lunes, 3 de agosto de 2015

Santos y Beatos, del 4 al 10 de agosto

                       4 de agosto
Juan María de Vianney (1786-1859)
San Juan Bautista María Vianney, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Dardilly (Lyón. Francia) el 8 de mayo de 1786; es hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze, familia dedicada a la agricultura. Estudia en la escuela de M. Balley, cura de Écully, para prepararse al sacerdocio. Ingresa en el Seminario Menor de Verrières en 1812. Es compañero de Marcelino Champagnat. Es ordenado sacerdote en el año 1815. Destinado a Écully, ayuda a M. Balley y, a su muerte, acaecida en 1818, es enviado a Ars, pueblo vecino a Lyón. Funda la «Providencia» para acoger a las niñas marginadas, pero la cierra en 1847. Dirige espiritualmente y confiesa a muchos fieles venidos de todas partes de Francia, que en 1855 llegan a sumar unos veinte mil. Muere el 4 de agosto de 1859. El papa Pío IX lo proclama venerable el 3 de octubre de 1874, y Pío X lo beatifica el 8 de enero de 1905 y lo declara modelo para el clero parroquial. En 1925, Pío XI lo canoniza. Juan XXIII escribe en 1959 la encíclica Sacerdotii nostri primordia, en memoria del centenario de su muerte y en los 150 años Benedicto XVI proclama año sacerdotal el año 2009.
Común de Pastores
Oración. Dios de misericordia, que hiciste admirable a San Juan María Vianney por su celo pastoral, concédenos por su intercesión y su ejemplo, ganar para Cristo a nuestros hermanos y alcanzar, juntamente con ellos, los premios de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.
            5 de agosto
Francisco (Cecco) de Pésaro (1270-1350)

El beato Francisco Zanferdini nace en Pésaro (Las Marcas. Italia) hacia 1270. Fallecidos sus padres, distribuye sus bienes entre los pobres e ingresa en la Orden Franciscana Seglar. Se retira un tiempo al eremitorio de Montegranaro. De regreso a Pésaro, construye una capilla a la Virgen María y otra en Montegranaro. Funda un convento en el Monte Accio en la actualidad San Bartolomé, cerca de Pésaro. Aquí se le unen varios hermanos con los que lleva una vida de extrema penitencia y constante oración. También se dedican los hermanos a recoger limosnas y distribuirlas a los pobres. Además reparan iglesias y hospitales. Con Miguelina de Pésaro, franciscana seglar, crea en 1347 la cofradía de la Anunciación para ayudar a los enfermos y dar sepultura a los muertos. Muere el 5 de agosto de 1350. El papa Pío IX aprueba su culto el 31 de marzo de 1859.
Común de Santos Varones
Oración. Dios y Padre nuestro, que elegiste en tu Iglesia al beato Francisco de Pésaro para mostrar a los fieles el camino de la conversión y de la penitencia, concédenos que, a ejemplo suyo, de tal manera sigamos a Cristo, nuestro Maestro, que podamos llegar a ti junto con nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

             5.1 de agosto
Federico Jansoone (1838-1916)

El beato Federico nace en Ghyvelde (Dunquerke. Francia) el 19 de noviembre de 1838; es hijo de Pedro Janssoone y de María Isabel Bollengier. Ingresa en la Orden en 1864 en el convento de Amiens. Estudia en Limoges y Brujas la filosofía y la teología. Profesa solemne en 1868, y en 1870 es ordenado sacerdote. Es capellán militar en la guerra francoprusiana. Es destinado a Branday, Burdeos y París. En 1876 viaja a Tierra Santa hasta 1881, y después de estar como delegado de Tierra Santa en Canadá, regresa a la tierra del Señor en 1882. Elabora los reglamentos del Santo Sepulcro y de Belén. Edifica la iglesia de Santa Catalina. En junio de 1888 vuelve de nuevo a Canadá donde promueve las construcciones del Santuario de la Adoración Perpetua en Québec y el monasterio de las Clarisas de Valleyfield. Muere en Montreal el 4 de agosto de 1916. El papa Juan Pablo II lo beatifica el 25 de septiembre de 1988.
Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, que llamaste al beato Federico para que buscara tu Reino en este mundo por la práctica del amor a Tierra Santa, concédenos que, fortalecidos por su intercesión, avancemos por el camino del amor con espíritu gozoso. Por nuestro Señor Jesucristo.
               6 de agosto
La Transfiguración del Señor
            Jesús dijo a sus discípulos : «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios.»
Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.
Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías»; – pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados -. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle.»
Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.9. Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de «resucitar de entre los muertos».  Y le preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?». El les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él».

Oración. Oh Dios, que en la gloriosa transfiguración de tu Unigénito confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de los profetas, y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos, concédenos, te rogamos, que, escuchando siempre la palabra de tu Hijo, el predilecto, seamos un día coherederos de su gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.

7 de agosto
Vicente de Áquila (1430-1504)
El beato Vicente nace hacia el año 1430, en Áquila (Abruzos. Italia). Entra en la fraternidad de San Julián. Hecho el noviciado y emitidos los votos religiosos, se entrega a la oración y ejerce el oficio de zapatero y limosnero. Es destinado a Città Sant’Ángelo, Francavilla y Sulmona, siendo testigo de las convulsiones que sufre la región por las disputas entre el Papa, la Corona de Aragón y la Casa de Anjou. Disputas que abarcan desde el año 1458 al 1500. Y predice los desastres que sucederán a la realeza de este tiempo, inclusive al Papado. Regresa a la fraternidad de San Julián, en la que muere el 7 de agosto de 1504. El papa Pío VI confirma su culto el 19 de setiembre de 1787.
Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, que otorgaste al beato Vicente la gracia de imitar a Cristo pobre y humilde, concédenos por sus ruegos que viviendo con fidelidad nuestra vocación, podamos alcanzar aquella perfección que tu Hijo nos propuso con su ejemplo. Que vive y reina contigo.
             7.1 de agosto
Agatángel Noury (1598-1638) y Casiano López-Nieto (1607-1638)

El beato AGATÁNGEL NOURY nace en Vendôme (Loir y Cher. Francia) en el 1598. Ingresa en los Franciscanos Capuchinos en el año 1618. Estudia filosofía y teología en Poitiers y en Rennes. Es ordenado sacerdote en el 1625 y enviado como misionero a Aleppo (Siria) y después a Alejandría (Egipto) en 1633. En Siria estudia la lengua árabe y evangeliza los pueblecitos cercanos a Aleppo. Intenta la unidad de la Iglesia entre las poblaciones cristianas. El beato CASIANO LÓPEZ-NIETO nace en Nantes (Loira Atlántico. Francia) en el año 1607. Viste el hábito capuchino en el 1623 en Angers. Sirve a los enfermos de la peste en Rennes en los años 1631 y 1632. Es destinado a la misión de Alejandría en el 1633 donde está el P. Agatángel. Ambos estudian la lengua Gheez y trabajan para que la Iglesia Copta se integre en la Iglesia Romana. En 1638 son apresados en Deborech y juzgados en Gondar (Etiopía). Son condenados a muerte por lapidación. El papa Pío X los beatifica en 1905.
Común de Mártires
Oración. Te rogamos, Señor, que todos los pueblos lleguen a la unidad de la verdadera fe, por la que ofrecieron su vida tus mártires Agatángel y Casiano, audaces predicadores de tu Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo.
                            8 de agosto
  Domingo de Guzmán (1170-1221)
Santo Domingo de Guzmán, Fundador de la Orden de Predicadores, nace en Caleruega (Burgos. España) en 1170; es hijo de Félix de Guzmán y Juana de Aza. Estudia con su tío el arzipreste Gonzalo de Aza y después Artes y Teología en Palencia. Recibe la tonsura en el 1190 y el sacerdocio en 1194. Es nombrado Regente de la Cátedra de Sagrada Escritura en el Estudio de Palencia. Preside la comunidad de canónigos y ejerce el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia. Realiza numerosos viajes por Europa acompañando a D. Diego, obispo de Osma, en misiones diplomáticas. Observa el daño que los albigenses causan en Francia. En el año 1206 se instala en el Languedoc, y de acuerdo con el papa Inocencio III, se dedica a combatir la herejía albigense. Funda la primera casa de la Orden de los Dominicos en Tolosa en 1215. La Santa Sede aprueba la Regla de San Agustín y las Constituciones para configurar la nueva Orden de Canónigos Regulares. El 22 de diciembre de 1216 recibe del papa Honorio III la Bula “Religiosam Vitam” por la que confirma la Orden de Frailes Predicadores. El primer Capítulo General se celebra en Bolonia en 1220. Se encuentra con San Francisco de Asís en Italia, naciendo entre ambos una honda amistad. Muere el 6 de agosto 1221. El papa Gregorio IX lo canoniza en el 1234.
                                               Común de Pastores

Oración. Te pedimos, Señor y Dios nuestro, que Santo Domingo de Guzmán, insigne predicador de tu Palabra, ayude a tu Iglesia con sus enseñanzas y sus méritos, e interceda con bondad por nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.
                 9 de agosto
Juan de la Verna (1259-1322)
El beato Juan de la Verna nace en Fermo (Las Marcas. Italia) en 1259. Deseando llevar una vida de oración y penitencia, ingresa en la Orden Franciscana. Se retira a La Verna en el 1292 hasta el día de su muerte. El autor de las «Florecillas de San Francisco» le dedica los capítulos 49-53. Siente una especial predilección por las almas del purgatorio, a las que ofrece sufragios para que entren definitivamente en la gloria del Padre. Se emplea también en la evangelización de los pueblecitos que conforman la provincia de Arezzo. Además predica por las ciudades de Florencia, Pisa y Siena, recreando y formando en la fe a los cristianos de la Toscana. Administra los últimos sacramentos a Fray Jacopone de Todi. Muere en La Verna el 9 de agosto de 1322. El papa León XIII aprueba su culto el 24 de junio de 1880.
Común de Santos Varones
Oración. Dios nuestro, que llamaste al beato Juan de la Verna a una vida de penitencia y caridad, concédenos que, fortalecidos por su intercesión, avancemos por el camino del amor con espíritu gozoso. Por nuestro Señor Jesucristo.

9.1 de agosto
María Francisca de Jesús (1844-1904)

La beata María Francisca de Jesús (Ana María Rubatto), fundadora de las Terciarias Capuchinas de Loano, desde 1972 Capuchinas de la Madre Rubatto, nace en Carmagnola (Turín. Italia) el 14 de febrero de 1844. Muy culta y piadosa se dedica a la oración, a ayudar a los pobres e impartir catequesis a los niños en la parroquia. El P. Angélico de Sestri Ponente le invita a dirigir una comunidad para la formación y ayuda a los necesitados. El Instituto se extiende rápidamente por Italia, y en 1892 funda en Uruguay y Argentina. En Alto Alegre (Córdoba. Argentina) las religiosas son asesinadas con varios capuchinos y laicos cristianos. Muere en Montevideo el 6 de agosto de 1904. El papa Juan Pablo II la beatifica el 10 de octubre de 1993.
Común de Vírgenes
Oración. Señor y Dios nuestro, te pedimos que la beata María Francisca de Jesús, virgen, tu fiel esposa, encienda en nuestro corazón la llama de la caridad divina que ella suscitó en otras vírgenes, para gloria perpetua de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo.

            9.2 de agosto
María Margarita Caiani (1863-1921)

La beata María Margarita Caiani (María Ana Rosa), fundadora de las Franciscanas Mínimas del Sagrado Corazón, nace en Poggio Caiano (Prato. Italia) el 2 de noviembre de 1863. Desde la infancia muestra una inclinación especial a la oración y a la práctica de la caridad. En 1893 ingresa en el monasterio benedictino de Pistoya. Más tarde sale del monasterio y se entrega a la educación de los niños. El 6 de noviembre de 1896, María Ana Rosa forma una comunidad con dos jóvenes y se dedica a la enseñanza y al cuidado de los enfermos . Escribe las primeras constituciones para organizar el incipiente instituto y formalizar los objetivos de su misión, que son las obras de misericordia en el campo de la enseñanza y la asistencia social. En 1905 profesan las seis primeras hermanas. Muere el 8 de agosto de 1921. El papa Juan Pablo II la beatifica el 23 de abril de 1989.
Común de Vírgenes
Oración. Dios y Padre nuestro, que elegiste en tu Iglesia a la beata María Margarita para mostrar a los fieles el camino de la salvación, concédenos que, a ejemplo suyo, de tal manera sigamos a Cristo, nuestro maestro, que podamos llegar a ti junto con nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.
                       10 de agosto
                   Lorenzo (s. III)
San Lorenzo, diácono de Roma, es martirizado en la persecución de Valeriano a mitad del siglo III. Es quemado en una parrilla. Es enterrado en el campo Verano. Constantino edificó una basílica en su honor.
Común de un Mártir
Oración. Señor Dios nuestro, encendido en tu amor, San Lorenzo se mantuvo fiel a tu servicio y alcanzó la gloria en el martirio, concédenos, por su intercesión, amar lo que él amó y practicar sinceramente lo que nos enseñó. Por nuestro Señor Jesucristo.


"Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo"

                                                           DOMINGO XIX (B)
  


            Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,41-52.

            En aquel tiempo, criticaban los judíos a Jesús porque había dicho «yo soy el pan bajado del cielo», y decían: -¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
            Jesús tomó la palabra y les dijo: -No critiquéis: Nadie puede venir a mí, sino lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
            Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

              
1.- Jesús nos dice en el Evangelio que todos los hombres serán discípulos del Señor (cf. Is 54,13). Jeremías afirma que Dios se relacionará directamente con los hombres: «Ya llegan días en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. […] Pondré mi ley en su interior y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo: «Conoced al Señor», pues todos me conocerán, desde el más pequeño al mayor —oráculo del Señor—, cuando perdone su culpa y no recuerde ya sus pecados» (Jer 31,31-34). Pero con Jesús cambia esta orientación de la relación inmediata del Señor con sus criaturas. Él es la presencia de la Palabra en la historia humana; él ha bajado del cielo enviado por el Padre para expresar su amor y dar la vida al mundo. La nueva Alianza no se escribe en tablas de piedra, ni se formula por leyes: es una vida, que es vida del Señor, cuya relación con todos nosotros infunde una vida para siempre, porque es la vida propia de Dios. Y todo lo ha enseñado con lenguaje y hechos humanos, comprensibles a todos.

           
2.- En el desierto del Sinaí los hebreos criticaban a Moisés, como ahora hacen los adversarios de Jesús, porque solo veían su origen humano. No tienen el don de la fe para comprenderle como la última y definitiva Palabra del Señor entre nosotros (cf. Heb 1,2). La fe nos acerca al verdadero Jesús, y en él a Dios. La comunidad cristiana debe tener en cuenta esto. Nuestros compromisos con los marginados y nuestra lucha permanente por un mundo más justo y libre, se originan y toman sus fuerzas en Jesús como Palabra eterna del Padre y alimento que da vida. Y cuya memoria celebramos en la Eucaristía. De lo contrario, si seguimos a un Jesús exclusivamente humano, duraremos lo que han durado las instituciones que defienden el bien común: hasta cuando los intereses individuales y grupales del poder se impongan al resto. Los ricos seguirán siendo los de siempre; y los pobres también. Solo con la fuerza de Dios se es subversivo al mal y al poder.
           

              
3.-  Cuando Jesús se ofrece como pan de vida y de vida eterna se enfrenta al mayor enemigo de la creación y de los hombres: la muerte. La muerte física; y las otras muertes solapadas en las ausencias de relaciones humanas; la inexperiencia del amor; la soledad o soledades de pueblos que mueren por carecer de perspectivas de una vida mejor; la ausencia de pan, agua, formación, sanidad; carencias de libertad y justicia; ser reos de los poderosos egoístas que impiden que tengamos nuestra propia historia personal y colectiva.  Cuando Jesús es el pan que comulgamos, se constituye en el que nos da el sentido de la vida que transforma la muerte y sus expresiones destructoras. Entonces entonamos con Pablo: «Quién nos separará del amor de Cristo?, ¿la tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada?; […]. Pero en todo esto vencemos de sobra gracias a aquel que nos ha amado. Pues estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Rom 8,35-39).

"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo"

                                                                DOMINGO XIX (B)




            Lectura del santo Evangelio según San Juan 6,41-52.

            En aquel tiempo, criticaban los judíos a Jesús porque había dicho «yo soy el pan bajado del cielo», y decían: -¿No es este Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre?, ¿cómo dice ahora que ha bajado del cielo?
            Jesús tomó la palabra y les dijo: -No critiquéis: Nadie puede venir a mí, sino lo trae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios». Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende, viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que viene de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna.
            Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.

                1.-Texto. Jesús es la «Palabra hecha carne» (Jn 1,14); desciende de la gloria y morada de Dios; es el Hijo de Dios (cf. Jn 3,16-18), por eso es «el pan del cielo». Pero los« judíos» no admiten este origen celeste y el alimento divino que ofrece en su vida servida a todos;  ―« judíos» es el término que usa Juan para llamar a los adversarios  de Jesús. María y José son los padres de Jesús, como cualquier hombre o mujer. Su origen es conocido y controlado por sus conciudadanos. No puede venir de arriba, sino de una generación exclusivamente humana (cf. Mc 3,31-35; 6,1-6); por consiguiente, su palabra y vida no es divina.― Sin embargo, en estos últimos tiempos (cf. Heb 1,2), la enseñanza de Dios no viene directamente de Él, sino de su Hijo,  el que ha visto al Padre (cf. Jn 1,18), porque ha vivido en su gloria y da a conocer su auténtico rostro y voluntad. Por eso, Jesús es el pan que da la vida, y una vida que es eterna. Pero el escándalo lo lleva hasta el extremo: Jesús, su vida entregada hasta morir en la cruz, es como el Padre la ofrece como carne/pan que da la verdadera vida.

           
2.- Mensaje. En otros tiempos, cuando Moisés capitaneaba el grupo de hebreos, que lograron alcanzar la península del Sinaí por los terrenos pantanosos del mar de Las Cañas, tuvo que invocar la ayuda al Señor en una tierra sin agua y sin comida. El Señor les regaló el maná para que sobrevivieran unos días por el desierto. Y el Señor también les dio el pan de la Palabra en la Alianza del Sinaí, en los textos que expresaban su elección como pueblo del Señor. Todo ha cambiado con Jesús. La ley no está escrita en unas tablas de piedra, sino en la vida de su Hijo, entendida como una relación filial de Dios y una relación fraterna entre los hombres, relaciones de amor que dan vida y vida eterna. El maná, la ley, es Jesús, el que realmente ha bajado del cielo (cf. Jn 1,14,) y lo ha dado el Padre para que tengamos una vida sin fin.


           
3.- Acción. Nuestra vida se mantiene con los alimentos y las bebidas que diariamente comemos y bebemos. El Señor nos los ha dado en la creación. Nuestra inteligencia ha creado la ciencia y la técnica con la que transformamos y multiplicamos dichos elementos de vida. Pero Dios ha dado más que pan y agua. Jesús lo ha venido anunciando en el evangelio de Juan: después de la multiplicación de los panes y peces manda recoger las sobras para que no se pierdan (cf. Jn 6,12-13); poco después enseña al pueblo que hay que trabajar por un alimento que no perezca (cf. Jn 6,27); él es el pan que sacia el hambre definitivamente, igual que le dice a la Samaritana sobre el agua que colma la sed para siempre (cf. Jn 4,14), o al ciego, que es la luz de la fe (cf. Jn 9,37-38), o a María, que es la resurrección y la vida (cf. Jn 11,25). Seguir a Jesús, hacer nuestras sus actitudes y hechos de amor, es lo que nos hace vivir para siempre, porque dichos hechos son Dios en Cristo.,

sábado, 1 de agosto de 2015

Los primeros libros de la Biblia

                                    El Pentateuco: un filón inagotable.

        Problemas de composición y de interpretación. Aspectos literarios y teológicos.

  

                                                           JEAN-LOUIS SKA



Miguel Álvarez Barredo
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

           
La obra publicada contiene diversos artículos de J.L. Ska, profesor en el Instituto Bíblico de Roma, y obedece a la iniciativa de Editorial Dehoniana italiana su impresión. No piense el lector que se halla ante estudio monográfico sobre algún tema del Pentateuco. Es menester subrayar que el profesor Ska es una autoridad actual sobre los estudios del AT, concretamente sobre los cinco libros de Moisés, y suele adoptar en sus investigaciones el método narrativo.
            El libro se articula en 13 capítulos, que giran en torno a temas específicos; una especie de miscelanea, que el lector puede leer con independencia unos de otros, ya que han visto la luz en diferentes momentos.
            En el cap. 1 el autor, a modo de introducción, facilita unas pistas para adentrarse en la comprensión del AT, donde pone de relieve la importancia del texto y sus contextos. La verdad de la “Biblia no debe buscarse en primer lugar en uno u otro texto de los elementos que la componen, ni tampoco en una serie privilegiada de estos elementos. La verdad está en la composición final, que recoge todos los elementos y los trasforma en una sola obra orgánica” (págs. 40-41). Esta afirmación nos ayuda a entender sus reflexiones en este libro.
           
La serie de artículos versan fundamentalmente sobre el Pentateuco. Sólo los caps. 12 y 13 se ocupan de otras áreas del AT, y, en parte, el cap. 8 y el 11. El 12 que, por su parte,  comenta de Os 6,6, “Misericordia quiero y no sacrificios”, y el 13 trata del primer mandamiento en la Biblia, varían la temática.
            Quien haya seguido un poco la trayectoria de las publicaciones de Ska, sabe que se encuentra con un modo de cotejar los textos con gran lucidez, y aquí se puede apreciar de nuevo, conocedor, como es, de las variadas líneas teológicas que tejen los textos.
            El cap. 2 proporciona un ensayo sobre Gén 1-11, cuestión de fuentes, datación de relatos, recepción tardía de Gén 1-11, teología de las narraciones, etc. En la pág. 62 sugiere el autor que no es necesario recurrir sólo a los relatos mesopotámicos sobre el origen del mal, el mundo, etc, sino que la comunidad postexílica busca también cuál es su puesto en el universo y tiene sus propios criterios para entenderse a sí misma, que plasma en sus fuentes literarias.
           
Otras reflexiones sobre Gén 2-3 coordinan el cap.3. Los relatos en torno a la creación convivieron juntos mucho  tiempo, y en cierto tiempo llegaron a una compromiso histórico, pero sus convicciones se mantuvieron, y se decidió ponerlas juntas, y no imponer una sobre la otra, y comprobar cómo la Biblia es una “cantata polifónica” (p.89).
            La dignidad de la persona según algunos textos del AT centraliza el cap. 4. Aquí el autor hace un recorrido por textos extra bíblicos para contrastar las afirmaciones bíblicas. Alerta el autor que, además de Gén 1, otros textos ayudan a descubrir la dignidad de la persona, cual “imagen y semejanza de Dios”.
            A las genealogías de Gén 1-11 se les dedica el cap. 5, e invita el autor a alargar el horizonte, y fijarse en las otras naciones, pues toda la humanidad forma una gran familia, nota correctiva sobre el exclusivismo de Israel.
            El éxodo, tema bien conocido por el autor, se trata en el cap. 6. Es aquí donde Dios muestra su soberanía, donde se comienza con una estampa de esclavitud y se termina con “la toma de posesión de la tienda del encuentro por parte de “gloria de Yahve”. El Dios del Éxodo hace el viaje con su pueblo, es un Dios “en camino”.
            El cap. 7 versa sobre el derecho y la ley en textos del Ex, y 2 Sam 21, y avisa sobre la confusión de ambas esferas. “La libertad en Israel es un derecho sagrado que pone un límite a la “ley” de los acreedores”, a tenor de estos relatos. Brevemente, las leyes no son inmutables, pues a veces no crean libertad.
            El cap. 9 atañe a Moisés, cual escriba, y a ley en algunos textos del AT (Neh, etc). En la pág. 215 el autor sintetiza sus conclusiones, y subraya la función central de la ley  en la mediación entre Dios y el pueblo.
           
El cap. 10 se centra sobre el Dt, cual testamento de Moisés a Israel. A la luz del tratado de vasallaje de Asaradón, insiste en que la verdadera herencia de Moisés y el auténtico sucesor suyo es la ley.
            El cap. 11 se detiene sobre el Pentateuco y la política imperial persa. Este bloque adquirió su configuración actual en la época persa, y subraya que es documento plural, que refleja las tensiones de la comunidad postexílica. Para iluminarlas se recurre al pasado, no para sustituirlo, sino para completarlo y actualizarlo, y en este sentido el Pentateuco interpreta la situación histórica.
            Los caps. 12 y 13 se pueden unir temáticamente, pues partiendo de Os 6,6, y un abanico de textos del AT el autor recuerda cómo el “servicio a Dios es el conjunto de la existencia y la actividad del pueblo. La justicia, la equidad y la solidaridad tienen el mismo valor a los ojos del Dios de Israel que los sacrificios. En el lenguaje del Nuevo Testamento, esto es el amor a Dios y el amor al prójimo” (pág. 263).
            Este abanico de artículos mete de lleno en temas antiguos, pero filtrados con la ayuda del panorama exegético actual. El autor, cual experto en el AT, y en especial del Pentateuco, aporta más luz sobre una serie de textos y cuestiones. Sus afirmaciones a veces son breves, pero suponen una lúcida reflexión. Sus criterios siempre se sostienen sobre una bibliografía selecta, pero certera.
           
Invitamos a la lectura del libro, pues se aprecian claves orientativas para comprender mejor el AT en sus diferentes facetas.

                                                          
  Ed. Verbo Divino, Estella 2013, 302 pp,  23 x 16 cms.


           
           






El perdón de Asís

                                                               EL PERDÓN DE ASÍS  
                   BREVE EXPOSICIÓN DE LA INDULGENCIA DE LA PORCIÚNCULA



R. Sanz Valdivieso
Instituto Teológico de Murcia OFM
Pontificia Universidad Antonianum

En esta humilde iglesita, que había pertenecido a los Monjes benedictinos de Monte Subasio, restaurada por el mismo Francisco, el Poverello de Asís, fue fundada la Orden Franciscana el año 1209. Allí en la noche del 27 al 28 de marzo de 1211, Clara de Favarone di Offreduccio recibió el hábito religioso, y se consagró a Dios dando lugar a la Orden de las hermanas Clarisas, Hermanas pobres de Santa Clara. En la Porciúncula, el año 1221, se reunió el famoso Capítulo de las Esteras, en el participaron más de cinco mil frailes, procedentes de toda Europa, para rezar juntos, tratar de la salvación del alma y para discutir y aprobar la nueva Regla franciscana. Siempre allí, san Francisco murió devotamente, depuesto sobre la desnuda tierra, al caer la tarde del 3 de octubre del año 1226.
En ese lugar santo, el Poverello tuvo la inspiración divina de pedir al Papa la indulgencia que después se llamó, por eso mismo, de la Porciúncula o Gran Perdón, cuya fiesta se celebra el día 2 de agosto. Es el Diploma de fr. Teobaldo de Asís, el documento que lo relata y confirma. San Francisco en una noche no muy bien identificada del mes de julio del año 1216, mientras estaba arrodillado ante el altarcito de la Porciúncula, absorto en la oración, percibió de pronto una luz vivísima y fulgurante, que iluminó las paredes de la humilde iglesita. Sentados en un trono, rodeados de una legión de ángeles, aparecieron, envueltos en luz radiante, Jesús, el Señor y la Virgen María, su madre. El Redentor le preguntó a su siervo pobrecillo que gracia es la que deseaba pedir para beneficio de los hombres.
San Francisco respondió, con humildad: ‘Puesto que es un miserable pecador el que te habla, oh Dios misericordioso, te pide piedad por sus hermanos pecadores; y todos los que, arrepentidos, atraviesen el umbral de este lugar, reciban de ti, oh Señor, que ves su penas, el perdón de las culpas cometidas’.
‘Lo que pides, fray Francisco, es muy grande – le dijo el Señor -, pero de cosas mayores seres digno y mayores recibirás. Acepto, pues, tu ruego, pero debes pedir a mi Vicario en la tierra, de parte mía, esta indulgencia’.  Era la indulgencia del perdón de Asís, de la Porciúncula. 
Al alba del día siguiente, el Santo de Asís, tomando consigo sólo a fray Maseo de Marignano, se encaminó hacia Perugia, donde se encontraba entonces el Papa. Después dela muerte del grande Papa Inocencio III, había sido elegido Papa Honorio III, que era un anciano, pero bueno y piadoso, que había dado a los pobres todo su patrimonio. 
El Pontífice, al escuchar de la boca del Poverello el relato de la visión, preguntó por cuántos años pedía esa indulgencia. Francisco le respondió que el pedía ‘no años, sino almas’ y que quería que ‘quienquiera llegue a esta iglesia confesado y arrepentido, sea absuelto de todos su pecados, de la culpa y de la pena, en el cielo y en la tierra, desde el día del bautismo hasta el día y la hora en que entre en la dicha iglesia’. Se trataba de una petición inusitada, pues una indulgencia semejante sólo se concedía a los que tomaban la Cruz para luchar por la liberación del Santo Sepulcro, haciéndose de los cruzados.  El Papa, de hecho, hizo saber al Poverello que no ‘era costumbre de la corte romana conceder una indulgencia semejante’. Francisco replicó: ‘Lo que yo pido, no es de mi parte, sino de parte de Aquel que me ha mandado, es decir, de nuestro Señor Jesucristo’. Así, y no obstante la oposición de la Curia, el Pontífice le concedió lo que pedía: ‘Nos complace que la tengas’.
Cuando estaba a punto de despedirse, el Pontífice preguntó a Francisco ―que estaba feliz por haber conseguido la indulgencia― donde iba ‘sin el documento de concesión’ que atestiguase la indulgencia obtenida. ‘¡Santo Padre ―respondió el Santo― me basta vuestra palabra! Si esta indulgencia es obra de Dios, Él pensará la forma de manifestar su obra; yo no necesito documento alguno, la carta debe ser la Santísima Virgen María, Cristo el notario y los Ángeles los testigos’. La indulgencia se consiguió, en efecto, vivae vocis oráculo, con la promesa de viva voz del Papa. 
 El día 2 de agosto de 1216, ante una gran muchedumbre, san Francisco, en presencia de los obispos de Umbría (Asís, Perusa, Todi, Espoleto, Nocera, Gubbio y Foligno) con el corazón lleno de alegría, promulgó el Gran Perdón, para cada año, en la fecha del 2 de agosto, para los que peregrinos, contritos y arrepentidos, hubieran cruzado el umbral de la iglesita franciscana.
Tal indulgencia se puede conseguir para uno mismo o para un difunto, para las almas del Purgatorio, por todos los fieles cada día y una sola vez a día, durante todo el año en aquel lugar santo, y una sola vez, desde el medio día de la víspera, 1 de agosto, hasta la media noche del día siguiente, 2 de agosto, o con la aprobación del Ordinario del lugar, el domingo precedente o siguiente  (desde el medio día del sábado, hasta la medianoche del domingo), visitando cualquier iglesia franciscana o basílica menor o iglesia catedral o parroquial. 
El año 1279, fray Pedro de Juan Olivi escribía  que “dicha indulgencia es de gran utilidad para el pueblo de Dios, que movido así a confesarse, a la contrición y enmienda de los pecados, en el lugar donde, por medio de san Francisco y de santa Clara, le fue revelado el estado de vida evangélica que era el más adecuado para aquellos tiempos”. La difusión del movimiento franciscano contribuyó a la difusión de la indulgencia de la Porciúncula, conocida como el Perdón de Asís, práctica aceptada y consolidada en toda la cristiandad.
Cuando Pablo VI, en la Constitución Apostólica Indulgentiarum doctrina, del 1 de enero dela año 1967, declaraba que la “indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, con las debidas disposiciones y en las condiciones establecidas, alcanza por mediación de la Iglesia, la cual, como ministra de la redención dispensa con autoridad y aplica el tesoro de los méritos de Cristo y de los Santos” (Normas, n. 1). Indicaba, además, que la “indulgencia plenaria puede conseguirse una sola vez al día… Para alcanzar la indulgencia plenaria es necesario realizar la obra que concede la indulgencia y cumplir tres condiciones: confesión sacramental, comunión eucarística y oración según las intenciones del sumo pontífice (al menos el Padrenuestro, el Ave María y el Gloria al Padre…). Se requiere, además, que se renuncie a cualquier afección o apego al pecado, incluso el venial” (Normas 6 y 7).
Por último, se establecía que en las “iglesias parroquiales se puede conseguir también la indulgencia plenaria dos veces al año, en la fiesta del santo titular y el 2 de agosto, día de la indulgencia de la Porciúncula, o en otro día debidamente fijado por el Ordinario. Las indulgencias antedichas se pueden alcanzar en los días establecidos, o, con el consentimiento del Ordinario, el domingo anterior o posterior (Normas n. 15) y a “obra prescrita  para lucrar la indulgencia plenaria vinculada a una iglesia o a un oratorio consiste en la visita piados a estos lugares sagrados, recitando en ellos un Padrenuestro y un Credo (Normas n. 16).
El día 29 de junio de 1968 la Sagrada Penitenciaría Apostólica publicaba el Enchiridion indulgentiarum o Manual de las Indulgencias, en cuyo artículo n. 65, titulado “Visita de la iglesia parroquial”, establecía que la indulgencia plenaria puede ser alcanzada por el fiel cristiano que piadosamente visita la iglesia parroquial el día de la fiesta del santo titular o el día 2 de agosto, fecha de la indulgencia de la Porciúncula, sea en “el día indicado antes, o en otros día que se establezca por el Ordinario según la utilidad de los fieles. La Iglesia catedral y, eventualmente, la Iglesia con-catedral, aunque no sean parroquias, y además las iglesias casi-parroquiales, gozan de las mismas indulgencias. En la visita piadosa, de acuerdo con la Norma 16 de la Constitución Apostólica Indulgentiarum doctrina, el fiel cristiano debe recitar el Padrenuestro y el Credo. Esta disposición ha sido mantenida en la edición actual del Enchiridion indulgentiarum – Normas y concesiones (publicado el 16 de julio de 1999) por la Penitenciaría Apostólica (conc. 33, pár. 1, nos. 2,3,5).  .
 En la basílica de la Porciúncula, en Asís, en cambio, gracias a un decreto especial de la Penitenciaría Apostólica, fechado el 5 de julio de 1988 (Portiuncolae sacrae aedes) se puede alcanzar, en las mismas condiciones, durante todo el año, una sola vez al día.

                                                HE AQUÍ EL RELATO ANTIGUO

 (FRATRIS FRANCISCI BARTHOLI DE ASSISIO, Tractatus de  Indulgen- S. Mariae de Portiuncula, nunc primum integer editit PAUL SABATIER, en  Collection d’Études et Documents sur l’Histoire Religieuse et Littéraire du Moyen Âge; Tome II, París (Librairie Fischbacher) 1900):
“Encontrándose el bienaventurado Padre Francisco junto a Santa María de la Porciúncula, una noche le fue revelado por el Señor que tenía que ir al Sumo Pontífice, el Señor Papa Honorio, que entonces estaba en Perusa, para impetrar la indulgencia para la iglesia de Santa María de la Porciúncula, que él había reparado hacía poco.
Levantándose al alba, llamó a su compañero fray Maseo da Marignano y se fue al dicho señor Papa Honorio, le dijo: ‘Padre santo y señor mío, hace poco que he restaurado una iglesia en honor de la Virgen gloriosa; suplico a Vuestra Santidad que otorguéis una indulgencia sin tener que dar una limosna’. Respondiéndole, el Papa dijo: ‘No es oportuno hacerlo; en efecto, quien pide indulgencia es necesario que extienda su mano para ayudar. Pero dime, cuántos años quieres y cuanto de la indulgencia debo yo poner’. San Francisco e respondió: ‘Padre Santo, ¡séale grato a Vuestra Santidad no el darme años sino almas!’ El señor Papa dijo: ‘¿Cómo, quieres almas?’ Respondió el bienaventurado Francisco: ‘Quiero, Padre Santo, si es del agrado de Vuestra Santidad, que cuantos confesados y contritos, y, como es debido, absueltos por el sacerdote, entrenen dicha iglesia, sean librados de la pena y de la culpa, en el cielo y en la tierra, desde el día de su bautismo hasta el día y la hora de su entrada en la dicha iglesia’. Y el Señor Papa replicó: ‘Es una cosa muy grande lo que pides, Francisco, pues nunca la Curia romana acostumbró a conceder una indulgencia semejante’.
Dijo el bienaventurado Francisco: ‘Señor, lo que pido, no lo pido por iniciativa mía, sino de parte de Aquél que me ha mandado, es decir, del Señor Jesucristo’. Entonces el Papa le interrumpió al instante, diciendo tres veces: ‘¡Nos place que la tengas!’. Los señores cardenales que estaban allí presentes intervinieron: ‘Poned atención, Señor, que si concedéis a este una indulgencia tal, destruís la de ultramar’.
El Señor Papa respondió: ‘Se la hemos dado y concedido; no podemos ni debemos anular lo que hemos hecho. Pero modifiquémosla, para que se extienda sólo a un único día natural’. Entonces volvió a llamar a fray Francisco y le dijo: ‘He aquí que desde este momento concedemos que quienquiera se acerque a dicha iglesia y entre en ella contrito y bien confesado, sea absuelto de la pena y de la culpa. Y queremos que esto tenga valor cada año para siempre, sólo por un día natural, desde las primeras vísperas incluida la noche hasta las vísperas del día siguiente’.  Entonces el bienaventurado Francisco, inclinando la cabeza, se disponía a salir del palacio y el Señor Papa viéndolo que se iba le volvió a llamar diciéndole: ‘Oh simplicísimo, ¿cómo es que te marchas? ¿Qué cosa llevas contigo de esta indulgencia?’. El Bienaventurado Francisco respondió: ‘Me es suficiente vuestra sola palabra. Si es obra de Dios, ¡Él debe manifestar su obra!  Di esto no quiero ningún otro documento; sino que la carta sea la Virgen María, Cristo sea el notario y los testigos los Ángeles”. 

A gloria y alabanza de Cristo y de su siervo Francisco.