XIV DOMINGO (B)
Lectura del santo Evangelio según San
Marcos 6, 1-6
En
aquel tiempo, fue Jesús a su tierra en compañía de sus discípulos. Cuando llegó
el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se
preguntaba asombrada: ―¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le
han enseñado? Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo
de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? ¿Y sus hermanos no viven
con nosotros aquí? Y desconfiaban de él.
Jesús les decía: -No desprecian a un profeta más que en
su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro,
sólo curó algunos enfermos imponiéndoles
las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor
enseñando.
1.-
Dios. No es fácil entender y captar la forma como Dios se
ha presentado en nuestra vida. La afirmación del evangelio de San Juan: «El
Verbo se hizo carne/hombre» es la que está en el fondo del Evangelio de este
domingo. Los paisanos de Jesús, como muchos de nosotros, pensamos que Dios se
presenta con una dimensión trascendente, del todo distinta a nuestra vida. Y
Dios se ofrece en la vida de Jesús. Por eso no admiten sus paisanos que un carpintero e hijo del carpintero,
cuya familia es una familia normal dentro de la sociedad de Nazaret, puede curar,
perdonar los pecados, hacer posible la vida a los pobres, dar la libertad a
todos. Y Jesús lo hace siendo hombre, con una lengua humana, con unas
relaciones humanas que todos pueden entender.
2.-
La Iglesia. El «…desconfiaban de él», que dice Marcos, Juan lo
escribe en el frontispicio de su Evangelio, como un hecho que identifica la
actitud de Israel ante Jesús: «Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron».
El sagrado deber de la comunidad cristiana es trasparentar en su vida fraterna
y personal la vida de Jesús por la presencia del su Espíritu en el centro de
las relaciones cristianas. La comunidad se juega su credibilidad en su
fidelidad al estilo de vida de Jesús. Y como ha
sucedido con Israel, ha pasado con muchas comunidades cristianas, con
muchos bautizados, que no reconocen a Jesús en los marginados, en los
perseguidos, en el silencio, en la oración, en la cotidianeidad de la vida con
sus pequeñas o grandes cruces, etc. Jesús anda por aquí, y no en el esplendor
de los acontecimientos que los humanos generamos y levantamos para endiosarnos
y que nada tienen que ver con el
Padre/Madre de Jesús. Nos falta la «vista» que rescata a las personas anónimas
y sufrientes del anonimato y las presenta ante nuestros ojos para mirarlas y
besarlas.
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