sábado, 8 de marzo de 2014

Familia. Franciscana. Misal 12-13.03. 2014

LECCIONARIO FRANCISCANO
                                   
          12 de marzo 

        Ángela Salawa (1881-1922)

           
La beata Ángela Salawa, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Siepraw (Cracovia. Polonia), el 9 de septiembre de 1881; es hija de Bartolomé Salawa y Eva Bochenek. En 1897 se traslada a Cracovia donde trabaja como empleada de hogar. Después de la muerte de su hermana Teresa trata de vivir la fe en la humildad y la pobreza. «Amo mi trabajo -decía- porque en él encuentro una excelente ocasión de sufrir mucho, de trabajar mucho y de orar mucho; y, fuera de esto, no deseo nada más en el mundo». En 1911 fallece su madre y la mujer a quien sirve. El 15 de marzo de 1912 ingresa en la Orden Franciscana Seglar, y hace su profesión el 6 de agosto de 1913. En la Primera Guerra Mundial ayuda al personal sanitario en los hospitales de Cracovia, asistiendo y confortando a los soldados heridos. Enferma en 1917; se le atiende en el hospital de Santa Zita por poco tiempo. Al fin se recluye en una pequeña habitación donde vive entregada a la oración y padeciendo horribles dolores durante cinco años. En octubre de 1920 participa en una peregrinación a Chestochowa para orar a la Virgen de Jasna Gora. Muere el 12 de marzo del año 1922 en Cracovia. El papa Juan Pablo II la beatifica el 13 de agosto de 1991.

                                                Común de Vírgenes
                       
            Oración. Padre bueno, concédenos el espíritu de humildad y amor con el que la beata Ángela se ofreció a sí misma como sacrificio vivo y santo agradable a tus ojos, y haz que, por su intercesión, progresemos en la novedad de la vida evangélica, para conformarnos así a Cristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.

                                               Lecturas

«Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas»

            Así comienza la oración de la Semá que es una de las más queridas de Israel. A lo largo de la historia se acentúa el monoteismo conforme se ahonda en la fe y en la Alianza del Sinaí (cf. Gén 6,18; 12,1). Israel ora y se relaciona con un Dios vivo y presente frente a los dioses falsos (cf. Dt 5,26). Y al ser un Dios vivo se le puede amar, entregarse uno por entero y se le recuerda en todo tiempo, en todo lugar. Jesús recoge esta oración como una parte de lo más importante de la Ley, y Pablo resume la Ley y los Profetas con la relación de amor con Dios concretada en la oración personal y comunitaria (cf. Mc 12,28-31; Rom 13,10; Gál 5,14).


Lectura del libro del Deuteronomio                 6,4-9


            Salmo responsorial                                       Sal 17,2-4.47.51

            La oración del salmista es crear, desarrollar, intensificar la relación de amor que se mantiene con Dios; una oración que descubre los beneficios que nos da cotidianamente y la grandeza de su ser, de su vida, de su persona, en la que se funda y se asienta la vida del creyente.

            V. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
            R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.


            Aleluya                                                                      Rom 13,10

            Aleluya. Aleluya.
            «La caridad no hace mal al prójimo.
La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud»
            Aleluya.


            Evangelio

            «Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? »

            Hay que orar siempre, en todo tiempo, en cualquier sitio. Hay que orar sin desfallecer (cf. Lc 11,5-8; Ap 6,9-11; Mt 8,10-11). La relación permanente con el Señor es la que da la vida a los cristianos; la relación continuada con el Señor es la que expresa dónde están nuestras raíces, dónde asentamos la vida. Como Pablo afirma una y otra vez (cf. Rom 1,10; 12,12; 1Tes 5,17), hay que «orar constantemente», con la convicción que Dios nos escucha, que está pendiente de nuestra vida, que la cuida y sostiene como un padre y una madre viven en razón de sus hijos. Y los cristianos no debemos cansarnos de orar.


Lectura del santo Evangelio según San Lucas        18,1-8

Para meditar

               «Sobre todo esté avisado el que se ama de verdad, que no se contente con el sabor que sentirá en los servicios que a Dios hace o en la gloria que espera; porque este sabor, aunque es bueno, no lo da Dios para que nos contentemos con él solo, sino que para con él vengamos a tomar sabor en la consideración del bien y gloria y señorío que Dios tiene, y para que con grande aliento le alabemos; porque no es otra cosa la hermosura y alabanza de Dios sino un gozarnos de contar al mundo todas las grandezas de nuestro Señor, como se escribe en el salterio y en toda la Santa Escritura y como se presenta en todas las cosas criadas [...].
            También el que se amare de verdadero amor, cuando sintiere haber recibido alguna merced de Dios, debe con todas entrañas darle gracias, no por ver a sí mismo más enriquecido, sino por verse con más fuerzas para que dél se pueda Dios más servir; como si un caballero se holgase de recibir alguna gran merced del rey porque con las mayores riquezas le podría hacer mayores servicios y placeres sin respeto de otras mercedes» (Alonso de Madrid, Arte para servir a Dios, 3,3).



13 de marzo

Agnelo de Pisa (1194-1236)

           
El  beato Agnelo conoce en Venecia a San Francisco, que le recibe en la Orden a los 17 años de edad. El mismo San Francisco le envía a Francia a los 23 años, para formar las primeras fraternidades en el país transalpino. En el Capítulo General de 1223, San Francisco le manda a Inglaterra con la misma misión que en Francia; desembarca en Dover con ocho hermanos el 10 de septiembre de 1224. De inmediato funda dos fraternidades: en Cornhill, junto a Londres, y en Oxford. Aquí invita a enseñar teología al mismo canciller de la Universidad, Roberto Groseteste. Franciscano humilde y sencillo, de honda doctrina y hábil conciliador en las controversias políticas, llega a ser consejero del rey Enrique III. Por obediencia aceptó la ordenación sacerdotal. Asiste al Capítulo de 1230 en Asís como Ministro Provincial de Inglaterra. Vuelto a Inglaterra se establece en Oxford donde fallece a la edad de 42 años en 1236. El papa León XIII aprueba su culto el 4 de septiembre de 1892.

                                                        Común de Pastores

            Oración. Señor, luz de tu pueblo y pastor de los hombres, que, dentro de la Iglesia, has confiado al beato Agnelo de Pisa la misión de apacentar a tu pueblo con su predicación y de iluminarlo con su vida y su ejemplo, concédenos, por su intercesión, guardar íntegro el don de la fe que nos legó su palabra y seguir el camino que nos marcó su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                           Lecturas

«Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia»
Pablo recibe su ministerio como una tarea que Dios le ha confiado. No es algo que él merezca y menos que le pertenezca. Es un don recibido de Dios y puesto al servicio de la Iglesia. Su esperanza es que dé fruto. Lo que transmite es la Palabra de Dios que revela el misterio de salvación (cf. Rom 16,25-26; Ef 1,9-10); y la salvación, centrada en Cristo, permanece en la historia con la esperanza que sea plena al final de los tiempos, detrás de los días (cf. Ef 3,17; Col 3,4). El deseo del Apóstol es que la salvación sea efectiva; que incida en la madurez cristiana para beneficio de cada creyente y de la Iglesia, en cuanto comunidad que es testigo permanente de la Resurrección de Jesús.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses    1,24-29



Salmo responsorial                                                   Sal 109, 1.2.3.4

El sacerdocio de Jesucristo, expuesto en la Carta a los Hebreos, no es un sacerdocio que sacrifique aves y animales al Señor. Su sacerdocio proviene de su servicio amoroso, que no duda en dar la vida por sus hermanos. Es la mediación entre Dios y los hombres, porque es Dios y es hombre, que sólo es posible desde el amor de Dios. Por eso es eterno su sacerdocio.

V. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec
R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

            Aleluya                                                                      Mt 23, 9.10

Alleluya. alleluya.
«Uno solo es vuestro Padre,
El del cielo; uno solo es vuestro Maestro, Cristo».
Alleluya.


                                                           Evangelio

                              «El primero entre vosotros será vuestro servidor»

            Cuando los discípulos discuten quién es el mayor, Jesús enseña que el sistema de organización y preeminencia que existe en la sociedad solamente produce esclavos. Primero se pone a él como ejemplo: ha venido a servir, un servicio que le lleva hasta la misma muerte (cf. Mc 10,45). No duda en lavar los pies a los discípulos (cf. Jn 13,14-15). Esta sentencia se eleva a principio en todo el NT (cf. Flp 2,9): para ser cristiano hay que vaciarse de sí mismo y entregarse a los demás. Así no se esclaviza, sino se produce vida. Por eso los responsables de las comunidades deben seguir esta forma de gobierno: tratar a los demás como hermanos y situarse en el último lugar para servirlos. Son las consecuencias de una fe que sólo tiene como absoluto a Dios, que hace a todos hijos.


            Lectura del santo Evangelio según San Mateo 23,8-12

Para meditar

            «Es la misión de los Apóstoles como aquí se refiere: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16,15). Se llama “mundo” por estar siempre en movimiento, pues no les es dado descanso alguno a sus elementos. El mundo se divide en cuatro partes: oriental, occidental, meridional y septentrional. Como el mundo consta de cuatro elementos, los antiguos dijeron que el hombre, un mundo en miniatura, consta de cuatro humores, mezclados en un solo temperamento. El pobre hombre, desde el principio de la vida hasta el final, está siempre en movimiento, nunca descansa hasta que no llegue a su centro: Dios. Así lo dice San Agustín. “Señor, mi corazón está inquieto hasta que llegue a ti” (Confesiones, 1,1). Fijó su morada en la paz (Sal 76,3). El centro del hombre es Dios; nunca hay paz fuera de Él, y por eso a Él hay que volver. Las partes de la vida del hombre son: el oriente del nacimiento, el occidente de la muerte, el mediodía de la prosperidad, el septentrión o aquilón de la adversidad. Debemos ir a este mundo: Id al mundo entero para que veáis lo que fuisteis en vuestro nacimiento y lo que seréis en la muerte; lo que sois cuando os sonríe la prosperidad y cuando embiste la adversidad, si aquélla levanta, si ésta postra. De estas cuatro consideraciones vienen cuatro frutos: desprecio de sí mismo, menosprecio del mundo, constancia para no engreírse y paciencia para no hundirse» (San Antonio de Padua, Sermones Dominicales y Festivos. «La Ascensión del Señor» 2,5).


13.1 de marzo

Dulce Lopes Pontes (1914-1992)

La beata Dulce Rita Lopes Pontes nace el 26 de mayo de 1914 en Salvador (Bahía. Brasil), hija de Augusto y Dulce María. De muy joven frecuenta las favelas o colonias de pobres de la ciudad. El sótano de su casa lo convierte en un lugar de asistencia a los necesitados de alimentos, ropa y medicinas. En el año 1932 profesa en la OFS. Y en 1933 ingresa en el Instituto de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios y emite los votos en agosto de 1934. Pone toda su atención en el seguimiento de Jesús por medio de pequeños actos de servicio a los marginados. Trabaja en hospital Español de Bahía de enfermera, sacristana y portera, imparte clases en el colegio de Santa Bernadete y colabora con obreros de Itapagipe. Funda las Hijas de María Siervas de los Pobres, además crea colegios para los niños, albergues para los pobres sin techo, el sindicato de los obreros de San Francisco en Bahía y una red de hospitales donde recoge a los enfermos. En el Hospital de San Antonio llega a asistir a 3.000 enfermos al día. Es candidata al Premio Nobel de la Paz en 1988. Tiene una especial devoción al Corazón de Jesús y a María Inmaculada. Fallece en Bahía el 13 de marzo de 1992. Es beatificada el 22 de mayo de 2011 durante el pontificado de Benedicto XVI.

                                               Común de Vírgenes

Oración. Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios de corazón, concédenos, por intercesión de la beata Dulce Lopes, virgen, vivir, por tu gracia, de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lecturas
«En nombre de Jesucristo echa a andar»
            Los seguidores de Jesús, después de la experiencia de la Resurrección y la recepción del Espíritu en Pentecostés (cf. Hech 2,1-4), comienzan su misión de continuar en la historia la salvación que Dios inicia con Jesús. Los discípulos son meros mediadores de la salvación (cf. Hech 4,9.12). Ellos actúan en «nombre de Jesús», el Salvador (cf. Hech 5,31; 13,23), al que los nuevos cristianos se unen por el bautismo (cf. Hech 2,38; Rom 6,1-11). La salvación abarca toda la realidad creada (cf. Rom 8,19). Recuperar la salud es, pues, un signo de que la salvación incide decididamente en la vida humana.

            Lectura de los Hechos de los Apóstoles         3,1-10

            Salmo responsorial   143,1-2.9-10

            La vida humana nos somete a muchos peligros: peligros de la guerra, de la enfermedad, en definitiva, de la muerte con la que desparece la vida de la historia. El Señor, entonces, se presenta como un alcázar, como un escudo, como un médico: la roca sobre la que se asienta la vida. Él es el salvador, que vence al enemigo, a la enfermedad, a la muerte. Por eso se le alaba y se le alaba cantando.

            V. Bendito el Señor, mi roca.
            R. Bendito el Señor, mi roca.

Aleluya                                                                        Mt 9,12

            Aleluya. Aleluya.
            «No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos»
            Aleluya



            Evangelio

                        «Los que lo tocaban se ponían sanos»

            Marcos comienza su Evangelio con la proclamación de la filiación divina de Jesús y el anuncio del Reino (cf. Mc 1,1.15). La presencia salvadora de Dios en la historia la realiza por medio de signos, y uno de ellos es la curación de los enfermos. Por la curación, Jesús comunica que Dios actúa salvando, que no condenando. Ante ello, los creyentes buscan y se acercan a Jesús con sus enfermedades y miserias y encuentran al Hijo de Dios, que no sólo sana, sino también perdona y ofrece las condiciones fundamentales para conducirse con una existencia digna. 


            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6,53-56

           
                                                           Para meditar

            «Si alguno de los hermanos cayere en enfermedad, dondequiera estuviere, los otros hermanos no lo abandonen, sino que se asigne a uno de los hermanos o más, si fuere necesario, que le sirvan, como querrían ellos ser servidos (Mt 7,12); pero en una necesidad extrema, pueden dejarlo a alguna persona que deba satisfacer por su enfermedad.
            Y ruego al hermano enfermo que dé gracias de todo al Creador; y que desee estar tal cual le quiere el Señor, ya sano ya enfermo, porque a todos los que Dios predestinó a la vida eterna (Hech 13,48) los instruye con los aguijones de los azotes y enfermedades y con el espíritu de compunción, como dice el Señor: Yo a los que amo corrijo y castigo (Ap 3,19).
Y si alguno se turba o irrita, ya contra Dios ya contra los hermanos, o si por casualidad exigiere con inquietud medicinas, anhelando en demasía liberar la carne que en seguida morirá, que es enemiga del alma, del malo le viene esto y es carnal, y no parece ser de los hermanos, porque ama más al cuerpo que al alma» (San Francisco, RegNB, 10,1-4).







viernes, 7 de marzo de 2014

Franciscanismo. La pobreza II.

                                                                          


                                           LA POBREZA


                                                      II



Otro texto clave de la enseñanza de Jesús es la invitación que hace  a un hombre para que se integre en el discipulado[1]. En la tradición de Marcos, un «desconocido» se le acerca para preguntarle sobre el comportamiento que debe seguir para alcanzar la vida eterna[2]. En el evangelista Marcos el hombre pregunta por el camino de acceso al Reino y en el evangelista Mateo sobre el bien que debe hacer para alcanzarlo[3]. A lo que Jesús responde con la serie de mandamientos de la segunda tabla que versan sobre las obligaciones para con los demás: «No matarás, no cometerás adulterio,...». La escena se cierra al comprobar el «desconocido» o el «joven» que los mandamientos los ha cumplido desde la adolescencia. Pero Jesús pasa a otro nivel de la relación y lo mira con cariño, que no es un reconocimiento de su buen hacer, sino que la voluntad de Dios explicitada por medio de la actitud amorosa de Jesús se sitúa ahora en una exigencia nueva, ausente en las llamadas anteriores: «Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo. Después sígueme». Desde este momento, el discipulado será el ámbito y el camino de la salvación al que se accede por el desprendimiento absoluto de los bienes, ante lo cual el «desconocido» o el «joven» declina la invitación o mandato de seguirle: «Frunció el ceño y se marchó triste; pues era muy rico»[4].
Ante esto, Jesús rechaza toda forma de riqueza como un mal para el Reino en el sentido analizado con el discipulado: sólo Dios basta para vivir, por su cercanía inmediata o su presencia creciente en la historia. Así, envía a sus seguidores inmediatos a la predicación sin nada para el sustento y les exige  abandonar la familia y repartir los bienes y anunciar el Reino sin el más mínimo sostén vital[5]. Incluso añade que dicha renuncia será recompensada por Dios, por lo que hay que excluir toda preocupación por el sustento diario[6].



[1] Mc 10,17-22par: «Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y, arrodillándose ante él, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?" Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino solo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre". Él, entonces, le dijo: "Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud". Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: "Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme"».
[2] No arranca el relato de una llamada al seguimiento ni de un deseo de integrarse en su círculo por parte del personaje en cuestión, que según Mateo es un «joven rico» (Mt 19,20) y según Lucas un hombre «importante» (Lc 18,18).
[3] Mt 19,36. «Entrar en la vida» se encuentra en Mc 9,43.45.47 y es equivalente a «entrar en el Reino», cuya acogida e incorporación se indican en el párrafo anterior sobre la bendición a unos niños (Mc 10,15). No obstante, «entrar a la vida eterna» no es igual a «entrar en el Reino». Aquél se relaciona con las obras que hacen a un hombre justo y heredero del estado de gloria y felicidad, cf. Dn 12,2; Sab 3,4; 5,15; para los mártires 2Mac 7,9.14.36. El Reino refiere más la acción divina.
[4] Mc 10,22par.
[5] Cf. Lc 12,31; Mt 6,33; Mc 1,16-20par
[6] Cf. Mc 10,28-30par; Lc 12,22-31; Mt 6,25-34.

Teología. Hombres nuevos (VII)

                                                                EL BAUTISMO
                                          Hombres nuevos en Cristo



                                                           
                                                                               VII

                                                        Configurarse con Cristo


El amor filial. El hombre «nuevo», hecho de amor, establece unas relaciones con Dios según el modo y la forma de Jesús: es un amor filial: «Y no habéis recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos que nos permite clamar Abba Padre. El Espíritu atestigua a nuestro espíritu que somos hijos de Dios. Si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios, coherederos con Cristo: si compartimos su pasión, compartiremos su gloria» (Rom 8,15-16; cf. Mc 14,36). La forma del amor de Jesús a Dios es la del amor filial. La conciencia filial de Jesús, que se traduce en conducirse en la vida como hijo del Padre, lleva consigo la confianza en su persona, que le encomienda la misión de revelar su salvación a los hombres, y la obediencia a dicha voluntad. Lo que interesa a Dios es salvar al hombre, y lo hace por medio de la obediencia y amor filial de su Hijo. Entonces para anular la rebeldía del hombre contra Dios, simbolizada en la desobediencia de Adán y Eva (cf. Gén 2,17; 3,6-7), Jesús y los cristianos obedecen a dicha voluntad amorosa de Dios y, en cuanto amorosa, salvadora de los infiernos que crea la voluntad rebelde del hombre. De esta manera, los cristianos obedecen filialmente al Padre, y mantienen y extienden la salvación al mundo en la medida en que sus vidas se conforman a la de Cristo.
La misión por el amor y en el amor de Dios a sus criaturas, tanto en Jesús como en los cristianos, fundamentan el estilo de vida de amor en forma de entrega total de sí y, a la vez, les confiere su identidad filial: son hijos del Padre. En definitiva, el cristiano transita por las mismas sendas de Jesús. Debe reproducir su imagen, que, a la postre, es la gloria del Padre en la historia humana: «Y nosotros todos, reflejando con el rostro descubierto la gloria del Señor, nos vamos transformando en su imagen con esplendor creciente, como bajo la acción del Espíritu del Señor» (2Cor 3,18). A diferencia de lo que sucedió a Moisés, se revela la gloria de Dios cuando se adquiere y se conforma el rostro del cristiano con el rostro de Jesús (cf. 2Cor 4,6), que es su imagen (cf. Rom 8,29), y se alcanza dicha conformidad cuando se siguen sus huellas y se mueve uno en las actitudes y ámbitos del amor que practicó Jesús. El hombre se libera de la esclavitud del pecado (cf. Rom 5,12), abandona el hombre «viejo», pues ya no tiene cabida en el corazón del creyente (cf. Rom 6,6; Ef 4,22), gracias a la recreación que ha hecho posible el que lleva por naturaleza la imagen de Dios (cf. Rom 8,29; 2Cor 4,4; 5,17).
La imagen de Cristo toma cuerpo poco a poco en la vida del cristiano (cf. 2Cor 3,18), crea las actitudes y el conocimiento propios del amor (cf. Heb 5,14), genera actos que la desarrollan y la explicitan en beneficio de los demás, hasta alcanzar la imagen celeste propia de los hijos de Dios: «Como hemos llevado la imagen [del hombre] terrestre, llevaremos también la imagen [del hombre] celeste» (1Cor 15,49; cf. Col 3,10). El proceso amoroso que cristifica al hombre no sólo le convierte en hijo de Dios, sino también, y precisamente por ser hijo, le transforma en hermano de todos los hombres, marginando la dimensión fratricida permanente que provoca el mal. Siguiendo a Jesús, que constituye una familia con todos los hombres (cf. Mc 3,31-35par) y «no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Heb 2,21), el creyente establece las bases de la fraternidad universal. La cristificación del creyente, que funda la relación filial con Dios, hace posible la relación fraterna con los hombres y el mundo: «Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero no vayáis a tomar la libertad como estímulo del instinto; antes bien, servíos mutuamente por amor. Pues la ley entera se cumple con un precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Gál 5,13-14; cf. Lev 19,18; Mc 12,28-34par). La justificación de la fe paulina se equipara a la justificación por amor joánica (1Jn 4,7.19): el amor que es Dios (cf. 1Jn 4,8.16) y hace al hombre «nuevo» encuentra su verificación en la historia cuando descubre a Cristo en todo hombre, haciéndolo hermano y consiguiéndose la plenitud humana y la salvación (cf. Mt 25,31-45). Sea consciente o no de que el amor vehicula el amor divino (cf. Mt 25,37-40), el hombre cumple su dignidad filial si se entrega y sirve los dones de amor que recibe de Dios, ofreciéndose como hermano y donando a sus hermanos lo que ha recibido «gratis» (cf. Mt 10,8).

El futuro de la salvación. La configuración filial en Cristo, la transformación filial del mundo, en definitiva, la religación al Padre personal y colectiva es un proceso que se realiza en la historia, pero cuya plenitud se dará al final del tiempo. Repitamos una vez más la afirmación de Pablo: hemos sido salvados en esperanza y la resurrección de la humanidad y del cosmos es una cuestión de futuro (cf. Rom 8,18-24; 1Cor 15,49). Juan piensa también en este sentido: «Queridos, ya somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Nos consta que, cuando aparezca, seremos semejantes a él y lo veremos como él es» (1Jn 3,2). Se fundamenta esta convicción en dos presupuestos básicos del cristianismo: la cruz de Cristo está unida esencialmente a la resurrección, resurrección que es prometida a todos (cf. 1Tes 4,13; 1Cor 15). Y, en segundo lugar, dicha promesa abarca a la persona, a la humanidad y al cosmos (cf. Rom 8,19-27); de ahí el impulso misionero que las comunidades cristianas mantienen a partir de la Pascua. Y lo mismo se dice del hombre individual; él es un proyecto constituido por unas relaciones y dimensiones que debe desarrollarlas y madurarlas en el espacio y en el tiempo; y a ellos se acompasa la experiencia cristiana. Pero el obrar cristiano tiene una sola referencia: el estilo de vida de Jesús, que es el que asume Dios como su última palabra a los hombres al resucitarlo. Y ese estilo de vida, con sus actitudes y actos, componen el contenido del futuro de cada persona, que se debe acrecentar en la vida personal, sabiendo que es lo único que va a permanecer para siempre. Todo lo que no sea configurado en Cristo, no es resucitado y forma parte de un mundo pasado, caduco y destinado a la muerte definitiva. De ahí la importancia de vivir la cotidianidad de la vida como configuración con Cristo. Él vive como hijo, o desarrolla su condición filial en las relaciones con su familia, con la sociedad, con Dios, y realizando sus responsabilidades como técnico de la madera, del hierro, de la piedra, y, finalmente, en la predicación del Reino. La existencia en amor filial no entraña una experiencia paralela a la experiencia cotidiana de la vida, sino que se hace en ella y con ella. La clave consiste en que las relaciones vitales cuando se asientan en la relación amorosa filial adquieren una densidad y una dimensión propia de Dios, que es la que Él prolonga para siempre al final de cada vida personal, o al término del tiempo histórico vivido por cada uno.
El cristiano, habida cuenta de que Dios coloca su salvación definitiva en el futuro, debe considerar su persona como una realidad por hacer. Esto exige el compromiso y la dedicación permanente para alcanzarlo, sabiendo, a la vez, que jamás alcanzará dicha salvación de una manera plena y permanente con sus solas fuerzas y en la historia actual. La índole escatológica de la salvación es clave para no atascar a la comunidad cristiana en la historia y absolutizar los elementos humanos necesarios que acompañan a la gracia de Dios. Esta tensión, que marca la vida cristiana, se inscribe en el proceso de la historia de salvación insertada en la historia universal, y, por tanto, el hombre nuevo está operativo invirtiendo la tendencia a la destrucción personal y al exclusivo predominio del mal. Y debe ser consciente, a su vez, que vive su relación múltiple de amor bajo la influencia del mal. Hay que evitar los desvaríos de creerse salvado definitivamente en la actualidad, y hay que admitir que la vida está aún sometida a las exigencias del mal (cf. Gál 2,20; Rom 6,12; 2Cor 5,6), que el amor se cobija en una morada frágil y terrena (cf. 2Cor 5,1-4). Por eso es un amor crucificado, sometido a sufrimientos y dolores sin cuento (cf. Rom 8,22), por lo que todo triunfalismo y exhibición está fuera de lugar.
Mas la futura manifestación de los hijos de Dios se asegura por la resurrección de Jesús, cuya influencia permanece en la historia por el Espíritu (cf. Rom 8,19). No hay que olvidar que «ver a Dios» en la gloria, o alcanzar la plenitud en el futuro se comienza, no obstante, en la relación personal y colectiva que se establece en la historia con Cristo. La relación con él, adquirir su forma por medio del desarrollo y despliegue del amor, del hombre «nuevo» se mantiene cuando el creyente se relaciona de una forma estable con Dios, con la comunidad de salvados y con la creación, porque «quien me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14,9); y viceversa: el triunfo final es la historia de amor que el hombre despliega a lo largo de su vida, porque el Jesús que Dios resucita es el que compartió su vida con todos en Palestina; es el crucificado.


martes, 4 de marzo de 2014

Cultura. Cuaresma. Elena Conde Guerri

                  Cliqueando en los clásicos ante el umbral de la Cuaresma.
                                            Los ídolos mudos    

                                                                            Elena Conde Guerri   
       
                                                 Facultad de Letras
                                                Universidad de Murcia 

Los jóvenes que deseen ojear estas líneas, entenderán rápidamente el anglicismo. Y los menos jóvenes, aceptamos no sin cierta incomodidad las reglas impuestas por la RAE que sólo confirman cómo el frenético avance de los medios y la tecnología se ha impuesto hasta el punto de invadir canónicamente nuestra lengua para este siglo y los venideros.
Por ello, propongo esta vez una inmersión en el pasado, porque siempre estará ahí como pedagogo vivo. Un suave toque de ratón sobre fuentes que documentan valiosos aspectos de las llamadas sociedades clásicas que, por antonomasia, son las griegas y la romana. Rebobinando, me viene a la mente un pasaje de los Anales del historiador latino Tácito, maestro donde los haya, en que relata las circunstancias previas y el suicidio de L. A. Séneca. En su libro XV, a partir del capítulo 60 (por si alguien se anima) revive con todo dramatismo, como en un cuadro pictórico, los hechos que todavía hoy impactan y que abren algunas reflexiones adecuadas al tiempo de Cuaresma que la Iglesia católica inicia. Eso sí, salvando las distancias y siempre bajo la responsabilidad de mi interpretación.


Séneca, el noble de clase ecuestre oriundo de la Bética, llegó en Roma a ser el primer consejero del emperador Nerón a quien instruyó para que sustentase su poder omnímodo en una filosofía política basada en el equilibrio de la doctrina estoica. Se consiguió sólo en parte. Pero mientras duró la privanza, Séneca se hizo inmensamente rico, propietario de villas de recreo con hermosos jardines y objetos de arte,  poderoso e influyente. A lo que unía sus dotes para la elocuencia que, según muchos, despertaban la envidia de Nerón. Luego, todo se envenenó por sucesos que aquí son prescindibles, y que precipitaron su perdición. La vida de privilegios se cortó para siempre y el filósofo, inteligente y consciente de que el emperador iba a por él, se adelantó a la sentencia con el final dramático por todos conocido. Máxime, después de que Nerón rechazase su súplica de apartarse de la gestión pública para refugiarse en la introspección fecunda de una vida retirada. En este diálogo, sí  hay una réplica sustanciosa del emperador, siempre útil: «Tus servicios han consistido en educar e instruir primero mi niñez y después mi  juventud con tu inteligencia, prudencia y sanos preceptos, que es lo único que precisaban las condiciones de mi vida. Por ello, los bienes que de ti he recibido quedarán perdurablemente grabados en mi corazón mientras yo viva. En cambio, los que tú has recibido de mi, jardines, riqueza y villas, están sujetos a los vaivenes de la Fortuna». Palabras ponderadas en la pluma de Tácito (que es quien verdaderamente habla), verdades ciertas de quien, aun escribiendo en los años plenos de difusión del cristianismo histórico, le era ajeno e, incluso, detractor por indiferencia y cierto desprecio. Lo que no quita que vislumbrase el peligro del acaparamiento y disfrute en exceso de los bienes materiales, muy alejado del ideal del sabio para quien la herencia de la paideia permanece para siempre.
               
        Cuando Tácito redacta su obra, los Evangelios sinópticos ya se habían escrito y, casi cierto, también el de San Juan. Todos estos autores, por esos azares maravillosos de los cruces de la historia, transitaban por las mismas décadas aunque con visiones bien distintas. Un periodo polisémico y rico en aspectos religiosos y socioculturales en el que las mentes más agudas defendían valores que dignifican al hombre, como la templanza o la moderación. La gran diferencia es que los Libros inspirados dan un paso más. En este Evangelio del primer  domingo de Cuaresma, el Señor es tentado por el diablo en el desierto. En el texto de Mateo concretamente, el cebo en la tercera intentona es el mismo: el deslumbramiento y la codicia por el poder, las riquezas, la gloria. Tal posesión omnímoda pide, incluso, la osadía de la adoración, la proskynesis, al propio espíritu del Maligno. Pero el Señor reacciona: «Apártate, Satanás, porque está escrito al Señor tu Dios adorarás y sólo a El darás culto». En la Verdad encarnada, se proclama que Uno es el verdadero Dios y como Padre que nos ama infinitamente puede cimentar la voluntad de rehuir la idolatría existencial y las idolatrías tangenciales.

                   Séneca aún no pudo descubrirlo. El era todavía deudor de lo que Pablo llama «los ídolos mudos» (1Cor 12,2) aunque su muerte respondiese con valentía a las categorías aristocráticas de la sociedad en que fue educado. Nosotros, cliqueando en el devenir de la historia tantos siglos después, tenemos al menos la esperanza cierta de que Alguien sostiene nuestro criterio y voluntad para saber utilizar el poder y las riquezas (quien lícitamente las tenga) con discernimiento pues, volviendo a San Pablo, «todo es lícito, mas no todo es conveniente».


lunes, 3 de marzo de 2014

Familia Franciscana. Leccionario

LECCIONARIO FRANCISCANO

              Semana a semana iremos presentando las biografías de los Santo/as y Beato/as de la Familia Franciscana. Proponemos, a la vez, unas lecturas que relacionen sus valores con la Palabra revelada del Señor. Es así como se cumple la lógica de la Encarnación en los hijos más preclaros de la Familia Franciscana. «La Palabra se hace carne» en la vida de los franciscanos y franciscanas. Por último, ofrecemos unas meditaciones acordes con la biografía reseñada; meditaciones tomadas de los escritos de los pensadores y místicos franciscanos. Esta selección la he llevado a cabo el P. Pedro Riquelme Oliva.


2 de marzo

                              Inés de Praga  (1211-1282)


              Santa Inés, de la Orden de las Clarisas, nace en Praga (Chequia) en el año 1211; es hija de Premysl Otakar I, rey de Bohemia, y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría. Es educada por Santa Eduvigis en el monasterio cisterciense de Trzebnica y en el premonstratense de Doksany (Praga). En 1220 es prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II. Vive en la corte del duque de Austria hasta el año 1225. Rescinde el pacto de matrimonio, regresa a Praga y se entrega a la oración y a los pobres. El papa Gregorio IX admite su propósito de virginidad. Funda en Praga entre 1232 y 1233 el hospital de San Francisco, el instituto de los Crucíferos y el monasterio de San Francisco para las «Hermanas Pobres» o «Damianitas», donde ingresa el día de Pentecostés de 1234. Profesa los votos de castidad, pobreza y obediencia. Es abadesa del monasterio de por vida y ayuda a Santa Clara en la defensa de la vida de pobreza y en la aprobación de la Regla. Santa Clara de Asís le escribe varias cartas para animarla a seguir en el camino de Cristo pobre y crucificado. Nace así una amistad espiritual que dura casi veinte años, aunque las dos mujeres no llegan a conocerse. Muere el 2 de marzo de 1282. El papa Pío IX aprueba su culto el 28 de noviembre de 1874, y Juan Pablo II la declara santa el 12 de noviembre de 1989.

                                                        Común de Vírgenes

Lecturas

              «Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás»

              En el tiempo de la espera de la manifestación gloriosa del Hijo de Dios, el Espíritu se derrama sobre los creyentes y los llena de amor, que es Él (cf. Rom 5,5; 8,15). El amor, entonces, es el que estructura la fraternidad, es fuente de todas las gracias, comunica la ciencia divina y se desarrolla por medio del servicio silencioso y humilde. El cristiano, pues, no se puede apropiar ni los valores personales ni los de sus hermanos; simplemente transmite a los demás los dones que nacen de la presencia del Espíritu, del Amor, en nuestra vida, como, a la vez, disfruta como un regalo los valores de sus hermanos en la fe.


              Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 4,7-11

             
Salmo responsorial                                                             Sal 95,10.11-12a.12b-13


              Israel anhela la presencia del Señor en la historia para que se imponga su verdad y su justicia, además de su preeminencia sobre todos los pueblos de la tierra. Es la esperanza de tantos pueblos, de tanta gente, que sólo confía en el Señor para vivir y vivir humanamente, por las injusticias que reciben de sus responsables sociales y políticos.

              V. Llega el Señor a regir la tierra.
              R. Llega el Señor a regir la tierra.

             

Aleluya                                                                                      1Jn 2,5

              Aleluya. Aleluya.
              «Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud».
              Aleluya.


              Evangelio

                                           «Yo y el Padre somos uno»

              El texto manifiesta dos ideas fundamentales de la vida cristiana. La primera es la relación y conocimiento mutuo entre Jesús y su rebaño; entre la comunidad cristiana y su pastor; entre el cuerpo y la cabeza. Esta comunión de vida sólo es posible si se experimenta por el amor. La segunda es que dicha unión en el amor, o en un mismo estilo de vida la hace posible sólo Dios, y no se origina y la mantiene el esfuerzo humano exclusivamente. Puesto que Jesús está unido filialmente al Padre, formando una unidad de ser y de vida (cf. Jn 5,19; 8,16; 10,15; Rom 8,34-39), él sirve dicha vida divina en las relaciones que mantiene con los hombres en la tierra, haciéndolos hermanos suyos e hijos del Padre.


              Lectura del santo Evangelio según San Juan 10,27-30

OraciónSeñor, Dios nuestro, que inspiraste la renuncia a los falsos placeres de este mundo a Santa Inés de Praga y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos los valores eternos a los caducos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Para meditar

Carta Santa Clara a Santa Inés: «Cuando hubierais podido gozar más que nadie del fausto y de los honores y dignidades mundanas, estando en vuestra mano desposaros legítimamente con el ínclito emperador, con todo el esplendor de gloria que convenía a vuestra excelsa posición y a la suya, habéis rechazado todo eso y habéis preferido abrazar, con toda el alma y todo el ardor de vuestro corazón, la santísima pobreza y las privaciones del cuerpo, para entregaros a un esposo de más noble alcurnia, el Señor Jesucristo, encomendándole la guarda de vuestra virginidad íntegra e incontaminada.
              Por lo tanto, hermana carísima, o mejor, señora digna de toda veneración, ya que sois esposa, madre y hermana (cf. 2Cor 11,2; Mt 12,50) de mi Señor Jesucristo, y lleváis en alto la enseña resplandeciente de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza: Cobrad ánimo en el santo servicio que habéis emprendido anhelando ardientemente seguir al Crucificado pobre, el cual soportó el tormento de la cruz (Heb 12,12), librándonos del poder del príncipe de las tinieblas (Col 1,13) que nos tenía encadenados a causa del pecado del primer padre, y nos reconcilió con Dios Padre» (Carta I de Santa Clara a Santa Inés de Praga, 3-7.12-14).

                                                                       3 de marzo 

Mártires de Etiopía ( 1716)

              Liberato Weiss nace el 4 de enero de 1675 en Konnesreuth (Baviera. Alemania); ingresa en la Provincia Franciscana de San Bernardino de Austria el 17 de octubre de 1693 y es ordenado sacerdote en 1698. Samuel Marzorati nace el 10 de septiembre de 1670 en Biumo Inferiore (Varese. Italia); entra al convento franciscano de los llamados "Reformados", de Lugano (Suiza), a los 22 años. Miguel Pío Fasoli, nace en Zerbo (Pavía. Italia) el 3 de mayo de 1676; pertenece a la Provincia de San Diego de la Región de Insubria (Milán. Italia); misionero apostólico por la Sagrada Congregación de «Propaganda Fide» el 21 de enero de 1704. La Congregación los envía a Etiopía en 1711. Llegan a Gondar, capital de Etiopía, en julio de 1712. El rey Justos (el Negus) los acoge con gusto y les ruega que no discutan con los coptos y no se declaren romanos. La Fraternidad lleva una vida de oración, trabajo y servicio a la gente pobre y desamparada, evitando la relevancia social de su evangelización. No obstante, el rey Justos, para evitar males mayores, envía a los franciscanos a la provincia de Tigré. Muerto el Rey, le sucede David, rey perteneciente a otra dinastía y muy favorable a los coptos. Los misioneros son enviados a Gondar para ser procesados. En el juicio son condenados a muerte por herejía contra la Iglesia Copta de Etiopía. Son trasladados a un lugar llamado Amba-Abo, donde son lapidados el 3 de marzo de 1716. El papa Juan Pablo II los beatifica el 20 de noviembre de 1988.

                                                          Común de Mártires

Lecturas

                                                         «Te basta mi gracia»

              Después de contar el rapto místico, Pablo narra las tribulaciones sufridas para anunciar el Evangelio. Los éxitos en las relaciones con Dios y en las relaciones con los hermanos los compensa con su debilidad personal, con sus fracasos y sus enfermedades, o con la persecución de sus hermanos. Es el «aguijón de la carne». Más allá de los éxitos y de los fracasos, Pablo introduce los motivos para vivir en Dios por medio de Jesús. Adentrándose en la vida de Jesús, en su pasión y muerte, experimenta que todo es gracia, que toda potencia amorosa que sirve y ofrece es un don divino, una gracia que él sólo debe transmitir. Lo propio es la debilidad.


              Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios  12,7-10

             

Salmo responsorial                                               Sal 33,8-9.10-11.12-13

              El creyente, como Pablo, concluye que Dios no falla, después de experimentar cuantiosos fracasos en la vida. Dios protege, defiende, cobija, preserva del mal a sus fieles. Éstos sólo deben dejarse guiar por Él apartándose de aquellos que viven confiados en sus bienes y en sus fuerzas exclusivamente.

              V. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
            R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

             
              Aleluya                                                                                    Lc 8,15

            Aleluya. Aleluya.
            «Dichosos los que con un corazón noble y generoso guardan la palabra de Dios, y dan fruto perseverando».
            Aleluya.


                                                                       Evangelio

                                           «No he venido a sembrar paz, sino espadas»

              La Palabra de Jesús que revela el inicio del Reinado de Dios en la historia y su presencia de salvación, se compara a la Palabra afilada, tajante de Dios, que separa el bien del mal y que motiva las reacciones del mundo aceptándola o rechazándola (cf. Is 49,2; Heb 4,12). Jesús concreta el discernimiento de su palabra y las reacciones a favor o en contra en el seno de la familia. Y para su seguimiento, hay que dar preferencia a la salvación, salvación que se debe anunciar con urgencia. Esto es prioritario a la creación de la familia que asegura la vida en la tierra. Es una cuestión de preferencias, que no de odios o amores antropológicos.


              Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10,34-39

              Oración. Concédenos, Señor, que nuestras oraciones nos sirvan de alegría y ayuda, para que al celebrar la fiesta anual de los mártires de Etiopía,  beatos Liberato, Samuel y Miguel Pío, imitemos su fidelidad a Cristo crucificado. Por nuestro Señor Jesucristo.

              Para meditar

«La segunda causa por que Cristo padeció fue por mostrarnos el grandísimo amor que nos tenía, en cuya comparación toda su Pasión fue poca, porque no es sino muestra y pequeña señal del inmenso amor que nos tuvo. Empero, porque ninguno puede mostrar más el amor en otra cosa que en morir por su amigo, quiso Cristo padecer tal muerte para que la obra fuese manifiesta señal de amor, aunque totalmente no lo pueda notificar por ser inmenso, lo cual quiso sentir San Agustín cuando dijo: “Si Cristo, hijo de María Virgen, tuviera tantos miembros como hay estrellas en el cielo, cada miembro tuviera proprio cuerpo, primero enclavara todos los miembros en la cruz que dejara por redimir una ánima, en cuanto a lo que él tocaba, porque no quiso que de su parte quedase algo.
              No solamente nos mostró Cristo, padeciendo, el gran amor que siempre nos tuvo, mas quísonos forzar a que lo amásemos robando justamente nuestro amor, porque la cosa que más mueve el amor y lo que con más eficacia los despierta es el mismo amor, porque, queramos o no queramos, dificultoso es dejar de amar a quien verdaderamente nos ama; y aún me parece casi imposible, viendo que somos amados, dejar de amar. Así que, por nos constreñir a su amor, padeció Cristo, cuya caridad nos hace fuerza [apremia], según dice el Apóstol (cf. 2Cor 5,14)» (Francisco de Osuna, Primer Abecedario Espiritual, I,4).


5 de marzo

Cristóbal Maccasoli de Milán (1400?-1485)

              El  beato Cristóbal Macassoli nace en Milán (Lombardía. Italia) a comienzos del siglo XV. Ingresa en la Orden hacia los 20 años. Se integra en el movimiento de reforma de San Bernardino de Siena, acentuando la conversión, la penitencia y la pobreza para redescubrir la vida de San Francisco. Después de la ordenación sacerdotal, recorre Italia predicando al pueblo la vuelta al Evangelio y la reforma de las costumbres. Funda el convento de Santa María de las Gracias en Vigevano con el  beato  Pacífico Ramati de Cerano, cuya iglesia fue construida por Galeazzo Sforza y consagrada en 1476. Pasa en esta comunidad el resto de su vida. No obstante su edad, recibe y atiende a muchos cristianos que le visitan para recabar sus consejos y ayuda en todos los órdenes de la vida. Muere el 5 de marzo de 1485. Es sepultado en la iglesia de Santa María de las Gracias, en la capilla de San Bernardino. En 1810 se trasladan sus reliquias a la catedral de Vigevano. En el cuadro del altar de Santa María de las Gracias, de 1653, se representa al  beato  y a San Bernardino a un lado de la Virgen. El papa León XIII aprueba su culto el 25 de julio de 1890.

                                          Común de Pastores o de Santos Varones

Lecturas

                                           «El Espíritu del Señor está sobre mí»
              El Señor unge a sus elegidos. Ungir significa consagrar a la persona que va a realizar una misión especial por parte de Dios. Y el consagrado por antonomasia es el Mesías (cf. Sal 2,2), que recibe el Espíritu para proclamar el año de gracia del Señor, por el que va a rescatar a los pobres, a los que sufren. La comunidad cristiana aplicó muy pronto este título mesiánico a Jesús (cf. Mc 8,29; Hech 2,36) y Lucas lo cita en la presentación que hace Jesús de sí mismo en la sinagoga de su pueblo, Nazaret (cf. Lc 4,18-19).

              Lectura del libro de Isaías                                  61,1-3

Salmo responsorial                                               Sal 12,4-5.6

              El hombre siempre tiene al Señor como la última instancia para su salvación; puede confiar en su amor para liberarle de todos sus enemigos; por eso la ley de Dios no es otra sino la del amor que le protege y defiende de todos sus enemigos.

              V. Yo confío, Señor, en tu misericordia.
              R. Yo confío, Señor, en tu misericordia.

              Aleluya                                                                                                   Jn 10,14
              Aleluya. Aleluya.
              «Yo soy el buen Pastor ―dice el Señor―,
que conozco a mis ovejas y las mías me conocen».
              Aleluya.

                                                                       Evangelio

                            «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»

              El Dios que ha revelado Jesús es un Dios universal; es el Dios no sólo de Israel, sino de todos los hombres. Su templo es la creación, porque reina en ella por ser su creador, su conservador, su salvador. Y los discípulos, enviados por Jesús, deben proseguir esta misión en todo el mundo y que él sólo anuncia a la casa de Israel. Los discípulos, después de la Resurrección y Ascensión, marchan por todo el mundo, dando testimonio de esta revelación de Jesús, que permanece en la historia por medio de su Espíritu, Espíritu que comunica a los discípulos la palabra adecuada y da el poder para hacer los signos necesarios para ratificar la veracidad del mensaje (cf. Mt 28,18-20; Hech 28,3-6).

Lectura del santo Evangelio según San Marcos      16,15-20

              Oración: Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el  beato  Cristóbal de Milán predicara la conversión a tu Reino; concédenos, por su intercesión, crecer en la práctica de las virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo.

              Para meditar

«La quinta consideración es que el alma considere aquella infinita benignidad y misericordia de Dios, en cuanto que Él está siempre preparado con los brazos abiertos a recibir al alma que quiere volver a Él por medio de la confesión y penitencia, olvidando todas las injurias y ofensas que ha recibido de ella (cf. Ez 18,21-22). ¿Quién es, en efecto, el pecador tan nefando, que al ver tanta benignidad, la que Dios le ofrece al quererlo acoger en su misericordia, no quiera convertirse a Dios? Por eso, aprende, que no ha existido nunca un pecador tan colmado de todo tipo de iniquidad que Dios no lo acoja con misericordia, si se convierte de sus pecados y quiere volver a hacer penitencia.
              ¡Oh carísimo hermano, oh carísima hermana en la caridad de Cristo Jesús, considera, te ruego, un poco por tu inteligencia, cuánta es la benignidad del Señor para quererte recibir con misericordia, y, si estás preparado, para querer convertirte a Él! Y para que puedas entender mejor todo esto, considera los innumerables beneficios que de Él has recibido; pues dejando a un lado el beneficio de la creación y los otros incontables beneficios recibidos y que cada día recibes, solamente el excesivo beneficio de la Redención humana debería inflamar el corazón de cada uno en amor hacia su Redentor y extirpar del todo cualquier amor o deseo del alma y el apego a lo terreno» (San Bernardino de Siena, Renovamini, 5).


5.1 de marzo

                                 Juan José de la Cruz (1654-1734)

              San Juan José de la Cruz nace el 15 de agosto de 1654 en Isquia (Nápoles. Italia); es hijo de José Calosinto y Laura Garguilo. Por la predicación y el testimonio de Juan de San Bernardo, franciscano descalzo de la reforma de San Pedro de Alcántara, ingresa en el convento de Santa Lucía del Monte (Nápoles). En 1674 participa con otros religiosos en la fundación de la fraternidad alcantarina en Piedimonte de Afila, junto a los montes Apeninos. El 18 de setiembre de 1677 es ordenado sacerdote a los 23 años, y a los 27 es nombrado Maestro de Novicios y poco más tarde Guardián. En el año 1690 es elegido Definidor de la Orden y de nuevo dirige a los Novicios por cuatro años  en Nápoles y en Piedimonte. En 1702 asume la Reforma Alcantarina en Italia siendo elegido Ministro Provincial. Organiza las comunidades, los centros de formación y los estudios. El arzobispo de Nápoles, Card. Francisco Pignatelli, le encarga la dirección de setenta monasterios y retiros napolitanos, y el Card. Innico Caracciolo le da la misma misión para su diócesis de Aversa. Después de una vida contemplativa y de extrema austeridad siguiendo el ejemplo de San Pedro de Alcántara, muere el 5 de marzo de 1734 en Nápoles, en el convento de Santa Lucía del Monte, y es sepultado en su iglesia. El 4 de octubre de 1779, en la iglesia franciscana de Santa María de Aracoeli en Roma, Pío VI proclama la heroicidad de sus virtudes y lo declara  beato  en la Basílica de San Pedro del Vaticano el 24 de mayo de 1789. El papa Gregorio XVI lo canoniza el 26 de mayo de 1839.

                                           Común de Pastores o Santos Varones

                                                                       Lecturas

                            «¡Alégrate y goza, hija de Sión!, que yo vengo a habitar dentro de ti ¡»

              El Señor olvida su cólera sobre Jerusalén y vuelve de nuevo sus ojos de benevolencia sobre su ciudad (cf. Za 1,16). Con el reinado de Darío el pueblo espera disfrutar su libertad Jerusalén y alabar a su Dios en su templo. Jerusalén puede regocijarse, porque el Señor viene de nuevo a vivir en ella, a darle una vida nueva, a reconstruirla desde sus cimientos, y con Israel también llama el Señor a todos los pueblos de la tierra. La nueva posibilidad de vida que procede del Señor acarreará reformas de las costumbres y una conversión sincera a la voluntad divina.


Lectura del profeta Zacarías                 2,1-5.10-11

           
Salmo responsorial                                Jer 31,10-13

              El creyente responde con alegría y júbilo la promesa del Señor de que librará a Israel de sus enemigos. Porque el Señor es más poderoso que todos los males de la tierra. Israel necesita confiar de nuevo en Él para verse liberado de aquello que le impide alabar al Señor y gozar de su presencia.


              V. El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño.
            R. El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño.

             
Aleluya                                                                                    Hech 16,14

            Aleluya. Aleluya.
            «Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo».
            Aleluya.


                                                                       Evangelio

                                           «Nadie echa vino nuevo en odres viejos»

              La propuesta que hace Jesús con la revelación del Reino no encaja en la religiosidad de Israel. Es un mundo nuevo que revela a un Dios amoroso y misericordioso muy distinto al que presenta la Ley; es un mundo nuevo en el que se da la relación personal con Dios, porque es una persona viva y cercana, muy distinto al de la Ley: lejano, trascendente y silencioso. Por eso no conectan el mundo de Jesús y el mundo de la Ley. Para ello hay que cambiar de mentalidad, de corazón, de costumbres y dejar instruirse directamente por Aquel que es el origen y dueño de todo cuanto existe (cf. Jer 31,31-33).


              Lectura del santo Evangelio según San Marcos      2,18-22

Oración. Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Juan José de la Cruz por su vida de austeridad y de contemplación, concédenos, por sus méritos, que caminando con una vida penitente alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Para meditar

«El domingo. Este día pensarás en los beneficios divinos, para dar gracias al Señor por ellos y encenderte más en el amor de quien tanto bien te hizo. Y aunque estos beneficios sean innumerables, mas puedes tú, a lo menos, considerar estos cinco principales: conviene saber, de la creación, gobernación, redención, vocación, con otros beneficios particulares y ocultos.
              [...] Cuanto al beneficio de la redención puedes considerar dos cosas: la primera, cuántos y cuán grandes hayan sido los bienes que nos dio, mediante el beneficio de la redención; y la segunda cuántos y cuán grandes hayan sido los males que padeció en su cuerpo y alma santísima para ganarnos esos bienes. Y para sentir más lo que debes a este Señor, por lo que por ti padeció, puedes considerar estas cuatro principales circunstancias en el misterio de su sagrada pasión, conviene saber: quién padece, qué es lo que padece, por quién padece y por qué causa lo padece.
              ¿Quién padece? Dios. ¿Qué padece? Los mayores tormentos y deshonras que jamás se padecieron. ¿Por quién padece? Por criaturas infernales y abominables y semejantes a los mismos demonios en sus obras. ¿Por qué causa padece? No por su provecho, ni por nuestro merecimiento, sino por las entrañas de su infinita caridad y misericordia» (San Pedro de Alcántara, Tratado de la Oración y Meditación, 2).