lunes, 20 de octubre de 2014

Cristología intercultural

                                                Una Cristología intercultural


                                                                                       Jacinto Choza
                                                                                                                      Facultad de Filosofía
                                                                                                                       Universidad de Sevilla

                                                        II

               Jesús le habla de su padre a María y a José después de ser hallado en el templo



2.1.- La unidad de las religiones. La relación de los padres y los hijos.


            En este estudio se estudia la conciencia que Jesús tiene de ser hijo del padre, y eso es tanto como estudiar su conciencia religiosa y, en un sentido general, la conciencia religiosa de los seres humanos, porque la religión es la relación de los padres con los hijos, sea práctica y poco consciente o sea muy consciente y poco operativa. Ahora no hace falta entrar en el papel de la conciencia en la práctica religiosa de los hombres. Se va a estudiar solo la conciencia que Jesús tiene de ser hijo, sin centrarnos tampoco en el papel que esa conciencia juega en su práctica religiosa.
            Pues bien, la relación entre padres e hijos es constitutiva de las religiones en muchos sentidos y desde muchos puntos de vista. Lo era en la religión judía, que es en la que Jesús se educó.
           
Las últimas palabras del último de los profetas de la biblia hebrea dicen: “Yo les voy a enviar a Elías, el profeta, antes que llegue el Día del Señor, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres, para que yo no venga a castigar el país con el exterminio total” (Mal, 3, 23-24).            El nuevo testimonio con el que comienza el añadido cristiano a la biblia hebrea empieza así: “Entonces los discípulos le preguntaron: «¿Por qué dicen los escribas que primero debe venir Elías?». El respondió: «Sí, Elías debe venir a poner en orden todas las cosas; pero les aseguro que Elías ya ha venido, y no lo han reconocido, sino que hicieron con él lo que quisieron. Y también harán padecer al Hijo del hombre». Los discípulos comprendieron entonces que Jesús se refería a Juan el Bautista” (Mt 7,10-12).
            Cómo se irá viendo, una de las preocupaciones e intereses más determinantes de la actividad de Jesús es mostrar cómo el corazón del padre está volcado hacía los hombres, sus hijos, y volver el corazón de los hombres, de los hijos, al padre. Eso es lo que pretenden tanto Juan el Bautista como el propio Jesús o el propio Pablo.
            También Pablo vive la religión así:”Por eso doblo mis rodillas delante del Padre, de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra” (Ef 3, 14-15).
            Todos los progenitores en todos los órdenes son a su vez hijos, y Pablo declara que Dios es el único padre que no ha sido ni es hijo, sino solamente padre. Por eso su solicitud y su amor está volcado solamente hacia los hijos.
            En este punto el judaísmo y el cristianismo son indiscernibles. El culto es el culto al padre. Abraham nunca le llama padre a Yahweh, porque siempre se le aparece como el poderoso que ordena y pacta. Le sobrecoge tanto que le puede amar solo a través de un intenso y sagrado temor, pero Abraham sabe que no hay nada más fundamental para el ser de los humanos que la relación entre los padres y los hijos. Además Yahweh le instruye en el sentido fundamental de esa relación.  Moisés, hacia el 1300 AC, tampoco le llama “padre”,  pero tiene con él mucha más confianza y hasta le pide verle la cara. Perfila y despliega mucho más la riqueza y amplitud de la relación entre padres e hijos, y también Yahweh le instruye en eso.
David, en los comienzos del primer milenio AC, tiene ya con él la relación amorosa que se tiene con un padre, y con un padre como los de finales de la modernidad occidental: una relación de confianza completa, de intimidad, de ternura, de arrepentimiento. Los salmos expresan una gama afectiva y una profundidad de espíritu que no puede ser superada por personas que se llamen entre si padre e hijo. David le dice a Yahweh que le ama, cosa que nunca hicieron Abraham ni Moisés. “Yo te amo, Señor, mi fuerza” (Ps 18, 2), y dice que Dios ama a los hombres con la ternura de un padre: “rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura; él colma tu vida de bienes”, “Cual la ternura de un padre para con sus hijos, así de tierno es Yahweh para quienes le temen” (Ps 103).
Los profetas tienen con Ýahweh una relación filial, como la de David, y predican también el valor de la relación entre padres e hijos como el eje de la existencia. Hacia el siglo VI AC Isaias, contemporáneo de Pitágoras y de Buda, describe el amor de Dios con su pueblo no ya según la relación paterno-filial, sino según la relación materno-filial, que es la forma suprema de relación amorosa conocida por los hombres: “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!”(Is 49, 15).  .
 Jesús repite en diversas ocasiones cómo es de paternal o de maternal el amor del padre Dios por los hombres. “ Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará cosas buenas a aquellos que se las pidan” (Mat 11,7).. Pero sobre todo le expresa su amor de un modo tan íntimo y personal como David, y  lo llama padre de una manera que en general no resulta extraña pero que a veces sí resulta chocante.
            A algunos judíos lo que les extraña no es que le llame “padre”, sino el modo en que lo hace: “31 Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. 32 Entonces Jesús dijo: «Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?». 33 Los judíos le respondieron: «No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios». 34 Jesús les respondió: «¿No está escrito en la Ley: "Yo dije: Ustedes son dioses"?35 Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra –y la Escritura no puede ser anulada– 36 ¿Cómo dicen: "Tú blasfemas", a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque  dijo: "Yo soy Hijo de Dios"? (Juan 10, 31-36).
            L
os judíos, Jesús y los cristianos discrepan entre sí sobre el modo en que hay que entender la relación paterno-filial, pero no sobre su existencia ni sobre su carácter de eje de la existencia. Dios es el padre que no ha sido hijo y los hombres son los que han sido y son hijos. También entre los cristianos hay discrepancias sobre el modo de entender esa relación. Arrio la entendió de una manera que se discutió mucho, Nestorio tambien, y muchos otros.
            La comprensión de Dios como padre no se da solamente en la tradición semita, judía, cristiana e islámica.  Los indoeuropeos del milenio 4 AC, quizá contemporáneos de Abraham, invocan a Zeus o Deus como “padre cielo” o “padre del cielo”. Los griegos que luchan en Troya cuando Moisés está fundando la nación hebrea sobre una ley pactada con Yahweh, invocan a Zeus como “padre de los dioses y de los hombres” ( HesíodoTeogonía 36–52), y también le reconocen e invocan como padre quienes no tienen con él una relación de filiación ( Homero, Ilíada i.503–533 ), pues crear implica una cierta paternidad sobre lo creado.
            La forma máximamente amorosa de la relación paterno-filial aparece sobre todo en la relación materno-filial, que se expresa por primera vez en las representaciones de la “madre tierra” también hacia el milenio 4 AC  como la diosa Cibeles en la península de Turquía. Las máximas expresiones prehistóricas de amor y ternura materno-filial se encuentran en las figuras de la diosa egipcia Isis, a la que se invoca como "Gran diosa madre", "Reina de los dioses", "Fuerza fecundadora de la naturaleza", "Diosa de la maternidad y del nacimiento",  desde el siglo XV AC, es decir, desde la época de Moisés.
                       Así pues, cuando en el siglo I Jesús empieza a hablar y a rezar, las formas de la familia semita, griega y romana se caracterizan por unas relaciones de amor, ternura, confianza absoluta y entrega plena, que hacen posible que en esas culturas se le lla
me a Dios “padre” y que se le llame “madre”.
            Durante la infancia de la especie humana, en los milenios del paleolítico, Dios es padre y madre, como son padre y madre el sol y la tierra, pero esos padres son sobre todo poderes que actúan mediante gestos y los hombres también se refieren a ellos mediante gestos.
            A partir del milenio 15 AC los hombres empiezan a agruparse en asentamientos estables, a organizarse y a hablar, y entonces son capaces de concebir a Dios como padre y como madre también capaces de hablar, de comunicar su voluntad, de manifestar preocupación por la organización de la convivencia humana. Lo representan así y Dios actúa así. Así es como aparece Yahweh ante Abraham y ante Moisés, ante los faraones y ante los troyanos. Pero desde comienzos del primer milenio Dios no aparece solamente como una voluntad organizadora arrolladora e implacable, que es como aparece ante los babilonios, los egipcios, los chinos, los romanos y Moisés, sino también como padre amoroso, que es como se manifiesta a David..
           
Desde mediados del primer milenio, el terrible poder del pater familias romano o chino, que disponía incluso de la vida de sus hijos, se suaviza, y junto a ese poder, por encima de él y de la autoridad que lleva consigo, lo que caracteriza al padre es el amor y la ternura. Lo que caracteriza al padre es su carácter no solo paternal, sino, sobre todo, maternal.
            Cuando en la Biblia hebrea se dice que Dios tiene “entrañas de misericordia”, la palabra hebrea que se utiliza para designar “entrañas” es la misma que se utiliza para designar el seno materno, el útero,  rahamim el plural del sustantivo raham, que significa exactamente seno materno .y también  entrañas maternales. Pone de relieve esta palabra el carácter 'entrañable', 'maternal' y hasta 'femenino' del amor misericordioso de Dios  como examina muy detenidamente Juan Pablo II en su encíclica “Dives in misericordia” (nota 52).[1].
            El carácter maternal de Dios ha sido encauzado en el cristianismo en las representaciones de María, la madre de Jesus, que es una mujer humana, y no divina como Cibeles o como Isis. Pero las imágenes de María se inspiran inicialmente en las de la diosa egipcia. Por eso quizá a algunos cristianos les parecía que se le daba a María el culto propio de la divinidad, y no el culto propio de una persona humana de santidad máxima.
            Dos siglos después de Isaias, Lao Tse en China reserva para el Dios-principio innombrable, para el Tao, los nombres de “Dios abismo” y de “hembra misteriosa”.(Tao te Ching, cap. 6). Se trata de expresiones análogas a las de Isaías, y que dan lugar a las representaciones de Dios como mujer en las religiones orientales.
            Cuando Jesús empieza a hablar y a rezar, los padres son amorosos y tiernos, y Dios ha empezado a ser representado también como amoroso y tierno. En el siglo I la paternidad es divina y lo divino es paternal, paternal y maternal, y puede ser percibido en las formas de la paternidad y la maternidad, y representado en ellas.



[1][1] Cfr. http://www.ciudadredonda.org/articulo/la-misericordia-las-3-palabras-biblicas, Severino María Alonso, cmf - Jueves, 12 de febrero de 2009, Blog 

domingo, 19 de octubre de 2014

Origen de la expresión “vida del mundo futuro”

... y la vida del mundo futuro. Amén.


                                                           II

Origen de la expresión “vida del mundo futuro”



                                                           José María Roncero
                                                  Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                  Pontificia Universidad Anrtonianum
                       




Esa expresión, “Vida del Mundo Futuro” es del Concilio I de Constantinopla, el sínodo de los “150 Padres” del año 381. Es de origen oriental y aparece ya en el Ancoratus de Epifanio de Salamina (DH 42), del año 374 y en las Constitutiones Apostolorum del 380 (DH 62)5.

El texto de este Credo de Constantinopla aparece recogido por primera vez en las actas de la tercera sesión del Concilio de Calcedonia6, el 10 de octubre del año 451, y supone, en muchos aspectos, un gran avance respecto a la formulación del tercer artículo del Credo Niceno del año 3257.

Es, además, el más ecuménico de todos los Símbolos, aceptado desde el 451 tanto en oriente como en occidente, incluida la Reforma protestante8. En frase de John Norman Davidson Kelly, “uno de los pocos lazos que siguen uniendo a las diferentes partes del desgarrado cristianismo”9.

De su amplia difusión en la Iglesia latina es responsable en parte un ilustre cartagenero, San Leandro, quien influyó en Recaredo y éste en el tercer Concilio de Toledo, del año 589, para que “en todas las iglesias de España y las Galias se recite el símbolo del concilio de Constantinopla, o sea, el de los 150 obispos, siguiendo con ello la costumbre de las iglesias orientales; así que, antes de la oración del Señor, el pueblo cantará el credo, dando así testimonio de la verdadera fe... “, como se recoge en el canon segundo de dicho concilio10.

Así se ha mantenido ininterrumpidamente hasta la reforma litúrgica del Vaticano II, siendo durante todos esos siglos el único Símbolo recitado en la misa hasta que, con la paulatina aparición de los misales en lenguas vernáculas, se permitió también recitar el Apostólico; para España e Hispanoamérica esto ocurrió en 198811. En la tercera edición típica del Missale Romanum se incluyen ambas fórmulas12.

Y sigue siendo, el de Constantinopla, el que se prescribe para la Profesión de fe que deben hacer, entre otros, “los profesores que dan clases sobre materias relacionadas con la fe o las costumbres en cualesquiera universidades”, según el canon 833 del Código de Derecho Canónico13.

Histórica y litúrgicamente, pues, la esperanza en la “vida del mundo futuro” ha sido la forma más constante de confesar la fe cristiana en las realidades venideras.


Raíces bíblicas

El origen bíblico de esta afirmación de fe hay que remontarlo hasta el profeta Isaías. No podemos detenernos en la exégesis pormenorizada de los mismos. Damos, simplemente, cuatro pinceladas básicas de la teología bíblica al respecto.

1ª)       Desde el Antiguo Testamento la historia de la creación es la historia de la salvación, y viceversa. La comunión entre lo humano y lo mundano es tal que toda acción humana tiene una repercusión cósmica. La bendición divina, por su parte, se extiende a todos los aspectos de la realidad creada.
2ª)       Por eso, cuando Isaías comience a hablar de "los cielos nuevos y la tierra nueva" (65,17-21 y 66,22), no está hablando simplemente del "escenario adecuado" que ha pensado Dios para el futuro del hombre; la nueva creación es una parte intrínseca del argumento de esta obra de salvación. “Todo lo creado será salvado”, afirma taxativamente Ruiz de la Peña14, y no solamente ese “sector” de la creación que es la especie humana15.

3ª)       También el Nuevo Testamento, y el propio Jesús, hablan de un futuro encarnado y cósmico. De hecho, los “nuevos cielos y nueva tierra” de Isaías volvemos a encontrarlos en la Segunda Carta de Pedro (3,13), y en el Apocalipsis (21,1-5), en este último como un remake muy literal del trito-Isaías. En Ap 21,5 la expresión “Mira que hago un mundo nuevo” aparece en boca del Cristo entronizado, pasaje que el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 1044) traduce como “un universo nuevo”. En el mismo sentido se interpreta usualmente la “regeneración” (palingénesis) de Mateo 19,28, en paralelo con la “restauración universal” (apokatástasis) de Hechos 3,2116.


4ª)       La teología paulina es aquí igualmente decisiva. La medida de todas las cosas es Cristo, y esto tanto en la creación como en la consumación de la creación: desde el todo fue creado por Él y para Él de Col 1,16 (cf. vv. 15-20) hasta la recapitulación crística en la plenitud de los tiempos de Ef 1,10 (cf. vv. 21-23), para que Dios sea todo en todo (1 Cor 15,28; cf. vv. 23-24.27). O su rotundo ...pues todo es vuestro...  el mundo, la vida... el presente, el futuro... y vosotros de Cristo y Cristo de Dios de 1 Cor 3,21-23. Obviamente el texto capital de San Pablo es  Romanos 8,19-23: es el hombre y el mundo unidos, la creación entera, quien espera, con “dolores de parto” la liberación. La resurrección afecta, por tanto, a todo el universo. Dios también “ama la materia”, como dice  nuestro Santos Sabugal García, y por eso la esperanza abarca al hombre y al cosmos17

Libros: Formación para el trabajo e inclusión

                    En el camino… formación para el trabajo e inclusión:
                                             ¿hacia dónde vamos?



                                                       Enrique Pieck Gochicoa (Coord.)


                                                                                   Por Francisco Henares Díaz
                                                                                   Instituto Teológico de Murcia
                                                                                                    Pontificia Universidad Antonianum

           
Los ICAT  son Institutos de Capacitación para el Trabajo. En coedición con éstos ha trabajado la Universidad Iberoamericana, ambas entidades de Méjico D. F. Se han unido a ellas otras (Dirección General de Centros de Formación, por citar una sola). Hecho este importante, porque es afán de muchos. Nos hallamos, como se echa de ver, dentro del ámbito de la educación. Lo que en España llamaríamos ramas de la Formación Profesional, pero teniendo en cuenta los tiempos y las posibilidades de Méjico. Sin olvidar, por supuesto, una didáctica propia. En una primera página, en blanco, al comenzar la obra, figura este frontis que explica harto las intenciones. Reza: Por eso, relatamos… para compartir. Relatamos, en efecto, puesto que aquí se da cuenta y se narran experiencias significativas de los ICAT. Las comunidades de aprendizaje se intercomunican. Compartir es repartir el pan de la experiencia que otros ya llevan. En principio, vamos aprendiendo de un talante muy latinoamericano, por su línea pedagógica, y por el cumplimiento de la esperanza ahí depositada, ya que hablamos de un mundo (geografía y demografía muy ancha) de pobres. De ahí la grandeza de la colaboración entre Institución pública y Universidad privada. La pedagogía de la experiencia y su forma narrativa de contar experiencias, no es lo que más se lleva en Europa. En cambio, la América latina sabe mucho de ello. Con razón dice Jorge Larrosa que la experiencia tiene que ver con “lo que me pasa, y con saber lo que pasa”. Conviene advertir, por tanto, que esta obra es un texto coral. Aprender unos de otros es un modo de arquitectura, de pontificado, se me ocurre pensar, habida cuenta de que se tienden puentes por doquier.
El coordinador Pieck ya había antes mostrado estas capacidades. Verbigracia, contando la experiencia de una cooperativa de café, publicada por el Centro de Derechos Indígenas (2010), o publicando también Nuestra historia (2008). Los objetivos que discurren por estas páginas que reseñamos se inscriben en el proyecto esperanzador sobre Educación, Trabajo, y Pobreza. Lo que se busca es presentar un cuerpo de conocimientos (pero en relato), y a la vez urgiendo a que se definan políticas públicas en esa línea esperanzada. Casi no hace falta expresar que esta deseada capacitación técnica para el trabajo, o bien técnica, llega a millones de personas. Mano de obra cualificada se pide, y es deseo permanente. En Méjico muy coscientemente vivido, y en España quizás todavía, sin que se tenga la fe debida en la Formación Profesional como salida de muchos agujeros económicos y sociales. Quizás aquí deslumbrados todavía por una carrera universitaria que hoy está acabando en el paro. A su vez, en Méjico, la industrialización creciente espera mano de obra cualificada como agua de mayo. Antes se tenía una forma de hablar muy concreta. Se decía que tener un oficio era lo primero, y quienes fuimos profesores de F. P. sabíamos bien de tal lenguaje. Forma de hablar que casi choca con la de hoy, arrastrados por las tecnologías imperantes. Me alegro de que Pieck no olvide el lenguaje antiguo como expresión de un modo de realizarse. Dice bien éste que  algunos alumnos que no se definían en su vocación en Secundaria, desarrollan en el taller un interés que los realiza como personas, cual si hubieran encontrado su vocación. Interesa ahora saber cómo se construyó este libro que reseñamos. Se recibieron 65 experiencias, y se seleccionaron 13 con miras a que fueran significativas.
Citemos solo la ubicación de cada una en la ancha geografía mejicana: Guanajuato (para calzado, moda y diseño); Campeche (conservas); Chiapas, Chihuahua, Nayarit, Querétaro, Hidalgo (trabajo con referencia a discapacitados); Guerrero (artesanía); Michoacán (habilidades artesanales); y San Luis de Potosí. De esta última se narran tres experiencias personales. Saludamos esta nueva que nos llega de Méjico, porque fueron muchas las ayudas hacia el coordinador,  a la vista quedan las experiencias contadas y recontadas. Un libro necesario, porque vive con los pies en el suelo,  la esperanza por los cielos, y con su punto de pedagogía.
                                                                      

Ed. Universidad Iberoamericana, Ciudad de México  2012, 373 pp., 23 x 15, 5.

lunes, 13 de octubre de 2014

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

                 Domingo XXIX (A)


                   «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22,15-21

Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

1.- El Señor. La comunidad de Marcos, que sufre la persecución de Nerón, sabe de sobra el mensaje de este Evangelio. El único soberano es Dios, que, como Creador y Providente, cuida, protege y gobierna a sus hijos. Es la aspiración de Israel que se transmite en el cántico de María: «[El Señor] ... desbarata a los soberbios en sus planes; derriba del trono a los potentados y ensalza a los humildes» (Lc 1,51-52). Según el nuevo contenido que le da Jesús al poder, entendido como servicio, es lógica la reserva de  los cristianos ante la clase política, al menos contemplada como un absoluto vital y en su práctica común. La experiencia que Jesús tiene de Dios —para él la única autoridad—, y la experiencia de las autoridades de los pueblos, para muchos seres corruptos y explotadores, hace que se mantenga distante de ellas, alejamiento que se puede interpretar como descalificación humana y social. Porque, para Jesús, todo poder humano viene del Señor: «No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba», le dice a Pilato (Jn 19,10), por eso antepone el autoridad del Señor para que el autoridad humana pueda orientarse al servicio de todos.

2.- La Iglesia. En nuestra cultura occidental, se piensa que la comunidad cristiana no debe entrar en el terreno político, y menos enjuiciar situaciones que puedan afectar a los grupos políticos, económicos y sociales. La Iglesia debe estar en la sacristía, dedicarse exclusivamente al culto, a orar en los monasterios y administrar los sacramentos en las parroquias. Como hemos afirmado, el límite y el último sentido del poder económico y político lo da el Señor en la medida que ha creado y definido los valores que integran la dignidad humana. Y la Iglesia tiene el sagrado deber de enseñar y defender la dignidad humana y denunciar las situaciones donde se esclaviza al hombre y ve disminuido sus derechos y libertades. Intentar que la Iglesia sea muda es robarle a Dios el derecho de defender a sus hijos. Defender que Dios es una cuestión interior y privada no sólo es negar la historia de su revelación visualizada en la vida de Jesús, sino una intolerancia de los así llamados poderes sociales dispuestos siempre a defender a los ricos y a las políticas que los cubren y les benefician.


3.- El creyente. En este espacio hemos escrito muchas veces que lo que divide y enfrenta a los hombres es la realidad del que sólo vive para defender sus intereses y los que son capaces de asomarse por encima de su nariz, ver las carencias de los demás y tratar de remediarlas, sirviéndoles. La presencia de Dios en nuestros corazones nos debe impulsar a servir, y no potenciar los intereses colectivos de nuestra cultura, cuyos dioses —el dinero, el poder, el prestigio, etc.— aprueban la violencia, los asesinatos y la exterminio del enemigo ideológico, cultural y religioso. Sepamos distinguir, fundados en una buena información, los intereses de los poderosos para que no nos arrastren a sentimientos excluyentes y actitudes violentas en situaciones que se están dando en España, en el Este Europeo, en el Medio Oriente, y en muchas partes de África y Asia.

«Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

                    Domingo XXIX (A)
        
 «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 22,15-21

Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».


1.- Texto. El Sanedrín envía a unos fariseos y herodianos para tramar una acusación contra Jesús. Ellos constituyen el poder religioso y político de su entorno e intentan desacreditarlo ante el pueblo. Comienzan alabándolo, pero, en el fondo, son unos farsantes debido a la postura que mantienen contra Jesús (cf. Mc 3,6). Parten de una verdad para los cristianos al decirle  «maestro», pero ellos son los primeros que no le creen como es un maestro: una persona sincera, imparcial y recta. Cuando le dicen que enseña los caminos de Dios, comparan a Jesús con los rabinos que señalan el comportamiento que Dios pide al pueblo por medio de instrucciones prácticas teniendo en cuenta la Ley. La pregunta que hacen a continuación es breve y astuta. Plantean si es conforme a la voluntad de Dios que cada persona pague un tributo que va a las arcas del Emperador pagano. El impuesto a Roma lo manda Coponius en el año 6 d.C. al ser destituido Arquelao. El segundo interrogante coloca a Jesús en una alternativa y debe responder con claridad. Si la respuesta era positiva, Jesús se echaría encima a la gente ante la impopularidad del impuesto; sería un colaboracionista; si era negativa, pasaría como un revolucionario ante el poder romano. En ambos casos la respuesta es comprometida en el ámbito social.

2.- Mensaje. Jesús responde pasando la pregunta del plano teórico al práctico, el nivel en el que los judíos deben decidir y donde realmente se plantea el problema. La efigie es de Tiberio y la inscripción dice: «César Tiberio, hijo del divino Augusto, digno de veneración» y en el reverso «Pontífice Máximo» con la imagen de Livia, la emperatriz madre, que lleva en la derecha el cetro y en la izquierda una rama de olivo simbolizando la paz celestial, pues está sentada en un trono propio de los dioses. La moneda naturalmente no es propiedad del Emperador, pero su imagen la hace válida. Jesús ratifica el impuesto y, con él, la autoridad de Tiberio. A éste corresponde el poder administrativo, militar y judicial. En este caso concreto, la moneda simboliza el poder económico que está en la base del poder político de Tiberio y, por otro lado, la lealtad y sumisión de los judíos al usarlo. Pero Jesús lo separa de Dios, ya que el hombre le debe pagar el tributo de darle culto y obedecerle, entregarse con todo su ser, según el Deuteronomio (6,4-5) y según el hilo conductor del ministerio de Jesús: «Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón ...» (Mc 12,29-30par). La autoridad divina es el límite de todo poder político. Es más. Toda autoridad humana conlleva la dimensión provisional inscrita en el tiempo. Sin embargo, la divina, además de ser la auténtica, tiene el carácter permanente.

3.- Acción. Jesús mantiene una distancia con el poder político, que no supone un rechazo que conduzca a la rebelión al estilo que poco más tarde abanderaron los zelotas, pero tampoco defiende la sumisión. La verdadera dignidad humana la da el Señor, al que hay que obedecer en cualquier caso, pues es superior y más decisivo para la salvación que la de los jefes políticos, aunque éstos puedan arrebatar la vida en caso de conflicto, como sucede, por ejemplo, con las persecuciones romanas, que soportan los cristianos. Con todo, si Jesús enseña una contraposición radical a Dios de una forma directa no se refiere a la política sino al dinero, al cual sirve el político, porque el dinero es el que domina a la persona y origina la pobreza y laindignidad humana. Por eso relaciona en la escena del joven rico el reconocimiento del único Dios a la renuncia a los bienes: «Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes…» (cf. Mc 10,18-22par). 

domingo, 12 de octubre de 2014

Santos y Beatos: 13 al 19 de octubre

13 de octubre
Honorato de Biala (1829-1916)
            El beato Honorato nace en Biala Podlaska (Polonia), el 16 de octubre de 1829. Es encarcelado por los rusos al creer que formaba parte de un complot contra su invasión. A su liberación entra en los Franciscanos Capuchinos. Cursados los estudios eclesiásticos, se ordena sacerdote el 27 de diciembre de 1852. Se dedica a la predicación y a la dirección de almas, ocupando responsabilidades en el gobierno de la Orden. Funda 26 asociaciones religiosas, de las que nacen varios institutos de vida consagrada. Hoy existen 16. Reside los últimos 24 años de su vida en Nowe Miasto, dedicado a la oración y al apostolado epistolar, ya que debe dejar el confesonario al quedar sordo. Escribe la obra «Manual Espiritual», en la que se reflejan las orientaciones franciscanas sobre el Señor, Jesús y María que ofrece a todos sus dirigidos, en especial a los creyentes que forman parte de sus asociaciones. Muere el 16 de diciembre de 1916. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 16 de octubre de 1988.
Común de Santos Pastores o Varones
Oración. Oh Dios, que has querido dar al beato Honorato, presbítero, un tierno espíritu de amor para llevar a cabo la reconciliación de los hombres; concédenos, por su intercesión, saborear la dulzura de tu perdón y unirnos a ti con caridad perfecta. Por nuestro Señor Jesucristo.
14 de octubre
Miguel Carcano (1427-1484)
El beato Miguel nace en Milán (Lombardía. Italia). Muy joven ingresa en la Orden en la fraternidad de Santo Ángel. Sigue el movimiento de la Observancia, promovido por San Bernardino de Siena. En 1449, con sólo 22 años, participa en el Capítulo General de la Orden en el convento de Bosco en Mugello (Florencia. Italia). Con una formación muy sólida en filosofía y teología, predica por el norte y centro de Italia la reforma de las costumbres cristianas, contra la usura y toda forma de injusticia. Y siempre en defensa de los pobres. De 1460 a 1462 reside en Tierra Santa. El Duque Galeazzo Sforza en 1471 y en 1476 lo expulsa de la ciudad por sus predicaciones contra las costumbres relajadas. Favorece la fundación de los Montes de piedad en Milán, Padua, Bolonia y Perusa, y crea hospitales para los pobres en Como, Piacenza y Venecia. Muere el 20 de marzo de 1484. Sus restos se conservan en la Basílica de San Antonio, en Milán. El papa Pío X aprueba su culto el 9 de octubre de 1909.
Común de Santos Pastores o Varones
Oración. Dios de bondad, que elegiste al beato Miguel para favorecer a los pobres y desamparados, concédenos que arraigue en nuestros corazones lo que él hizo y predicó, y que interceda ante tu misericordia aquel que nos diste como protector en la tierra.Por nuestro Señor Jesucristo.

15 de octubre
Teresa de Jesús (1515-1582)
Nace Teresa en Ávila el 28 de marzo de 1515. Ingresa en las Carmelitas, y comienza su renovación con la fundación del convento de San José de Ávila y acompañada por San Juan de la Cruz. Muere en Ávila el 4 de octubre de 1582. El papa Pablo VI la declara doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.
Del Común de vírgenes
Oración. Señor, Dios nuestro, que por tu Espíritu has suscitado a Santa Teresa de Jesús, para mostrar a tu Iglesia el camino de la perfección, concédenos vivir de su doctrina y enciende en nosotros el deseo de la verdadera santidad. Por nuestro Señor Jesucristo.


15.1. de octubre
Sebastián de Jesús (1665-1743)
El beato Sebastián nace el 22 de enero de 1665 en Montalbán (Córdoba. España); es hijo de Alonso Sillero y de María Pérez, una familia pobre, humilde y muy religiosa. Huérfano de padre, se traslada a Écija (Jaén) donde aprende pintura. Trabaja en el arte de la seda durante 5 años. Ingresa en la fraternidad de San Francisco, de los Franciscanos Descalzos. El 19 de enero de 1686 comienza el noviciado. Después de la profesión se le encarga recoger la limosna por los campos de Écija. Humilde y discreto, atrae al pueblo por sus dotes excepcionales, tanto religiosas como humanas. Es enviado a las fraternidades de Lepe (Huelva), Ronda (Málaga) y Sanlúcar (Cádiz) y Sevilla. Muere al amanecer del 15 de octubre de 1743. El rey Carlos III ordena expedir una real orden para iniciar el proceso de beatificación en 1771. El papa Pío VI lo beatifica el 19 de junio de 1776.
Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, que has puesto a los santos como ejemplo y ayuda para facilitar a los débiles el camino de la salvación, al celebrar la fiesta del beato Sebastián concédenos bondadosamente que, siguiendo sus pasos, caminemos hacia ti. Por nuestro Señor Jesucristo.


17 de octubre
Ignacio de Antioquía (†107)
San Ignacio sigue a San Pedro en el gobierno de la Iglesia de Antioquía. Es martirizado en Roma tiempos del emperador Trajano el año 107. De camino a Roma escribe siete cartas sobre Jesucristo, la Iglesia y la vida cristiana.
Común de un mártir
Oración. Dios eterno, tú has querido que el testimonio de tus mártires glorificara a toda la Iglesia, cuerpo de Cristo; concédenos que, así como el martirio que ahora conmemoramos fue para San Ignacio de Antioquía causa de gloria eterna, nos merezca también a nosotros tu protección constante. Por nuestro Señor Jesucristo.


17.1 de octubre
Baltasar de Chiavari (1420-1492)

El beato Baltasar Ravaschieri nace en Chiavari (Génova. Italia) el año 1420; es hijo de los condes de Lavagna, familia muy piadosa. Ingresa en la Orden Franciscana, y, después de estudiar filosofía y teología, es ordenado sacerdote y destinado a la predicación por toda la región de Liguria. Ejerce el oficio de Guardián y más tarde el de Ministro Provincial en Génova. Sufre un ataque de gota, que le paraliza. Se dedica a la oración en la fraternidad de Binasco (Milán) y a impartir el sacramento de la penitencia. Está inmovilizado durante seis años. Muere el 17 de octubre de 1492, a la edad de 72 años. El papa Pío XI confirma su culto el 8 de enero de 1930.
Común de Santos Pastores o Varones
Oración. Dios nuestro, solo tú eres santo y nadie puede ser bueno fuera de ti; por la intercesión del beato Baltasar, danos la gracia de vivir de tal manera que nunca nos veamos privados de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.


18 de octubre
Lucas, Evangelista
Es autor del tercer Evangelio y de Hechos de los Apóstoles, primera historia del cristianismo, que narra desde la Ascensión del Señor hasta la prisión de Pablo en Roma.
Común de Apóstoles
            Oración. Señor y Dios nuestro, que elegiste a San Lucas para que nos revelara, con su predicación y sus escritos, tu amor a los pobres, concede, a cuantos se glorían en Cristo, vivir con un mismo corazón y un mismo espíritu y atraer a todos los hombres a la salvación. Pon nuestro Señor Jesucristo.


19 de octubre
Pedro de Alcántara (1499-1562)
            San Pedro nace en Alcántara (Cáceres. España) el año 1499. Estudia leyes en la Universidad de Salamanca (15131515). Ingresa en la Orden en 1515 en la fraternidad de San Francisco de los Majarretes, cerca de su pueblo natal. Después de estudiar filosofía y teología, es ordenado sacerdote en 1524 y se dedica a la predicación por España y Portugal. Es elegido Ministro Provincial de la Provincia de San Gabriel en 1538. Comienza su reforma en 1544, retirándose a la iglesia de Santa Cruz de Cebollas (Coira. Orense). Funda los conventos de Badajoz, Pedroso (Sevilla), La Viciosa y El Palancar, sitos en la provincia de Cáceres, El Rosario (Toledo), Arenas de San Pedro (Ávila), etc. El 8 de mayo de 1559 recibe la aprobación de su reforma del papa Pablo IV. Acentúa de la espiritualidad franciscana los valores de la pobreza, la vida de penitencia, la oración. De ella trata en su escrito: «Tratado de la oración y meditación». Se encuentra con Santa Teresa en 1560 y se convierte en su consejero para la reforma carmelitana y en su director espiritual. La Santa le dedica tres capítulos de su Autobiografía. Muere el 18 de octubre de 1562. El papa Gregorio XV lo beatifica en 1622 y Clemente IX lo canoniza el 28 de abril de 1669.
                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a tu siervo San Pedro de Alcántara por su admirable penitencia y su altísima contemplación, concédenos, por sus méritos, que, caminando en austeridad de vida, alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.