lunes, 29 de septiembre de 2014

San Francisco de Asís

29 de setiembre

Miguel, Gabriel y Rafael, Arcángeles
La funciones de estos arcángeles es la siguiente: Miguel somete la rebelión de los ángeles malos; Gabriel, mensajero de Dios en diferentes misiones, anuncia a la Virgen María la Encarnación del Hijo de Dios y su maternidad divina; Rafael acompaña al joven Tobías cuando cumple un encargo y trata de solucionar problemas difíciles. Escribe San Francisco: «…a los bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael, y a todos los coros de los bienaventurados serafines, querubines, tronos, dominaciones, principados, potestades, virtudes, ángeles, arcángeles, […] humildemente les pedimos te den gracias a ti, sumo verdadero Dios, eterno y vivo, con tu Hijo carísimo, nuestro Señor Jesucristo, y el Espíritu Santo Paráclito por los siglos de los siglos (Ap 19,3). Amén. Aleluya» (Ap 19,4) (RegNB 23,6).
Oración. Oh Dios, que con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y los hombres, te pedimos que nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.
30 de setiembre

Jerónimo (340ca.-420)
San Jerónimo nace en Estridón (Dalmacia. Croacia en la actualidad) hacia el año 340. Estudia y reside en Roma. Después de servir a la Iglesia de Roma, marcha a Oriente. Regresa de nuevo a la Ciudad eterna. Hace de secretario del papa San Dámaso. Viaja de nuevo a Tierra Santa. Se instala en Belén y lleva una vida de penitencia. Escribe comentarios a la Escritura. Muere en Belén en el 420.
Común de Doctores de la Iglesia
Oración. Oh Dios, tú que concediste a San Jerónimo una estima tierna y viva por la Sagrada Escritura, haz que tu pueblo se alimente de tu Palabra con mayor abundancia y encuentre en ella la fuente de la verdadera vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

OCTUBRE
1 de octubre

Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
Santa Teresita nace en Alençón (Normandía. Francia) en el año 1873. De joven lleva la vida de carmelita en el convento de Lisieux. Vive en clausura la evangelización del mundo. Ofrece su vida por la salvación de los hombres. Muere el 30 de setiembre del año 1897.
Común de Vírgenes
Oración. Oh Dios, que has preparado tu reino para los humildes y sencillos, concédenos la gracia de seguir confiadamente el camino de Santa Teresa del Niño Jesús, para que nos sea revelada, por su intercesión, tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
2 de octubre

Ángeles Custodios
San Francisco escribe: «Alábenlo al glorioso los cielos y la tierra. Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos. Y toda criatura, que hay en el cielo y sobre la tierra y las que hay bajo la tierra y el mar y las que hay en él (Ap 5,13): Y alabémoslo y ensalcémoslo por los siglos» (AlHor 7-8).
Oración. Oh Dios, que en tu providencia amorosa te has dignado enviar para nuestra custodia a tus santos ángeles, concédenos, atento a nuestras súplicas, vernos siempre defendidos por su protección y gozar eternamente de su compañía. Por nuestro Señor Jesucristo.
3 de octubre

Hipólito Galantini (1565-1619)
El beato Hipólito Galantini, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Florencia (Toscana. Italia) el 12 de octubre de 1565 en el seno de una familia artesana. Se hace tejedor de paños. Alterna su trabajo con la educación religiosa de los jóvenes abandonados o pertenecientes a familias desestructuradas. El cardenal Alejandro de Médicis, después papa León XI, lo nombra maestro de la doctrina cristiana para la Archidiócesis de Florencia y le deja la iglesia de Santa Lucía en Prato para que imparta su catequesis. El 14 de octubre de 1602 toma el hábito de la OFS y funda la Congregación de San Francisco de Asís para la Doctrina Cristiana. Y lo mismo hace en Lucca, Pistoya, Módena, Volterra, etc. Se incorporan a la Congregación personas de toda condición social para educar en la fe al pueblo, sobre todo a los niños y a los jóvenes. Después de padecer durante 14 años una enfermedad, que le acarrea fuertes dolores, muere en Florencia el 20 de marzo de 1619, a los 54 años de edad. El papa León XII lo beatifica el 12 de julio de 1825.


Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, tú ves que somos débiles y desfallecemos; por el ejemplo del beato Hipólito, afiánzanos misericordiosamente en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.
3.1 de octubre

Antonio Chevrier (1826-1879)
El beato Antonio Chevrier, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Lyón (Ródano. Francia) el 16 de abril de 1826. Ingresa en el seminario, y después de cursar los estudios eclesiásticos es ordenado sacerdote en 1850 y nombrado Vicario de la Parroquia de San Andrés de Lyón. En 1857 hace de capellán de la «Ciudad del Niño Jesús», fundada por Ca-milo Rambaud y destinada a acoger y cuidar a los niños abandonados, tanto en el ámbito humano como cristiano. Con la ayuda de Pedro Louat y de las religiosas Amelia y María funda la «Providencia del Prado». Es un albergue donde cobija a niños y adolescentes pobres. En 1867 es elegido párroco en Molino de Viento, muy cerca del albergue donde vive. En el año 1871 amplía su obra de caridad ayudando a la formación de sacerdotes pobres. Los cuatro primeros, ordenados en 1877, continúan su labor en el Prado y constituyen el centro del futuro Instituto. El beato Chevrier muere en Prado el 2 de octubre de 1879. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 4 de octubre de 1986.
Común de Pastores
Oración. Dios lleno de misericordia, que por la predicación y el ejemplo del beato Antonio Chevrier llevaste a nuestros padres a la luz de la fe, concédenos, por su intercesión, que cuantos nos gloriamos de llamarnos cristianos mostremos siempre con las obras la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.
4 de octubre

Francisco de Asís (1182-1226)
San Francisco nace en Asís (Perugia. Italia) en el año 1182; es hijo de Pedro Bernardone y Pica Bourlemont. Cae prisionero en la guerra de Asís contra Perugia en la batalla del Puente de San Juan el año 1202. Forma parte también del ejército del papa a las órdenes de Gualterio de Brienne contra el Imperio Germánico. Para combatir en la guerra, viaja a Apulia en 1205, y escucha una voz en el camino que le pide que regrese a Asís. Se dedica a la oración y sirve a los leprosos. Repara la iglesia de San Damián y es acogido por Guido I, obispo de Asís. Con los primeros discípulos vive en Rivotorto y después junto a la iglesia de Santa María de los Ángeles o de la Porciúncula; aquí recibe la misión del Señor de proclamar el Evangelio por todo el mundo en pobreza, castidad y obediencia, misión que aprueba verbalmente el papa Inocencio III. En la Porciúncula celebra también los capítulos desde el año 1217. Viaja a Oriente en 1219 pasando por Chipre, San Juan de Acre y Damieta en el delta del Nilo. Escribe la Regla no bulada en 1221, y el 29 de noviembre de 1223 el papa Honorio III aprueba la Regla definitiva. En setiembre de 1224 recibe los estigmas de la crucifixión de Jesús. En el verano de 1225 compone el Cántico del Hermano Sol. Escribe el Testamento. Muere en la noche del 3 de octubre de 1226 a la edad de 44 años. El papa Gregorio IX lo canoniza el 16 de julio de 1228.
                                               Lecturas
            Primera lectura
                        «Todas las cosas son tuyas, Señor, amigo de la vida»
El texto del libro de la Sabiduría  relata el amor misericordioso del Señor, que pasa por alto los pecados de los hombres, porque actúa con misericordia, los perdona y los recrea para que sigan viviendo desde los objetivos que les puso al inicio de la creación. El amor de Dios abarca a todos los hombres y a toda la historia humana, espacio y tiempo de amor, que incluye también a todas las criaturas creadas. El hombre y los seres han salido de la bondad creadora del Señor. Aunque la libertad humana ha desviado a la creación de su objetivo, el Señor se empeña en proseguir su creación, salvando al hombre; salvación que  será explícita con la encarnación de la Palabra (cf. Jn 1,14).

            Lectura del libro de la Sabiduría                  11,22-26                    
El mundo entero es ante ti como un gramo en la balanza, como gota de rocío mañanero sobre la tierra. Pero te compadeces de todos, porque todo lo puedes y pasas por alto los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que hiciste; pues, si odiaras algo, no lo habrías creado. ¿Cómo subsistiría algo, si tú no lo quisieras?, o ¿cómo se conservaría, si tú no lo hubieras llamado? Pero tú eres indulgente con todas las cosas, | porque son tuyas, Señor, amigo de la vida.

            Salmo responsorial                                                   Sal 15,1-2.5.7-8.11
            El salmo expresa la entrega total y definitiva al Señor. A pesar de que los creyentes llevan una vida de trabajo y cuidado de la familia, cuando mantienen su relación con el Señor, éste se hace cada vez más patente e intensifica su presencia en la vida, hasta que se ofrece por entero a su correspondencia amorosa.

            V. El Señor es el lote de mi heredad.
            R. El Señor es el lote de mi heredad.
V. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
                        yo digo al Señor: «Tú eres mi bien».
                        El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            V. Bendeciré al Señor que me aconseja,
                        hasta de noche me instruye internamente.
                        Tengo siempre presente al Señor,
                        con él a mi derecha no vacilaré.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            V. Me enseñarás el sendera de la vida,
                        me saciarás de gozo en tu presencia,
                        de alegría perpetua a tu derecha.

            R. El Señor es el lote de mi heredad.

            Segunda lectura
                                   «Nos apremia el amor de Cristo»
Toda la humanidad está contenida en la historia de Jesús. El designio del Padre, que por él lo ha creado todo (cf. Gál 3,27), hace que participemos en su resurrección (cf. 1Tes 4,14), porque él es el primero de una multitud que participarán en el futuro de la nueva creación que ha diseñado en su Hijo. Y es el Hijo quien hace posible de nuevo el diálogo entre Dios y el hombre y el del hombre con Dios, reconciliando definitivamente a la humanidad separada por el pecado.  Por eso, el ministerio de la Iglesia debe anunciar en el tiempo y en el espacio el Evangelio para que los hombres adquieran la esperanza de vivir y caminar tras la plenitud de su vida.

            Lectura de la segunda carta del apóstol San Pablo a los Corintios 5,14-21

Hermanos: Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron. Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo. Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Secuencia
            Aleluya
            Aleluya. Aleluya.
«Francisco, pobre y humilde,
entra rico en el cielo
y es honrado con himnos celestes».
Aleluya.

            Evangelio
            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.
            Lectura del santo evangelio según san Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

                     4.1.- Francisco de Asís (1182-1226)


                                                                           Lecturas
            Primera lectura
                                   «De las espadas forjarán arados»
El texto corresponde a la reforma litúrgica de Josías (reina entre el 639-608  a.C.). Josías fomenta el judaísmo, destruye los santuarios paganos y las prácticas idólatras, y activa los valores fundamentales del pueblo del Señor cimentados en la Alianza. El profeta divisa los tiempos mesiánicos, identificando el monte con el templo de Dios, en el cual se reunirán todos los pueblos. El futuro mesías creará un universalismo religioso en el que la gente podrá conocer y adorar al Dios verdadero. Y se verá con la consecución de una paz que alcanzará a toda la creación. La frase lapidaria «De las espadas forjarán arados; de las lanzas, podaderas», grabada en el edificio de la ONU, significa: las espadas se transforman en arados para producir el pan que da la vida cada día (petición del Padrenuestro), y las lanzas se convertirán en podaderas para elaborar el vino que comunica la alegría de vivir.

            Lectura del profeta Isaías                                         2,2-5
En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas. Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán: «Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén».
            Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
            Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

            Salmo responsorial                                       Sal 35,6-7.8-9.10-11
            El hombre siempre intenta buscarse la vida al margen de quien se la dio. Es como un instinto de desapego, de libertad mal planteada, que nace de una búsqueda desasosegada de sí, que lo revuelve contra sus hermanos. El Señor se presenta como la verdadera fuente de la vida, que cuando el hombre lo vive, la comparte con los demás y disfruta de los bienes que el Señor le ha regalado desde el el principio del tiempo.

            V. En ti, Señor, está la fuente viva.

            R. En ti, Señor, está la fuente viva.

V.  Señor, tu misericordia llega al cielo, 
tu fidelidad hasta las nubes;
             tu justicia es como las altas cordilleras, 
tus juicios son como el océano inmenso. 
Tú socorres a hombres y animales.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            V. ¡Qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!, 
los humanos se acogen a la sombra de tus alas;
            se nutren de lo sabroso de tu casa, 
les das a beber del torrente de tus delicias.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            V. Porque en ti está la fuente viva, 
y tu luz nos hace ver la luz.
            Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, 
tu justicia con los rectos de corazón.

R. En ti, Señor, está la fuente viva.

            Segunda lectura
                                   «Servíos unos a otros por amor»
               La vida de Jesús no sólo se entiende como la revelación del Reino de Dios, sino como una nueva vida para todos los hombres. La novedad de vida se centra en el amor (cf. Gál 5,6; Rom 13,8; 1Cor 13,1), cuyo origen está en Dios (cf. 1Jn 4,19); establece su identidad y la de su Hijo (cf. Rom 8,35.37-39) como la del Espíritu (cf. Rom 15,30). El Espíritu Santo difunde e introduce el amor trinitario en los corazones de los creyentes (cf. Rom 5,5), constituyéndose en la esencia de los mandamientos cristianos (cf. Rom 13,8-10).


            Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Gálatas   5,13-14

Pues vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; ahora bien, no utilicéis la libertad como estímulo para la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

            Aleluya                                               Jn  2,12
            Aleluya. Aleluya.
            «Yo soy la luz del mundo, dice el Señor;
y yo las conozco y ellas me siguen»
            Aleluya

            Evangelio

            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

           
Lectura del santo evangelio según san Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».



            4.2.- Francisco de Asís (1182-1226)

                                                    
                                   Lecturas
            Primera lectura
                                   «Habitará el lobo con el cordero»
            El rey Acaz prescinde de la fe de Israel, de la Alianza para gobernar el reino de Judá, que rechaza el profeta como una actuación extraña en la historia de Israel. Las promesas mesiánicas con referencia a Israel se fundan en una ilimitada confianza en el Señor (cf.  Is 9,13-17), porque sólo Él puede lograr una vida digna, equilibrada en las relaciones humanas, imponiendo la paz entre los pueblos y personas. La paz no sólo abarca a las relaciones entre los hombres y los pueblos, sino también alcanza a la creación; la  naturaleza se une al cántico de la paz que transformará todo cuanto existe para bien, siempre que se confíe en el que ha originado la vida, la cuida y busca la armonía de todo lo creado.
           
            Lectura del profeta Isaías                             11,1-9

Brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un ástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de su cintura, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
            Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey, comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid. Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar.

            Salmo responsorial                                       Sal 32,1-3.4-5.6-7.8-9
            El justo entona cánticos de alabanza a la justicia y a la misericordia del Señor, porque el Señor se deja oír y ver en las maravillas de su creación. El creyente debe abrir su corazón y dejarse invadir por Él a fin de reconocer su presencia en la creación y en la historia.

            V. La palabra de Dios hizo el cielo.

            R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Aclamad, justos, al Señor, 
que merece la alabanza de los buenos.
            Dad gracias al Señor con la cítara, 
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
            cantadle un cántico nuevo, acompañando los vítores con bordones.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Que la palabra del Señor es sincera, 
y todas sus acciones son leales;
            él ama la justicia y el derecho, 
y su misericordia llena la tierra.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V.  La palabra del Señor hizo el cielo; 
el aliento de su boca, sus ejércitos;
            encierra en un odre las aguas marinas,
 mete en un depósito el océano.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.

            V. Tema al Señor la tierra entera, 
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
            porque él lo dijo, y existió; 
él lo mandó y todo fue creado.

R. La palabra de Dios hizo el cielo.


            Segunda lectura
                        «Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud»
               Jesús es el centro de la fe cristiana, de la vida personal y colectiva de los pueblos. En este texto se presenta como la imagen de Dios en la historia humana: Dios se deja ver en él y por él (cf. Heb 1,3; 2Cor 4,4); Cristo es la primera realidad pensada y querida por Dios, por eso es el primogénito de toda la creación (cf. Ef 1,21). No es extraño, pues, que sea, a la vez, cabeza de la comunidad cristiana (cf. Ef 1,22-23). Y en el colmo de la experiencia cristiana se le cree y retiene como el que posee la plenitud de todas las gracias, la plenitud de Dios, de la cual todos hemos participado al ser nuestro hermano y hacernos hijos de Dios (cf. Ef 2,9; Jn 1,16).

            Lectura de la carta del apóstol San Pablo a los Colosenses 1,15-20
Él es imagen del Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles. Tronos y Dominaciones, Principados y Potestades; todo fue creado por él y para él.
            Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él y para él quiso reconciliar todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Aleluya                                                                        2Tim 1,10
            Aleluya. Aleluya.
            «Nuestro Salvador Jesucristo destruyó la muerte,
y por medio del Evangelio sacó a la luz la vida».
            Aleluya.

            Evangelio
            «Has escondido estas cosas a los sabios y las has revelado a la gente sencilla»
               Jesús reprocha a los pueblos de Cafarnaún, Corozaín y Betsaida que no hayan aceptado el mensaje de salvación que les ha transmitido con la predicación del Reino y los milagros que le acreditan (cf. Mt 11,24). Y la sabiduría se acredita, precisamente, por estas obras de salvación. Por ello, Jesús desliga los contenidos de la revelación que explican los escribas y exigen cumplir los fariseos, y se los entrega a los sencillos y a los pequeños. Son aquellos que tienen el corazón abierto a Dios y son capaces de percibir que, a través de Jesús, se está dando y está ofreciendo la salvación, largamente esperada por todos. De ahí que la elección divina recaiga sobre los predispuestos a recibirla, y no sobre aquellos que, usando la ciencia como poder, se busquen a sí mismos antes que a Dios.

            Lectura del santo evangelio según San Mateo                   11,25-30
En aquel momento tomó la palabra Jesús y dijo: «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».



«La piedra que desecharon los arquitectos...»

                       Domingo XXVII (A)

                                                     
         «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular»

Lectura del santo evangelio según San Mateo 21,33-43

Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

1.- Dios. «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente». En efecto, la Encarnación, —el envío del Verbo al mundo para hacerse «carne» como nosotros—, es la sabiduría salvadora del Señor para los hombres. Jesús es su Palabra, y es una Palabra que todos pueden comprender. Jesús no es una palabra arcana, que sólo la entienden los iniciados y los que llevan una vida extremadamente pura y espiritual. Jesús es de todos, se ha hecho todo a todos, como dice Pablo de sí mismo (cf. 1Cor 9,17-19). Tan es así que le dicen comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores (cf. Mt 11,19). Po eso  debemos aceptar con gran alegría el milagro que sólo puede hacer el Señor: salir de su gloria por amor y salir para salvarnos.

2.- La Iglesia. La Iglesia no puede hacer lo que Israel hizo con el Señor: traicionarle en bloque, cuando no reconoció el mesianismo de Jesús y le entregó a Pilato para que lo crucificasen. La comunidad cristiana acuñó una frase que los judíos dijeron a Pilato, y que expresa la gran decepción que Jesús supuso para ellos: «Caiga sus sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos» (Mt 27,25); o esta otra: «Vino a los suyos y los suyos no le recibieron» (Jn 1,35).— La Iglesia posee el Espíritu Santo que la mantiene unida al Señor. Una iglesia local puede traicionar al Señor, o comunidades e instituciones cristianas, o personas bautizadas, etc. Comprobamos a lo largo de la historia cómo han desaparecido las iglesias de los apóstoles que fundaron fuera de las fronteras del Imperio, o se han suprimido instituciones religiosas nacidas para una función específica, o han abandonado la iglesia cristianos que han sido responsables en mucha tareas evangelizadoras. Pero la Iglesia en bloque no puede rebelarse contra el Señor. Está incapacitada para ello. En la Iglesia universal se vive en cada momento del día todos los valores evangélicos en su conjunto, bien en Japón, o Bolivia, o Mozambique, o Rumanía, o Australia. Oremos y cuidemos para que en nuestras comunidades, familias y países no se vaya Jesús. Y velemos que nuestra Jerarquía, con su vida, no oculte el rostro del Señor o se haga dueño de la viña, de la Iglesia.

3.- El creyente. «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Pensemos que los Sumos Sacerdotes, escribas y fariseos era gente que defendía su religión, su relación con Dios con todas sus fuerzas. De hecho fue su errada y superada imagen del Señor la que les llevó a traicionarle y entregar a Jesús a Pilato. Por eso pasó el cristianismo de Jerusalén a Roma, o a Iberia, o a las Galias; o de Roma a América, a África, a Asia. Todo el universo y todos los pueblos son del Señor. Ya no tiene ni un terreno acotado, ni un pueblo, ni un profeta o santo concreto. Todo es de él. Y también cada uno de nosotros. Hemos recibido tantos bienes de nuestra familia, de nuestras sociedades, de nuestro Dios ¿Y qué fruto hemos producido? o ¿nos hemos aprovechado de nuestras cualidades y bienes recibidos de los demás para enriquecernos a costa de los otros, sin compartir nada? También Dios puede pasar de largo y dejarnos solos con nuestro gélido egoísmo.





«Allí será el llanto y el rechinar de dientes». Domingo XXVIII (A)

                                          Domingo XXVIII (A)


«Allí será el llanto y el rechinar de dientes»

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22,1-14

Volvió a hablarles Jesús en parábolas, diciendo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados: “Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”. Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.
            El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: “La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”. Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

1.- Texto. Un rey prepara un gran banquete para la boda de su hijo. Envía a sus criados para que inviten a una serie de personas por dos veces. No van los invitados porque tienen tareas que hacer. Finalmente, los siervos recogen a todo el mundo. El banquete hace referencia a la forma de describir el futuro de Israel, un futuro que el rey está empeñado que esté lleno, y, además, indica su deseo apremiante de que todo el mundo participe. Los primeros invitados, y tantas veces únicos, ―los judíos―están en riesgo de ser excluidos de la salvación y, por tanto, castigados a no participar del festín del Reino. Hay nueva gente llamada a participar en la nueva Alianza que el Señor ha sellado con la muerte y resurrección de Jesús. Aunque el añadido de Mateo es muy artificial ―si invita el rey a todos los que encuentran por los caminos, se supone que les regala el traje además de la comida―, también es una seria advertencia a los que siguen a Jesús. Pablo también lo advierte ante los escándalos, por ejemplo, de la comunidad de la ciudad de Corinto (cf. 1Cor 5).

2.- Mensaje. En la parábola hay dos juicios muy severos: a Israel y a los cristianos que no viven la vida nueva que Jesús nos ha dado. Existe, pues, una responsabilidad humana ineludible ante la cercanía bondadosa de Dios. Como se rechace ésta, se aboca a una condena y castigo, desde el juicio que emite Jesús. Cuando envía a los discípulos a predicar el Reino y son rechazados, manda que se sacudan el polvo de los pies, el que se acumula en las sandalias durante el camino, como signo de ruptura y de la maldición de Dios sobre ese lugar, ya que rechazar al mensajero y su mensaje es cerrarse a lo que es capaz de salvar en el juicio. Lo mismo sucede con el siervo sin entrañas citado (cf. Mt 18,23-35), porque si no es capaz de perdonar en la misma medida en que el amo le ha perdonado, la salvación dada por Dios se traduce en condena, como pasará con la «generación» que escucha a Jesús si no se convierte: entonces los ninivitas y la reina del Mediodía serán testigos en el juicio de su perdición. Esta condena y el castigo que lleva consigo lo advierte Jesús a sus conciudadanos y a los que se comporten con indignidad en las comunidades cristianas: «Allí será el llanto y el rechinar de dientes».


Soledad
3.- Acción.-  Jesús intenta por todos los medios que sus conciudadanos no pierdan su sitio en el banquete final y decisivo. Pero son ellos los que se excluyen, no el Señor, cuya voluntad de que participen es muy explícita. El infierno es creación de la libertad humana que ha introducido el mal en la historia y en la cultura. El infierno no es una creación del Señor para castigar a los malos. El Señor sólo sabe amar y desconocerá a aquellos que sólo han vivido para sí, como éstos al Señor. Son vidas paralelas que jamás se encuentran.― Hay que tener en cuenta que todo el mundo es invitado por el Señor al banquete, y el hombre se pierde por propia voluntad, porque mes él quien decide ir o no ir. He aquí la urgencia y seriedad de la llamada de Jesús, como sus esfuerzos para que nadie se condene. No obstante, Jesús es muy claro sobre el destino de los que no responden a la invitación al convite: son vidas que se quedan fuera; se pierden.







































                                                
                    «Tendrán respeto a mi hijo»

Lectura del santo evangelio según San Mateo 21,33-43

Escuchad otra parábola: «Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo”. Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: “Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia”. Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Le contestan: «Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».


1.- Texto. Jesús continúa su lucha contra las autoridades religiosas de Israel. El domingo pasado los pecadores se convierten y se abren a su mensaje, sin embargo los seguidores de la ley son incapaces de cumplir la voluntad del Señor. En el texto de hoy son los viñadores —los mismos que representan al hijo que no va a trabajar al campo— los que se apropian de la viña del Señor matando a sus mensajeros, incluso a su Hijo. Es un calco de la parábola de Isaías: «Mi amigo tenía una viña en un fértil collado. La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas; construyó en medio una torre y cavó un lagar. Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones (Is 5,1-2). El profeta se refiere a Israel, pueblo exclusivo del Señor, labrado y regado por Él, al que le responde con infidelidades continuas. Pero esta vez ha ido más lejos, lee la comunidad cristiana judía de Mateo. Ha entregado a Jesús, el Hijo, a  Pilato para que lo crucificase. La conclusión la evidencia la historia después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. c.: la fe cristiana se extiende por el pueblo pagano —«los otros»—, por el Imperio.

           
2.- MensajeEn la parábola, Jesús sentencia que el pueblo elegido será otro distinto a Israel. La lectura sigue siendo judía: «se dará a un pueblo que produzca sus frutos». Sin embargo, fundados en su mensaje de Dios, que le revela como un Padre/Madre de todos los pueblos, que ofrece la salvación a todos los hombres, que desea que «todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2,4), la salvación no pasa de una viña a otra viña. La salvación es para todos los pueblos, —incluso para los judíos—, porque todos somos sus hijos. Pero no debemos olvidar que dicha proclamación universal la hace Jesús desde el mundo de los débiles, de los pequeños, de los niños, de los enfermos, de los ancianos  (cf. Mt 11,28-30), porque «siempre tendréis a los pobres entre vosotros» (Mc 14,7par).

           
3.- AcciónEl papa Francisco ha tomado como una de sus prioridades visitar los pueblos cristianos que, siendo minoría en determinadas culturas, se están abriendo paso en sus países respectivos: Corea, Albania, son los dos últimos. También se hace presente en núcleos inaccesibles a un ciudadano normal, donde se viven tensiones infernales, como fue su visita a la cárcel de Castrovillati en Calabria, o las denuncias constantes de los asesinatos del Estado Islámico en Irak, o Siria. El Reino de Dios abarca a todo el mundo, aunque la Iglesia sea sólo una porción del Reino que es consciente de la miraba bondadosa universal del Señor. Y dicha mirada es la que los cristianos debemos ofrecer a todas las gentes, a todos los pueblos. Y cuando no nos reciban, imitar el símbolo de Jesús: sacudir el polvo que han cogido nuestras sandalias al ir a visitarlos e irnos (cf. Mt 10,14), o simplemente lo que hizo en Nazaret, cuando lo rechazaron: abrirse paso entre ellos y marcharse (cf. Lc 4,30): se le escapó la gracia.



La reconciliación: Jesús

                      LA RECONCILIACIÓN

                                                                                        III


                                                                                  Jesucristo

La reconciliación de los hombres con Dios, de los hombres entre sí, con ser experiencias de futuro si se trata de vivirlas en plenitud, se deben concretar con actos parciales que prueben la veracidad del amor de Dios a su criatura y la veracidad del sentido fraterno de la condición humana. Y Jesús prueba la voluntad y compromiso divino al comenzar sendas reconciliaciones con su presencia en la historia; reconciliaciones que no todos están dispuestos a secundar (cf. Mc 4,1-9; 10,17-22par). Jesús relaciona y une, tanto el amor a Dios y el amor al prójimo, el punto de partida al que hay que volver (cf. Mc 12,28-34par), como la reconciliación con Dios y con el prójimo: «Si mientras llevas tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene queja contra ti, deja tu ofrenda delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano y después ve a llevar tu ofrenda» (Mt 5,23-24; cf. Lc 6,37). El Padrenuestro proclama la reconciliación y la coloca en el corazón de las relaciones entre los seguidores de Jesús y Dios (cf. Lc 11,4; Mt 6,12).
           
Con la Resurrección, la reconciliación entre Dios y los hombres, y de los hombres entre sí pasa por la historia de Jesús: «No hay más que un solo Dios, no hay más que un mediador, el hombre Cristo Jesús» (1Tim 2,5). Si el pecado que ha alejado al hombre de Dios se ha dado en la historia humana, Dios decide personalmente eliminarlo en la misma historia (cf. Jn 1,14; Rom 8,3; Gál 4,4). Jesús entraña la presencia de Dios en la vida humana, como revelador de su Palabra y comunicación de su voluntad salvadora y, a la vez, es un ser humano que le obedece y ama hasta el extremo (cf. DH 301). Con eso se sitúa en el centro de todas las relaciones de los cristianos, tanto para Dios, como para los hombres y la creación. De ahí la confesión de fe: «... para nosotros existe un solo Dios, el Padre, que es principio de todo y fin nuestro, y existe un solo Señor, Jesucristo, por quien todo existe y también nosotros» (1Cor 8,6, cf. Col 1,16, Jn 1,3), mediación de la creación que continúa con la de la reconciliación (cf. Col 1,19-20; Jn 1,14). La vida de Jesús la asume Dios para realizar la Nueva Alianza que los profetas habían prometido (cf. Jer 31,31-33), pero también la ofrece a los hombres para que accedan a su salvación; éste es el convencimiento de la comunidad cristiana desde sus inicios: «Ningún otro puede proporcionar la salvación; no hay otro nombre bajo el cielo concedido a los hombres que pueda salvarnos» (Hech 4,12; cf. 2,21; Heb 7,25).
           
La vida de Jesús, el lugar donde se encuentran Dios y el hombre, se realiza en un determinado momento de la historia humana. Pero Dios la ha tomado como el camino de acceso a su creación, y la ha ofrecido a los hombres para que puedan encontrarse con Él y salvarse. Jesús, pues, lleva consigo una doble función: contemplado desde Dios es su Palabra, su Revelación, el Hijo enviado al mundo (cf. Heb 1,5-14); contemplado desde la vida humana es el hermano misericordioso que actúa en favor de todos ante Dios (cf. Heb 2,5-18). Si esto es así, la vida de Jesús logra una importancia que va más allá de su influjo en la Palestina de su tiempo. Este convencimiento de los primeros cristianos, citado en los párrafos anteriores, coloca a Jesús como el mediador de la salvación y el reconciliador de todos los seres creados con Dios, y, por ello, también ha estado en el origen mismo de toda la realidad: «[Jesús] puede salvar plenamente a los que por su medio acuden a Dios, pues vive siempre para interceder por ellos» (Heb 7,25).
           
La iniciativa de la reconciliación y la fuerza para conseguirla proceden de Dios, que nunca ha dejado de amar a su criatura aunque viviera alejada de Él (cf. Rom 5,8; 8,35.39). Él no ha tenido en cuenta ni la rebeldía ni la distancia que el hombre ha establecido con Él: Dios no le apunta los delitos ni se venga de sus desprecios (cf. 2Cor 5,19). El amor divino, aunque sufre el pecado, sobrevuela la justicia y reconcilia por medio de Jesús: «Todo es obra de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo» (2Cor 5,18). En el apartado del sacrificio se ha expuesto que el amor, y un amor llevado hasta dar la vida (cf. Rom, 5,8-10; supra 7.5.2), es el sentido de la vida de Jesús y el que conduce a una reconciliación verdadera entre Dios y los hombres. Jesús se da a sí mismo y se entrega hasta el extremo de sus fuerzas (cf. Gál 2,20). Por eso Pablo centra la expresión máxima del amor reconciliador de Jesús en su muerte en cruz: «Pues siendo enemigos la muerte de su Hijo nos reconcilió con Dios» (Rom 5,10). De hecho, define el Evangelio como la «palabra de la cruz» (1Cor 1,18), y su anuncio lo resume al proclamar «a Cristo crucificado» (1Cor 1,23), porque tiene capacidad de salvación o de reconciliación.
            Si Dios ha cumplido su parte, queda la de los hombres, es decir, iniciar y culminar el proceso que conduzca al encuentro con Dios y con los demás haciendo posible la estructura filial y fraterna de la creación. De ahí que Pablo justifique su ministerio, y el de todos los apóstoles, como continuación de la vida reconciliadora de Jesús: «Dios estaba por medio de Jesús reconciliando al mundo consigo, no apuntándole los delitos, y nos confió el mensaje de reconciliación» (2Cor 5,19). Esta es la propuesta permanente de Pablo: «Somos embajadores de Cristo y es como si Dios hablase por nosotros. Por Cristo os suplicamos: Dejaos reconciliar con Dios» (2Cor 5,21). Mas el camino de la reconciliación con Dios en Cristo pasa por la reconciliación entre los hombres. Y Dios ha allanado el camino para ello: «Él [Jesús] es nuestra paz, el que de dos hizo uno, derribando con su cuerpo el muro divisorio, la hostilidad; anulando la ley con sus preceptos y cláusulas, creando así en su persona de dos una sola y nueva humanidad, haciendo las paces. Por medio de la cruz, dando muerte en su persona a la hostilidad, reconcilió a los dos con Dios, haciéndolos un solo cuerpo» (Ef 2,14-17).
            La reconciliación y paz entre los hombres es factible cuando el hombre se entiende de una forma nueva. Del «viejo Adán» proceden la división, la violencia y la muerte. Con él no hay que contar, y menos pactar, para tratar de estructurar filialmente la obra de Dios. De ahí que no pueda existir la unión de la humanidad, sino con una nueva perspectiva de la vida: el estilo de ser y situarse en la historia que ha tenido Jesús: «Si uno es cristiano, es criatura nueva. Lo antiguo pasó, ha llegado lo nuevo» (2Cor 5,17). La «forma nueva» de la vida humana supone el «nuevo hombre», el «nuevo Adán» que simboliza la vida de Jesús (cf. Gál 4,19; 2Cor 3,18). Los discípulos se conforman con Cristo, entran en común-unión con él, y tan es así que se constituye un nuevo ser animado por el Espíritu (cf. 1Cor 6,17; Gál 2,20). Al «habitar» Cristo en el creyente, el «estar» en él (cf. 2Cor 13,5; Rom 8,10) hace que esto adquiera una nueva forma de vida que proviene de la conformidad con el sentido de la existencia que mostró Jesús en Palestina.
            
Por consiguiente, el creyente no debe ahora «seguir», sino «configurarse», «tomar forma», «comulgar» con la existencia de Jesucristo. El que cree en Cristo muerto y resucitado «nace de nuevo» (cf. Jn 3,3-8), porque ha sido revestido del nuevo ser que supone la existencia de Jesús (cf. Gál 3,27; Rom 13,14). Pablo está convencido de que, por un lado, se da un mundo cerrado en sí mismo, que sólo provoca dolor y muerte y que recluye al hombre en su orgullo y poder; por otro, de que con Jesús aparece una existencia nueva fundada en el amor; entendido éste como él ha vivido y enseñado. El paso de una forma de existencia a otra se realiza gracias a la fe. Por ella el hombre abre su corazón a Dios, renuncia a alcanzar la salvación por sus fuerzas, y por la obediencia a la fe (cf. Rom 1,5.8; 10,14.16; 15,18; etc.) une su existencia a la de Cristo. Al caminar con Cristo recibe la reconciliación que Dios ha ofrecido a la humanidad por medio de él. De esta forma la reconciliación equivale a la justificación por la fe (cf. Rom 5,9-10) y a la plena santificación: «Vosotros un tiempo estabais alejados, con sentimientos hostiles y acciones perversas; ahora, en cambio, por medio de la muerte de su cuerpo de carne, os han reconciliado y os han presentado ante él: santos, intachables, irreprochables» (Col 1,21-22).


domingo, 28 de septiembre de 2014

De los valores cristianos

                              REFLEXIÓN SOBRE LOS VALORES CRISTIANOS

                                                           Magdalena Cánovas
                                                                         Instituto Teológico de Murcia OFM

 Sabemos que la base de la cultura occidental no es sólo griega, es  sobre todo cristiana. Las conductas, los valores y las normas durante muchos siglos han sido y siguen siendo de raíz cristiana. El concepto de persona, que ha llevado al de su dignidad,  su libertad,  su caridad o amor al prójimo etc., son los pilares donde se ha edificado la sociedad actual y también su avance social; de aquí nace la consideración del hombre como sujeto de derechos.
Es cierto que quedan muchas reminiscencias de ese carácter egocéntrico y etnocentrista de corte griego, pero son los valores cristianos los que están en la base del humanismo. Por este motivo podemos decir que “el cristianismo es un humanismo” porque es amor al prójimo, basado en el amor desmesurado de Dios al  hombre. 
Cuando en la actualidad se emplea el palabra “progresista”  debemos recordar que el término “progreso” es equívoco y debe quedar como el recuerdo de una época también equívoca, donde una minoría culta trató de imponerse a sus propios cimientos culturales, quizá arrastrados por una ceguera debida al engaño de la propia razón exaltada. Los ilustrados se arrogaron el papel de salvadores de los hombres, cambiando el teísmo por el agnosticismo y oponiendo la fe a la razón. Con este error, comienza la decadencia de la sociedad occidental que va pasando del agnosticismo al ateísmo. La decadencia de Occidente no comienza como afirma Nietzsche, por culpa de los valores cristianos, sino que comienza cuando esos valores se ponen en cuestión y se atacan con todas las armas de la “limitada” razón humana.
Los señores ilustrados han sido muy hábiles. Las ideas de libertad, educación, dignidad son de corte cristiano, perro los hacen pasar como ideas ilustradas, comenzando una lucha ideológica contra lo que Comte llamará el Estado de minoría de edad del hombre, es decir, la religión. Y se relaciona con la Iglesia católica.
Nos encontramos entonces con que la culpable de todos los males habidos y por haber, es la Iglesia católica. A los cristianos los tildan de irracionales ¿Qué ha sido de la tolerancia ilustrada? Desde luego los actuales ateos “progresistas”, que arremeten contra la Iglesia católica, ni son tolerantes ni son muy racionales puesto que son relativistas y contradictorios. En su boca, los “derechos y libertades” suenan vacíos. No saben el significado de estos conceptos, puesto que pisotean los derechos de los que no piensan como ellos; hablan de libertad cuando lo que quieren decir es uniformidad; tratan de dictatoriales a los demás desde su propia dictadura. Su cinismo no tiene límites. Estos individuos, progresistas de humanidad disminuida, siembran la sociedad de términos vacíos, cambian el contenido a los conceptos, llamándolos de otra forma para hacer ver que son de su propio cuño, tergiversan y retuercen el lenguaje como hábiles retóricos.
Desde esta perspectiva se entiende que una parte de la sociedad pida una educación cristiana católica para sus hijos, una educación en los valores que han sido fundamento de la sociedad moderna, que han hecho posible las democracias contemporáneas y el Estado de derecho.
Parece que lo único que puede parar este cáncer social es la vuelta a los valores cristianos del amor al prójimo, porque la caridad lleva en sí misma, no sólo la solidaridad, sino también la empatía, el respeto, la honestidad, la fidelidad, la justicia, la verdad y la esperanza. Todos estos valores juntos y algunos más, son “amor” a los demás.
Por todo este dislate de la sociedad actual, creo que la “religión católica”, debe ser una materia necesaria en la educación para sanar nuestros espíritus y nuestra sociedad, herida por la “sinrazón de los racionales”.