lunes, 2 de noviembre de 2015

Domingo XXXII (B): Echó lo que tenía para vivir

DOMINGO XXXII (B)



            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12,38-44.

            En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: -¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
            Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

           
1.- Texto. Jesús se muestra muy crítico con los estudiosos de la Ley por su pretensión de poder y prestigio. Utilizan la Palabra del Señor para encaramarse por encima de los derechos de los colectivos más débiles. Y sentencia que no quedarán impunes por su actitud y actividad hipócrita. Marcos enlaza la primera parte del texto ―devoran los bienes de las viudas y rezan con ostentación― con la segunda. La escena presenta ahora, no a los hombres sabios, ricos y engreídos, sino a una mujer viuda y pobre. En la sala del tesoro del atrio de las mujeres echa un lepton, un cuadrante en moneda romana, un céntimo de euro en nuestra moneda; y es todo lo que tiene; es decir, se entrega a sí misma al Señor, como otras viudas famosas del AT: Tamar (cf. Gén 38,10), la de Sarepta (cf. 1Re 17,9-10;) y la viuda Judit (cf. Jdt 9). Es la otra cara de la moneda de los representantes de la vida religiosa del pueblo.

           
2.- Mensaje. Recordamos una sentencia de Jesús: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8,35par). La actitud de los estudiosos de la Ley muestra que su vida está asentada en los honores, la ambición, el poder y el dinero. Lo que recuerda el rico que acumula una gran cosecha para darse una vida segura y placentera, sin calcular que va a ser el más rico del cementerio (cf. Mt 6,19). La actitud de una persona fundada en la Providencia divina es mucho más segura y perdurable; es la que expresa la viuda, cuyo capital no va a servir para mantener las paredes y los oficios del templo, pero sí para descubrir el auténtico rostro de Dios: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para el que crea en él tenga vida eterna……» (Jn 3,16).


           
3.- Recordamos las tres tentaciones que tuvo Jesús a lo largo de su ministerio. Son las situaciones que observamos a nuestro alrededor y que experimentan muchas personas: vivir por el poder, vivir sin compromisos y responsabilidades, exhibir lo que tenemos o exhibir lo que somos para llamar la atención y ser el centro de nuestras familias, de nuestro trabajo, de la sociedad. La viuda no va por ahí, ni Dios está ahí y, por consiguiente, no se le va a encontrar en tales personas y personajes. Dios camina en las personas sencillas y responsables de sus familias, de sus compromisos sociales, que rezan sin ostentación; porque comunicarse con Dios es darse y ser fiel a los demás.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Santos y Beatos, del 4 al 9 de noviembre

4 de noviembre
Carlos Borromeo (1538-1584)
San Carlos, de la Orden Franciscana Seglar, nace en 1538 en Arona (Piamonte. Italia); es hijo de Gilberto Borromeo y Margarita de Médicis, hermana de Pío IV. Cursa los estudios humanísticos en Milán. En 1552 comienza derecho en la Universidad de Pavía; el 6 de diciembre de 1559 obtiene el doctorado in utroque jure. El día de Navidad es elegido Papa su tío, el cardenal Juan Ángel de Médicis, que toma el nombre de Pío IV. Elige a su sobrino Secretario de Estado. El 3 de junio de 1562 lo eleva al orden de Cardenal presbítero. El 17 de julio de 1563 es ordenado sacerdote y el 7 de diciembre del mismo año recibe la consagración episcopal. Como Secretario de Estado interviene en la Tercera Sesión del Concilio de Trento, cuyos decretos se promulgan con la bula de 26 de enero de 1564, donde figura su firma. Preconizado arzobispo de Milán el 12 de mayo de 1564, implanta las reformas tridentinas. Tiene especial sensibilidad con los pobres y enfermos, y lo demuestra en la peste de 1576 llamada de San Carlos, por su abnegado servicio y atención personal a los infectados. Muere el 3 de noviembre de 1584. El papa Pablo V lo canoniza el 1 de noviembre de 1610.
                                               Común de Pastores
Oración. Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en San Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Que vive y reina contigo.


4.1 de noviembre
Amadeo de Silva (1431-1482)
El beato Amadeo nace en Campo Mayor y Ougela (Portugal) hacia el año 1431. Es hijo de Ruy Gomes da Silva e Isabel Mendes. En el 1449 ingresa en los Jerónimos de la Puebla de Guadalupe (Cáceres. España). Lleva una vida de penitencia y austeridad sumas. Desea recibir la palma del martirio, para lo que se traslada a Granada. Aquí predica la fe cristiana contra el credo musulmán. El 11 de diciembre de 1452 obtiene el permiso para viajar a Asís. En la ciudad de San Francisco entra en la Orden. Después viaja a Roma e inicia su fundación en Castelleone di Cremona en 1464. De-sea imitar a San Francisco en su vida de pobreza y penitencia, siguiendo a Jesús pobre y crucificado. Le defiende el ministro general Francisco de la Róvere (1464-1469). Elegido Papa con el nombre de Sixto IV, le sigue respaldando y le ofrece la iglesia de San Pedro en Montorio (Roma). Sus seguidores fundan en Milán, Lodi, Génova, Foligno, Asís, en Italia central y septentrional y en España. Muere en la fraternidad de Santa María de la Paz en Milán el 10 de agosto de 1482. Su congregación permanece bajo la obediencia de los ministros generales y provinciales, hasta su supresión en 1568. Su proceso de canonización comienza en el siglo XVI ante el culto que recibe su sepulcro, desaparecido en la actualidad.
                                   Común de Pastores o Santos Varones
            Oración. Dios de bondad, que elegiste al beato Amadeo para favorecer a los pobres y desamparados, concédenos que arraigue en nuestros corazones lo que él hizo y predicó, y que interceda ante tu misericordia aquel que nos diste como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


4.2 de noviembre
Margarita de Lorena (1463-1521)
La beata Margarita, duquesa de Alençon, nace en 1463 en Vaudémont (Nancy. Francia). En Lorena se desposa con Renato, duque de Alençon. Pasan muchas penurias por la guerra de los 100 años. Margarita enviuda a los 32 años de edad, con tres hijos todavía de tierna edad. Educados y casados sus hijos, reparte sus bienes, distribuyéndolos en tres partes: una para los pobres, otra para la Iglesia, y una tercera para su sustento. Se retira al castillo de Essai, y mantiene una relación muy estrecha con las clarisas de Alençon. Devota de Cristo crucificado, lleva una vida de penitencia. Abre un dispensario en Mortagne y cuida a los enfermos. Ingresa en las clarisas de Argentan. Muere el 2 de noviembre de 1521, a la edad de 58 años. El papa Benedicto XV aprueba su culto el 20 de marzo de 1921.
                                   Común de Santas Mujeres
            Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo de la beata Margarita, afiánzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


6 de noviembre
Mártires del siglo XX en España (†1936)
            Los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han inscrito en el catálogo de los beatos a los siguientes siervos de Dios pertenecientes a la Familia Franciscana, todos «testigos vivos y creíbles del amor, de la unidad y de la paz», en palabras de Juan Pablo II, que decreta su fiesta el 6 de noviembre:
FRANCISCANOS CONVENTUALES: Alfonso López (18681936) (†3 agosto), Dionisio Vicente Ramos (1871-1936) (†31 julio), Francisco Remón Játiva (1890-1936) (†31 julio), Miguel Remón Salvador (1907-1936) (†3 agosto), Modesto Vegas Vegas (1912-1936) (†27 julio) Pedro Rivera Rivera (1912-1936) (†1 setiembre).
FRANCISCANOS MENORES: Antonio Faúndez López (1907-1936) (†11 de setiembre), Antonio Sáez de Ibarra y López de Arcaute (1914-1936) (†22 setiembre), Alfonso Sánchez Hernández-Ranera (1915-1936) (†16 agosto), Anastasio González Rodríguez (1914-1936) (†16 agosto), Andrés Majadas Málaga (1914-1936) (†16 agosto), Ángel Hernández Ranera (1877-1936) (†16 agosto), Antonio Rodrigo Antón (1913-1936) (†16 agosto), Alfredo Pellicer (1914-1936) († 4 octubre), Benigno Prieto del Pozo (1906-1936) (†16 agosto), Buenaventura Muñoz Martínez (1912-1936) (†4 setiembre), Domingo Alonso de Frutos (1900-1936) (†16 agosto), Federico Herrera Bermejo (1915-1936) (†16 agosto), Félix Echevarría Gorostiaga (1893-1936) (†22 setiembre), Félix Gómez-Pinto Piñero (1870-1936) (7 setiembre), Félix Maroto Moreno (1915-1936) (†16 agosto), Francisco Jesús Carlés González (1894-1936) (†22 setiembre), José Álvarez Rodríguez (1913-1936) (†16 agosto), José de Vega Pedraza (1913-1936), (†16 agosto), José María Azurmendi Larrínaga (1870-1936) (†21 setiembre), Julián Navío Colado (19041936) (†16 agosto), Luis Echevarría Gorostiaga (18951936) (†22 setiembre), Marcelino Ovejero Gómez (19131936) (†16 agosto), Martín Lozano Tello (1900-1936), Miguel Zarragua Iturrizaga (1870-1936) (†22 setiembre), Pascual Fortuño (1886-1936) († 8 de setiembre) , Perfecto Carrascosa Santos (1906-1936) (17 octubre), Plácido García (1895-1936) (†15 de agosto), Ramón Tejado Librado (19151936) (†16 agosto), Salvador Mollar (1896-1936) (†27 octubre), Santiago Maté Calzada (1914-1936) (†16 agosto), Saturnino Río Rojo (1915-1936) (†16 agosto), Simón Miguel Rodríguez (1912-1936) (†22 setiembre), Valentín Díez Serna (1915-1936) (16 agosto), Vicente Majadas Málaga (1915-1936) (†16 agosto), Víctor Chumillas Fernández (1902-1936) (†16 agosto).
FRANCISCANOS/AS CAPUCHINOS/AS: Aurelio de Vinalesa (1896-1936) (†28 agosto), Ambrosio  de Benaguacil (1870-1936) (†24 agosto), ), Berardo de Lugar Nuevo de Fenollet (1867-1936) († 4 de setiembre), Buenaventura de Puzol (1897-1936) (†26 de septiembre), Enrique de Almazora (1913-1936) (16 agosto), Fidel de Puzol (18561936) (27 setiembre), Germán de Carcagente (1895-1936) (†10 agosto), Joaquín de Albocácer (1879-1936) (†30 agosto), Modesto de Albocácer (1880-1936) (13 agosto), Pacífico de Valencia (1874-1936) (†12 octubre), Pedro de Benisa (1877-1936) (†27 agosto), Santiago de Rafelbuñol (1909-1936) (†29 septiembre).
Isabel Calduch Rovira (1882-1936) (†14 abril), María Felicidad Masiá (1890-1936) (†25 octubre), María Jesús Masiá (1882-1936) (†25 octubre), María Verónica Masiá (1884-1936) (†25 octubre), Milagros Ortells Gimeno (1882-1936) (†20 noviembre).
Andrés de Palazuelo (†31 agosto), Alejandro Casare (†6 agosto), Alejo Pan López (†27 diciembre), Andrés Francisco Simón (†7 noviembre), Andrés Soto Carrera (†6 agosto), Ángel de la Red (†14 agosto), Aproniano de Felipe (†29 setiembre), Basilio González (†14 agosto), Bernardo Cembrano (†31 agosto), Emilio Serrano (†26 agosto), Eugenio Sanz-Orozco (†17 agosto), Ezequiel Prieto (†14 agosto), Facundo Escanciano (†17 agosto), Felipe Llamas (†6 setiembre), Fernando Olmedo (†2 agosto), Francisco Barahona (1902-1936) (21 julio), Ignacio Caselles (†24 diciembre), Jacinto Gutiérrez (†29 diciembre), Jerónimo Limón (†3 agosto), Joaquín Frade (†14 agosto), José González Ramos (†6 agosto), José María Recalde (†6 agosto), José Pérez (†27 noviembre), Juan Francisco Barahona (†15 agosto), Juan Silverio Pérez Ruano (†6 agosto), Lorenzo Ilarregui (1880-1936) (†23 agosto), Lucinio Fontanill (1884-1937) (†19 mayo), Norberto Cembranos (1891-1936) (†23 setiembre), Pablo Merillas (1902-1936) (†14 enero), Quirino Díez (18891936) (†27 agosto), Rafael Severiano Rodríguez Navarro (†7 agosto), Ramón Juan Costa (†30 noviembre), Segundo Pérez Arias (†14 agosto).
Frederic de Berga y 25 compañeros mártires asesinados entre junio de 1936 y febrero de 1937. Beatificados el 21 de noviembre de 2015. Sus nombres son además del citato  Frederic de Berga, Modest de Mieres,  Zacaries de Llorenç del Penedés,  Remigi del Papiol,  Anselm d'Olot,  Benigne de Canet de Mar, Josep de Calella de la Costa,  Martí de Barcelona,  Rafael Maria de Mataró, Agustí de Montclar de Donzell, Doroteu de Vilalba dels Arcs,  Alexandre de Barcelona, Tarsici de Miralcamp,  Vincenç de Besalú, Timoteu de Palafrugell,  Miquel de Bianya,  Jordi de Santa Pau,  Bonaventura de Arroyo Cerezo,  Marçal del Penedès,  Eudald d'Igualada, Paciá Maria de Barcelona, Ángel de Ferreries, Cebrià de Terrassa, Eloi de Bianya, Prudenci de Pomar de Cinca, Félix de Tortosa

TERCIARIOS/AS CAPUCHINOS/AS AMIGONIANOS/AS: Vicente Cabanes Badenas (1908-1936) (†30 septiembre), Ambrosio María de Torrent (1866-1936) (†18 septiembre), Benito María de Burriana (1872-1936) (†12 septiembre), Bernardino María de Andújar (1879-1936) (†16 septiembre), Bienvenido María de Dos Hermanas (1887-1836) († 31 julio), Crescencio García Pobo (1903-1936) (†3 octubre), Domingo María de Alboraya (1872-1936) (†15 agosto), Florentín Pérez Romero (1902-1936) (†23 agosto), Francisco María de Torrent (1886-1936) (†18 octubre), Francisco Tomás Sere (1911-1936) (†3 agosto), Gabriel María de Benifayó (1866-1936) (†16 agosto), José Llosá Balaguer (19011936) (†7 octubre), Laureano María de Burriana (1884-1936) (†16 setiembre), León María de Alacuás (18751936) (†26 septiembre), Modesto María de Torrent (18851936) (†18 septiembre), Recaredo María de Torrent (18741936) (†18 de septiembre), Timoteo Valero Pérez (1901-1936) († 17 septiembre), Urbano Gil Sáez (19011936) (†25 de julio), Valentín María de Torrent (1896-1936) (†18 septiembre).
Carmen García Moyon (1888-1937) (†30 enero) (cf. Fiesta 30.1 enero), Francisca Javier de Rafelbuñol (19011936) (†27 septiembre), Rosario de Soano (1866-1936) (†22 agosto), Serafina María de Ochovi (1872-1936) (†22 agosto).
FRANCISCANAS HIJAS DE LA MISERICORDIA: Catalina del Carmen Caldés Socias (1899-1936) (†23 julio), Miquela del Sacramento Rullán Ribot (1903-1936) (†23 julio),
FRANCISCANAS DE LOS SAGRADOS CORAZONES: Carlota de la Visitación Duque Belloso (1872-1936). (†14 noviembre).
MISIONERAS FRANCISCANAS MADRE DEL DIVINO PASTOR: Gertrudis Llamazares Fernández (1870-1936) († 14 julio), Isabel Remiñán Carracedo (1876-1936) (†6 agosto), María Asunta González Trujillano (1881-1936) († 28 octubre). 
SACERDOTES DE LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR: Fulgencio Martínez García (1911-1936) († 4 octubre), Pedro Sánchez Barba (1895-1936) († 4 setiembre).
                                               Común de Mártires
            Oración. Señor y Padre nuestro, que concediste a los Mártires de la Familia Franciscana del Siglo XX en España, la gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como ellos no dudaron en entregar su vida por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

7 noviembre
Elena Enselmini (1208-1242)
La beata Elena nace en Padua (Véneto. Italia) hacia el 1208. San Francisco regresa de Tierra Santa y se detiene en Padua, donde funda las clarisas de Santa María de Arcella. Y Elena ingresa en el convento en el 1221, recibiéndola el mismo San Francisco. En 1230 contrae una enfermedad que le dura unos 15 meses. Recibe el consuelo y la guía espiritual de San Antonio, que llega a la ciudad como Ministro Provincial en el 1227. Muerto el Santo de Padua el 13 de junio de 1231, Elena permanece muy enferma sin apenas alimentarse. Se mantiene en oración continua, uniéndose a los padecimientos de Jesús. Muere el 4 de noviembre de 1242 a los 34 años de edad. El papa Inocencio XII la beatifica el 29 de octubre de 1695.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Escúchanos, Dios salvador nuestro, y, así como nos alegramos en la fiesta de la beata Elena, virgen, haz que aprendamos a servirte con amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

7.1 de noviembre
María Asunta Pallotta (1878-1905)
            La beata María Asunta Pallotta nace el 20 de agosto del año 1878 en Force (Las Marcas. Italia), hija de Luigi Pallotta y Eufrasia Casali. Es la mayor de cinco hermanos. Pronto deja la escuela para trabajar y ayudar económicamente a sus padres. El 4 de mayo del año 1898 ingresa en las Franciscanas Misioneras de María como Hermana Auxiliar. Hace el postulantado y el noviciado en Grottaferrata (Roma) . Se encarga de la granja de gallinas, palomas y cerdos. Continúa en esta labor después de la profesión. En 1902 la destinan a Florencia. Aquí trabaja en la sacristía, el jardín, la cocina, la ropería y el lavadero. Destaca por su amor a la Eucaristía y a la Virgen María, teniendo un carácter modesto y bondadoso. El 13 de febrero de 1904 emite los votos perpetuos en Florencia. El 9 de julio de 1900 martirizan en Tai-yuan-fou (China) a Santa María Herminia de Jesús y sus compañeras. La Superiora General de las FMM, María de la Pasión, envía a María Asunta con nueve hermanas el 19 de marzo de 1904 a Tung-eul-keu, aldea que dista 46 Km de Tai-yuan-fou, capital de Shansi (China). Una epidemia de tifus acaba con su vida el 7 de abril de 1905, apenas nueve meses después de su llegada a China. El papa Pío XII la beatifica el 7 de noviembre de 1954.
                                               Común de Vírgenes
Oración. Dios, Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los humildes y pequeños, concédenos seguir confiadamente el camino trazado por la beata María Asunta Pallotta, para que, dando frutos de buenas obras según el espíritu del Evangelio, caminemos en tu presencia. Por nuestro Señor Jesucristo.
8 de noviembre
Juan Duns Escoto (1265-1308)
            El beato Juan nace en la ciudad de Duns (Escocia. Reino Unido), en torno al año 1265. Hacia el año 1280 Escoto ingresa en la Orden de los Frailes Menores por su tío paterno, fray Elías Duns, vicario de la Vicaría franciscana de Escocia. Después de cursar los estudios preceptivos, es ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1291. Estudia en el Estudio Teológico de los Franciscanos de París. Enseña en París, Cambridge, Oxford y Colonia. Rehúsa firmar el libelo de Felipe IV, rey de Francia, contra el Papa Bonifacio VIII. Es expulsado de París por un año. Es firme defensor de la autoridad del Papa, de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y de la Encarnación del Verbo como misión de amor del Padre a sus hijos. Se traslada al Estudio de la Orden en Colonia, donde fallece repentinamente el 8 de noviembre de 1308. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 20 de marzo de 1993.
Común de Pastores o doctores de la Iglesia
Oración. Oh Padre, fuente de toda sabiduría, que en el beato Juan Duns Scoto, defensor de la Virgen Inmaculada, nos has dado un maestro de vida y de enseñanza: haz que, iluminados por su ejemplo y alimentados por su doctrina, permanezcamos unidos fielmente a Cristo.Él que es Dios y vive y reina por los siglos de los siglos.

8.1 de noviembre
María Crucificada Satellico (1706-1745)
La beata Isabel María, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Venecia (Italia) el 31 de diciembre de 1706; es hija de Pedro Satellico y Lucía Mander. Es directora de canto y organista en las Clarisas de Ostra Vetere. A los 19 años de edad ingresa en el noviciado y toma el nombre de María Crucificada, por su devoción a la Santísima Virgen y a la Pasión de Cristo. Vive la espiritualidad clariana de la perfecta conformación a Cristo Crucificado, y una filial devoción a la Santísima Virgen. Elegida abadesa, se distinguió por su solicitud para con las hermanas y con los pobres. Muere el 8 de noviembre de 1745. El papa Juan Pablo II la beatifica el de 10 de octubre de 1993.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Padre, escucha nuestras súplicas, para que cuantos celebramos con devoción los méritos de la beata Isabel María, virgen, permanezcamos en tu amor y crezcamos en él hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.
9 de noviembre
Juana de Signa (1244-1307)
La beata Juana nace hacia el 1244 en la ciudad de Signa (Florencia. Italia). Perteneciente a una familia muy humilde y cristiana, se dedica a cuidar rebaños. A ejemplo de la beata Veridiana (1180-1242), que se recluyó en la cercana población de Castel Fiorentino, se confina a los treinta años en una celda junto al río Arno. En este encierro voluntario recibe a toda clase de personas, a las que ayuda espiritual y materialmente: sana enfermos, convierte a pecadores, ayuda a los necesitados a seguir la forma de vida que se da en este tiempo y con estas formas al seguimiento de Jesús pobre y crucificado, según el sentido de vida que testimonia para sí y para los demás San Francisco de Asís. Muere el 9 de noviembre de 1307. El papa Pío VI reconoce el culto y autoriza el oficio y misa en su honor el 17 de septiembre de 1798.

                                   Común de Santas Mujeres
Oración. Dios nuestro, gloria de los humildes, que distinguiste a la beata Juana por su caridad y su paciencia, concédenos, por sus méritos e intercesión, que, llevando cada día nuestra cruz, alcancemos un amor duradero. Por nuestro Señor Jesucristo.

Libro sobre Jesús de Nazaret

                                        Regresar a Jesús de Nazaret

                                                                       Rafael Luciani

Volver la vista, la mente y el corazón a la vida y doctrina de Jesús de Nazaret es para encontrar su identidad mesiánica que reveló el Reino de Dios para la salvación de la creación y de la humanidad. Y desde su identidad personal se debe discernir la nuestra, tanto social como individual. Y retornar a él para buscar luz y camino en nuestra cultura es situar en el espacio y en tiempo su nacimiento, su educación, su experiencia religiosa. El autor estudia también sus relaciones con Juan Bautista y la proclamación del Reino, una vez que Juan desaparece de la escena de Israel. Es cuando ofrece un Dios universal y  misericordioso a todos los excluidos de la sociedad de entonces; forma la «familia Dei» con sus discípulos y con los que le siguen. Aquí está el hilo conductor de este ensayo.
Jesús crea una fraternidad histórica en la que todos se llaman y se tratan como hermanos al ser hijos de un mismo Padre (cf. Mc 10,29-30; Mt 23,8); tan es así «que la fraternidad será la nueva medida de nuestra humanidad» (145). En la nueva familia se come y se distribuyen los bienes como hermanos, iguales en dignidad, tal y como fueron creados. Se destruyen los desequilibrios sociales que enfrentan a los hombres, al dominar los poderosos a los más débiles, porque aquellos son los que han creado una humanidad transida de violencia. Es lógico, entonces, que la autoridad en la nueva familia esté marcada por el servicio mutuo, y no por la autoridad que esclaviza. Es un servicio que se ofrece entre hermanos.  Y como servidor de sus hermanos da la vida (cf. Mc 10,45; Jn 15,13).
                   
La vida y la doctrina de Jesús nos llevan a pensarle como nuestro hermano, y todos pertenecientes a la familia de su Padre Dios. Jesús pertenece a nuestra historia, donde hunde sus raíces la fe cristiana, y nos revela que la violencia, y la muerte que genera, no son la palabra definitiva de nuestro destino común. Su entrega solidaria a los pobres y a sus hermanos nos recuerda constantemente cuál es nuestra identidad y cómo debemos marginar la individualidad que desune y enfrenta. «No se trata  de ver a Dios en el rostro del otro a modo de un pietismo panteísta, sino de poner en práctica un estilo de vida asuntivo, donde tengan el mismo peso el amor a Dios (Dt 6,5) y el amor al otro (Lv 19,18) como hermano (Mt 23,8)» (300).
                       
Pero la fraternidad no es una experiencia solo personal y familiar, también es social. Y social no se entiende en sus dimensiones políticas, económicas, culturales, etc. La identidad fraterna de la sociedad parte del Dios Creador, que nos ha creado a todos iguales y ha mandado que se administren los bienes para que todos podamos vivir con los recursos básicos que dignifican a los personas. Y la Iglesia debe responder a la dimensión fraterna de la fe cristiana. Como comunidad de vida y de gracia, la comunidad cristiana ha de hacerse creíble tanto en sus miembros como en sus misiones; ella debe vivir y ofrecer a todo el mundo la relación filial con Dios y fraterna con los demás. Es sentirse permanentemente unida a Cristo, su Cabeza, y a Jesús que llamó a los Doce para establecer la fraternidad del Reino. Dicha fraternidad ayudaba y participaba en la misión de extender el Reino, no cooperando a las ofensas y juicios condenatorios o conflictos sociales, sino aprender a llevar la cruz asumiendo el sufrimiento de los pobres. Dicha fraternidad debe ser universal; Jesús excluye la secta. Por último, la Iglesia debe seguir el carácter simbólico que le confirió Jesús a los Doce. Es decir, su estilo de vida hace presente el inicio de una nueva etapa de las relaciones de Dios con los hombres.
                                                                       



PPC, Madrid 2014, 326 pp., 14,5 x 22 c

martes, 27 de octubre de 2015

Noviembre. Los difuntos

                                            EN EL SUEÑO DE LA MUERTE LUMINOSA




             Elena Conde Guerri
            Facultad de Letras
               Universidad de Murcia

          
El mes de noviembre comienza con la festividad de Todos los Santos, a la que sigue en el calendario la conmemoración de los fieles difuntos. Parece indudable la conveniencia de refrescar unas ideas, en cristiano, sobre estas celebraciones en un momento en que todo lo que gira en torno a la antropología de la muerte adolece de mirada superficial, de olvido, o de metamorfosis, en su caso. Nadie está obligado a cambiar de actitud pero una predisposición favorable a la reflexión, ayuda también a la comprensión cultural de un hecho que, en nuestro mundo occidental, hunde sus raíces en la herencia grecorromana. Sobre todo, en la escenografía ritual que los antiguos romanos tributaban a sus difuntos y que degeneró en fastuosidad desmedida cuando los protagonistas pertenecían al rancio patriciado o, en su momento, eran los emperadores. Los pasos esenciales de un código fúnebre meticulosamente fijado por la tradición, sagrada para los romanos, eran iguales para todos los difuntos, con independencia de su sexo o rango social. Sólo quedaban excluidos los niños (de pocos meses o años de vida) y los esclavos, aunque a los segundos se les permitía legalmente proveer en vida a sus últimas voluntades. Todos los demás, uniformados por la "pálida muerte", expresión muy del gusto de los poetas latinos, tenían que almacenar bajo la lengua la moneda para pagar al barquero Caronte. 
             
Soportar que, ante su cuerpo inerte, los más allegados gritasen su nombre por tres veces, para cerciorarse de que estaba realmente muerto y no era víctima de un colapso, y que el coro de plañideras pagadas a sueldo vociferasen su dolor acompañadas de instrumentos de viento y percusión para que la desolación por semejante pérdida fuese aún mayor y se diera publicidad sobre el extinto. El difunto seguía demostrando su paciencia, por decirlo así, ofreciendo su rostro a la mascarilla de cera que inmortalizaría sus rasgos, su cabeza a las coronas o galardones que ganó en vida y su cuerpo, al revestimiento con los atuendos más lujosos con los que le verían expuesto en el catafalco de su propia casa, durante unos cuatro días, todos los que quisieran despedirse y, de paso, ser vistos y mencionados con mayor o menor fortuna en las chácharas de los vivos. Una vez que el cortejo fúnebre se ponía en marcha extramuros de la ciudad, conforme a las disposiciones regladas por la Ley de las XII Tablas, para proceder a su inhumación o a su cremación, la oscuridad más absoluta se cernía sobre ese alter ego del difunto aunque sus restos reposasen en un espectacular mausoleo.
             
Los romanos eran muy supersticiosos y las exequias mencionadas trataban de facilitar a cualquier persona un reposo digno y sin sobresalto en el más allá, ya que les aterrorizaba morir sin sepultura y que sus espíritus vagasen perennemente sin asideros, por universos extraños y gélidos, gimiendo un descanso apacible sin ser escuchados, asimilándose así los Lemures, divinidades menores plasmadas en espectros o fantasmas volátiles que se cernían sobre los difuntos errantes para angustiarlos y que, para ser aplacados, gozaban de unas fiestas propias, las llamadas Lemurias o de "las almas errantes" a mitad del mes de mayo del calendario romano. En realidad, casi todo era duda sobre un mundo post mortem que apenas pudieron definir de modo categórico salvo algunas luces aportadas por las reflexiones de los estoicos. Rituales inmóviles y profundamente sensibles, casi viscerales, en que el valor de una moneda te permitía la travesía de una laguna helada, la Estigia, para desembocar en otros parajes llenos de niebla, tenebrosos, carentes de luz, donde penaban muchos desafortunados, tal como describe magistralmente Virgilio en el  canto VI de La Eneida cuando Eneas masca literalmente ese mundo de los muertos en la cueva de la Sibila en Cumas. Podría decirse que todos sus habitantes deploraban aquí, "donde nadie tiene morada fija", la falta de luz entorpecida por lúgubres sombras. Quizá, en estas líneas he mencionado en exceso el concepto de la falta de luz que ciega toda esperanza en el mundo funerario etiquetado como pagano. Lo he hecho voluntariamente.
                     
Nadie puede vivir permanentemente entre tinieblas. "El pueblo que caminaba entre tinieblas, vio una gran luz", anunciaba el profeta Isaías (9,1) y esta luz inmarcesible irrumpió en las coordenadas de la historia temporal en el momento exacto y oportuno, con la Encarnación del Verbo. Esa Palabra que quiso ser un hombre como todos nosotros, excepto en el pecado, originó la Iglesia y el cristianismo primitivo que, con su expansión, fue poco a poco metamorfoseando las claves del pensamiento, de la sociedad, del sentir y de la acción. En este "mundo nuevo" donde Cristo es el eje, la pervivencia tras la muerte fue probablemente una de las categorías cuya cara cambió sustancialmente y pasó de las tinieblas al resplandor de lo absoluto. Se hacen fuertes y se van clavando en las personas por don de la gracia las palabras de San Pablo: "Si tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, somos los más desgraciados de todos los hombres. ¡ Pero, no!, Cristo resucitó de entre los muertos como primicia de los que durmieron". (1Cor 19-21). El propio Maestro lo había anunciado algunos años atrás, cuando la belleza del mensaje ondeaba itinerante por Galilea, Cesarea y Jerusalén y los Doce eran todavía incapaces de comprender:"El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres y le matarán y a los tres días de haber muerto resucitará". (Mc 8,31-32; 9,30-32.  Mt16,21-23; Lc 9, 22-23; Jn11,25). Todos resucitaremos con El. La muerte física se convierte así en un hecho transitorio en que el difunto es más bien "un durmiente" que espera despertarse en Dios. Por eso, las primitivas comunidades cristianas llamaban cementerios a las áreas de enterramiento, lugar donde "se duerme o se reposa", según la raiz del verbo griego koimao. La amplia literatura Patrística muy pronto se hizo eco de esta metanoia aportando páginas de una profundidad y belleza sublimes, desde Tertuliano y San Cipriano, obispo da Cartago, hasta San Agustín y el Papa San Gregorio Magno. Pero los Padres no recriminan el miedo a la muerte, hecho indefectible ligado a la naturaleza humana desde su creación. (Gn 3,19). Somos humanos, es comprensible que todos lo sintamos en mayor o menor grado. Dice San Agustín: "Yo sé que tu amas la vida y no deseas morir. Si fuera posible, querrías pasar de esta vida a la otra sin tener que morir para resucitar". (Ser 344). Pero la muerte física no es un castigo divino sino un remedio, pues es un proceso natural. Sólo la muerte eterna, la del que podría condenarse, es poenalis, es decir implica un castigo definitivo, en la exégesis defendida habitualmente por San Ambrosio en su catequética. Es cuestión, en suma, de cambiar nuestra mirada sobre la muerte, sobre "la hermana muerte",  y hacerlo con los ojos del amor, siguiendo de nuevo a San Agustín. Si cambiamos de amor, la muerte que se nos muestra no es la muerte que nos cogerá, sino que nos arrebatará aquella otra que, queriéndolo nosotros, no es muerte en realidad. Es la Vida. Y ante el regalo que nos espera, toda pompa, toda máscara mortuoria, todo protocolo temporal resultan prescindibles y hasta ridículos.
           
Vivimos una secuencia sociohistórica donde la trivialidad y el ritmo demasiado rápido han llevado a la valoración del momento efímero como sublime y,  por otra parte,  a la banalización de lo trascendente porque esto exige un tiempo de calendario y de implicación del yo que la persona no quiere tener. En un lienzo donde los beati y macarioi  de las bienaventuranzas de la liturgia de estos días brillan  con luz propia, la de los ya elegidos que duermen en el Señor y nos están esperando, deberían borrarse las cucurbitáceas y espectros pueriles que florecen en las iconografías paralelas. A la larga, no creo que tengan vida perdurable. La diosa romana patrona de los difuntos era Libitina, de hados oscuros, y venerada en un santuario situado probablemente en el Aventino. El Aventino es la colina romana situada frente a la Vaticana. Ambas se miran, se remiran, se retan y hasta coquetean a través del Tíber, conscientes de la historia milenaria de cada cual. En la primera, se alza el palacete de los Caballeros de la Orden de Malta. Si uno mira adecuadamente por un orificio practicado encima de la cerradura del portón de entrada, se topa en línea recta y en lontananza con la cúpula de la Basílica de San Pedro, impresionante y luminosa en su símbolo. No hay niebla sino esperanza cierta de que quien quiera confesar a Cristo, como Pedro lo hizo  por inspiración del Espíritu, también entrará en la multitud gozosa de los bienaventurados.




lunes, 26 de octubre de 2015

Domingo XXXI (B): Amar a Dios y el prójimo

DOMINGO XXXI (B)



            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12,28-34.

            En aquel tiempo, un letrado se acercó a Jesús y le preguntó: -¿Qué mandamiento es el primero de todo? Respondió Jesús: -El primero es: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.» El segundo es este: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.» No hay mandamiento mayor que estos.
            El letrado replicó: -Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.
            Jesús, viendo que había respondido sensatamente le dijo: -No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

1.- Arranca el mandamiento de una experiencia irrenunciable para nosotros: Dios, que es uno (Mc 12,29.32), absorbe todas las capacidades humanas para su reconocimiento en la vida por medio de la adoración. Dios desea una reciprocidad intensa y excluye las medianías y cálculos en las respuestas a su entrega amorosa. Corazón, alma, mente y fuerzas resumen la entrega total y sin condiciones: «Nadie puede servir a dos señores. Porque despreciará a uno y amará al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo» (cf. Mt 6,24). Además, el amor  lleva consigo la iniciativa sin interés, el respeto al otro, que cuando es Dios se transforma en alabanza y adoración, y la dimensión cognoscitiva que completa a la afectiva.

2.- Jesús añade, a continuación, el amor al prójimo, que después va a resultar la clave de nuestra salvación: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve encarcelado y me visitasteis;…..»        . Pero en el tema del amor, Jesús da un paso más. Es la última antítesis de Mateo: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo (Lev 19,18) y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Si amáis solo a los que os aman, )qué premio merecéis? También lo hacen los recaudadores. Si amáis solo a vuestros hermanos, )qué hacéis de extraordinario? También lo hacen los paganos. Sed, pues, perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto» (Mt 5,43-48; Lc 6,27-28.35). El punto de partida de esta exigencia de Jesús es el amor de Dios a su criatura, la ilimitada ternura o la libre cercanía del amor de Dios a toda persona. Esto provoca la profunda alegría y el gozo interior de los que descubren y aceptan este nuevo movimiento divino, y les obliga a vivirlo con todos los hombres en el contexto de la presencia del Reino.

3.- Si esto es así, el campo de las relaciones humanas se queda sin fronteras al no levantar Dios muro alguno para establecer contacto con los vivientes. Por su paternidad universal fundamenta una dignidad común y un común reconocimiento entre todos. Se supera la obligación de no querer a los que no forman parte del pueblo o de la misma etnia o familia, o son aborrecibles por su conducta, además de borrar la imagen de un Dios que simboliza la violencia humana. Jesús recomienda la oración por los enemigos ―rezad por los que os persiguen― ante la experiencia del rechazo personal y social que muchas personas sufren. La razón no es la participación de una misma naturaleza, o defender la armonía del cosmos como espejo de la bondad de Dios al estilo griego, o el texto del Salmo (145,9): «El Señor es bueno con todos». Jesús absolutiza y radicaliza el amor como obras y acciones concretas que determinan nuestra conducta permanente ante el que nos descalifica y nos hace un daño real. Presupone la afirmación de Lucas: los que os odian, los que os maldicen, los que os injurian (Lc 6,17), lo que lleva consigo ser bien vistos por Dios: «Bienaventurados los perseguidos...» (Mt 5,10-11). Y somos del agrado divino porque reproducimos el amor paterno de Dios a todas sus criaturas (Mt 5,9).