lunes, 11 de enero de 2016

II Domingo T.O.: Las bodas de Caná

II DOMINGO (C) 



            Del evangelio Juan 2,1-12

            En aquel tiempo, a los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le dijo: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
            Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

           
1.- María, quizás presente desde la preparación de la fiesta, está pendiente de su objetivo, que no es otro que los invitados participen alegres en las nuevas nupcias. La falta de vino hace que fuerce a Jesús para realizar un milagro y no «aguar» la celebración de la boda. Pero la manifestación y glorificación de Jesús, según Juan, se hace en la cruz, como en la cruz es desde donde Jesús ofrece a María ser la Madre de sus discípulos.  Convertir el agua en vino resuelve el problema de la boda, pero también enseña a los discípulos el nuevo mundo que hace presente Jesús entre nosotros. El vino del Espíritu, que derrama la gracia, que infunde el amor, que dona la paz. Poco a poco se acostumbrarán, sobre todo los Doce, a percibir en Jesús al Hijo Dios que viene a reconstruir el mundo y a transformar nuestras vidas. El vino de la boda es un simple detalle de lo que será el inmenso gozo cuando el Señor se relacione con cada uno de nosotros.

           
2.- La Iglesia debe mirarse en María. En primer lugar en su capacidad de servicio: vivir para José, para Jesús, para Isabel, para sus parientes o conocidos que celebran una boda, para sus discípulos. Su presencia se justifica en la medida en que sirve a los demás, que no en el provecho que pueda recibir.  En segundo lugar, la Iglesia debe mirarse en María para captar dónde están las necesidades de los hombres, y apelar al Señor y a sus propias fuerzas para remediar dichos males. Si la Iglesia solo está pendiente de sí misma, se le pueden escapar los necesitados, su misión principal, y, con ellos, el Señor que está en sus almas y cuerpos. María, pendiente del Señor, tiene la sensibilidad de las carencias y necesidades de los que le rodean. Ella es la guía de una Iglesia que debe mirarse en el dolor y las penurias de los hombres y mujeres de este mundo, para iniciar con ellos el camino de la rehabilitación de su dignidad.


           
3.- Jesús es forzado por María para hacer el bien. Muchas veces en nuestra vida ayudamos a los demás llevados por las circunstancias y no porque nazca espontáneamente de nuestro corazón, además de que no todas las necesidades de los demás las podemos tener presentes, sobre todo cuando estamos centrados en resolver nuestros propios problemas. Nuestra vida es un caminar progresivo de desprendimientos de nuestros derechos y de comprender las necesidades y derechos de los demás, porque nuestra fe, mirando a Jesús en la cruz y en la resurrección, nos conduce a una entrega sin límites, y cuya muerte a nuestros intereses nos llena de la vida sin fin.

Las bodas de Caná

II DOMINGO (C) 



            Del evangelio de Juan 2,1-12

            En aquel tiempo, a los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda. Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le dijo: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». Había allí colocadas seis tinajas de piedra para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. Jesús les dijo: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llamó al esposo y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
            Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

1.- Texto. Jesús asiste con sus discípulos y familiares a una boda que se celebra en Caná de Galilea. Esta población puede corresponder a una ciudad situada a 7 km de Nazaret hacia el nordeste, u otra llamada también así, distante una jornada de Tiberíades y a unos 14 km de la ciudad de la familia de Jesús. El relato se inicia con «al tercer día», seguramente a los tres días del encuentro con Felipe y Natanael; o puede relacionarse con el conocimiento que expresa Jesús sobre Natanael. Este le reconoce como profeta y rey de Israel, y Jesús le responde que: «cosas más grandes verás» (1,43-50). Es probable que la presencia de Jesús en esta fiesta se deba a la cercanía de amistad o de parentesco de la madre de Jesús con los esposos: «allí estaba la madre de Jesús», quien informa a su hijo de la falta de vino. El vino, que «fue creado para alegrar al hombre» (Eclo 31,27), es una bebida fundamental para estas celebraciones en concreto; las fiestas de nupcias suelen durar desde un mínimo de tres días hasta catorce como máximo, y en ellas esta bebida se hace imprescindible. Jesús responde a la solicitud discreta de su madre, que desea poner remedio a la difícil situación, y en cuya boca se coloca una frase con amplias resonancias en la historia de Israel: «lo que os diga hacedlo» (Jn 2,5); Jesús, como José, que abastece de pan al pueblo, o los israelitas, que se comprometen a cumplir la alianza que el Señor ha establecido con ellos, es quien dispensa al pueblo los bienes de la salvación.

2.- Sentido. El maestresala prueba el agua convertida en vino y testifica que el vino «nuevo» resulta ser mucho mejor que el servido a lo largo de la fiesta. La comparecencia de Jesús en la boda hace que se hagan presentes los dones escatológicos de amor, libertad y abundancia de bienes a los que tanto aspira Israel y que sus profetas se encargan de anunciar que estarán regados por el buen vino: «Mirad que llegan días -oráculo del Señor- cuando el que ara seguirá de cerca al segador y el que pisa uvas al sembrador; fluirá licor por los montes y ondearán los collados» (Am 9,13). Son los días que Marcos señala para disfrutar de la presencia del «novio» y donde no tiene cabida el ayuno que requieren los discípulos de Juan y los fariseos a los seguidores de Jesús (Mc 2,19), porque su presencia ya es el inicio del Reino, contemplado también como un banquete de bodas (Mt 22,2; 25,1). El nuevo vino es el gozo del cristiano que sabe que está siendo rescatado del mal por el Señor y potenciado en su capacidad de hacer el bien. Jesús, en nombre del Señor, nos acompaña ya en nuestro caminar hacia la felicidad plena.

3.- Acción. María visita a su prima Isabel, anciana y embarazada, para ayudarle; también está presente en la boda de unos conocidos para servir y hacer que todo salga bien en los siete días que duran los festejos. La identidad de María es servir: prolongar el amor y la gracia divina que Dios le ha concedido en la Anunciación de su maternidad. Y la entrega de María no alcanza solo a José y a Jesús, sino a todas las personas con las que se relaciona. Ella es la primera que el Señor ha convertido el agua, que es su vida, en vino: es la vida entendida como fiesta; es decir, como la presencia divina que transforma la realidad en una referencia constante a Él. Ya sabemos cómo orillar la violencia y la tristeza humana e irnos a la paz y gozo que nace del Señor.  



lunes, 4 de enero de 2016

Juan bautiza a Jesús

BAUTISMO DEL SEÑOR (C)




            De Lucas 3,15-16.21-22

             Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego […] Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

           
1.- La pretensión de Juan es que la gente tome conciencia de su pecado, pueda descubrir a Dios y encontrarse con Él también de una forma amigable y misericordiosa. Las diatribas lanzadas por el Profeta intentan provocar una conversión que, por una parte, alcance al individuo, al pueblo y a toda la humanidad; y, por otra, suponga en el creyente un cambio de corazón, de toda la interioridad humana y que se exprese en la conducta. Se hace referencia al término vuelta, retorno al camino de Dios, que jamás se debió abandonar. Alcanza, pues, lo más profundo de la persona y va más allá de la práctica religiosa. La expresión externa del arrepentimiento es el bautismo que ofrece. De ahí su nombre de «Bautista».— Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin Dios anuncia una intervención definitiva sobre todos nosotros. El mensaje que nos da el Señor es la necesidad de nuestra conversión urgente, de un cambio de rumbo en nuestra vida.

2.- «En cuanto salió del agua, vio que los cielos se rasgaban y el Espíritu bajando sobre él como una paloma» (Mc 1,10). Dios ha encontrado a alguien disponible a quien entregarse plena y personalmente y preparado para que le obedezca.   Dios se dirige a Jesús como su Padre; se relaciona con la cercanía y amor que colma la vida de Jesús, lo cual le señala como Hijo único, el amado, el predilecto. La alegría divina de haber encontrado a alguien que le responda a su amor y realice la tarea que tantas veces ha encomendado a Israel, se fundamenta en que va a instaurar la justicia y el derecho en todo el mundo, y con el testimonio de una mansedumbre que es capaz de ofrecer su vida por todos. La declaración divina puede entenderse como una llamada que hace Dios a Jesús. Y es una llamada para que cumpla su voluntad con un estilo muy diverso de aquel que pregona la gloria y el poder para su enviado, según señalan las tradiciones. La vocación de Jesús es nuestra vocación cristiana; es la llamada que nos hace continuamente el Señor para hacer presente su vida de amor a todos nuestros hermanos desde nuestra vida sencilla y humilde.

3.- No se sabe con certeza cuándo surge en Jesús la experiencia de su peculiar filiación divina y la posesión del Espíritu con el que desarrolla la proclamación del Reino. La tradición cristiana coloca esta conciencia de Jesús en el bautismo por Juan, donde Dios le revela su identidad y misión. Esto significa el preámbulo de su actividad pública y, por consiguiente, un cambio trascendental de su vida, que su familia no ha presentido a lo largo de su convivencia doméstica. Y se observa cuando Jesús vuelve a su pueblo después de un primer contacto con la muchedumbre, a la que anuncia el Reino con unos hechos sorprendentes, y «fue predicando y expulsando demonios en sus sinagogas por toda la Galilea» (Mc 1,39). Y su familia, incluida su Madre, se extrañan de esta cambio trascendental de su vida (cf. Mc 6,2-3). — Es probable que Jesús esté un tiempo con Juan. El relato de la vocación de los primeros discípulos del evangelio de Juan así lo supone. Jesús está cerca de «Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba» (Jn 1,28). Está, pues, fuera de su contexto familiar y de su trabajo. Sucede que dos discípulos de Juan, Andrés y Felipe, dejan al maestro y siguen a Jesús, lo que sugiere que éste los conoce, porque también forman parte del entorno de Juan cuando él emprende un nuevo camino. Este conocimiento previo que tiene Jesús de sus discípulos, donde es posible que todos estén a la espera de la intervención divina anunciada por el Bautista, explica la llamada drástica al seguimiento sin mediar diálogo alguno como se narra en los Evangelios (Mc 1,16-20). Por otra parte, Jesús aparece bautizando con sus discípulos: «... Jesús con sus discípulos se dirigió a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar» (Jn 3,22; cf. 4,1). Se deduce, junto con el ser bautizado por Juan, su estancia por un tiempo con el Bautista, y se explica que él siga con la práctica bautismal de su maestro. Nuestra vocación cristiana crece al calor de la cercanía de la vida d Jesús, de la relación con él, de adecuar nuestra vida a sus exigencias.






Juan Bautiza a Jesús

BAUTISMO DEL SEÑOR (C)



            De Lucas 3,15-16.21-22

             Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego […] Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

            1.- La pretensión de Juan es que la gente tome conciencia de su pecado, pueda descubrir a Dios y encontrarse con Él también de una forma amigable y misericordiosa. Las diatribas lanzadas por el Profeta intentan provocar una conversión que, por una parte, alcance al individuo, al pueblo y a toda la humanidad; y, por otra, suponga en el creyente un cambio de corazón, de toda la interioridad humana y que se exprese en la conducta. Se hace referencia al término vuelta, retorno al camino de Dios, que jamás se debió abandonar. Alcanza, pues, lo más profundo de la persona y va más allá de la práctica religiosa. La expresión externa del arrepentimiento es el bautismo que ofrece. De ahí su nombre de «Bautista».— Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin Dios anuncia una intervención definitiva sobre todos nosotros. El mensaje que nos da el Señor es la necesidad de nuestra conversión urgente, de un cambio de rumbo en nuestra vida.

2.- «En cuanto salió del agua, vio que los cielos se rasgaban y el Espíritu bajando sobre él como una paloma» (Mc 1,10). Dios ha encontrado a alguien disponible a quien entregarse plena y personalmente y preparado para que le obedezca.   Dios se dirige a Jesús como su Padre; se relaciona con la cercanía y amor que colma la vida de Jesús, lo cual le señala como Hijo único, el amado, el predilecto. La alegría divina de haber encontrado a alguien que le responda a su amor y realice la tarea que tantas veces ha encomendado a Israel, se fundamenta en que va a instaurar la justicia y el derecho en todo el mundo, y con el testimonio de una mansedumbre que es capaz de ofrecer su vida por todos. La declaración divina puede entenderse como una llamada que hace Dios a Jesús. Y es una llamada para que cumpla su voluntad con un estilo muy diverso de aquel que pregona la gloria y el poder para su enviado, según señalan las tradiciones. La vocación de Jesús es nuestra vocación cristiana; es la llamada que nos hace continuamente el Señor para hacer presente su vida de amor a todos nuestros hermanos desde nuestra vida sencilla y humilde.

3.- No se sabe con certeza cuándo surge en Jesús la experiencia de su peculiar filiación divina y la posesión del Espíritu con el que desarrolla la proclamación del Reino. La tradición cristiana coloca esta conciencia de Jesús en el bautismo por Juan, donde Dios le revela su identidad y misión. Esto significa el preámbulo de su actividad pública y, por consiguiente, un cambio trascendental de su vida, que su familia no ha presentido a lo largo de su convivencia doméstica. Y se observa cuando Jesús vuelve a su pueblo después de un primer contacto con la muchedumbre, a la que anuncia el Reino con unos hechos sorprendentes, y «fue predicando y expulsando demonios en sus sinagogas por toda la Galilea» (Mc 1,39). Y su familia, incluida su Madre, se extrañan de esta cambio trascendental de su vida (cf. Mc 6,2-3). — Es probable que Jesús esté un tiempo con Juan. El relato de la vocación de los primeros discípulos del evangelio de Juan así lo supone. Jesús está cerca de «Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba» (Jn 1,28). Está, pues, fuera de su contexto familiar y de su trabajo. Sucede que dos discípulos de Juan, Andrés y Felipe, dejan al maestro y siguen a Jesús, lo que sugiere que éste los conoce, porque también forman parte del entorno de Juan cuando él emprende un nuevo camino. Este conocimiento previo que tiene Jesús de sus discípulos, donde es posible que todos estén a la espera de la intervención divina anunciada por el Bautista, explica la llamada drástica al seguimiento sin mediar diálogo alguno como se narra en los Evangelios (Mc 1,16-20). Por otra parte, Jesús aparece bautizando con sus discípulos: «... Jesús con sus discípulos se dirigió a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar» (Jn 3,22; cf. 4,1). Se deduce, junto con el ser bautizado por Juan, su estancia por un tiempo con el Bautista, y se explica que él siga con la práctica bautismal de su maestro. Nuestra vocación cristiana crece al calor de la cercanía de la vida d Jesús, de la relación con él, de adecuar nuestra vida a sus exigencias.






                                                  EPIFANÍA DEL SEÑOR

                                    
De San Mateo 2,1-12.

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: - En Belén de Judá, porque así lo ah escrito el Profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel».
Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido al estrella, y los mandó a Belén diciéndoles: -Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y, cayendo de rodillas, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le
ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

1.- El relato se divide en dos partes: el encuentro de los Magos con el verdadero rey de los judíos: Jesús; y con falso rey: Herodes. La guía para encontrar a Jesús es la estrella, que desaparece cuando tropiezan con Herodes y aparece de nuevo cuando se dirigen a Belén.  Herodes y Jerusalén evocan la persona, la ciudad, las instituciones religiosas y políticas y el pueblo  que dan muerte a Jesús. La causa oficial es que se hacía rey de los judíos, como lo es en verdad desde la perspectiva cristiana. Los magos, es decir, los paganos que habitan fuera de la tierra santa, lo reconocen como Mesías y le traen lo mejor de sus tierras: oro, incienso y mirra, resinas de árboles del Medio Oriente empleados para el culto, la cosmética y ciertos medicamentos.

2.-  Los representantes de todos los pueblos de la tierra se postran ante Jesús. Reconocen su dignidad y se encuentran con el Dios universal por medio de Jesús niño, de una familia humana. La adoración de los Magos significa que reconocen a Jesús como el enviado de Dios para la salvación de los hombres y de la creación. Es la actitud opuesta a la de sus paisanos israelitas, que son los depositarios de las promesas divinas.  Cuando Jesús predica en Nazaret le intentan arrojar por unas peñas en señal de rechazo de su predicación y de su persona. «Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino» (Lc 4,30). A los nazarenos se les ha escapado la gracia; la salvación se ha trasladado a otros pueblos.

3.- El relato de los Magos es un aviso muy serio a Israel y a los cristianos europeos, que podemos situarnos fuera del ámbito divino y dejarnos solos y desamparados ante el poder de la soberbia, el odio, la violencia y el dinero.  Jesús manda predicar el Evangelio a todas las gentes marginando a Israel; el pueblo elegido es el pasado de la presente historia de la salvación. Lo mismo afirmamos hoy para nuestra cultura occidental cristiana. La depreciación de los valores cristianos en las instituciones y en las personas, es un aviso que la fe se traslada de cultura; viaja a otras sociedades y continentes, donde se acoge a Jesús con más amor y se le reconoce su poder salvador. En Europa nos vamos reduciendo a grupos pequeños de creyentes. La gran Iglesia desaparece ante el laicismo radical y agresivo. Y no obstante debemos considerar a Jesús como el enviado del Señor para salvarme y salvarnos, y, convencidos de ello, proclamarlo a los cuatro vientos.


domingo, 3 de enero de 2016

De los Magos de Oriente

                El narcisismo en boga.

               Una reflexión ante la Epifanía del Señor



          Elena Conde Guerri
Facultad de Letras
Universidad de Murcia


                 
  El mundo de la imagen que nos invade (en modo alguno inocente)  parece haber excluido de sus mapas a los menos agraciados, sobre todo físicamente, y a  los anónimos.  En palabras crudas, los feos tienen poca cancha  aunque sus capacidades intelectuales sean notables o, mejor, su calidad humana extraordinaria. Todo el mundo quiere ser la perfecta y hermosísima imagen de si mismo, aunque se trate de un duplicado onírico porque "ni la naturaleza la dio ni  la concedió en préstamo Salamanca".  El narcisismo imperante empuja a los guapos, o a quienes se lo creen, a deleitarse en  ellos mismos con la autofoto de marras hasta en los momentos o circunstancias menos adecuados. El último ejemplo (ya muy comentado)  ha sido el de ese peculiar y potentísimo triunvirato  político de países imperantes en las exequias de un lider más imperante si cabe, aun difunto, por todo su legado. Como yo soy tradicional, por decirlo así, y respeto determinados protocolos, compruebo que me estoy volviendo progresivamente antiquísima y que ahora los funerales u honras de Estado son el circo y el escenario más universal para el narcisismo sonriente y evasivo.
               
¿Qué imagen me devuelve la pequeña pantalla de mi apéndice electrónico? (me niego a emplear el anglicismo). ¿Me gusta, puedo mejorarla, cosquilleo de placer o me irrito porque un mechón de cabello o el nudo de las corbatas se han desplazado un poco? De cualquier modo, soy YO MISMO Y ME MIRO a MI MISMO. Al igual que el adolescente Narciso, recreado por Ovidio en el libro  tercero de sus Metamorfosis, he rehuido momentáneamente dirigir mi mirada a otra persona que no sea yo mismo. Narciso estaba un poco maldito desde su nacimiento, por la ojeriza de Juno, y se había vaticinado que "sólo llegaría a la vejez si a si mismo no se conociera". Esquivando a cualquier persona que le ofrecía amarle, lo cual implica MIRAR ontológicamente al OTRO, se miraba solamente a si mismo reflejado en las cristalinas aguas del arroyuelo falaz. Enloqueció, se enamoró de aquella imagen que él  creía otro, intentó atraparla y sus manos, sumergidas en las ondas, sólo chapoteaban estériles. Cayó al fondo. Su cuerpo inerte, por piedad de alguien, fue metamorfoseado en narciso, esa flor pálida, discreta y amarillenta, de implícita fragilidad.
               
La fragilidad y el marchitarse acecha también a todos los "narcisos/as" contemporáneos, porque nada hay más efímero que la llamada beautiful people sin más.  El  día 6 de enero  la Iglesia celebra la fiesta de la Epifanía del Señor, que en la tradición litúrgica oriental gozó si cabe de mayor veneración. No cito aquí los versículos  de los Evangelios Sinópticos, o incluso los de los Apócrifos, por ser pasajes  muy familiares a  todo aquel que tenga una formación cristiana básica. En mi opinión, el comportamiento esencial de los tres Magos no fue dejarse guiar por aquella Estrella peculiar en una actitud de esperanzadora obediencia. Fue el hecho de que, una vez llegados a destino y encontrado el lugar donde vivía el Niño, tuvieron  logicamente que MIRARLO para reconocerlo, adorarlo y ofrecerle sus presentes. No se miraron a ellos mismos, pudiéndolo hacer  en el bruñido de su oro que les hubiera devuelto una imagen deleitable en su poder y sus riquezas. Dirigieron sus ojos a Alguien muy pequeño, un bebé en apariencia anónimo como tantos otros, pero su mirada trascendió y supieron identificarlo. "Los Magos ven al Redentor del mundo en un establo. Contemplan a un lactante mientras mama en el regazo materno, le adoran y  en persona le ofrecen regalos. Fe admirable que adora como Dios a un niño que reposa en el seno materno sin demostrar ninguna majestad", dice San Máximo de Turín,   al filo del siglo V, en su Homilía IV sobre la Epifanía del Señor.  Volvieron a su país repletos con la alegría de aquella MANIFESTACIÓN que,  a su vez, fueron propagando para que , en su momento, la Buena Nueva saltase a través de las fronteras de mapas, etnias y lenguas. Este es el verdadero poder de la mirada. Saber mirar al otro y no mirarse a si mismo. La segunda, suele ser efímera y estéril. La primera, es siempre fructífera, pregnante, perdurable.




Santos y Beatos, del 4 al 11 de enero

                                                                                5 de enero
                                                        Rogerio de Todi (1237ca.)

En el Espejo de Perfección San Francisco relata las virtudes de sus primeros discípulos. Del beato Rogerio de Todi dice: «Toda su vida y comportamiento estaban saturados de una ardiente caridad» (n.85). Nace en Todi (Perugia. Italia). Al ingresar en la Orden se siente como un «hombre nuevo» (cf. Rom 13,14; Ef 4,24; Col 3,10). Es compañero de Bernardo de Quintaval, Gil, Silvestre, etc. Dispuesto a dedicarse por entero a la evangelización de los pueblos con las solas armas de la entrega a Dios y a los hombres, lleva una vida de extrema pobreza, como señala Jesús en el Evangelio y manda San Francisco a sus discípulos (cf. RegNB 1,1-5). Viaja a España con la misión de fundar fraternidades y erigir la primera Provincia. En la constitución de las fraternidades se responsabiliza de los oficios de formación de los candidatos y de la dirección de las mismas. En el año 1228 dirige a la beata Felipa Mareri, fundadora, con un grupo de discípulas, de un monasterio en Rieti (Lazio. Italia). Poco a poco las conduce a la profesión de la Regla de Santa Clara. Su muerte se fija poco tiempo después de la de Santa Felipa, quizás el 5 de enero del año 1237. El papa Gregorio IX, que lo conoce personalmente, concede a la ciudad de Todi su culto, y Benedicto XIV lo extiende a toda la Familia Franciscana el 24 de abril del año 1751.

Común de Santos Varones

Oración. Señor, tú por la predicación del beato Rogerio de Todi llamaste a nuestros padres a la luz del Evangelio y de la Regla de San Francisco, concédenos, por su intercesión, crecer continuamente en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Él, que vive y reina contigo.


                                                                                5.1 de enero
                                                    Diego José de Cádiz (1743-1801)

El beato Diego José nace en Cádiz (Andalucía. España) el 30 de marzo de 1743. Estudia Lógica y Metafísica con los Dominicos de Ronda (Málaga). Profesa en los Hermanos Menores Capuchinos de Sevilla el 31 de marzo de 1759 y recibe la ordenación sacerdotal en Carmona (Sevilla) en el año 1766. Aprende el ministerio de la palabra en Ubrique (Cádiz). En 1771 se incorpora a las misiones itinerantes populares capuchinas, cuya finalidad es la reforma de las costumbres por medio de instrucciones doctrinales y morales. Y así recorre toda la geografía española; sus sermones, pláticas, catequesis se dirigen a niños, jóvenes y mayores. Potencia la religiosidad popular celebrando procesiones de penitencia y rosarios públicos. Difunde la devoción a la Virgen en la advocación de la Divina Pastora. Promueve los ejercicios espirituales, sobre todo para el clero secular y regular, e incluso para seglares. A pesar del barroquismo propio de la época, se distingue en su predicación por la sencillez. Lucha contra el catolicismo ilustrado. Es calificador de la Suprema como teólogo, examinador sinodal y canónico en numerosas diócesis de todo el país. La Universidad de Granada le confiere en 1779 los grados de maestro en Artes y Doctor en Teología y Cánones. Muere en Ronda (Málaga) el 24 de marzo de 1801. El papa León XIII lo beatifica en 1894.

Común de Pastores o de Santos Varones

Oración. Señor Dios, que has concedido al beato Diego José la sabiduría de los santos, y le has encomendado la salvación de tu pueblo, concédenos, por su intercesión, discernir lo que es bueno y justo, y anunciar a todos los hombres la riqueza insondable que es Cristo. Que vive y reina contigo.


                                                                                5.2 de enero

                                                       Pedro Bonilli (1841-1935)

El beato Pedro Bonilli, de la Orden Franciscana Seglar, nace en San Lorenzo de Trevi (Perusa. Italia) el 15 de marzo de 1841. Se ordena de presbítero en Terni el 19 de diciembre de 1863. Párroco durante 35 años en Cannaiola de Trevi. Con la palabra y con la imprenta difunde en la Umbría la devoción a la Sagrada Familia de Nazaret. Crea la Sociedad de Misioneros de la Sagrada Familia. En 1888, abrió el «Instituto Nazareno» para las niñas huérfanas, ciegas, sordomudas y discapacitadas, y para su sostenimiento y cuidado crea la Congregación de la «Hermanas de la Sagrada Familia». Centra su evangelización en la familia humana y cristiana. Solía decir como lema de su pastoral: «Ser familia, dar familia, construir familia», siguiendo su espíritu franciscano de defender la estructura fraterna de la realidad. En 1898 es nombrado Canónigo de la Catedral de Espoleto y Rector del Seminario. Infunde a los seminaristas la espiritualidad familiar y un estilo de vida marcado por la humildad y la pobreza. Muere el 5 de enero de 1935 en Espoleto a los 95 años de edad. Es beatificado por Juan Pablo II el 24 de abril de 1988.

Común de Pastores

Oración. Padre Santo, que has dado al beato Pedro Bonilli, sacerdote, la gracia de hacerse humilde siervo de todos en la escuela de la Familia de Nazaret para acoger a los pobres y marginados, concédenos que lo reconozcamos maestro de vida, y seguirle en sus ejemplos y enseñanzas, para contribuir a la edificación de tu Iglesia en la comunión y en el servicio. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                7 de enero
                                            Carlos de Sezze Romano (1613-1670)

San (Juan) Carlos Melchiori nace en Sezze (Roma. Italia) el 19 de octubre de 1613. Ingresa en el convento de San Francesco a Ripa de Roma para, después, hacer el noviciado en Nazzaro (Roma). En 1636 profesa con el nombre de Carlos. Aprende y se ejercita en los oficios de cocinero, hortelano, sacristán, etc. Sigue la piedad franciscana de amor a la Eucaristía y a María, estructurando una interioridad espiritual que le lleva a vivir permanentemente en relación con los misterios de Jesús. Logra, pues, compaginar una vida de intensa oración y contemplación con el servicio a los pobres. Así recorre parte de Italia, residiendo en los conventos de Morlupo, Ponticelli, Palestrina, Carpineto y San Pedro in Montorio. Además, adopta una vida de penitencia para seguir a Jesús crucificado, lo que le conduce a la negación de sí mismo. A la austeridad de vida une una bondad y amabilidad extremas y un conocimiento profundo de los contenidos de la fe cristiana. Por ello se acercan a consultarle personas de toda condición, tanto eclesiásticas, como civiles. Adquiere la sabiduría de la cruz, el saber de los sencillos. Recibe la gracia de la impresión de la llaga del costado de Cristo, descubierta en su muerte, acaecida el 6 de enero de 1670. Es beatificado por León XIII en 1881 y canonizado por Juan XXIII en 1959.

Común de Santos Varones

Oración. Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a San Carlos de Sezze a la gloria de tus santos; concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                              7.1 de enero
                                                Mateo de Agrigento (1380-1450)

El beato Mateo de Gallo Cimarra nace en Agrigento (Sicilia. Italia). Ingresa en la Orden muy joven: en torno a los años 1393-1394. Estudia Filosofía y Teología en Barcelona. Después de alcanzar el grado de doctor se dedica a la enseñanza en varios Centros de Estudios de la Orden. Se une a San Bernardino de Siena para predicar y extender la devoción al Nombre de Jesús y a su Madre María por toda Italia —de Brescia a Nápoles; de Padua a Cosenza— y formar parte de la reforma observante, que lideran, junto al citado San Bernardino, Jaime de la Marca, Juan de Capistrano y Alberto de Sarteano. Finalmente se centra en Sicilia, de la que es Provincial y fundador de siete comunidades de la Observancia sitas en lugares aislados y pobres. También lo hace en España: Barcelona, Valencia, Vic, etc., donde, a la vez, restaura la paz entre el rey Alfonso V y el papa Martín V. Acusado San Bernardino ante el papa Martín V, le defiende junto a San Juan de Capistrano. Tiene de compañeros y colaboradores a un grupo de religiosos que sobresalen por su santidad y entrega a la evangelización de los pueblos: Juan de Palermo, Cristóbal Giudici, Gandolfo de Agrigento, Arcángel de Calatafimi, Lorenzo de Palermo y Santa Eustoquia de Mesina. Consagrado obispo de Agrigento por Eugenio IV en el año 1442, reforma interna y externamente la diócesis. Entrega todos sus bienes a los necesitados. Renuncia a los tres años de ejercer el episcopado y se retira al convento de Santa María de Jesús de Palermo, fundado por él, y en donde fallece el 7 de enero de 1450, después de unos años dedicados a la oración y penitencia. El papa Clemente XIII aprueba su culto el 22 de febrero de 1767.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo Mateo de Agrigento y lo has hecho brillar por el fuego de la caridad y la predicación del nombre de Jesús, haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor de tu Hijo y merezcamos así participar de la gloria con que lo coronaste. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                               8 de enero
                                                    Valentín Paquay (1828-1905)

El beato Valentín Paquay nace en Tongres (Limburgo. Bélgica), el 17 de noviembre de 1828; sus padres se llaman Enrique y Ana Neven y su nombre de pila es Luis. Ingresa en la Orden de los Frailes Menores de la Provincia de Bélgica. Es ordenado sacerdote en Lieja el 10 de junio de 1854 y destinado al convento de Hasselt donde permanece el resto de su vida. Es devoto de San Juan Berchmans, su maestro predilecto. Encarna la espiritualidad franciscana, porque va-lora las pequeñas responsabilidades que cubren la vida cotidiana, manteniendo una relación franca y agradable; impregna su vida con una actitud humilde y sencilla. Desarrolla una gran labor en el confesionario y en el discernimiento de conciencias. Devoto de la Eucaristía, defiende la comunión frecuente. También extiende el culto al Sagrado Corazón de Jesús entre las religiosas de la Hermandad de la Orden Franciscana Seglar de Hasselt, que dirige durante veintiséis años. También es muy devoto de la Virgen María, a la que venera, ya desde su adolescencia, en la iglesia parroquial de Tongres bajo el título de Causa de nuestra alegría, y en el santuario de Hasselt bajo el título de Vara de Jesé, pero, como franciscano, prefiere sobre todos los títulos de María el de Inmaculada Concepción. Muere en Hasselt (Limburgo. Bélgica), el 1 de enero de 1905. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 9 de noviembre de 2003.

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Señor, tú que otorgaste al beato Valentín Pa-quay la gracia de seguir a Cristo y a María pobres y humildes, concédenos también a nosotros, por su intercesión, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación, para que así tendamos a la perfección que tú nos has propuesto en la persona de tu Hijo y su Madre María. Él que vive y reina contigo.

                                                                                9 de enero
                                                     Eurosia Fabris (1866-1932)

La beata Eurosia nace el 27 de setiembre del año 1866 en Quinto Vicentino (Vicenza. Italia). En 1870 se traslada con su familia a Marola, otra ciudad cercana a Vicenza. Ayuda a su padre en las labores del campo y a su madre en las tareas domésticas, sobre todo en la costura. En 1886 se desposa con Carlos Barban, joven viudo, con dos hijas pequeñas. Tiene con él nueve hijos y, además, recoge en su casa a tres sobrinos que quedan huérfanos de madre; su padre fue soldado en la I Guerra Mundial. Forma así una gran familia, imprimiendo a toda la prole un espíritu cristiano que se traduce en la vocación de varios de ellos a la vida sacerdotal y religiosa. De ahí que se le llame «mamma Rosa». En 1916 se crea una fraternidad franciscana seglar en Marola, atendida por los franciscanos del convento de Santa Lucía en Vicenza. Ingresa en la Orden Franciscana Seglar en la que desarrolla su amor a Jesús, a la Eucaristía y a María, que desde muy joven venera con especial sentimiento en el santuario mariano de Monte Berico, imitándola en el cuidado de la familia, y en una vida de entrega sin límites para educar a todos sus hijos, propios y adoptados. Muere en Marola (Vicenza) el 8 de enero de 1932. El papa Benedicto XVI la beatifica el 6 de noviembre del año 2005.

Común de Santas Mujeres

Oración. Concédenos, Señor Dios, que el ejemplo de la beata Eurosia nos estimule a una vida más perfecta, para que al celebrar su memoria la sepamos imitar en las obras. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                               10 de enero
                                                    Gil de Lorenzana (1443-1518)

El beato Gil nace en Lorenzana (Potenza. Italia) en 1443, en una familia modesta, humilde y muy cristiana. Sus padres Bello y Caradonna Persani lo bautizan con el nombre de Bernardino. Dedicado a la agricultura, cuida la devoción a Jesús y a María. Ayuda a la construcción del convento de los Franciscanos y una capilla dedicada a San Antonio de Padua, en la que pasa mucho tiempo en oración, alternándola con otra dedicada a María Virgen. Trabaja como jornalero con un rico agricultor, que le concede pasar en oración varias horas al día. Siente la llamada de Dios para la vida francis-cana y pide el hábito en el convento de Lorenzana. Admitido en la Orden, continúa sus labores agrícolas, ahora en el huerto de la fraternidad, pero intensificando su vida de oración y penitencia, con retiros frecuentes en lugares aislados, en los que permanece en soledad y silencio, sufriendo fuertes tentaciones diabólicas. No obstante, recibe visitas de gente piadosa y realiza hechos extraordinarios con los que adquiere fama de santo en Nápoles, Bari, Salerno, y otros conventos. Muere el 10 de enero del año 1518 a los 75 años de edad. El papa León XIII aprueba su culto en el año 1880.

Común de Santos Varones

Oración. Señor y Dios nuestro, que llamaste a una vida de penitencia y oración al beato Gil de Lorenzana, para que te sirviera con una vida santa, concédenos por su intercesión que sepamos alabarte en todos los actos de nuestra vida. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                               
                                                                              11 de enero
                                                    Tomás de Cori (1655-1729)

Santo Tomás de Cori nace en Cori (Latina. Italia) el 4 de junio de 1655. Queda huérfano de padre y madre a los 14 años. Su oficio es de pastor. Ingresa en la Orden, hace el noviciado en Orvieto y cursa los estudios eclesiásticos en Viterbo y Velletri. Se ordena en 1683. La Provincia franciscana de Roma le envía a instaurar una fraternidad de Retiro en el convento de Civitella (hoy Bellegra), y permanece allí hasta su muerte, excepto los años 1703-1709, que reside en Palombara, donde instaura el Retiro, según el modelo de Bellegra. La oración constante, la adoración a Dios en Cristo, presente en la Eucaristía, el servicio a los hermanos y a los pobres, son la razón de ser de su vida. Sufre la aridez de espíritu durante 40 años sin perder la calma y la confianza en Dios. Recorre ciudades y pueblos, sobre todo la región del Lacio, anunciando el Evangelio con palabras sencillas y claras. Muere el 11 de enero de 1729. El papa Pío VI lo beatifica el 3 de septiembre de 1786, y lo canoniza Juan Pablo II el 21 de noviembre de 1999. «Verdadero hijo del Poverello de Asís, también de él se podría afirmar lo que se decía de San Francisco: “No tanto era un hombre que oraba, cuanto, más bien, un hombre transformado totalmente en oración viva”» (2 Cel 95) (Juan Pablo II, Discurso a los Peregrinos, L’Osservatore Romano, 22-XI-1999).

Común de Pastores o Santos Varones

Oración. Oh Dios, protector de los que en ti esperan, sin ti nada es fuerte ni santo; multiplica sobre nosotros los signos de tu misericordia, para que, bajo la guía providente de Santo Tomás de Cori, de tal modo nos sirvamos de los bienes pasajeros, que podamos adherirnos a los eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.