lunes, 5 de enero de 2015

Los Reyes Magos

       LOS REYES MAGOS


 “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes. Unos magos que venían del Oriente, se presentaron en Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle’… se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delate de ellos hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño… Entraron en la casa; vieron al Niño con Maria su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra”
(San Mateo I.2)


                                                                      por  Alfredo Vera Boti
                                                                             Academia Alfonso X El Sabio
                                                                             Murcia

           
Una noticia tan breve, a la que sólo le hemos quitado unas pocas líneas relativas a Herodes, o de menor interés para este comentario, sirvió de germen a una leyenda por todos conocida y que tanta sugestión produjo a lo largo, sobre todo, de la Edad Media.
            Lo que vamos a recordar ahora no es una ley abstracta, sino el carácter discursivo de un proceso del pensamiento medieval, que no partía de que el dato fuera fijo e inmóvil sino capaz de ir recibiendo excrecencias hasta convertirse en una serie de figuras (literarias, litúrgicas, pictóricas, teatrales, míticas, musicales, festivas, etc.) autoalimentadas en la persecución no ya de crear, sino de cerrar un círculo que la ambivalencia de lo inconcreto permitió que fuera creciendo con glosas y extrapolaciones añadidas, o sea, que la inconcreción de unas pocas palabras se utilizó para explicar lo que se iba convirtiendo en complejo.
            La frase con significado se convertía en instrumento sugestivo o germen que conducía al mito secreto, porque la cualidad genérica de “mago” implicaba el poder de lo mágico, o sea, que en abstracto los portadores de materias físicas inanimadas estimulaban la fantasía del mito en su relación con el poder (oro), con el deleite (mirra), y con lo divino (incienso), pero no como valores interdependientes sino autónomos, cada uno con su simbolismo propio acumulativo para evidenciar la separación de lo divino a quien se les ofrece, de lo profano que es quien lo da. El lenguaje impreciso, pues, asignable a “mago”, ya sea, como buscadores de la verdad, o como adivinadores, hechiceros, etc., conduce a atributos fijos, y su “historia” se puede ir completando con glosas in status nascendi, que transforman el misterio en una historia o argumento compacto, real o irreal, llena de fragmentos que se autoalimentan: si tres son los dones, tres han de ser los cofres, y tres los Reyes, atendiendo a una linealidad interpretativa. Mas si tres son los Reyes, lo correcto es que cada uno sea de uno de los continentes entonces conocidos, de una las razas, de una de las tres religiones o de una de las tres edades del hombre, etc., aunque tampoco faltan las interpretaciones de hacerlos hermanos con dominios heredados en distintas naciones: por ejemplo, a los tres sirios y a los tres latinos, que seguidamente recordamos, se les asignaron los reinos de Persia, Sabà en la India y Arabia.


ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS EN LAS TRES EDADES. Gentile da Fabriano

Y cada uno aportó una materia simbólica: el mayor en edad, el oro signo del poder real; el segundo Baltasar, la mirra para bálsamos salutíferos; y el menor, Gaspar, el incienso para la alabaza divina, o sea, los tres estados máximos posibles de existencia: dios, rey y hombre.Otra vez el número trino de los platónicos, el “omne trinum perfectum” de Virgilio, el número sintético de la divinidad como suma de materia, espíritu e intelecto, en resumen, el triángulo simbólico de la Trinidad.
El primero en conjeturar que los magos fueron tres parece que fue Origenes (h. 250), en la escuela de Alejandría, y que dos siglos después, el papa León Magno (h. 450) consagró ese número mágico como el canónico en el catolicismo; luego vino el asignarles la propiedad de ‘reyes’ como una exaltación para dignificar el reconocimiento de la admiración del nacimiento, por los más humildes, los pastores, y por los más poderosos, los reyes, y para ello era fácil buscar referencias que encajaran en el argumento, como las que daban, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, Isaías con su cortejo de sirvientes, tesoros y dromedarios (60.3 y sig.) o los Salmos con los reyes sometidos (68.13). Con todo ese conglomerado se hizo el cortejo.
Partiendo de conceptos y representaciones generales se llegó a impresiones o pareceres particulares. Adobando ahora el mito con el rito tendremos que la metáfora inmediata ha generado la construcción de la metáfora radical: La creencia ya puede ser real.
Pero antes para poseerla como realidad tangible hay que asignarle un nombre a cada elemento fundamental y así a los Reyes se les denominó Apalio, Amenio y Damasco (en hebreo), Gálgala, Malgalay y Savathin (en griego), Tanisuran, Malik y Sissebá (en sesenio), Homizdan, Yazdequerb y Perozad (en sirio) o Melchor, Gaspar y Baltasar (en latín), etc., sin raíces comunes, pero utilizados para designar la misma idea y que ésta sea concreta.


ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS EN LAS TRES RAZAS. Alberto Durero

Quien posee el nombre posee la cosa; en un principio ontológico bien conocido y estudiado en las culturas antiguas. A cada individuo se le asocian unas cualidades pero interrelacionadas en el argumento.
Lo que se hizo fue eliminar el aislamiento de los datos, reuniéndolos con otros intuidos y con ellos hacer un nuevo orden para crear un sistema, una leyenda o una historia irreal, pero formulada de forma compacta. Fue una tarea, en este caso la más bella de los Evangelios, porque carece de los complejos problemas de recompensas e interminables de acercamientos, en la que si hacemos abstracción entre lo canónico y lo apócrifo, a efectos de ver como actúa el pensamiento intuitivo, enseguida encontramos imbuidos en la tarea de conformación del ritual a tantos Padres de la Iglesia como exégetas de la misma: el Venerable Beda, o los santos Crisóstomo, Remigio, Gregorio, Fulgencio, Agustín, Bernardo, etc., etc..
Preparada la estructura ‘consistente’ de la exégesis y bautizadas sus partes, o sea, poseídas de forma sintética al ‘poseer’ ya un nombre concreto del sujeto, los Reyes Magos, se formula una ley completa, o sea, una ‘historia-argumento’ con fin definido que para entenderlo bien ha de ser sintética entretejiendo singularidades del mismo rango de verdad o de ficción. No es por tanto una exégesis sino una eiségesis, dicho en términos pedantes. Aunque, a veces, en la trama se produzcan confusiones lingüísticas como la de confundir  Sabà o Seba (la Sebaste armenia) con la Saba salomónica, momento en el que la palabra juega una mala pasada a la necesidad de denominación que la mente necesita para ‘poseer’, para ‘tener’, el control del argumento.
En los protoevangelios del pseudo-Santiago (8.21), pseudo-Mateo (13.25) y, sobre todo, en el árabe de la infancia de Jesús (14.7 y 14.8), la tendencia a la saturación de la ‘historia-argumento’ se produce incluyendo detalles nimios, que hacen que el breve relato de San Mateo pierda la poética de la sugerencia que implica su indefinición, y que de la que derivó la visión buscadora de la luz por los tres magos, ya sea, la religiosa oriental del fuego de Zoroastro o, la material del astro inventado, o la espiritual que los arrastra al astro ‘nacido’ y que hasta ellos mismos desconocen. Son magos a medias, adivinadores a larga distancia, que recorrieron miles de kilómetros, no en el instante del postparto, sino posiblemente en unos dos años, con lo que la historia real de Herodes sería posible encajarla en el suceso.
El argumento se ha elaborado poco a poco, al ir encontrando relaciones compatibles que van aumentando el grado de complejidad; el mito es el punto de partida que crece en todas direcciones dándole sentido no necesariamente lógico, sino compatible con sus propios contextos y si el resultado a que se llega es absurdamente aceptable, entonces se le asigna al sistema el valor de metáfora, su símbolo mayor.
Así se hace también en la ‘ciencia racional empírica’ cuando busca la armonía coherente y no contradictoria entre las partes; pero mientras que en la ciencia, si la contradicción dentro del sistema se demuestra con contraejemplos, entonces se busca un nuevo sistema mayor que englobe lo verdadero de antes y excluya lo subversivo; sin embargo, en otras disciplinas sociales se mantiene el mito y se reinterpreta manteniendo todas las disonancias, como propias de la Naturaleza, porque en sentido kantiano, ésta no es más que el agregado de existencias, tal como son, unas como simples presencias constructivas y otras por tener valores significativos subordinados: todo es real una vez que ha sido in-ventado y a-ventado.
En la Historia, por ejemplo, las leyendas y los mitos pueden haber tenido, con frecuencia, más influencia real que los hechos objetivos, y por tanto, resulta difícil sesgar los resultados en uno u otro sentido, sin llevarse por delante, la creencia de lo que era, en aras del saber lo que fue.
En resumen, un proceso metamórfico en donde la Leyenda es una componente más de la Historia y no una sub-specie aislada, un agregado distorsionante.
Santiago de la Voragine en La leyenda dorada (siglo XIII, cap. XIV) y Paolo Morigi en la Nobiltà di Milano (Milán 1615, L. I. pp. 60-61), cada uno por su lado, completaron lo que en el Evangelio de San Mateo, quedó truncado.
Recompongamos el argumento conductor:
Los Reyes Magos, que en distintas versiones interpretativas, pasan de 3 (número mágico) a 12 (otro número simbólico en la Biblia, las 12 Tribus y en el cristianismo, los 12 Apóstoles), cuando acabaron su cometido premonitorio, tras una estrella y unas distancias (sobre las que hubo divertidos debates bizantinos) terminaron por unir sus destinos, y aunque fueron separados, o juntos, a Saba, según unos y a Sivas (Sebaste), según otros, al final pudieron acometer tarea litúrgica.
Lo importante para este segundo acto, que ya está fuera de los Evangelios, es que se encontraron el año 54 y allí los halló Santo Tomás Apóstol, ahora en Saba de la India, y para ello sirve el juego que hace el nombre, para darle un feliz fin a aquella divertida llegada tras la estrella certera. Ahora en la India los tres fueron bautizados por el Apóstol, nombrándolos obispos. Pero el año 70 sufrieron martirio, los tres en su mes, el de la Epifanía, en enero, pero con algunos días de distancia: Melchor el 1 de enero; Baltasar, el 6 día mágico; y Gaspar el 11, o sea, uno cada 5 días después del otro.
No deja de ser curiosa esta secuencia simétrica, en tres ancianos reyes a los que se le asignaron edades compatibles con la treintena cumplida que habían de tener cuando llegaron a Belén, a así a nuestros tres difuntos mártires se las asignaron las edades respectivas de 116, 112 y 109 años, con edades ya entonces hubo que igualar.


LOS REYES MAGOS COMO FRIGIOS. Mosaico de San Apolinar Nuevo

Cuando estuvo con-formada la triada, pronto fue representada en el arte para formular una comunicación sintética de la historia-argumento, a grupos sociales en su mayoría analfabetos, y así ocurrió, por vez primera (al menos, la más antigua conocida), en la cultura oriental que lo trasladó a Ravenna, donde los tres Reyes Magos, rotulados con sus nombre latinos, con sus gorros frigios, aparecen en la Procesión de las Vírgenes de San Apolinar Nuevo, aunque en algunas catacumbas romanas, aun se seguía mantenido la indefinición del número, porque unas veces aparecen figurados dos y en otras cuatro.
Pero esto ya es secundario para completar el ‘argumento’ no con representaciones, sino con presencias físicas: era como el ver para creer y así se recurrió a personajes de solvencia, para redactar el tercer acto.
Quien mejor que Santa Elena, la madre del emperador Constantino el Grandes que encontraba siempre lo que buscaba; había logrado para su hijo un Imperio, cuando era poco estimado; encontró las tres cruces del Gólgota y los clavos de la Pasión valiéndose de todo tipo de argucias; encontró el modo de llevar buena parte de sus rebuscos a Roma, calmando tempestades con algún acto irresponsable, desprendiéndose de un clavo, etc..
Pues bien, Elena también halló los restos de los Tres Reyes Magos que estaban en un mismo sarcófago, para ello ahora hubo que utilizar a la Saba de Armenia y, tal como acostumbraba, los hizo llegar a su hijo, quien los mandó guardar y venerar en lo que lo que Paolo Morigi llamó el Tesoro de Constantino y que posiblemente estuviera destinados a llevar al Mausoleo del Emperador, es decir, el templo de los Santos Apóstoles de Constantinopla, el Apostoleion, (consagrado h. 330).
Murió Constantino I el Grande (+337) y le sucedieron sus hijos Constantino I (+340) y Constante (+350).
Y aquí retomamos el argumento con más adiciones, muchas veces olvidadas: Eustorgio había sido enviado a Milán como gobernador después de la conquista bizantina, pero al morir el obispo San Protasio (+343), la población aclamó al gobernador como nuevo obispo; éste entonces, marchó a Constantinopla para recibir la investidura, y logró, sin que se sepa porqué, la entrega hecha por el emperador de los restos de los Reyes Magos para que se los llevara a Milán (344). Y así lo hizo el nuevo obispo en compañía de varios embajadores, y como era habitual en aquellas viejas historias, los restos dentro de un pesado sarcófago de mármol fueron colocado en una carreta tirada por dos vacas. Poco antes de entrar en Milán fueron atacadas por una manada de lobos e hirieron o se comieron a una de aquellas. Eustorgio logró entonces uno de sus primeros milagros: ordenó al más robusto de los lobos que en nombre de Dios se unciera junto a la otra vaca (no entremos, en como sería el yugo) y muy diligentes llegaron a la fuente en la que San Barnaba (uno de los primeros discípulos de San Pablo) bautizó a los primeros milaneses. Y con un acto repetitivo en la ‘elección’ de un lugar, la mansa vaca y el feroz lobo se negaron a seguir adelante. San Eustorgio entendió la señal y marcó aquel lugar, en donde hizo construir una iglesita que durante mucho tiempo se llamó Ecclesia Regibus. El motivo de la elección de sitio por ‘bloqueo’ de las bestias no fue aislado en aquellos tiempos; recordemos otra leyenda análoga, esta vez ligada directamente con Santa Elena: Se decía que Santa Elena había mandado en un carro dos piedras que quería colocar en la basílica de San Pedro del Vaticano, que había mandado construir su hijo el emperador Constantino, porque ambas tenían gran significado religioso; una era en la se produjo el fallido sacrificio de Isaac, y la otra, en la que la Virgen depositó al Niño cuando fue a ofrecerlo al Templo. Iban por la vía del Borgo y antes de llegar, los caballos se pararon sin hallar el modo de hacerles avanzar; entonces Elena decidió descargarlas allí y levantar una iglesia, la de Scossa-cavalli, dedicada a San Giacomo. En resumen, que el agregado de temas se producía, tanto a nivel de la idea-madre, como de los detalles; la suma es la que hacía el argumento. Aquí podríamos recordar de nuevo la pomposa palabra de eiségesis.
Retomemos el discurso:


SARCÓFAGO DE MÁRMOL DE LOS TRES REYES MAGOS. San Eustorgio

Poco después murió Eustorgio (+349) y al ser declarado santo, sobre el lugar de la iglesita que levantara, se construyó otra nueva, desde entonces conocida como San Eustorgio, que aun se conserva, aunque en buena parte modificada a finales del siglo XV por la inclusión renacentista de la Capilla Portinari, y en la que, desde que los milaneses perdieron a las Reyes Magos, la enriquecieron con reliquias entonces tan estimadas, además de las de San Eustorgio, como las de varios santos como Magno, Vittore, Eugenio, Honorato, otras excelentes como una espina de la Santa Corona o un denario de oro de los que Melchor entregó a San José, otro milagro que aboga por el mérito de la economía de una donación con retorno y una custodia imperecedera hecha por Melchor, ‘sin duda’. Perdónesenos la broma.
Ocho siglos permanecieron allí, en un bello sarcófago tripartito de mármol, pero en el año 1162 el emperador Federico Barbarroja, conquistó y destruyó Milán, haciendo que se llevaran a la Renania  todos los objetos preciosos; entre lo más valorados estaban las tres reliquias.
Suceso tan importante no podía ocurrir de un modo simple, la leyenda necesitaba una componente épica: El canciller y arzobispo de Colonia Rainaldo de Dasdel, buscó los cuerpos de los Reyes Magos, y aunque interrogó a los sacerdotes del templo éstos dijeron no saberlo, luego lo encaminaron a excavar en el templo y se encontraron con los restos de tres santos, Dionisio, Rústico y Eleuterio, pero no se dejó engañar el agudo Rainaldo. Finalmente, debidamente presionados, logró que confesaran e indicaron que habían sido enterrados bajo la Torre de San Giorgio a Palazzo, que estaba en construcción sobre otra iglesia anterior que se levantaba sobre el viejo palacio que Diocleciano había hecho para uno de los tetrarcas. Como era frecuente en la época, cuando se buscaba una reliquia se acababa por encontrar y las tres las hallaron enlazadas por un anillo de oro, ¡inconfundible!; y Dasdel las hizo llevar a su archidiócesis, junto con varios santos más que localizó, como San Nabor o San Félix.


CATEDRAL DE COLONIA

En Colonia se una nueva arca tripartita dorada que comenzó  Nicolás de Verdún en 1181 y se concluyó mucho después en 1225, por algún orfebre anónimo, en la que no faltaron las tres coronas, que mandó colocar sobre los cráneos el emperador Otón IV: OTTO REX COLONIENSIS CURIAM CELEBRANS TRES CORONAS DE AURO CAPITIBUS TRIUM MAGORUM IMPOSUIT.



URNA-RELICARIO DE LOS TRES REYES MAGOS. Nicolás de Verdún

Durante 84 años la devoción y las peregrinaciones crecieron y fue preciso erigir un gran templo en honor y servicio a los Tres Reyes Magos: la catedral gótica de Colonia, iniciada el año 1264, que llegaría a convertirse, tras San Pedro del Vaticano y Santiago de Compostela, en el tercer destino multitudinario de peregrinos.
Pasaron los años, y tras los descréditos que introdujo el racionalismo post-napoleónico, se decidió abrir la caja. En su interior encontraron lo que la tradición había hecho representar en tantas pinturas de la Natividad, como la Gentile da Fabriano: restos, ya escasos, de un hombre joven, otros de un hombre maduro, y otros de un anciano.
La cronología no interesó demasiado a los que hicieron la invención de Colonia, como tampoco le interesó el argumento neto a Umberto Eco en su novela Baudolino; lo decisivo es la belleza del tema, hasta la ingenuidad si se quiere, con la acumulación de sucesos para generar así otro mito-leyenda, ahora literario.



domingo, 4 de enero de 2015

Francisco de Asís y su mensaje. XI.

                                       Francisco de Asís y su mensaje

                                                                   XI


         El hombre imagen de Dios y de Cristo

            2º Y el hombre es imagen de Dios (cf. RegNB 23,1-2; Adm 5,1) e hijo del Padre (cf. Adm 15,1; 2CtaF 49.54). La filiación divina la descubre Francisco en el seguimiento de Jesús, no en una revelación directa de Dios. A lo más que alcanza Francisco es a comprenderlo como Creador, como Juez, como Rey (cf. ParPN 2; AlD 2,6; 1Cel 16). Seguir a Jesús es cumplir el Evangelio (cf. RegNB 1,1-6; RegB 1,1-2; 12,5), donde se muestra su estilo de vida concretado en sus hechos y dichos. Pero Jesús no representa para él una doctrina que hay que aprender y después enseñar; es una persona viva, y la relación interpersonal que Francisco mantiene con él llega hasta el punto de conformar su existencia en lo exterior e interior (cf. 1Cel 84.103; 2Cel 17; etc.). Y esto lo hace tomando las biografías creyentes de los Sinópticos al pie de la letra. Todos los cuadros evangélicos que describen la vida de Jesús y sus rasgos personales los sigue e imita, desde su nacimiento (cf. 1Cel 84-86; LM 6,1-5) hasta su crucifixión (cf. 1Cel 112.114; LM 13), constituyendo su existencia el mensaje de salvación y su misma posibilidad para toda la creación; es lo que dicta el contenido de la fe cristiana: Cristo es el Salvador (cf. CtaO 3). Y todas las fases de la vida de Jesús como su función salvadora se pueden resumir en la expresión «Jesús pobre y crucificado». Y Francisco logra esta perspectiva, por tres referencias que van a ser las claves de su vida: como la última y definitiva Palabra de Dios en la historia, como lo único que deber ser relevante para los cristianos, como la vía exclusiva para darles la dignidad a los pobres y a los que sufren. Veamos.
           
En primer lugar, la vida de Jesús, con ser extraordinaria, no colma los anhelos humanos. El objetivo último de la fe es Dios, porque la fe vehicula la tendencia humana hacia Él impulsada por la imagen impresa en la vida. Lo que pasma y desconcierta a Francisco es que sea Él quien se hace presente en el hombre. Es Él quien viene a nuestra vida en vez de realizar lo más fácil: potenciar la imagen que ya está puesta en la creación desde el principio y, potenciándola, empujarla para que alcance su gloria, término último de las aspiraciones humanas. Y Francisco descubre que la vida de Jesús es la humanidad del Hijo de Dios (cf. cf. Adm 1,8; OfP 15,7), que es enviado por el Padre para salvar al mundo (cf. OfP 7,3; 11,6; 15,3). Y la razón última de ese envío es el amor, que es capaz de vivir fuera de sí para reconducir la historia desviada por el mal que ha generado el hombre (cf. CtaO 27-29); que la misión divina hace despojarse al Hijo de su gloria divina para hacerse hombre (cf. RegNB 9,1.4-6.8), y que la vida humana que asume es la del siervo, que lleva consigo un servicio hasta la muerte y muerte en cruz; y que dicha presencia kenótica se prolonga en el tiempo en la Eucaristía (cf. CtaO 27-28).
           
El segundo lugar, la pobreza y la cruz de Jesús establece el puesto que le corresponde al cristianismo en la historia. No son los potentados y señores de la tierra (cf. Mc 10,42par) en los que hay que confiar para que rescaten al hombre, por más que Francisco se haya dirigido a ellos (cf. CtaA 1-9), pues son parte de la causa del mal. Son los creyentes que, siguiendo a Jesús, deben continuar por el Espíritu la salvación que él nos trajo. La salvación no está en la riqueza ni en el poder, sino exclusivamente en Dios que se ha hecho carne en Jesús. Y el vacío de Dios significado en la humanidad y una humanidad pobre, como es la vida de Jesús, es la fuente y el recorrido que hace la salvación en la historia (cf. AlD 6; CtaO 3). De ahí que se aferre Francisco a Jesús pobre y crucificado como la única fuente de la salvación. Cuando Francisco se desprende de aquello que da seguridad a esta vida, puede transmitir lo que ha hecho Dios en Jesús. Y a las puertas de la muerte, lo primero que le viene a la memoria son Dios y los leprosos (cf. Tes 1-2; 1Cel 17).

           
En tercer lugar, la consecución de la dignidad filial, o la reconversión de la imagen de Dios de la creación en la imagen de su Hijo para llegar a ser como él, hijos de Dios, sólo se alcanza por medio de una vida pobre y crucificada. Francisco no descubre otro camino para conformarse con Cristo y, por consiguiente, no encuentra otro medio para acceder a la salvación, sino adecuarse a la vida de los pobres y sufrientes de esta vida. Hemos visto que Jesús proclama el Reino de Dios a los pobres y coloca dicha proclamación en el mundo de los pobres: en las pequeñas aldeas de Galilea y en medio de las gentes pobres, olvidadas del poder y alejadas de la riqueza (cf. supra 3.2.2). Francisco sigue a Jesús al pie de la letra en este aspecto. De ahí que experimente un proceso que va de la vida asentada en el dinero producido por el comercio (cf. 1Cel 1; LM 1,1) al seguimiento de Jesús (cf. 1Cel 22), que le introduce en la experiencia de la filiación divina (cf. Adm 15,1; 2CtaF 49.54) y le capacita para ser libre de los poderes de la tierra; después practica misericordia con los pobres y sufrientes, simbolizados por los leprosos de entonces, una vez que admite su existencia al besar a uno de ellos (cf. 1Cel 17; 2Cel 9); por último, se hace uno de ellos (cf. LP 64; EP 58). Sólo así, como Jesús, vaciado del poder y de la riqueza, puede mostrar el camino de la salvación a los marginados de esta vida. Por eso lo manda a sus seguidores: «... deben gozarse cuando conviven con gente de baja condición y despreciada, con los pobres y débiles, con los enfermos y leprosos, y con los mendigos en los caminos» (RegNB 9,2). 

Santos y Beatos: del 5 al 10 de enero

                                                                         5 de enero
                                                         Rogerio de Todi (1237ca.)


En el Espejo de Perfección San Francisco relata las virtudes de sus primeros discípulos. Del beato Rogerio de Todi dice: «Toda su vida y comportamiento estaban saturados de una ardiente caridad» (n.85). Nace en Todi (Perugia. Italia). Al ingresar en la Orden se siente como un «hombre nuevo» (cf. Rom 13,14; Ef 4,24; Col 3,10). Es compañero de Bernardo de Quintaval, Gil, Silvestre, etc. Dispuesto a dedicarse por entero a la evangelización de los pueblos con las solas armas de la entrega a Dios y a los hombres, lleva una vida de extrema pobreza, como señala Jesús en el Evangelio y manda San Francisco a sus discípulos (cf. RegNB 1,1-5). Viaja a España con la misión de fundar fraternidades y erigir la primera Provincia. En la constitución de las fraternidades se responsabiliza de los oficios de formación de los candidatos y de la dirección de las mismas. En el año 1228 dirige a la beata Felipa Mareri, fundadora, con un grupo de discípulas, de un monasterio en Rieti (Lazio. Italia). Poco a poco las conduce a la profesión de la Regla de Santa Clara. Su muerte se fija poco tiempo después de la de Santa Felipa, quizás el 5 de enero del año 1237. El papa Gregorio IX, que lo conoce personalmente, concede a la ciudad de Todi su culto, y Benedicto XIV lo extiende a toda la Familia Franciscana el 24 de abril del año 1751.

                             Común de Santos Varones

Oración. Señor, tú por la predicación del beato Rogerio de Todi llamaste a nuestros padres a la luz del Evangelio y de la Regla de San Francisco, concédenos, por su intercesión, crecer continuamente en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.


                                                                               5.1 de enero
                                                    Diego José de Cádiz (1743-1801)


El beato Diego José nace en Cádiz (Andalucía. España) el 30 de marzo de 1743. Estudia Lógica y Metafísica con los Dominicos de Ronda (Málaga). Profesa en los Hermanos Menores Capuchinos de Sevilla el 31 de marzo de 1759 y recibe la ordenación sacerdotal en Carmona (Sevilla) en el año 1766. Aprende el ministerio de la palabra en Ubrique (Cádiz). En 1771 se incorpora a las misiones itinerantes populares capuchinas, cuya finalidad es la reforma de las costumbres por medio de instrucciones doctrinales y morales. Y así recorre toda la geografía española; sus sermones, pláticas, catequesis se dirigen a niños, jóvenes y mayores. Potencia la religiosidad popular celebrando procesiones de penitencia y rosarios públicos. Difunde la devoción a la Virgen en la advocación de la Divina Pastora. Promueve los ejercicios espirituales, sobre todo para el clero secular y regular, e incluso para seglares. A pesar del barroquismo propio de la época, se distingue en su predicación por la sencillez. Lucha contra el catolicismo ilustrado. Es calificador de la Suprema como teólogo, examinador sinodal y canónico en numerosas diócesis de todo el país. La Universidad de Granada le confiere en 1779 los grados de maestro en Artes y Doctor en Teología y Cánones. Muere en Ronda (Málaga) el 24 de marzo de 1801. El papa León XIII lo beatifica en 1894.

Común de Pastores o de Santos Varones

Oración. Señor Dios, que has concedido al beato Diego José la sabiduría de los santos, y le has encomendado la salvación de tu pueblo, concédenos, por su intercesión, discernir lo que es bueno y justo, y anunciar a todos los hombres la riqueza insondable que es Cristo. Que vive y reina contigo.


                                                                              5.2 de enero
                                                        Pedro Bonilli (1841-1935)

El beato Pedro Bonilli, de la Orden Franciscana Seglar, nace en San Lorenzo de Trevi (Perusa. Italia) el 15 de marzo de 1841. Se ordena de presbítero en Terni el 19 de diciembre de 1863. Párroco durante 35 años en Cannaiola de Trevi. Con la palabra y con la imprenta difunde en la Umbría la devoción a la Sagrada Familia de Nazaret. Crea la Sociedad de Misioneros de la Sagrada Familia. En 1888, abrió el «Instituto Nazareno» para las niñas huérfanas, ciegas, sordomudas y discapacitadas, y para su sostenimiento y cuidado crea la Congregación de la «Hermanas de la Sagrada Familia». Centra su evangelización en la familia humana y cristiana. Solía decir como lema de su pastoral: «Ser familia, dar familia, construir familia», siguiendo su espíritu franciscano de defender la estructura fraterna de la realidad. En 1898 es nombrado Canónigo de la Catedral de Espoleto y Rector del Seminario. Infunde a los seminaristas la espiritualidad familiar y un estilo de vida marcado por la humildad y la pobreza. Muere el 5 de enero de 1935 en Espoleto a los 95 años de edad. Es beatificado por Juan Pablo II el 24 de abril de 1988.

Común de Pastores

Oración. Padre Santo, que has dado al beato Pedro Bonilli, sacerdote, la gracia de hacerse humilde siervo de todos en la escuela de la Familia de Nazaret para acoger a los pobres y marginados, concédenos que lo reconozcamos maestro de vida, y seguirle en sus ejemplos y enseñanzas, para contribuir a la edificación de tu Iglesia en la comunión y en el servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                 7 de enero
                                                  Carlos de Sezze Romano (1613-1670)

San (Juan) Carlos Melchiori nace en Sezze (Roma. Italia) el 19 de octubre de 1613. Ingresa en el convento de San Francesco a Ripa de Roma para, después, hacer el noviciado en Nazzaro (Roma). En 1636 profesa con el nombre de Carlos. Aprende y se ejercita en los oficios de cocinero, hortelano, sacristán, etc. Sigue la piedad franciscana de amor a la Eucaristía y a María, estructurando una interioridad espiritual que le lleva a vivir permanentemente en relación con los misterios de Jesús. Logra, pues, compaginar una vida de intensa oración y contemplación con el servicio a los pobres. Así recorre parte de Italia, residiendo en los conventos de Morlupo, Ponticelli, Palestrina, Carpineto y San Pedro in Montorio. Además, adopta una vida de penitencia para seguir a Jesús crucificado, lo que le conduce a la negación de sí mismo. A la austeridad de vida une una bondad y amabilidad extremas y un conocimiento profundo de los contenidos de la fe cristiana. Por ello se acercan a consultarle personas de toda condición, tanto eclesiásticas, como civiles. Adquiere la sabiduría de la cruz, el saber de los sencillos. Recibe la gracia de la impresión de la llaga del costado de Cristo, descubierta en su muerte, acaecida el 6 de enero de 1670. Es beatificado por León XIII en 1881 y canonizado por Juan XXIII en 1959.

Común de Santos Varones

Oración. Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a San Carlos de Sezze a la gloria de tus santos; concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                              7.1 de enero
                                               Mateo de Agrigento (1380-1450)

El beato Mateo de Gallo Cimarra nace en Agrigento (Sicilia. Italia). Ingresa en la Orden muy joven: en torno a los años 1393-1394. Estudia Filosofía y Teología en Barcelona. Después de alcanzar el grado de doctor se dedica a la enseñanza en varios Centros de Estudios de la Orden. Se une a San Bernardino de Siena para predicar y extender la devoción al Nombre de Jesús y a su Madre María por toda Italia —de Brescia a Nápoles; de Padua a Cosenza— y formar parte de la reforma observante, que lideran, junto al citado San Bernardino, Jaime de la Marca, Juan de Capistrano y Alberto de Sarteano. Finalmente se centra en Sicilia, de la que es Provincial y fundador de siete comunidades de la Observancia sitas en lugares aislados y pobres. También lo hace en España: Barcelona, Valencia, Vic, etc., donde, a la vez, restaura la paz entre el rey Alfonso V y el papa Martín V. Acusado San Bernardino ante el papa Martín V, le defiende junto a San Juan de Capistrano. Tiene de compañeros y colaboradores a un grupo de religiosos que sobresalen por su santidad y entrega a la evangelización de los pueblos: Juan de Palermo, Cristóbal Giudici, Gandolfo de Agrigento, Arcángel de Calatafimi, Lorenzo de Palermo y Santa Eustoquia de Mesina. Consagrado obispo de Agrigento por Eugenio IV en el año 1442, reforma interna y externamente la diócesis. Entrega todos sus bienes a los necesitados. Renuncia a los tres años de ejercer el episcopado y se retira al convento de Santa María de Jesús de Palermo, fundado por él, y en donde fallece el 7 de enero de 1450, después de unos años dedicados a la oración y penitencia. El papa Clemente XIII aprueba su culto el 22 de febrero de 1767.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo Mateo de Agrigento y lo has hecho brillar por el fuego de la caridad y la predicación del nombre de Jesús, haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor de tu Hijo y merezcamos así participar de la gloria con que lo coronaste. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                8 de enero
                                                    Valentín Paquay (1828-1905)

El beato Valentín Paquay nace en Tongres (Limburgo. Bélgica), el 17 de noviembre de 1828; sus padres se llaman Enrique y Ana Neven y su nombre de pila es Luis. Ingresa en la Orden de los Frailes Menores de la Provincia de Bélgica. Es ordenado sacerdote en Lieja el 10 de junio de 1854 y destinado al convento de Hasselt donde permanece el resto de su vida. Es devoto de San Juan Berchmans, su maestro predilecto. Encarna la espiritualidad franciscana, porque va-lora las pequeñas responsabilidades que cubren la vida cotidiana, manteniendo una relación franca y agradable; impregna su vida con una actitud humilde y sencilla. Desarrolla una gran labor en el confesionario y en el discernimiento de conciencias. Devoto de la Eucaristía, defiende la comunión frecuente. También extiende el culto al Sagrado Corazón de Jesús entre las religiosas de la Hermandad de la Orden Franciscana Seglar de Hasselt, que dirige durante veintiséis años. También es muy devoto de la Virgen María, a la que venera, ya desde su adolescencia, en la iglesia parroquial de Tongres bajo el título de Causa de nuestra alegría, y en el santuario de Hasselt bajo el título de Vara de Jesé, pero, como franciscano, prefiere sobre todos los títulos de María el de Inmaculada Concepción. Muere en Hasselt (Limburgo. Bélgica), el 1 de enero de 1905. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 9 de noviembre de 2003.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Señor, tú que otorgaste al beato Valentín Pa-quay la gracia de seguir a Cristo y a María pobres y humildes, concédenos también a nosotros, por su intercesión, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación, para que así tendamos a la perfección que tú nos has propuesto en la persona de tu Hijo y su Madre María. Él que vive y reina contigo.

                                                                           9 de enero

                                                           
                                                   Eurosia Fabris (1866-1932)

La beata Eurosia nace el 27 de setiembre del año 1866 en Quinto Vicentino (Vicenza. Italia). En 1870 se traslada con su familia a Marola, otra ciudad cercana a Vicenza. Ayuda a su padre en las labores del campo y a su madre en las tareas domésticas, sobre todo en la costura. En 1886 se desposa con Carlos Barban, joven viudo, con dos hijas pequeñas. Tiene con él nueve hijos y, además, recoge en su casa a tres sobrinos que quedan huérfanos de madre; su padre fue soldado en la I Guerra Mundial. Forma así una gran familia, imprimiendo a toda la prole un espíritu cristiano que se traduce en la vocación de varios de ellos a la vida sacerdotal y religiosa. De ahí que se le llame «mamma Rosa». En 1916 se crea una fraternidad franciscana seglar en Marola, atendida por los franciscanos del convento de Santa Lucía en Vicenza. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar en la que desarrolla su amor a Jesús, a la Eucaristía y a María, que desde muy joven venera con especial sentimiento en el santuario mariano de Monte Berico, imitándola en el cuidado de la familia, y en una vida de entrega sin límites para educar a todos sus hijos, propios y adoptados. Muere en Marola (Vicenza) el 8 de enero de 1932. El papa Benedicto XVI la beatifica el 6 de noviembre del año 2005.

                          Común de Santas Mujeres

Oración. Concédenos, Señor Dios, que el ejemplo de la beata Eurosia nos estimule a una vida más perfecta, para que al celebrar su memoria la sepamos imitar en las obras. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                        10 de enero


                                             Gil de Lorenzana (1443-1518)

El beato Gil nace en Lorenzana (Potenza. Italia) en 1443, en una familia modesta, humilde y muy cristiana. Sus padres Bello y Caradonna Persani lo bautizan con el nombre de Bernardino. Dedicado a la agricultura, cuida la devoción a Jesús y a María. Ayuda a la construcción del convento de los Franciscanos y una capilla dedicada a San Antonio de Padua, en la que pasa mucho tiempo en oración, alternándola con otra dedicada a María Virgen. Trabaja como jornalero con un rico agricultor, que le concede pasar en oración varias horas al día. Siente la llamada de Dios para la vida francis-cana y pide el hábito en el convento de Lorenzana. Admitido en la Orden, continúa sus labores agrícolas, ahora en el huerto de la fraternidad, pero intensificando su vida de oración y penitencia, con retiros frecuentes en lugares aislados, en los que permanece en soledad y silencio, sufriendo fuertes tentaciones diabólicas. No obstante, recibe visitas de gente piadosa y realiza hechos extraordinarios con los que adquiere fama de santo en Nápoles, Bari, Salerno, y otros conventos. Muere el 10 de enero del año 1518 a los 75 años de edad. El papa León XIII aprueba su culto en el año 1880.

Común de Santos Varones

Oración. Señor y Dios nuestro, que llamaste a una vida de penitencia y oración al beato Gil de Lorenzana, para que te sirviera con una vida santa, concédenos por su intercesión que sepamos alabarte en todos los actos de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                             11 de enero
                                                         Tomás de Cori (1655-1729)

Santo Tomás de Cori nace en Cori (Latina. Italia) el 4 de junio de 1655. Queda huérfano de padre y madre a los 14 años. Su oficio es de pastor. Ingresa en la Orden, hace el noviciado en Orvieto y cursa los estudios eclesiásticos en Viterbo y Velletri. Se ordena en 1683. La Provincia franciscana de Roma le envía a instaurar una fraternidad de Retiro en el convento de Civitella (hoy Bellegra), y permanece allí hasta su muerte, excepto los años 1703-1709, que reside en Palombara, donde instaura el Retiro, según el modelo de Bellegra. La oración constante, la adoración a Dios en Cristo, presente en la Eucaristía, el servicio a los hermanos y a los pobres, son la razón de ser de su vida. Sufre la aridez de espíritu durante 40 años sin perder la calma y la confianza en Dios. Recorre ciudades y pueblos, sobre todo la región del Lacio, anunciando el Evangelio con palabras sencillas y claras. Muere el 11 de enero de 1729. El papa Pío VI lo beatifica el 3 de septiembre de 1786, y lo canoniza Juan Pablo II el 21 de noviembre de 1999. «Verdadero hijo del Poverello de Asís, también de él se podría afirmar lo que se decía de San Francisco: “No tanto era un hombre que oraba, cuanto, más bien, un hombre transformado totalmente en oración viva”» (2 Cel 95) (Juan Pablo II, Discurso a los Peregrinos, L’Osservatore Romano, 22-XI-1999).

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo la guía providente de Santo Tomás de Cori, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.