martes, 18 de agosto de 2015

Santos y Beatos, 18 al 23 agosto

18 de agosto

Paula Montaldi (1443-1514)

La beata Paula Montaldi nace en Volta Mantovana (Mantua. Italia) en 1443. Ingresa en el monasterio de las Hermanas Clarisas de Santa Lucía de Mantua, en 1458. Lleva una vida de oración permanente, sigue a Cristo pobre y crucificado. Abadesa por muchos años, la devoción a Jesús y a la Eucaristía la acompaña con severas penitencias que en nada se reflejan en sus relaciones fraternas, pues es extremadamente cariñosa, servicial y fiel en la ayuda permanente a las hermanas. Escribe varios opúsculos dedicados al nombre de Jesús. Muere el 18 de agosto de 1514, a la edad de 71 años, de los que 56 pasa en el monasterio. El papa Pío IX aprueba su culto el 6 de septiembre de 1876.

Común de Vírgenes

Oración. Padre, escucha nuestras súplicas, para que, cuantos celebramos con devoción el seguimiento de Cristo pobre y crucificado de la beata Paula, virgen, permanezcamos en tu amor y crezcamos en él hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.


18.1 de agosto
Nicolás Factor (1520-1583)

El beato Pedro Nicolás Factor nace el 29 de junio del año 1520 en Valencia (España). Ingresa en la Orden en 1537. Realizados los estudios eclesiásticos, es ordenado sacerdote en 1544. Colabora en la restauración de la fe católica en España, aplicando el Concilio de Trento y potenciando la vida mística, en auge en esta época. Es tiempo de los grandes fundadores y místicos españoles. Es superior de las fraternidades de Santo Espíritu (Gilet. Valencia), Chelva, Val de Jesús, Murviedro (Sagunto), de los recoletos de Bocairent y también maestro de novicios. Franciscano de vida de oración y penitencia, predica a Jesús crucificado y confiesa a innumerables almas que acuden a él para recibir consejo y a comunidades religiosas. Reside un tiempo en el fraternidad recoleta de Onda (Castellón. España) y en los Capuchinos de Barcelona. En 1583 regresa a la fraternidad observante de Santa María de Jesús. Muere el 23 de diciembre de 1583 en Valencia, enfermo y extenuado. El papa Pío VI lo beatifica el 27 de agosto de 1786.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Padre misericordioso, que has extendido tu Iglesia por el fervor religioso y la solicitud apostólica del beato Pedro Nicolás Factor, por su intercesión concédele crecer siempre en la fe y en la santidad. Por nuestro Señor Jesucristo.


18.2 de agosto
Mártires Franciscanos de la Revolución Francesa (†1794)

Durante la Revolución Francesa encarcelaron a los sacerdotes y a los religiosos que se negaron hacer el juramento por la libertad e igualdad del pueblo y abjurando de su fe católica. Entre el 11 de abril de 1794 y el 7 de febrero de 1795 fueron detenidos 827, de los que murieron 542 a consecuencia de los malos tratos y las condiciones inmundas de las prisiones. Las cárceles eran dos barcazas llamadas “Les Deux Associés” y el “Washington”, ancladas en Rochefort, en la desembocadura del río Charente en el mar, en la región de La Rochelle. El papa Juan Pablo II beatifica el 1 de octubre de 1995 a 64 mártires, entre los cuales se encuentran los siguientes Franciscanos Conventuales y Capuchinos.
JUAN LUIS LOIR (1720-1794), OFM CAP., nace en Besanzón (Doubs. Francia) el 11 de marzo de 1720, ingresa en la Orden capuchina en Lyón en mayo de 1740. Detenido en 1791 es deportado a Moulins, después a Rochefort en 1793. Muere el 19 de mayo de 1794. LUIS ARMANDO ADAM (17411794), OFM CONV., nace en Ruán (Alta Normandía. Francia) el 19 de diciembre de 1741. Entra en los franciscanos conventuales el 1 de septiembre de 1761. Sacerdote. Es arrestado el 12 de abril de 1793. El 6 de marzo de 1794 es deportado a una de las barcazas Les Deux Associés. NICOLÁS SAVOURET (1733-1794), OFM CONV., nace en Jonvelle (Alto Saona. Francia) el 27 de febrero de 1733. Doctor en Teología. Es director espiritual de las clarisas de Moulins. Es arrestado el 18 de mayo de 1794 en Moulins. Enviado a Rochefort, fallece el 16 de julio del mismo año. PROTASIO BOURDON (1747-1794), OFM CAP., nace el 17 de abril de 1747 en Séez (Orne. Francia); profesa el 27 de noviembre de 1768. Ordenado sacerdote en 1775. Arrestado en Ruán el 10 de abril de 1793, muere de tifus en la noche del 23 al 24 de agosto. SEBASTIÁN VERNESON (1749-1794), OFM CAP., nace en Nancy (Lorena. Francia) el 17 de enero de 1749. El 24 de enero de 1768 ingresa en la fraternidad de Saint-Michel. Evangeliza en varias parroquias de la diócesis de Metz. He-cho prisionero el 9 de noviembre de 1793, llega a Rochefort el 28 de abril de 1794 y muere el 10 de agosto del mismo año.


Común de varios Mártires

Oración. Padre de misericordia, que has manifestado el poder de la resurrección de tu Hijo en el martirio de los beatos Juan Luis y compañeros, concédenos, por su intercesión, ser fieles a la vocación cristiana y saber perdonar a nuestros enemigos. Por nuestro Señor Jesu-cristo.


18.3 de agosto

Sancha Szymkowiak (1910 -1942)

La beata Sancha Szymkowyak nace en Mozdzanów (Polonia) el 10 de julio de 1910. Estudia lengua y literatura en la Universidad de Poznan. Se incorpora a la institución de caridad Sodalicio Mariano. Después de una peregrinación a Lourdes en 1934, ingresa como religiosa en las Hermanas Oblatas del Sagrado Corazón en Montluçon (Allier. Francia). Dos años después regresa a Polonia y se hace de la Congregación de la Bienaventurada Virgen María Dolorosa, conocidas como «Hermanas Seráficas» en Poznan. En la ocupación alemana, las religiosas quedan bajo arresto domiciliario y padecen trabajos muy duros. Con una paciencia infinita lo soporta todo, ayuda a los prisioneros ingleses y franceses, sirviendo además de traductora. Emite los votos perpetuos el 6 de julio de 1942 y fallece el 29 de agosto del mismo año. El papa Juan Pablo II la beatifica el 18 de junio de 2002.

Común de Vírgenes

Oración. Padre, escucha nuestras súplicas, para que, cuantos celebramos con devoción los méritos de la beata Sancha, virgen, permanezcamos en tu amor y crezcamos en él hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.

19 de agosto
Luis de Tolosa (1274-1297)

San Luis de Anjou nace en el año 1274. Su madre, María de Hungría, es sobrina de Santa Isabel y hermana de tres reyes santos: Esteban, Ladislao y Enrique. Su padre, Carlos II de Anjou, rey de Nápoles, es sobrino de San Luis de Francia. Es testigo, en sus primeros años, de las sangrientas luchas que oponen a su familia con los reyes de Aragón y con los sicilianos. Vive en cautiverio durante siete años en Barcelona. En este tiempo estudia con el franciscano Jacques Deuze, después papa con el nombre de Juan XXII. Sigue a Jesús crucificado y es devoto de la Virgen Santísima. Cuando le dejan libertad para pasear por Barcelona, sirve a los leprosos y a los pobres. Liberado, renuncia a la corona de Nápoles en favor de su hermano Roberto en 1296. Ingresa en la Orden, emite sus votos en la fraternidad de Ara Coeli (Roma); se ordena en Nápoles el 20 de mayo de 1296. El papa Bonifacio VIII le nombra obispo de Tolosa (Francia), donde reforma el clero, y renueva la diócesis con sínodos; atiende a los pobres. Camino de Roma para asistir a la canonización de su pariente San Luis de Francia, enferma en Brignoles y muere el 19 de agosto de 1297. El papa Juan XXII lo canoniza en 1317.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Concédenos, Dios Padre nuestro, que imitemos el ejemplo de San Luis, obispo, que antepuso el reino de los cielos al poder temporal; y, como él se distinguió en la virtud de la castidad y en el amor a los pobres, así nosotros usemos debidamente de las cosas de este mundo para alcanzar el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

20 de agosto

Bernardo de Claraval (1090-1153)

San Bernardo nace en el castillo de Fontaine-les-Dijon (Borgoña. Francia) en 1090. Al fallecer su madre, ingresa en la Orden del Císter a los 23 años de edad. En el año 1115, funda el monasterio de Claraval; nombrado abad, ejerce su cargo hasta el final de su vida. Erige 68 monasterios en Fran-cia, Alemania, Inglaterra, Italia y España. Influye en la creación y expansión de la Orden del Temple, aprobada en el Concilio de Troyes, en 1128. Defiende a Inocencio II en el Cisma del antipapa Anacleto en 1130. En 1145, Eugenio III, discípulo de Bernardo, es elegido Papa, el primero de la Or-den del Císter. Fracasa en la promoción y apoyo de la Segunda Cruzada. Influye en la Orden Franciscana con su defensa de Tierra Santa, la devoción a la Virgen María y la imitación de los santos. Muere en 1153. El papa Alejandro III lo canoniza el 18 de junio de 1174, siendo declarado Doctor de la Iglesia por Pío VIII en 1830.


Común de Doctores

Oración. Señor, Dios nuestro, tú hiciste del abad San Bernardo, inflamado en el celo de tu casa, una lámpara ardiente y luminosa en medio de tu Iglesia; concédenos, por su intercesión, participar de su ferviente espíritu y caminar siempre como hijos de la luz. Por nuestro Señor Jesucristo.

21 de agosto
Pío X (1835-1914)

San Pío X (José Melchor Sarto), de la Orden Franciscana Seglar, nace el 2 de junio de 1835 en Tiese (Treviso. Italia); es hijo de Juan Bautista Sarto y Margarita Sanson. En 1850 ingresa en el seminario de Padua. El 18 de septiembre de 1858 es ordenado sacerdote en Castelfranco Véneto. Es designado párroco de Tómbolo (Treviso), en 1867 arcipreste de Salzano y canónigo de la catedral de Treviso y en 1875 rector del seminario. En 1884 el papa León XIII lo nombra obispo de Mantua y en el consistorio del 12 de junio de 1893 es creado cardenal. Tres días después es proclamado patriarca de Venecia. Es elegido Papa el 4 de agosto de 1903. Sufre los envites del laicismo y las tendencias modernistas en la exégesis bíblica y dogmática. Abre la Eucaristía a la participación del pueblo al permitir la práctica de la comunión frecuente, fomenta el acceso de los niños con la celebración de la primera comunión; promueve el estudio del catecismo y la reforma el Código de Derecho Canónico. Muere en Roma el 20 de agosto de 1914 y es canonizado por el papa Pío XII el 29 de mayo de 1954.

Común de Pastores
Oración. Señor, Dios nuestro, que, para defender la fe católica e instaurar todas las cosas en Cristo, colmaste al papa San Pío de sabiduría divina y fortaleza apostólica; concédenos que, siguiendo su ejemplo y su doctrina, podamos alcanzar la recompensa eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

22 de agosto
Santa María Virgen, Reina

Jesucristo constituye a su Madre Reina y Señora de todo lo creado, de los hombres y de los ángeles. Cuando el Concilio de Éfeso proclama a la Virgen «Madre de Dio», se inicia la devoción a María como Reina. La Iglesia del Medievo impulsa y desarrolla esta devoción, invocándola con las palabras: «Salve, Reina de los cielos y Señora de los Ángeles; salve raíz, salve puerta, que dio paso a nuestra luz… ».. Son las palabras del himno pascual de la Santísima Virgen María. Se felicita a María por la resurrección de su Hijo Jesucristo. Sustituye el rezo del Angelus durante el tiempo pascual. Los Franciscanos comienzan a rezar y cantar el himno en el siglo XIII después del oficio de Completas, y lo extienden por toda la Iglesia. «La Virgen Inmaculada [...] asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial fue ensalzada por el Señor como Reina universal, con el fin de que se asemejase de forma más plena a su Hijo, Señor de señores y vencedor del pecado y de la muerte», nos dice el Concilio Vaticano II (Lumen gentium, 59). El papa Pío II instituye la fiesta en la octava de la Asunción. De esta forma se relaciona la realeza de María y su asunción a la gloria del Padre.

Común de Santa María Virgen

Oración. Dios misericordioso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

22.1 de agosto
Timoteo de Monticchio (1444–1504)

El beato Timoteo nace en Monticchio (Aquila. Italia) en el año 1444 en el seno de una familia dedicada a la agricultura. Ordenado sacerdote, es nombrado Maestro de novicios en Campli (Téramo). Su vida es un reflejo de los renovadores de la Observancia Franciscana, como San Bernardino de Siena, San Jaime de la Marca, San Juan de Capistrano, etc. De Campli se le destina a la fraternidad de Santo Ángel de Ocre sita en Fossa (L’Aquila. Italia) . En este convento permanece durante toda su vida, dedicado a la oración, a la meditación de la pasión de Cristo y a María. Asiduo al confesionario, transmite la paz evangélica y franciscana. Predica por todos los pueblecitos de la región. Muere el 22 de agosto de 1504 a la edad de 60 años. El papa Pío IX aprueba su culto el 10 de marzo de 1870.

Común de Santos Varones

Oración. Dios nuestro, que otorgaste al beato Timoteo la gracia de imitar a Cristo y a su Madre María pobres y humildes, concédenos por sus ruegos que, viviendo con fidelidad nuestra vocación, podamos alcanzar aquella perfección que tu Hijo nos propuso con su ejemplo. Que vive y reina contigo.

23 de agosto
Bernardo de Offida (1604-1694)

El beato Bernardo (Domingo Peroni) nace el 7 noviembre de 1604 en Villa de Appignano, vecina a Offida (Áscoli Piceno. Italia). Pertenece a una familia dedicada a la agricultura. Trabaja en el cuidado del ganado bovino y lanar, además de las tareas propias del campo. A los 15 años, ingresa en los Franciscanos Capuchinos el 15 de febrero de 1626 en la fraternidad de Corinaldo. Destinado a Fermo, permanece veinte años trabajando en el huerto, la cocina, portería, sacristía, además de limosnero. Estos oficios los desempeña en Áscoli y otras fraternidades a que le destina la obediencia. Regresa a Offida donde vive cuarenta y cinco años hasta el día de su muerte acaecida el 22 agosto de 1694. El papa Pío VI lo beatifica el 25 de mayo de 1795.

Común de Santos Varones

Oración. Dios misericordioso, que has compendiado tus mandamientos en el amor a ti y a los hermanos, haz que, a imitación del beato Bernardo, dediquemos nuestra vida al servicio del prójimo, para recibir tus bendiciones en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

24 de agosto
Bartolomé, Apóstol

San Bartolomé, originario de Caná de Galilea, conoce a Jesús por medio del apóstol Felipe. Según la tradición, predica el Evangelio en la India, donde es martirizado.

Común de Apóstoles

Oración. Oh, Dios omnipotente y eterno, que hiciste este día tan venerable con la festividad de tu Apóstol San Bartolomé, concede a tu Iglesia amar lo que él creyó, y predicar lo que él enseñó. Por Nuestro Señor Jesucristo. Amén


lunes, 17 de agosto de 2015

"Tú tienes palabras de vida eterna"

DOMINGO XXI (B)


            Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,61-70

            En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: -Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: -¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: -Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
            Entonces, Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó: -Señor; ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios. Jesús le respondió: - ¿No os he elegido yo, a los doce, y uno de vosotros es un diablo? Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, pues él, que era uno de los doce, iba a traicionarlo.


            1.- ¿Qué nos dice el Señor en el Evangelio? Diferencia la vida de la carne y la vida del espíritu. La vida de la carne se sacia con los panes que ha multiplicado, la vida del espíritu se colma aceptándolo como el Hijo de Dios que ha venido a salvarnos y comprendiendo que sus palabras y su obras son la presencia del Señor en medio de nosotros. Necesitamos, pues, la fe teologal para percibir el sentido de vida que tiene su existencia y hacerlo nuestro. Hay que vivir desde los principios y la fe en el Señor, porque sus palabras son «espíritu y vida». Para eso, como le dice a Nicodemo, «hay que nacer de nuevo»: hacer nuestro el bautismo.

           
2.- La comunidad cristiana comienza su andadura por la experiencia de fe en la resurrección y por la recepción del Espíritu en Pentecostés. Pero antes, en el ministerio público de Jesús, se ha ido conformando el grupo de los Doce, que constituye el núcleo duro de sus seguidores y principio básico de la Iglesia. Son los que han reconocido, entre tantos seguidores, que Jesús tiene «palabras de vida eterna». Jesús es el hijo de María y de José, pero también, y sobre todo, el Hijo de Dios, que nos hace relacionarnos con el  Padre como hijos y nos hace vivir como hermanos. Con esta experiencia es como formamos la Iglesia.


           
3.- Después del discurso de Jesús sobre el pan de vida, muchos le abandonan. Solo se quedan los Doce. Y aun así les tiene que seguir educando, porque su tendencia es ver las cosas desde el poder que les facilita una vida triunfante y acomodada. No podemos olvidar la pretensión de la madre de Juan y Santiago, que es la aspiración de todos. Y Jesús corta por lo sano: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos» (Mc 19,25-28).  Nuestra fe, al final, nos lleva a afirmar con Pablo: «Por eso doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios» (Ef 3,14-19). Estas son palabras que dan la «vida eterna».

"Señor; ¿a quién vamos a acudir?"

DOMINGO XXI (B)


            Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,61-70

            En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: -Este modo de hablar es inaceptable, ¿quién puede hacerle caso? Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban les dijo: -¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del Hombre subir adonde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen. Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: -Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.
Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
            Entonces, Jesús les dijo a los Doce: -¿También vosotros queréis marcharos?
Simón Pedro le contestó: -Señor; ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios. Jesús le respondió: - ¿No os he elegido yo, a los doce, y uno de vosotros es un diablo? Se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, pues él, que era uno de los doce, iba a traicionarlo.

              1.- Cuando Jesús afirma que él es «el pan de vida, quien lo coma vivirá para siempre», recibe dos respuestas diferentes de los discípulos: unos lo abandonan, porque son incapaces de comprenderle como la Palabra de Dios encarnada (cf. Jn 1,14); otros, capitaneados por Pedro, aceptan su discurso y el origen divino de su persona: él es el «Santo de Dios». Jesús es la revelación definitiva del Señor, que transmite su última Palabra de salvación (cf. Heb 1,2). Ya no existe ni la Torá ni el Templo para cumplir la voluntad divina, ni siquiera para mantener unas relaciones objetivas con Dios. Jesús es el centro entre Dios y nosotros, y entre nosotros y Dios.  No se puede puentear a Jesús. Él es el centro de la creación, no porque se haya acercado más que ningún profeta o santo a Dios, sino porque ha vivido con Él en la eternidad, le ha obedecido y ha venido al mundo para salvarnos (cf. Jn 1,1-14).

              2.- Jesús viene de la gloria; por eso, su palabra es espíritu y vida divina, frente a las mentiras y engaños que proliferan en los discursos y frases de las relaciones sociales y personales entre los hombres.  Antes de este párrafo, Jesús ha salvado a los discípulos de la tormenta, les ha dado de comer y les ha asegurado que la auténtica vida es él: es su estilo de vida, que lleva consigo la vida salvadora del Señor.  Sin embargo, le dejan porque no entienden la nueva dimensión de la existencia que entrañan sus palabras y sus gestos. Olvidamos con frecuencia que seguir a Jesús no es una cuestión exclusiva de la propia voluntad, de nuestra capacidad de elegir, sino del Señor que da la fe y, con ella, la posibilidad y la fuerza de comprender y seguir a su Hijo. La voluntad y el entendimiento no bastan para alcanzar al Señor: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede».




               3.-  El grupo que capitanea Pedro, después de tanto tiempo de seguir y aceptar a Jesús como la Palabra definitiva de salvación, se reafirma en el seguimiento. Está apoyado en Dios. Aún así, se ha de andar con cuidado. Jesús advierte que «uno de ellos le va a traicionar». Desde la Modernidad ha habido una desafección, cuando no una persecución,  de diferentes capas sociales hacia el cristianismo: intelectuales, responsables políticos y sociales, educadores, etc. Estamos acostumbrados a que se excluya la palabra y el significado «Dios» de nuestra cultura occidental, y que agrupaciones laicales sigan trabajando con ahínco para borrar los signos religiosos de nuestra sociedad. Pero quien profese la fe como una exclusiva cuestión social, es un barniz que, con un sol como el que sufrimos este verano, se desvanece pronto. Esto  lo sabe Jesús. Lo que le realmente le duele no son estos, que están y no están, y poco significa su presencia o ausencia en la comunidad cristiana, sino los que lo traicionan. Son los discípulos que él ha llamado, han sabido quién es la Vida y el Amor, y, al final, se dejan arrastrar por sus propios intereses y egoísmos, dando la espalda a Dios y a sus hermanos. Se nos olvida que «la fe es un tesoro que llevamos en vasijas de barro» (2Cor 4,7), y en cualquier momento podemos romperlas.

martes, 11 de agosto de 2015

Testamento de Santa Clara

                  Clara de Asís. Comentario teológico de su Testamento.
           
                                        


                                                            F. Martínez Fresneda

            Eds. Arántzazu, Oñate (Guipúzcoa) 2015, 174 pp., 13,5 x 21 cm.


           
El Testamento lo compone Santa Clara  hacia el final de su vida, cuando todavía no había sido aprobada la Regla por el papa Inocencio IV el 9 de agosto de 1253, dos días antes de morir.  Por eso manifiesta su última voluntad con este escrito, que no es otro que seguir la pobreza radical que prometió a San Francisco y al que quiere ser fiel hasta el final. El texto divide el Testamento en tres partes: relaciones con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo (vv. 1-23); la «forma de vida» de Santa Clara y sus hermanas (vv. 24-55); y las fraternidad (vv. 56-79). No trata la crítica textual, bien tratada por Paolazzi recientemente, ni tampoco su lugar dentro de la rica espiritualidad franciscana. El objetivo es fundamentar teológicamente las afirmaciones clarianas y apoyarlas con textos paralelos de la Regla, Cartas y los escritos de San Francisco.
           
         La primera parte relata la experiencia de Dios en Santa Clara. Dios se presenta como bondad, y bondad misericordiosa. Es el que la elige por amor de una forma libre y gratuita, e ilumina su corazón para poder responder a la nueva situación que la ha colocado en la vida. Clara comienza de nuevo su historia por y en Dios. Sentadas estas bases, aborda el seguimiento de Jesucristo, porque él es «el camino». El Hijo ha sido el camino para su encuentro con Dios y su encuentro con sus hermanos, y alcanza a saber esto en su seguimiento de Jesús que es la misericordia divina encarnada. En definitiva, ha sido Dios quien la ha introducido en la vida nueva de Cristo. Y Clara recorre el camino que es Jesús con dos experiencias fundamentales que sabe ha vivido Francisco. La primera es el camino de los pobres y de los humildes; la segunda es el camino de la cruz, y que se resume en seguir y saber a «Cristo pobre y crucificado». Pero Clara habla del Hijo de Dios, de la dimensión filial divina de Jesús indicada en la Escritura y definida en el concilio de Nicea.  Los dos caminos suponen la Encarnación del Verbo de Dios y para ella el despojamiento de su propio yo para que viva Cristo, según ha experimentado Pablo: «Ya no vivo yo, sino es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20).
La segunda parte del Testamento expone el origen de las hermanas (vv. 24-36), su compromiso con la pobreza (vv. 37-55). Se estudian dos temas importantes para la forma de vida clariana: su vocación no es para la contemplación según se comprende en la tradición monástica de la Iglesia; su forma de vida, escrita y enseñada por Francisco, se inserta en la historia de Jesús, que es el Evangelio, es decir, la vida de «pobreza».  La experiencia de fe de Clara le conduce al seguimiento de Jesús pobre y crucificado, como visualiza Francisco. Por consiguiente, la vocación de Clara entraña una misión itinerante, servicio inserto en la dinámica histórica de la vida de Jesús y en la de los habitantes de Asís, y abre un brecha en los muros feudales que confinan la vida social y religiosa de la mujer de entonces. La mejor prueba es cuando Clara abandona los monasterios donde inicia su seguimiento de Jesús y Francisco y se instala en San Damián, como se lo ha revelado el Señor en el Evangelio, y a  la vista de los habitantes de Asís.
En la parte última del Testamento (vv.56-79) se estudia la relación fraterna en la que se explicita la vocación y forma de vida de Santa Clara; la obediencia: superioras y súbditas; la perseverancia y la bendición final. El párrafo que trata de la «vida fraterna» (vv. 56-60), tiene tres partes. La primera versa sobre el Padre de las misericordias: «A causa de lo cual, no por nuestros méritos, sino por la sola misericordia y gracia del espléndido bienhechor, el mismo Padre de las misericordias esparció el olor de la buena fama, tanto entre los que están lejos como entre los que están cerca» (TesCl 58). En la segunda escribe cuál es el fundamento de la vida fraterna, tanto en su origen creyente como histórico: es el amor vivido y descrito por Jesús (TesCl 59-60). La relación fraterna se evidencia en el amor de Jesús, un amor que no es sólo de servicio mutuo, sino experimentado interiormente, es decir, un amor con el que se hace y forma una hermana clarisa. Dicho amor parte del Señor y termina siempre en las hermanas. Por último, describirá cómo dicho amor fraterno se concreta en desarrollar algunos valores o virtudes cristianas que indicarán el estilo peculiar que comporta la fraternidad clariana. Ser consciente de que la fraternidad se funda en la caridad de Cristo es primordial. Clara toca el centro de la fe, y en cuanto tal, la identidad de la fraternidad clariana, hondamente enraizada en la lectura que San Francisco hace de Jesucristo, porque su caridad es la presencia del amor de Dios en la historia y la relación concreta que establece con sus criaturas: son hijos en su Hijo.
El Testamento de Santa Clara, siguiendo a San Francisco, es un escrito que expresa su honda experiencia de fe; por eso da lugar a unos pensamientos creyentes que iluminan constantemente la existencia de la Familia Franciscana.  Santa Clara escribe con espontaneidad y soltura, y sin un esquema previamente estudiado y fijado lo que quiere dejar a sus hermanas: el más grande patrimonio de su vida, que no es oro ni plata, sino su seguimiento de Jesucristo pobre,  observando a  San Francisco.
El hilo conductor del Testamento es la vocación de Santa Clara, sus motivaciones y convicciones cristianas más profundas, que constituyen el cimiento de la fundación clariana y su rica aportación a la espiritualidad cristiana. Santa Clara quiere mostrar a sus hermanas lo siguiente: una vocación que sea el marco en el que se encierre el sentido de vida evangélico de todas las que la siguen.