidades aborígenes se conviertan "en los principales interlocutores" del diálogo sobre medio ambiente;
15. Critica la "lentitud" de la política y las empresas, que sitúa "lejos de estar a la altura de los desafíos mundiales";
16. El Papa cree que la "salvación de los bancos a toda costa (...) solo podrá generar nuevas crisis";
17. Critica que la crisis financiera de 2007-2008 no haya creado una nueva regulación que "llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo el mundo";
18. Asegura que las empresas "se desesperan por el rédito económico" y los políticos "por conservar o acrecentar el poder" y no por preservar el medio ambiente y cuidar a los más débiles:
19. Cree que la solución requiere "educación en la responsabilidad ambiental, en la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis";
20. Los responsables del cambio climático tienen la obligación de ayudar a los más vulnerables en la adaptación y la gestión de las pérdidas y daños y de compartir la tecnología y los conocimientos necesarios;
21. El diálogo, método y camino para la conversión ecológica, al que se confía el compromiso de buscar medios, fondos financieros y caminos comunes para liberar a la familia humana de la angustia imperiosa que nace de la pobreza, el hambre, la degradación ambiental;
22. Finalmente, el Papa anima a los cristianos a "ser protectores de la obra de Dios" porque "es parte esencial de una existencia virtuosa".