sábado, 7 de noviembre de 2015

S. Francisco. Carta a un Ministro. VII

                                                       MISERICORDIA      
                             «CARTA A UN MINISTRO» DE SAN FRANCISCO
                       

                                               VII


                                    Obediencia como relación de amor

            Francisco inserta los sufrimientos del Ministro en los sufrimientos de Cristo, sufrimientos que causan la salvación; por tanto, hay que aceptarlos cuando no hay otra alternativa. Como hemos visto, el dolor causa la salvación cuando se vive como una relación de amor con Dios, que significa la obediencia a su voluntad. La fidelidad de Dios exige a su criatura, después de la rebeldía, la obediencia para plasmar en la historia el proyecto de salvación diseñado desde el momento que se le escapó la creación de sus manos. Hay que considerar tres perspectivas[1].
           
Dios es fiel. Cuando Jesús está crucificado, los judíos le piden que baje de la cruz. La petición expresa una concepción de Dios, no sólo todopoderoso, sino también fiel. Dios es fiel a su Alianza (cf. Dt 7,9), a sus promesas (cf. 2Sam 7,28), incluso se proclama que Dios es fidelidad (cf. Dt 32,4)[2]. Pero la dimensión de fidelidad de Dios se resquebraja con las injusticias que sufren todos los justos y con la muerte de Jesús en cruz, cuando se mantuvo fiel a Él en su vida. La Resurrección de Jesús como primicia de la resurrección de todos los justos y de toda la creación, salida de sus manos bondadosas, prueba que el Dios omnipotente en su dimensión física no existe. Dios es Amor (cf. 1Jn 4,8.16) y, por tanto, débil; por eso, es víctima del poder del mal, como demuestra la cruz. Este Dios está incapacitado para salvar a su Hijo por su poder físico. Dios sufre la muerte de su Hijo por ser todo y sólo Amor.  Pero este amor es omnipotente: es capaz de crear y recrear[3].

           
2º Frente a la desobediencia generalizada, Jesús está dispuesto a obedecer la voluntad de Dios que ha decidido recrear y salvar su creación. Jesús obedece en todo a Dios; su objetivo es someterse a la voluntad del Padre hasta identificarse con Él: «Yo y el Padre somos uno». Así pues, obedece a María y a José y al Padre en el contexto de una espiritualidad donde la Ley regula las relaciones familiares, sociales y religiosas; obedece a Dios en la angustia de Getsemaní (cf. Mc 14,36par), y hasta en su muerte en la cruz (cf. Lc 23,46), donde la obediencia mantenida desde el Bautismo, cuando el Padre le indica la forma de conducirse en Israel, le lleva al extremo de dar su vida: «…y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz» (Flp 2,8). Y porque obedece, Dios le escucha y le salva de la muerte: «Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial. Y, aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna, proclamado por Dios sumo sacerdote según el rito de Melquisedec» (Heb 5,7-9). Con la obediencia a la voluntad divina se mantiene fiel a la misión encomendada y consigue la salvación para todos, como el siervo. En este sentido Pablo afirma: «Como por la desobediencia de uno todos resultaron pecadores, así por la obediencia de uno todos resultarán justos»; o con respecto a los creyentes: « ¿No sabéis que si os entregáis a obedecer como esclavos, sois esclavos de aquel a quien obedecéis? Si es al pecado, destinados a morir; si es a la obediencia, para ser inocentes»[4].
           
El seguimiento e identificación con la voluntad del Padre implica una relación especial con Él, un compromiso y un estilo de vida. Obedecer a Dios no significa para Jesús la renuncia a su libertad y a su autodeterminación, que entraña la destrucción de su yo personal. No es la obediencia a unas normas con vistas a la convivencia social. Tampoco es la obediencia debida a los superiores para ejecutar sus órdenes al modo militar, político o económico.
            Obedecer a Dios es establecer una relación de amor, en este caso un amor filial. Esto exige en Jesús una intimidad con Dios muy intensa, la propia del amor entre un padre y un hijo, como se contempla en el siervo: «¡Oídme, islas, atended, pueblos lejanos! El Señor desde el seno materno me llamó; desde las entrañas de mi madre recordó mi nombre […] Ahora, pues, dice el Señor, el que me plasmó desde el seno materno para siervo suyo, para hacer que Jacob vuelva a él, y que Israel se le una. Mas yo era glorificado a los ojos del Señor, mi Dios era mi fuerza». Y se le describe como la Palabra que vive en la gloria divina desde siempre: «En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio junto a Dios»[5]. De ahí que Jesús sepa leer lo que quiere Dios en la historia y lo haga voluntad propia: «Si cumplís mis mandamientos, os mantendréis en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y me mantengo en su amor» (Jn 15,10).
           
Como consecuencia de ello viene el compromiso libre con el que responde a Dios y se entrega por entero a todos; porque la voluntad divina a la que se sujeta Jesús es la salvación, es la recreación de todas las cosas para que manifiesten el proyecto que Dios tiene de ellas desde el principio del tiempo. Jesús lo hace con los enfermos, los pecadores, los pequeños, los paganos, los pobres. El Reino que proclama no es anuncio solo, es presencia real en la historia, aunque iniciada, que no cumplida por entero: «También nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo. Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?»[6]. Por el Espíritu anhelamos la salvación, no por nuestra tendencia natural e iniciativa, o porque las calamidades nos empujan a una salvación que en el horizonte histórico aparece como imposible. Pero dicha salvación —escribe Pablo― no se presenta en la historia toda y totalmente, sino desde la experiencia salvadora comenzada en la vida personal y colectiva por la Resurrección de Jesús se desea su aplicación y culminación en todos los bautizados.
La relación de amor con Dios, que inserta en la historia como presencia de la salvación, la simboliza Jesús con un estilo de vida sencillo y humilde, como corresponde al siervo. Fiel y obediente a la llamada divina, se lanza por los caminos de Galilea de forma que su disponibilidad a la causa de Dios le conduce a una vida itinerante que le aleja de su familia y de su trabajo. Es el servicio de Jesús como sacramento del amor donde viene a parar la obediencia. Pongamos un ejemplo, antes expuesto desde otra perspectiva. Juan y Santiago, dos componentes de los Doce, se acercan a Jesús para pedirle ocupar los lugares de más honor en su gloria[7]. La respuesta de Jesús frustra su aspiración y anhelo, y va en otra dirección: deben asumir su destino de pasión[8]. No es una recompensa con gloria, sino tener capacidad para transitar por el camino del sufrimiento. La gloria corresponde a la voluntad divina, a su soberanía y no al deseo de cada uno de conquistarla. Aquí está, en parte, el nivel de preferencias entre los seguidores. Ellos, con demasiada confianza en sí, responden: «podemos»[9].
La ambición de los hijos de Zebedeo provoca la rabia de los restantes discípulos. Entonces Jesús cambia la ambición por el servicio, que es la expresión externa de la relación de amor, fundamento de la formación del grupo, y expresa de una manera directa lo que es la obediencia a Dios: servir a los demás[10]. Y lo ejemplifica en la Última Cena: «[Jesús] se levanta de la mesa, se quita el manto, y tomando una toalla, se la ciñe. Después echa agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida [...] Pues si yo [...] os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies»(Jn 13,4-5.14).
La actitud que provoca una relación de servicio mutuo es la obediencia a Dios y a la misión de hacer presente el Reino, dicha obediencia es la única válida en la comunidad que forma el discipulado. Y esto no deben perderlo, por más sufrimiento que entrañe su misión y convivencia: «Todos serán sazonados al fuego [...] Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa,¿con qué la sazonarán? Vosotros tened sal y estad en paz entre vosotros» (Mc 9,49-50par).




[1] Cf. F. Martínez Fresneda, Madre Paula Gil Cano. Biografía Teológica. Murcia  2013, 412-426.
[2] Dios protege y recompensa a sus elegidos, como sucede con los jóvenes arrojados al horno por no comer manjares impuros en la corte de Nabucodonosor (cf. Dan 1,1-15); o con Daniel, cuando lo lanzan al foso de los leones (cf. 6,17-29); o con Susana y los dos viejos que quieren abusar de ella (cf. 13,1-63). Se pone un interrogante a la fidelidad de Dios al justo cuando este sufre y el injusto tiene suerte. Entonces pregunta Jeremías al Señor: «¿Por qué prosperan los malvados y viven en paz los traidores?» (12,1). Pero, no obstante las adversidades del justo, se mantiene la idea de la justicia y bondad de Dios (cf. Job 38-41).
[3] Cf. F. Martínez Fresneda, Jesús, Hijo y Hermano, 338-339.
[4] Rom 5,6; 6,16; Jn 8,34; etc.; cf. F. Martínez Fresneda, Jesús de Nazaret, 343-345.
[5] Is 49,1-5; Jn 1,1-2.
[6] Rom 8,23-24; Lc 11,3; Mt 6,10.
[7]  Mc 10,35-45 par. La gloria del Hijo del hombre se revelará en la parusía para llevar a cabo el juicio: «Si uno se avergüenza de mí y de mis palabras, ante esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre y acompañado de sus santos ángeles», Mc 8,38; cf. 13,26; Mt 25,31.
[8] La copa simboliza desgracia y destino como pasión y muerte: «El Señor tiene una copa en la mano, un vaso lleno de vino drogado: se lo hace beber hasta las heces a todos los malvados de la tierra», Sal 75,9; cf. Jer 51,7; 49,12; Ez 23,31-32; Hab 2,26; el bautismo comporta la misma significación: 2Sam 22,5; Sal 42,8; 69,2-3; Is 43,2; etc.
[9] Mc 10,39. Hay constancia del martirio de Santiago: «Por aquel tiempo el rey Herodes emprendió una persecución contra algunos miembros de la Iglesia. Hizo degollar a Santiago, hermano de Juan», Hech 12,1-2. Juan vive aún cuando Pablo visita Jerusalén por segunda vez, y opina que es una columna de la Iglesia: Gál 2,9.
[10] Marcos crea la misma escena durante un viaje que termina en Cafarnaún y después del segundo anuncio de la pasión (Mc 9,30-32). Discuten los Doce sobre quién es el más grande: «Si uno aspira a ser el primero, sea el último y servidor de todos. Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo acarició y les dijo: Quien acoja a uno de éstos en atención a mí, no me acoge a mí, sino al que me envió», Mc 9,33-37par. El significado del gesto de amor de Jesús reafirma la enseñanza previa al dicho del servicio: la debilidad y la insignificancia social que manifiesta la niñez, contra el poder político-militar y la relevancia económica de los jefes y poderosos, es la que encarna la dignidad de Jesús. En su vida y ministerio está la presencia del Reino, como enviado o embajador o representante del Padre. 

lunes, 2 de noviembre de 2015

La viuda en el templo de Israel

DOMINGO XXXII (B)



            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12,38-44.

            En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: -¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
            Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

             

1.- Jesús alaba a la viuda porque es la imagen y semejanza de la identidad de Dios cuando se relaciona con nosotros. Él manda a su Hijo al mundo para decir quién es y quiénes somos, y cómo debemos relacionarnos con Él y entre nosotros. Un himno de la primitiva comunidad lo describe de forma magistral: «Cristo Jesús, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así, reconocido como hombre por su presencia,  se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Ef 2,6-8). Dios, en su Hijo, se nos da, y muere para que vivamos. Dios no es la persona apática que nos mira como si fuéramos actores de una película que pasa ante Él para distraerse. Dios está sirviendo en nuestra historia para dar vida y vida abundante (cf. Jn 10,10).


             

 2.- Jesús carga contra los ilustrados de la religión hebrea por sus signos de poder intelectual, económico y social. Así se han presentado los responsables de las comunidades cristianas en épocas anteriores. De hecho, la plataforma desde donde habla el Papa ―el Vaticano― ya la quisiera para sí el Presidente de los Estados Unidos, el hombre que concentra más poder en esta tierra. Desde hace más de un siglo la Iglesia vive desde parámetros diferentes al prestigio y al poder económico. Es una evidencia que no tiene dinero para conservar los bienes patrimoniales heredados de tiempos anteriores. Los Estados mantienen estos bienes de valor incalculable, porque son expresiones lúcidas de la genialidad humana. La Iglesia, siguiendo a Jesús, hace cada vez más hincapié en sus miles de instituciones y voluntarios que se dedican a darse a los más desfavorecidos. Y esto es así, porque en ello le va su propia relevancia en nuestra sociedad. Como cristianos, debemos vivir desde la perspectiva de la viuda, desde Jesús.

            

3.- Observamos a gente que solo vive para sí; otros, hasta preguntan cómo está su amigo, conocido o familiar, sin importarle la respuesta; otros se cruzan con un indigente, lo ven y siguen su camino; otros ayudan con céntimos, que no saben dónde meterlos; otros muchos dan parte de su sueldo o pensión a instituciones que se dedican a servir a los pobres; otros son la viuda del Evangelio:  voluntarios en instituciones sociales; familiares y amigos de las personas que vegetan solos; abuelos que ofrecen su tiempo y vida a sus nietos y a los necesitados. ¿Dónde nos situamos?



Domingo XXXII (B): Echó lo que tenía para vivir

DOMINGO XXXII (B)



            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12,38-44.

            En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y les decía: -¡Cuidado con los letrados! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes, y devoran los bienes de las viudas con pretexto de largos rezos. Esos recibirán una sentencia más rigurosa.
            Estando Jesús sentado enfrente del cepillo del templo observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el cepillo más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.

           
1.- Texto. Jesús se muestra muy crítico con los estudiosos de la Ley por su pretensión de poder y prestigio. Utilizan la Palabra del Señor para encaramarse por encima de los derechos de los colectivos más débiles. Y sentencia que no quedarán impunes por su actitud y actividad hipócrita. Marcos enlaza la primera parte del texto ―devoran los bienes de las viudas y rezan con ostentación― con la segunda. La escena presenta ahora, no a los hombres sabios, ricos y engreídos, sino a una mujer viuda y pobre. En la sala del tesoro del atrio de las mujeres echa un lepton, un cuadrante en moneda romana, un céntimo de euro en nuestra moneda; y es todo lo que tiene; es decir, se entrega a sí misma al Señor, como otras viudas famosas del AT: Tamar (cf. Gén 38,10), la de Sarepta (cf. 1Re 17,9-10;) y la viuda Judit (cf. Jdt 9). Es la otra cara de la moneda de los representantes de la vida religiosa del pueblo.

           
2.- Mensaje. Recordamos una sentencia de Jesús: «Quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará» (Mc 8,35par). La actitud de los estudiosos de la Ley muestra que su vida está asentada en los honores, la ambición, el poder y el dinero. Lo que recuerda el rico que acumula una gran cosecha para darse una vida segura y placentera, sin calcular que va a ser el más rico del cementerio (cf. Mt 6,19). La actitud de una persona fundada en la Providencia divina es mucho más segura y perdurable; es la que expresa la viuda, cuyo capital no va a servir para mantener las paredes y los oficios del templo, pero sí para descubrir el auténtico rostro de Dios: «Tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para el que crea en él tenga vida eterna……» (Jn 3,16).


           
3.- Recordamos las tres tentaciones que tuvo Jesús a lo largo de su ministerio. Son las situaciones que observamos a nuestro alrededor y que experimentan muchas personas: vivir por el poder, vivir sin compromisos y responsabilidades, exhibir lo que tenemos o exhibir lo que somos para llamar la atención y ser el centro de nuestras familias, de nuestro trabajo, de la sociedad. La viuda no va por ahí, ni Dios está ahí y, por consiguiente, no se le va a encontrar en tales personas y personajes. Dios camina en las personas sencillas y responsables de sus familias, de sus compromisos sociales, que rezan sin ostentación; porque comunicarse con Dios es darse y ser fiel a los demás.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Santos y Beatos, del 4 al 9 de noviembre

4 de noviembre
Carlos Borromeo (1538-1584)
San Carlos, de la Orden Franciscana Seglar, nace en 1538 en Arona (Piamonte. Italia); es hijo de Gilberto Borromeo y Margarita de Médicis, hermana de Pío IV. Cursa los estudios humanísticos en Milán. En 1552 comienza derecho en la Universidad de Pavía; el 6 de diciembre de 1559 obtiene el doctorado in utroque jure. El día de Navidad es elegido Papa su tío, el cardenal Juan Ángel de Médicis, que toma el nombre de Pío IV. Elige a su sobrino Secretario de Estado. El 3 de junio de 1562 lo eleva al orden de Cardenal presbítero. El 17 de julio de 1563 es ordenado sacerdote y el 7 de diciembre del mismo año recibe la consagración episcopal. Como Secretario de Estado interviene en la Tercera Sesión del Concilio de Trento, cuyos decretos se promulgan con la bula de 26 de enero de 1564, donde figura su firma. Preconizado arzobispo de Milán el 12 de mayo de 1564, implanta las reformas tridentinas. Tiene especial sensibilidad con los pobres y enfermos, y lo demuestra en la peste de 1576 llamada de San Carlos, por su abnegado servicio y atención personal a los infectados. Muere el 3 de noviembre de 1584. El papa Pablo V lo canoniza el 1 de noviembre de 1610.
                                               Común de Pastores
Oración. Conserva, Señor, en tu pueblo el espíritu que infundiste en San Carlos Borromeo, para que tu Iglesia se renueve sin cesar y, transformada en imagen de Cristo, pueda presentar ante el mundo el verdadero rostro de tu Hijo. Que vive y reina contigo.


4.1 de noviembre
Amadeo de Silva (1431-1482)
El beato Amadeo nace en Campo Mayor y Ougela (Portugal) hacia el año 1431. Es hijo de Ruy Gomes da Silva e Isabel Mendes. En el 1449 ingresa en los Jerónimos de la Puebla de Guadalupe (Cáceres. España). Lleva una vida de penitencia y austeridad sumas. Desea recibir la palma del martirio, para lo que se traslada a Granada. Aquí predica la fe cristiana contra el credo musulmán. El 11 de diciembre de 1452 obtiene el permiso para viajar a Asís. En la ciudad de San Francisco entra en la Orden. Después viaja a Roma e inicia su fundación en Castelleone di Cremona en 1464. De-sea imitar a San Francisco en su vida de pobreza y penitencia, siguiendo a Jesús pobre y crucificado. Le defiende el ministro general Francisco de la Róvere (1464-1469). Elegido Papa con el nombre de Sixto IV, le sigue respaldando y le ofrece la iglesia de San Pedro en Montorio (Roma). Sus seguidores fundan en Milán, Lodi, Génova, Foligno, Asís, en Italia central y septentrional y en España. Muere en la fraternidad de Santa María de la Paz en Milán el 10 de agosto de 1482. Su congregación permanece bajo la obediencia de los ministros generales y provinciales, hasta su supresión en 1568. Su proceso de canonización comienza en el siglo XVI ante el culto que recibe su sepulcro, desaparecido en la actualidad.
                                   Común de Pastores o Santos Varones
            Oración. Dios de bondad, que elegiste al beato Amadeo para favorecer a los pobres y desamparados, concédenos que arraigue en nuestros corazones lo que él hizo y predicó, y que interceda ante tu misericordia aquel que nos diste como protector en la tierra. Por nuestro Señor Jesucristo.


4.2 de noviembre
Margarita de Lorena (1463-1521)
La beata Margarita, duquesa de Alençon, nace en 1463 en Vaudémont (Nancy. Francia). En Lorena se desposa con Renato, duque de Alençon. Pasan muchas penurias por la guerra de los 100 años. Margarita enviuda a los 32 años de edad, con tres hijos todavía de tierna edad. Educados y casados sus hijos, reparte sus bienes, distribuyéndolos en tres partes: una para los pobres, otra para la Iglesia, y una tercera para su sustento. Se retira al castillo de Essai, y mantiene una relación muy estrecha con las clarisas de Alençon. Devota de Cristo crucificado, lleva una vida de penitencia. Abre un dispensario en Mortagne y cuida a los enfermos. Ingresa en las clarisas de Argentan. Muere el 2 de noviembre de 1521, a la edad de 58 años. El papa Benedicto XV aprueba su culto el 20 de marzo de 1921.
                                   Común de Santas Mujeres
            Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo de la beata Margarita, afiánzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


6 de noviembre
Mártires del siglo XX en España (†1936)
            Los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han inscrito en el catálogo de los beatos a los siguientes siervos de Dios pertenecientes a la Familia Franciscana, todos «testigos vivos y creíbles del amor, de la unidad y de la paz», en palabras de Juan Pablo II, que decreta su fiesta el 6 de noviembre:
FRANCISCANOS CONVENTUALES: Alfonso López (18681936) (†3 agosto), Dionisio Vicente Ramos (1871-1936) (†31 julio), Francisco Remón Játiva (1890-1936) (†31 julio), Miguel Remón Salvador (1907-1936) (†3 agosto), Modesto Vegas Vegas (1912-1936) (†27 julio) Pedro Rivera Rivera (1912-1936) (†1 setiembre).
FRANCISCANOS MENORES: Antonio Faúndez López (1907-1936) (†11 de setiembre), Antonio Sáez de Ibarra y López de Arcaute (1914-1936) (†22 setiembre), Alfonso Sánchez Hernández-Ranera (1915-1936) (†16 agosto), Anastasio González Rodríguez (1914-1936) (†16 agosto), Andrés Majadas Málaga (1914-1936) (†16 agosto), Ángel Hernández Ranera (1877-1936) (†16 agosto), Antonio Rodrigo Antón (1913-1936) (†16 agosto), Alfredo Pellicer (1914-1936) († 4 octubre), Benigno Prieto del Pozo (1906-1936) (†16 agosto), Buenaventura Muñoz Martínez (1912-1936) (†4 setiembre), Domingo Alonso de Frutos (1900-1936) (†16 agosto), Federico Herrera Bermejo (1915-1936) (†16 agosto), Félix Echevarría Gorostiaga (1893-1936) (†22 setiembre), Félix Gómez-Pinto Piñero (1870-1936) (7 setiembre), Félix Maroto Moreno (1915-1936) (†16 agosto), Francisco Jesús Carlés González (1894-1936) (†22 setiembre), José Álvarez Rodríguez (1913-1936) (†16 agosto), José de Vega Pedraza (1913-1936), (†16 agosto), José María Azurmendi Larrínaga (1870-1936) (†21 setiembre), Julián Navío Colado (19041936) (†16 agosto), Luis Echevarría Gorostiaga (18951936) (†22 setiembre), Marcelino Ovejero Gómez (19131936) (†16 agosto), Martín Lozano Tello (1900-1936), Miguel Zarragua Iturrizaga (1870-1936) (†22 setiembre), Pascual Fortuño (1886-1936) († 8 de setiembre) , Perfecto Carrascosa Santos (1906-1936) (17 octubre), Plácido García (1895-1936) (†15 de agosto), Ramón Tejado Librado (19151936) (†16 agosto), Salvador Mollar (1896-1936) (†27 octubre), Santiago Maté Calzada (1914-1936) (†16 agosto), Saturnino Río Rojo (1915-1936) (†16 agosto), Simón Miguel Rodríguez (1912-1936) (†22 setiembre), Valentín Díez Serna (1915-1936) (16 agosto), Vicente Majadas Málaga (1915-1936) (†16 agosto), Víctor Chumillas Fernández (1902-1936) (†16 agosto).
FRANCISCANOS/AS CAPUCHINOS/AS: Aurelio de Vinalesa (1896-1936) (†28 agosto), Ambrosio  de Benaguacil (1870-1936) (†24 agosto), ), Berardo de Lugar Nuevo de Fenollet (1867-1936) († 4 de setiembre), Buenaventura de Puzol (1897-1936) (†26 de septiembre), Enrique de Almazora (1913-1936) (16 agosto), Fidel de Puzol (18561936) (27 setiembre), Germán de Carcagente (1895-1936) (†10 agosto), Joaquín de Albocácer (1879-1936) (†30 agosto), Modesto de Albocácer (1880-1936) (13 agosto), Pacífico de Valencia (1874-1936) (†12 octubre), Pedro de Benisa (1877-1936) (†27 agosto), Santiago de Rafelbuñol (1909-1936) (†29 septiembre).
Isabel Calduch Rovira (1882-1936) (†14 abril), María Felicidad Masiá (1890-1936) (†25 octubre), María Jesús Masiá (1882-1936) (†25 octubre), María Verónica Masiá (1884-1936) (†25 octubre), Milagros Ortells Gimeno (1882-1936) (†20 noviembre).
Andrés de Palazuelo (†31 agosto), Alejandro Casare (†6 agosto), Alejo Pan López (†27 diciembre), Andrés Francisco Simón (†7 noviembre), Andrés Soto Carrera (†6 agosto), Ángel de la Red (†14 agosto), Aproniano de Felipe (†29 setiembre), Basilio González (†14 agosto), Bernardo Cembrano (†31 agosto), Emilio Serrano (†26 agosto), Eugenio Sanz-Orozco (†17 agosto), Ezequiel Prieto (†14 agosto), Facundo Escanciano (†17 agosto), Felipe Llamas (†6 setiembre), Fernando Olmedo (†2 agosto), Francisco Barahona (1902-1936) (21 julio), Ignacio Caselles (†24 diciembre), Jacinto Gutiérrez (†29 diciembre), Jerónimo Limón (†3 agosto), Joaquín Frade (†14 agosto), José González Ramos (†6 agosto), José María Recalde (†6 agosto), José Pérez (†27 noviembre), Juan Francisco Barahona (†15 agosto), Juan Silverio Pérez Ruano (†6 agosto), Lorenzo Ilarregui (1880-1936) (†23 agosto), Lucinio Fontanill (1884-1937) (†19 mayo), Norberto Cembranos (1891-1936) (†23 setiembre), Pablo Merillas (1902-1936) (†14 enero), Quirino Díez (18891936) (†27 agosto), Rafael Severiano Rodríguez Navarro (†7 agosto), Ramón Juan Costa (†30 noviembre), Segundo Pérez Arias (†14 agosto).
Frederic de Berga y 25 compañeros mártires asesinados entre junio de 1936 y febrero de 1937. Beatificados el 21 de noviembre de 2015. Sus nombres son además del citato  Frederic de Berga, Modest de Mieres,  Zacaries de Llorenç del Penedés,  Remigi del Papiol,  Anselm d'Olot,  Benigne de Canet de Mar, Josep de Calella de la Costa,  Martí de Barcelona,  Rafael Maria de Mataró, Agustí de Montclar de Donzell, Doroteu de Vilalba dels Arcs,  Alexandre de Barcelona, Tarsici de Miralcamp,  Vincenç de Besalú, Timoteu de Palafrugell,  Miquel de Bianya,  Jordi de Santa Pau,  Bonaventura de Arroyo Cerezo,  Marçal del Penedès,  Eudald d'Igualada, Paciá Maria de Barcelona, Ángel de Ferreries, Cebrià de Terrassa, Eloi de Bianya, Prudenci de Pomar de Cinca, Félix de Tortosa

TERCIARIOS/AS CAPUCHINOS/AS AMIGONIANOS/AS: Vicente Cabanes Badenas (1908-1936) (†30 septiembre), Ambrosio María de Torrent (1866-1936) (†18 septiembre), Benito María de Burriana (1872-1936) (†12 septiembre), Bernardino María de Andújar (1879-1936) (†16 septiembre), Bienvenido María de Dos Hermanas (1887-1836) († 31 julio), Crescencio García Pobo (1903-1936) (†3 octubre), Domingo María de Alboraya (1872-1936) (†15 agosto), Florentín Pérez Romero (1902-1936) (†23 agosto), Francisco María de Torrent (1886-1936) (†18 octubre), Francisco Tomás Sere (1911-1936) (†3 agosto), Gabriel María de Benifayó (1866-1936) (†16 agosto), José Llosá Balaguer (19011936) (†7 octubre), Laureano María de Burriana (1884-1936) (†16 setiembre), León María de Alacuás (18751936) (†26 septiembre), Modesto María de Torrent (18851936) (†18 septiembre), Recaredo María de Torrent (18741936) (†18 de septiembre), Timoteo Valero Pérez (1901-1936) († 17 septiembre), Urbano Gil Sáez (19011936) (†25 de julio), Valentín María de Torrent (1896-1936) (†18 septiembre).
Carmen García Moyon (1888-1937) (†30 enero) (cf. Fiesta 30.1 enero), Francisca Javier de Rafelbuñol (19011936) (†27 septiembre), Rosario de Soano (1866-1936) (†22 agosto), Serafina María de Ochovi (1872-1936) (†22 agosto).
FRANCISCANAS HIJAS DE LA MISERICORDIA: Catalina del Carmen Caldés Socias (1899-1936) (†23 julio), Miquela del Sacramento Rullán Ribot (1903-1936) (†23 julio),
FRANCISCANAS DE LOS SAGRADOS CORAZONES: Carlota de la Visitación Duque Belloso (1872-1936). (†14 noviembre).
MISIONERAS FRANCISCANAS MADRE DEL DIVINO PASTOR: Gertrudis Llamazares Fernández (1870-1936) († 14 julio), Isabel Remiñán Carracedo (1876-1936) (†6 agosto), María Asunta González Trujillano (1881-1936) († 28 octubre). 
SACERDOTES DE LA ORDEN FRANCISCANA SEGLAR: Fulgencio Martínez García (1911-1936) († 4 octubre), Pedro Sánchez Barba (1895-1936) († 4 setiembre).
                                               Común de Mártires
            Oración. Señor y Padre nuestro, que concediste a los Mártires de la Familia Franciscana del Siglo XX en España, la gracia de morir por Cristo, ayúdanos en nuestra debilidad para que, así como ellos no dudaron en entregar su vida por ti, así también nosotros nos mantengamos fuertes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

7 noviembre
Elena Enselmini (1208-1242)
La beata Elena nace en Padua (Véneto. Italia) hacia el 1208. San Francisco regresa de Tierra Santa y se detiene en Padua, donde funda las clarisas de Santa María de Arcella. Y Elena ingresa en el convento en el 1221, recibiéndola el mismo San Francisco. En 1230 contrae una enfermedad que le dura unos 15 meses. Recibe el consuelo y la guía espiritual de San Antonio, que llega a la ciudad como Ministro Provincial en el 1227. Muerto el Santo de Padua el 13 de junio de 1231, Elena permanece muy enferma sin apenas alimentarse. Se mantiene en oración continua, uniéndose a los padecimientos de Jesús. Muere el 4 de noviembre de 1242 a los 34 años de edad. El papa Inocencio XII la beatifica el 29 de octubre de 1695.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Escúchanos, Dios salvador nuestro, y, así como nos alegramos en la fiesta de la beata Elena, virgen, haz que aprendamos a servirte con amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

7.1 de noviembre
María Asunta Pallotta (1878-1905)
            La beata María Asunta Pallotta nace el 20 de agosto del año 1878 en Force (Las Marcas. Italia), hija de Luigi Pallotta y Eufrasia Casali. Es la mayor de cinco hermanos. Pronto deja la escuela para trabajar y ayudar económicamente a sus padres. El 4 de mayo del año 1898 ingresa en las Franciscanas Misioneras de María como Hermana Auxiliar. Hace el postulantado y el noviciado en Grottaferrata (Roma) . Se encarga de la granja de gallinas, palomas y cerdos. Continúa en esta labor después de la profesión. En 1902 la destinan a Florencia. Aquí trabaja en la sacristía, el jardín, la cocina, la ropería y el lavadero. Destaca por su amor a la Eucaristía y a la Virgen María, teniendo un carácter modesto y bondadoso. El 13 de febrero de 1904 emite los votos perpetuos en Florencia. El 9 de julio de 1900 martirizan en Tai-yuan-fou (China) a Santa María Herminia de Jesús y sus compañeras. La Superiora General de las FMM, María de la Pasión, envía a María Asunta con nueve hermanas el 19 de marzo de 1904 a Tung-eul-keu, aldea que dista 46 Km de Tai-yuan-fou, capital de Shansi (China). Una epidemia de tifus acaba con su vida el 7 de abril de 1905, apenas nueve meses después de su llegada a China. El papa Pío XII la beatifica el 7 de noviembre de 1954.
                                               Común de Vírgenes
Oración. Dios, Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los humildes y pequeños, concédenos seguir confiadamente el camino trazado por la beata María Asunta Pallotta, para que, dando frutos de buenas obras según el espíritu del Evangelio, caminemos en tu presencia. Por nuestro Señor Jesucristo.
8 de noviembre
Juan Duns Escoto (1265-1308)
            El beato Juan nace en la ciudad de Duns (Escocia. Reino Unido), en torno al año 1265. Hacia el año 1280 Escoto ingresa en la Orden de los Frailes Menores por su tío paterno, fray Elías Duns, vicario de la Vicaría franciscana de Escocia. Después de cursar los estudios preceptivos, es ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1291. Estudia en el Estudio Teológico de los Franciscanos de París. Enseña en París, Cambridge, Oxford y Colonia. Rehúsa firmar el libelo de Felipe IV, rey de Francia, contra el Papa Bonifacio VIII. Es expulsado de París por un año. Es firme defensor de la autoridad del Papa, de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y de la Encarnación del Verbo como misión de amor del Padre a sus hijos. Se traslada al Estudio de la Orden en Colonia, donde fallece repentinamente el 8 de noviembre de 1308. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 20 de marzo de 1993.
Común de Pastores o doctores de la Iglesia
Oración. Oh Padre, fuente de toda sabiduría, que en el beato Juan Duns Scoto, defensor de la Virgen Inmaculada, nos has dado un maestro de vida y de enseñanza: haz que, iluminados por su ejemplo y alimentados por su doctrina, permanezcamos unidos fielmente a Cristo.Él que es Dios y vive y reina por los siglos de los siglos.

8.1 de noviembre
María Crucificada Satellico (1706-1745)
La beata Isabel María, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Venecia (Italia) el 31 de diciembre de 1706; es hija de Pedro Satellico y Lucía Mander. Es directora de canto y organista en las Clarisas de Ostra Vetere. A los 19 años de edad ingresa en el noviciado y toma el nombre de María Crucificada, por su devoción a la Santísima Virgen y a la Pasión de Cristo. Vive la espiritualidad clariana de la perfecta conformación a Cristo Crucificado, y una filial devoción a la Santísima Virgen. Elegida abadesa, se distinguió por su solicitud para con las hermanas y con los pobres. Muere el 8 de noviembre de 1745. El papa Juan Pablo II la beatifica el de 10 de octubre de 1993.
                                               Común de Vírgenes
            Oración. Padre, escucha nuestras súplicas, para que cuantos celebramos con devoción los méritos de la beata Isabel María, virgen, permanezcamos en tu amor y crezcamos en él hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.
9 de noviembre
Juana de Signa (1244-1307)
La beata Juana nace hacia el 1244 en la ciudad de Signa (Florencia. Italia). Perteneciente a una familia muy humilde y cristiana, se dedica a cuidar rebaños. A ejemplo de la beata Veridiana (1180-1242), que se recluyó en la cercana población de Castel Fiorentino, se confina a los treinta años en una celda junto al río Arno. En este encierro voluntario recibe a toda clase de personas, a las que ayuda espiritual y materialmente: sana enfermos, convierte a pecadores, ayuda a los necesitados a seguir la forma de vida que se da en este tiempo y con estas formas al seguimiento de Jesús pobre y crucificado, según el sentido de vida que testimonia para sí y para los demás San Francisco de Asís. Muere el 9 de noviembre de 1307. El papa Pío VI reconoce el culto y autoriza el oficio y misa en su honor el 17 de septiembre de 1798.

                                   Común de Santas Mujeres
Oración. Dios nuestro, gloria de los humildes, que distinguiste a la beata Juana por su caridad y su paciencia, concédenos, por sus méritos e intercesión, que, llevando cada día nuestra cruz, alcancemos un amor duradero. Por nuestro Señor Jesucristo.

Libro sobre Jesús de Nazaret

                                        Regresar a Jesús de Nazaret

                                                                       Rafael Luciani

Volver la vista, la mente y el corazón a la vida y doctrina de Jesús de Nazaret es para encontrar su identidad mesiánica que reveló el Reino de Dios para la salvación de la creación y de la humanidad. Y desde su identidad personal se debe discernir la nuestra, tanto social como individual. Y retornar a él para buscar luz y camino en nuestra cultura es situar en el espacio y en tiempo su nacimiento, su educación, su experiencia religiosa. El autor estudia también sus relaciones con Juan Bautista y la proclamación del Reino, una vez que Juan desaparece de la escena de Israel. Es cuando ofrece un Dios universal y  misericordioso a todos los excluidos de la sociedad de entonces; forma la «familia Dei» con sus discípulos y con los que le siguen. Aquí está el hilo conductor de este ensayo.
Jesús crea una fraternidad histórica en la que todos se llaman y se tratan como hermanos al ser hijos de un mismo Padre (cf. Mc 10,29-30; Mt 23,8); tan es así «que la fraternidad será la nueva medida de nuestra humanidad» (145). En la nueva familia se come y se distribuyen los bienes como hermanos, iguales en dignidad, tal y como fueron creados. Se destruyen los desequilibrios sociales que enfrentan a los hombres, al dominar los poderosos a los más débiles, porque aquellos son los que han creado una humanidad transida de violencia. Es lógico, entonces, que la autoridad en la nueva familia esté marcada por el servicio mutuo, y no por la autoridad que esclaviza. Es un servicio que se ofrece entre hermanos.  Y como servidor de sus hermanos da la vida (cf. Mc 10,45; Jn 15,13).
                   
La vida y la doctrina de Jesús nos llevan a pensarle como nuestro hermano, y todos pertenecientes a la familia de su Padre Dios. Jesús pertenece a nuestra historia, donde hunde sus raíces la fe cristiana, y nos revela que la violencia, y la muerte que genera, no son la palabra definitiva de nuestro destino común. Su entrega solidaria a los pobres y a sus hermanos nos recuerda constantemente cuál es nuestra identidad y cómo debemos marginar la individualidad que desune y enfrenta. «No se trata  de ver a Dios en el rostro del otro a modo de un pietismo panteísta, sino de poner en práctica un estilo de vida asuntivo, donde tengan el mismo peso el amor a Dios (Dt 6,5) y el amor al otro (Lv 19,18) como hermano (Mt 23,8)» (300).
                       
Pero la fraternidad no es una experiencia solo personal y familiar, también es social. Y social no se entiende en sus dimensiones políticas, económicas, culturales, etc. La identidad fraterna de la sociedad parte del Dios Creador, que nos ha creado a todos iguales y ha mandado que se administren los bienes para que todos podamos vivir con los recursos básicos que dignifican a los personas. Y la Iglesia debe responder a la dimensión fraterna de la fe cristiana. Como comunidad de vida y de gracia, la comunidad cristiana ha de hacerse creíble tanto en sus miembros como en sus misiones; ella debe vivir y ofrecer a todo el mundo la relación filial con Dios y fraterna con los demás. Es sentirse permanentemente unida a Cristo, su Cabeza, y a Jesús que llamó a los Doce para establecer la fraternidad del Reino. Dicha fraternidad ayudaba y participaba en la misión de extender el Reino, no cooperando a las ofensas y juicios condenatorios o conflictos sociales, sino aprender a llevar la cruz asumiendo el sufrimiento de los pobres. Dicha fraternidad debe ser universal; Jesús excluye la secta. Por último, la Iglesia debe seguir el carácter simbólico que le confirió Jesús a los Doce. Es decir, su estilo de vida hace presente el inicio de una nueva etapa de las relaciones de Dios con los hombres.
                                                                       



PPC, Madrid 2014, 326 pp., 14,5 x 22 c