lunes, 3 de marzo de 2014

Familia Franciscana. Misal Marzo

LECCIONARIO FRANCISCANO

                                           

              Semana a semana iremos presentando las biografías de los Santo/as y Beato/as de la Familia Franciscana. Proponemos, a la vez, unas lecturas que relacionen sus valores con la Palabra revelada del Señor. Es así como se cumple la lógica de la Encarnación en los hijos más preclaros de la Familia Franciscana. «La Palabra se hace carne» en la vida de los franciscanos y franciscanas. Por último, ofrecemos unas meditaciones acordes con la biografía reseñada; meditaciones tomadas de los escritos de los pensadores y místicos franciscanos. Esta selección la he llevado a cabo el P. Pedro Riquelme Oliva.


      

                                               3 de marzo

                                   Inés de Praga  (1211-1282)



              Santa Inés, de la Orden de las Clarisas, nace en Praga (Chequia) en el año 1211; es hija de Premysl Otakar I, rey de Bohemia, y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría. Es educada por Santa Eduvigis en el monasterio cisterciense de Trzebnica y en el premonstratense de Doksany (Praga). En 1220 es prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II. Vive en la corte del duque de Austria hasta el año 1225. Rescinde el pacto de matrimonio, regresa a Praga y se entrega a la oración y a los pobres. El papa Gregorio IX admite su propósito de virginidad. Funda en Praga entre 1232 y 1233 el hospital de San Francisco, el instituto de los Crucíferos y el monasterio de San Francisco para las «Hermanas Pobres» o «Damianitas», donde ingresa el día de Pentecostés de 1234. Profesa los votos de castidad, pobreza y obediencia. Es abadesa del monasterio de por vida y ayuda a Santa Clara en la defensa de la vida de pobreza y en la aprobación de la Regla. Santa Clara de Asís le escribe varias cartas para animarla a seguir en el camino de Cristo pobre y crucificado. Nace así una amistad espiritual que dura casi veinte años, aunque las dos mujeres no llegan a conocerse. Muere el 2 de marzo de 1282. El papa Pío IX aprueba su culto el 28 de noviembre de 1874, y Juan Pablo II la declara santa el 12 de noviembre de 1989.

                                                        Común de Vírgenes

Lecturas

              «Que cada uno, con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás»

              En el tiempo de la espera de la manifestación gloriosa del Hijo de Dios, el Espíritu se derrama sobre los creyentes y los llena de amor, que es Él (cf. Rom 5,5; 8,15). El amor, entonces, es el que estructura la fraternidad, es fuente de todas las gracias, comunica la ciencia divina y se desarrolla por medio del servicio silencioso y humilde. El cristiano, pues, no se puede apropiar ni los valores personales ni los de sus hermanos; simplemente transmite a los demás los dones que nacen de la presencia del Espíritu, del Amor, en nuestra vida, como, a la vez, disfruta como un regalo los valores de sus hermanos en la fe.


              Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 4,7-11

             
Salmo responsorial                                                             Sal 95,10.11-12a.12b-13


              Israel anhela la presencia del Señor en la historia para que se imponga su verdad y su justicia, además de su preeminencia sobre todos los pueblos de la tierra. Es la esperanza de tantos pueblos, de tanta gente, que sólo confía en el Señor para vivir y vivir humanamente, por las injusticias que reciben de sus responsables sociales y políticos.

              V. Llega el Señor a regir la tierra.
              R. Llega el Señor a regir la tierra.

          Aleluya                                                                                      1Jn 2,5

              Aleluya. Aleluya.
              «Quien guarda la palabra de Cristo, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud».
              Aleluya.


              Evangelio

                                           «Yo y el Padre somos uno»

              El texto manifiesta dos ideas fundamentales de la vida cristiana. La primera es la relación y conocimiento mutuo entre Jesús y su rebaño; entre la comunidad cristiana y su pastor; entre el cuerpo y la cabeza. Esta comunión de vida sólo es posible si se experimenta por el amor. La segunda es que dicha unión en el amor, o en un mismo estilo de vida la hace posible sólo Dios, y no se origina y la mantiene el esfuerzo humano exclusivamente. Puesto que Jesús está unido filialmente al Padre, formando una unidad de ser y de vida (cf. Jn 5,19; 8,16; 10,15; Rom 8,34-39), él sirve dicha vida divina en las relaciones que mantiene con los hombres en la tierra, haciéndolos hermanos suyos e hijos del Padre.


              Lectura del santo Evangelio según San Juan 10,27-30

OraciónSeñor, Dios nuestro, que inspiraste la renuncia a los falsos placeres de este mundo a Santa Inés de Praga y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos los valores eternos a los caducos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Para meditar

Carta Santa Clara a Santa Inés: «Cuando hubierais podido gozar más que nadie del fausto y de los honores y dignidades mundanas, estando en vuestra mano desposaros legítimamente con el ínclito emperador, con todo el esplendor de gloria que convenía a vuestra excelsa posición y a la suya, habéis rechazado todo eso y habéis preferido abrazar, con toda el alma y todo el ardor de vuestro corazón, la santísima pobreza y las privaciones del cuerpo, para entregaros a un esposo de más noble alcurnia, el Señor Jesucristo, encomendándole la guarda de vuestra virginidad íntegra e incontaminada.
              Por lo tanto, hermana carísima, o mejor, señora digna de toda veneración, ya que sois esposa, madre y hermana (cf. 2Cor 11,2; Mt 12,50) de mi Señor Jesucristo, y lleváis en alto la enseña resplandeciente de la virginidad inviolable y de la santísima pobreza: Cobrad ánimo en el santo servicio que habéis emprendido anhelando ardientemente seguir al Crucificado pobre, el cual soportó el tormento de la cruz (Heb 12,12), librándonos del poder del príncipe de las tinieblas (Col 1,13) que nos tenía encadenados a causa del pecado del primer padre, y nos reconcilió con Dios Padre» (Carta I de Santa Clara a Santa Inés de Praga, 3-7.12-14).

                                                                       3 de marzo 

Mártires de Etiopía ( 1716)


              Liberato Weiss nace el 4 de enero de 1675 en Konnesreuth (Baviera. Alemania); ingresa en la Provincia Franciscana de San Bernardino de Austria el 17 de octubre de 1693 y es ordenado sacerdote en 1698. Samuel Marzorati nace el 10 de septiembre de 1670 en Biumo Inferiore (Varese. Italia); entra al convento franciscano de los llamados "Reformados", de Lugano (Suiza), a los 22 años. Miguel Pío Fasoli, nace en Zerbo (Pavía. Italia) el 3 de mayo de 1676; pertenece a la Provincia de San Diego de la Región de Insubria (Milán. Italia); misionero apostólico por la Sagrada Congregación de «Propaganda Fide» el 21 de enero de 1704. La Congregación los envía a Etiopía en 1711. Llegan a Gondar, capital de Etiopía, en julio de 1712. El rey Justos (el Negus) los acoge con gusto y les ruega que no discutan con los coptos y no se declaren romanos. La Fraternidad lleva una vida de oración, trabajo y servicio a la gente pobre y desamparada, evitando la relevancia social de su evangelización. No obstante, el rey Justos, para evitar males mayores, envía a los franciscanos a la provincia de Tigré. Muerto el Rey, le sucede David, rey perteneciente a otra dinastía y muy favorable a los coptos. Los misioneros son enviados a Gondar para ser procesados. En el juicio son condenados a muerte por herejía contra la Iglesia Copta de Etiopía. Son trasladados a un lugar llamado Amba-Abo, donde son lapidados el 3 de marzo de 1716. El papa Juan Pablo II los beatifica el 20 de noviembre de 1988.

                                                          Común de Mártires

Lecturas

                                                         «Te basta mi gracia»

              Después de contar el rapto místico, Pablo narra las tribulaciones sufridas para anunciar el Evangelio. Los éxitos en las relaciones con Dios y en las relaciones con los hermanos los compensa con su debilidad personal, con sus fracasos y sus enfermedades, o con la persecución de sus hermanos. Es el «aguijón de la carne». Más allá de los éxitos y de los fracasos, Pablo introduce los motivos para vivir en Dios por medio de Jesús. Adentrándose en la vida de Jesús, en su pasión y muerte, experimenta que todo es gracia, que toda potencia amorosa que sirve y ofrece es un don divino, una gracia que él sólo debe transmitir. Lo propio es la debilidad.


              Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios  12,7-10

             

Salmo responsorial                                               Sal 33,8-9.10-11.12-13

              El creyente, como Pablo, concluye que Dios no falla, después de experimentar cuantiosos fracasos en la vida. Dios protege, defiende, cobija, preserva del mal a sus fieles. Éstos sólo deben dejarse guiar por Él apartándose de aquellos que viven confiados en sus bienes y en sus fuerzas exclusivamente.

              V. Gustad y ved qué bueno es el Señor.
            R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

             
              Aleluya                                                                                    Lc 8,15

            Aleluya. Aleluya.
            «Dichosos los que con un corazón noble y generoso guardan la palabra de Dios, y dan fruto perseverando».
            Aleluya.


                                                                       Evangelio

                                           «No he venido a sembrar paz, sino espadas»

              La Palabra de Jesús que revela el inicio del Reinado de Dios en la historia y su presencia de salvación, se compara a la Palabra afilada, tajante de Dios, que separa el bien del mal y que motiva las reacciones del mundo aceptándola o rechazándola (cf. Is 49,2; Heb 4,12). Jesús concreta el discernimiento de su palabra y las reacciones a favor o en contra en el seno de la familia. Y para su seguimiento, hay que dar preferencia a la salvación, salvación que se debe anunciar con urgencia. Esto es prioritario a la creación de la familia que asegura la vida en la tierra. Es una cuestión de preferencias, que no de odios o amores antropológicos.


              Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10,34-39

              Oración. Concédenos, Señor, que nuestras oraciones nos sirvan de alegría y ayuda, para que al celebrar la fiesta anual de los mártires de Etiopía,  beatos Liberato, Samuel y Miguel Pío, imitemos su fidelidad a Cristo crucificado. Por nuestro Señor Jesucristo.

              Para meditar

«La segunda causa por que Cristo padeció fue por mostrarnos el grandísimo amor que nos tenía, en cuya comparación toda su Pasión fue poca, porque no es sino muestra y pequeña señal del inmenso amor que nos tuvo. Empero, porque ninguno puede mostrar más el amor en otra cosa que en morir por su amigo, quiso Cristo padecer tal muerte para que la obra fuese manifiesta señal de amor, aunque totalmente no lo pueda notificar por ser inmenso, lo cual quiso sentir San Agustín cuando dijo: “Si Cristo, hijo de María Virgen, tuviera tantos miembros como hay estrellas en el cielo, cada miembro tuviera proprio cuerpo, primero enclavara todos los miembros en la cruz que dejara por redimir una ánima, en cuanto a lo que él tocaba, porque no quiso que de su parte quedase algo.
              No solamente nos mostró Cristo, padeciendo, el gran amor que siempre nos tuvo, mas quísonos forzar a que lo amásemos robando justamente nuestro amor, porque la cosa que más mueve el amor y lo que con más eficacia los despierta es el mismo amor, porque, queramos o no queramos, dificultoso es dejar de amar a quien verdaderamente nos ama; y aún me parece casi imposible, viendo que somos amados, dejar de amar. Así que, por nos constreñir a su amor, padeció Cristo, cuya caridad nos hace fuerza [apremia], según dice el Apóstol (cf. 2Cor 5,14)» (Francisco de Osuna, Primer Abecedario Espiritual, I,4).


5 de marzo

Cristóbal Maccasoli de Milán (1400?-1485)

              El  beato Cristóbal Macassoli nace en Milán (Lombardía. Italia) a comienzos del siglo XV. Ingresa en la Orden hacia los 20 años. Se integra en el movimiento de reforma de San Bernardino de Siena, acentuando la conversión, la penitencia y la pobreza para redescubrir la vida de San Francisco. Después de la ordenación sacerdotal, recorre Italia predicando al pueblo la vuelta al Evangelio y la reforma de las costumbres. Funda el convento de Santa María de las Gracias en Vigevano con el  beato  Pacífico Ramati de Cerano, cuya iglesia fue construida por Galeazzo Sforza y consagrada en 1476. Pasa en esta comunidad el resto de su vida. No obstante su edad, recibe y atiende a muchos cristianos que le visitan para recabar sus consejos y ayuda en todos los órdenes de la vida. Muere el 5 de marzo de 1485. Es sepultado en la iglesia de Santa María de las Gracias, en la capilla de San Bernardino. En 1810 se trasladan sus reliquias a la catedral de Vigevano. En el cuadro del altar de Santa María de las Gracias, de 1653, se representa al  beato  y a San Bernardino a un lado de la Virgen. El papa León XIII aprueba su culto el 25 de julio de 1890.

                                          Común de Pastores o de Santos Varones

Lecturas

                                          «El Espíritu del Señor está sobre mí»
              El Señor unge a sus elegidos. Ungir significa consagrar a la persona que va a realizar una misión especial por parte de Dios. Y el consagrado por antonomasia es el Mesías (cf. Sal 2,2), que recibe el Espíritu para proclamar el año de gracia del Señor, por el que va a rescatar a los pobres, a los que sufren. La comunidad cristiana aplicó muy pronto este título mesiánico a Jesús (cf. Mc 8,29; Hech 2,36) y Lucas lo cita en la presentación que hace Jesús de sí mismo en la sinagoga de su pueblo, Nazaret (cf. Lc 4,18-19).

              Lectura del libro de Isaías                                  61,1-3

Salmo responsorial                                               Sal 12,4-5.6

              El hombre siempre tiene al Señor como la última instancia para su salvación; puede confiar en su amor para liberarle de todos sus enemigos; por eso la ley de Dios no es otra sino la del amor que le protege y defiende de todos sus enemigos.
              V. Yo confío, Señor, en tu misericordia.
              R. Yo confío, Señor, en tu misericordia.

              Aleluya                                                                                                  Jn 10,14
              Aleluya. Aleluya.
              «Yo soy el buen Pastor ―dice el Señor―,
que conozco a mis ovejas y las mías me conocen».
              Aleluya.

                                                                       Evangelio

                            «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación»
              El Dios que ha revelado Jesús es un Dios universal; es el Dios no sólo de Israel, sino de todos los hombres. Su templo es la creación, porque reina en ella por ser su creador, su conservador, su salvador. Y los discípulos, enviados por Jesús, deben proseguir esta misión en todo el mundo y que él sólo anuncia a la casa de Israel. Los discípulos, después de la Resurrección y Ascensión, marchan por todo el mundo, dando testimonio de esta revelación de Jesús, que permanece en la historia por medio de su Espíritu, Espíritu que comunica a los discípulos la palabra adecuada y da el poder para hacer los signos necesarios para ratificar la veracidad del mensaje (cf. Mt 28,18-20; Hech 28,3-6).

Lectura del santo Evangelio según San Marcos      16,15-20

              Oración: Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el  beato  Cristóbal de Milán predicara la conversión a tu Reino; concédenos, por su intercesión, crecer en la práctica de las virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo.

              Para meditar

«La quinta consideración es que el alma considere aquella infinita benignidad y misericordia de Dios, en cuanto que Él está siempre preparado con los brazos abiertos a recibir al alma que quiere volver a Él por medio de la confesión y penitencia, olvidando todas las injurias y ofensas que ha recibido de ella (cf. Ez 18,21-22). ¿Quién es, en efecto, el pecador tan nefando, que al ver tanta benignidad, la que Dios le ofrece al quererlo acoger en su misericordia, no quiera convertirse a Dios? Por eso, aprende, que no ha existido nunca un pecador tan colmado de todo tipo de iniquidad que Dios no lo acoja con misericordia, si se convierte de sus pecados y quiere volver a hacer penitencia.
              ¡Oh carísimo hermano, oh carísima hermana en la caridad de Cristo Jesús, considera, te ruego, un poco por tu inteligencia, cuánta es la benignidad del Señor para quererte recibir con misericordia, y, si estás preparado, para querer convertirte a Él! Y para que puedas entender mejor todo esto, considera los innumerables beneficios que de Él has recibido; pues dejando a un lado el beneficio de la creación y los otros incontables beneficios recibidos y que cada día recibes, solamente el excesivo beneficio de la Redención humana debería inflamar el corazón de cada uno en amor hacia su Redentor y extirpar del todo cualquier amor o deseo del alma y el apego a lo terreno» (San Bernardino de Siena, Renovamini, 5).


5.1 de marzo

                                 Juan José de la Cruz (1654-1734)


              San Juan José de la Cruz nace el 15 de agosto de 1654 en Isquia (Nápoles. Italia); es hijo de José Calosinto y Laura Garguilo. Por la predicación y el testimonio de Juan de San Bernardo, franciscano descalzo de la reforma de San Pedro de Alcántara, ingresa en el convento de Santa Lucía del Monte (Nápoles). En 1674 participa con otros religiosos en la fundación de la fraternidad alcantarina en Piedimonte de Afila, junto a los montes Apeninos. El 18 de setiembre de 1677 es ordenado sacerdote a los 23 años, y a los 27 es nombrado Maestro de Novicios y poco más tarde Guardián. En el año 1690 es elegido Definidor de la Orden y de nuevo dirige a los Novicios por cuatro años  en Nápoles y en Piedimonte. En 1702 asume la Reforma Alcantarina en Italia siendo elegido Ministro Provincial. Organiza las comunidades, los centros de formación y los estudios. El arzobispo de Nápoles, Card. Francisco Pignatelli, le encarga la dirección de setenta monasterios y retiros napolitanos, y el Card. Innico Caracciolo le da la misma misión para su diócesis de Aversa. Después de una vida contemplativa y de extrema austeridad siguiendo el ejemplo de San Pedro de Alcántara, muere el 5 de marzo de 1734 en Nápoles, en el convento de Santa Lucía del Monte, y es sepultado en su iglesia. El 4 de octubre de 1779, en la iglesia franciscana de Santa María de Aracoeli en Roma, Pío VI proclama la heroicidad de sus virtudes y lo declara  beato  en la Basílica de San Pedro del Vaticano el 24 de mayo de 1789. El papa Gregorio XVI lo canoniza el 26 de mayo de 1839.

                                           Común de Pastores o Santos Varones

                                                                       Lecturas

                            «¡Alégrate y goza, hija de Sión!, que yo vengo a habitar dentro de ti ¡»

              El Señor olvida su cólera sobre Jerusalén y vuelve de nuevo sus ojos de benevolencia sobre su ciudad (cf. Za 1,16). Con el reinado de Darío el pueblo espera disfrutar su libertad Jerusalén y alabar a su Dios en su templo. Jerusalén puede regocijarse, porque el Señor viene de nuevo a vivir en ella, a darle una vida nueva, a reconstruirla desde sus cimientos, y con Israel también llama el Señor a todos los pueblos de la tierra. La nueva posibilidad de vida que procede del Señor acarreará reformas de las costumbres y una conversión sincera a la voluntad divina.


Lectura del profeta Zacarías                 2,1-5.10-11

           
Salmo responsorial                                Jer 31,10-13

              El creyente responde con alegría y júbilo la promesa del Señor de que librará a Israel de sus enemigos. Porque el Señor es más poderoso que todos los males de la tierra. Israel necesita confiar de nuevo en Él para verse liberado de aquello que le impide alabar al Señor y gozar de su presencia.


              V. El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño.
            R. El Señor nos guardará, como pastor a su rebaño.

             
Aleluya                                                                                    Hech 16,14

            Aleluya. Aleluya.
            «Ábrenos el corazón, Señor, para que aceptemos las palabras de tu Hijo».
            Aleluya.
  
                                                                       Evangelio

                                           «Nadie echa vino nuevo en odres viejos»

              La propuesta que hace Jesús con la revelación del Reino no encaja en la religiosidad de Israel. Es un mundo nuevo que revela a un Dios amoroso y misericordioso muy distinto al que presenta la Ley; es un mundo nuevo en el que se da la relación personal con Dios, porque es una persona viva y cercana, muy distinto al de la Ley: lejano, trascendente y silencioso. Por eso no conectan el mundo de Jesús y el mundo de la Ley. Para ello hay que cambiar de mentalidad, de corazón, de costumbres y dejar instruirse directamente por Aquel que es el origen y dueño de todo cuanto existe (cf. Jer 31,31-33).


              Lectura del santo Evangelio según San Marcos      2,18-22

Oración. Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Juan José de la Cruz por su vida de austeridad y de contemplación, concédenos, por sus méritos, que caminando con una vida penitente alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Para meditar

«El domingo. Este día pensarás en los beneficios divinos, para dar gracias al Señor por ellos y encenderte más en el amor de quien tanto bien te hizo. Y aunque estos beneficios sean innumerables, mas puedes tú, a lo menos, considerar estos cinco principales: conviene saber, de la creación, gobernación, redención, vocación, con otros beneficios particulares y ocultos.
              [...] Cuanto al beneficio de la redención puedes considerar dos cosas: la primera, cuántos y cuán grandes hayan sido los bienes que nos dio, mediante el beneficio de la redención; y la segunda cuántos y cuán grandes hayan sido los males que padeció en su cuerpo y alma santísima para ganarnos esos bienes. Y para sentir más lo que debes a este Señor, por lo que por ti padeció, puedes considerar estas cuatro principales circunstancias en el misterio de su sagrada pasión, conviene saber: quién padece, qué es lo que padece, por quién padece y por qué causa lo padece.
              ¿Quién padece? Dios. ¿Qué padece? Los mayores tormentos y deshonras que jamás se padecieron. ¿Por quién padece? Por criaturas infernales y abominables y semejantes a los mismos demonios en sus obras. ¿Por qué causa padece? No por su provecho, ni por nuestro merecimiento, sino por las entrañas de su infinita caridad y misericordia» (San Pedro de Alcántara, Tratado de la Oración y Meditación, 2).



Franciscanismo. La pobreza

                        LA POBREZA

                             I

                                                                  


               Jesús

1.- Jesús enseña la necesidad de abandonar la riqueza para incorporarse al Reino. Así lo dice en las Bienaventuranzas: *Dichosos los pobres, porque el Reino de Dios les pertenece+. Pobre es el que está escondido o el oprimido que tiene que mendigar para sobrevivir y, por tanto, no se le tiene en cuenta en las relaciones sociales. No es el pobre que trabaja por lo que sea. El pobre pasa de maldito a la cercanía de Dios. Dios se ha fijado en su desamparo, lo que hace que se fíe y confíe en Él[1]. La paradoja de que los pobres serán dichosos no es por la pobreza, pues ésta no constituye un estado de felicidad, sino porque Dios va a reinar de inmediato. Entonces recuperará su dignidad humana. De aquí la satisfacción, el gozo inmenso e interior que se manifiesta de una forma objetiva en compartir los bienes en este mundo como preámbulo de la dicha definitiva, cuando Dios instaure su Reino y dé la salvación a sus elegidos[2]. Jesús lo demuestra: los pobres son los primeros a los que se les anuncia esta era de gracia[3] y los primeros que hay que invitar frente a los que presuntamente tienen derecho al banquete, como sucede con el pobre Lázaro, o con aquellos que son capaces de cambiar de vida, como Zaqueo[4].

Pero la enseñanza de Jesús se completa con la lectura que hace Mateo.  Añade que la felicidad es también para los pobres *de espíritu+[5]. Del estado de pobreza se desplaza el sentido a la actitud humana de inferioridad: la humildad. Entonces la sumisión de los pobres a Dios se contrapone a la arrogancia de los prepotentes que cierran su corazón a las necesidades de su prójimo y se alejan de la voluntad divina. Está en la línea de la humildad que se exige a los que desean entrar en el Reino, en contra de la vanidad de los escribas[6]. La tercera bienaventuranza de Mateo: *Dichosos los desposeídos, porque heredarán la tierra+[7] es una concreción de la de los pobres.  Desposeído se relaciona con la afabilidad y está lejos de la violencia[8]. Los pobres de espíritu y los desposeídos comprendidos como tolerantes comportan una triple dirección: hacia Dios siendo obedientes y sumisos, hacia la tierra utilizando sus bienes, y hacia el prójimo evitando cualquier brote de rechazo o alejamiento. Recibirán el Reino, porque constituyen en la actualidad el auténtico interés de Dios; poseerán la tierra, porque gozarán en el futuro de los bienes que lleva consigo el Reino. Por una causa y por otra vivirán la paz de la gente afable, modesta, benigna, en definitiva, la que experimenta la humilde confianza en Dios y no se irrita por el progreso de la maldad[9].



[1] Lc 6,20. Cf. Dios sale en su defensa: Lev 25,35; Dt 24,14-15.19-22; 27,19; Sal 146,5-7; Is 58,6-7; 61,1-2; etc.; por eso confían los pobres: Sal 39,18; 68,30-34; etc., que en la época cristiana se les une la santidad: Sant 1,9; 2,5; 5,1-6.
[2] En el Antiguo Testamento leemos: *Durante seis años sembrarás tu tierra y recogerás la cosecha, pero el séptimo año la dejarás en barbecho. Deja que coman los pobres de tu pueblo+ (Éx 23,10-11); en Lucas: *Los creyentes estaban todos unidos y poseían todo en común; vendían bienes y posesiones y las repartían según la necesidad de cada uno+. Hech 2,44-45; cf. 4,32.34-35.
[3] Lc 7,18-19.22-23; Mt 11,2-6; Lc 4,18; 7,20-21; etc.
[4] Lc 16,19-31; Lc 19,1-10.
[5] Mt 5,3.
[6] *Os aseguro que si no os convertís y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de Dios. Quien se humille como este niño, es el más grande en el Reino de Dios+. Mt 18,1-4; cf. Mc 9,30-32; Lc 9,44-45; Is 66,2; *En la cátedra de Moisés se han sentado los letrados y fariseos...+. Mt 23,1-12.
[7]  Mt 5,5;  se cita el Sal 37,11
[8] Desposeído en Mateo no dice relación directa a un afecto como la ira (manso), aunque la contemple en su horizonte, ni entraña la no violencia como la entiende el pacifismo en contraposición al poder impuesto a la fuerza. Está más en la línea de los pobres de espíritu expuesto en la primera bienaventuranza: benigno, tolerante, amistoso, humilde, etc.
[9] Como reza el Salmo 37,8-9 frenando la indignación de los justos por la felicidad que exhiben los malvados: *Cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes hasta obrar mal; pues los malvados serán excluidos, pero los que esperan en el Señor poseerán una tierra+. Y así lo interpreta San Francisco en la Admonición 11: «Ninguna cosa debe desagradar al siervo de Dios, excepto el pecado. Y si alguna persona pecara de cualquier modo, y por esto, no por caridad, se turbara y encolerizara el siervo de Dios, atesora para sí culpa (cf. Rom 2,5). Aquel siervo de Dios que no se encoleriza ni se conturba por cosa alguna, vive rectamente sin propio. Y es bienaventurado aquel a quien no queda nada para sí, pagando al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 21)».
                  «Debo dejar a Dios por Dios» (Carta 2,11).
              Biografía teológica de la Madre Paula Gil Cano

De Francisco Martínez Fresneda




Por Pedro Riquelme Oliva



La obra trata sobre el pensamiento teológico de la M. Paula Gil Cano, fundadora de las Hermanas Franciscanas de la Purísima. Se divide en cuatro partes: Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo y la Virgen María. La espiritualidad de M. Paula se centra en el seguimiento de Jesús pobre y crucificado al estilo de la Virgen María y San Francisco. El objetivo de la obra es relacionar las afirmaciones de la Fundadora con la historia de Jesús y de San Francisco que hace en sus Cartas, Sucinta Reseña y la biografía titulada Vida ejemplar, escrita por sor Concepción Vázquez y basada en un manuscrito de la M. Cecilia Bermejo ―esta biografía utiliza el esquema de santidad de la Iglesia de mitad del siglo XX, por eso se cita con las debidas precauciones con respecto a la forma que define la santidad de entonces―.  El autor articula las tres biografías para centrar el pensamiento de M. Paula, y observa, a la vez, las diferencias que tiene con Jesús y Francisco.

La parte primera expone la concepción que tiene Jesús de Dios: Creado, Providente y Salvador. Dios es una persona viva que toma la iniciativa para salvar a la creación y a los hombres: «La caridad y la fe son dos virtudes que, a mi entender, van hermanadas; la caridad sin fe sirve de muy poco […] Mientras mayor sea la fe, más posible será la unión profunda que se opera por medio de la caridad». Es la fe que actúa por medio del amor que afirma Pablo en la Carta a los Gálatas (6,5) (48). La fe en Dios como bondad misericordiosa se explicita en las relaciones con las hermanas y en la de los niños y ancianos, a los que procura servir en extremo, si bien no escribe nunca que Dios es Padre. La experiencia del Señor se centra, como hemos dicho, en su bondad, en su misericordia, en su justicia, en su abundancia de amor. «La experiencia de Dios salta de la iglesia a la vida cotidiana, pasa de la capilla y la oración personal a lo que entraña nuestra vida de cada día» (62). Y dicha experiencia la vive como una presencia envolvente, como la atmósfera que respira y le hace vivir. Además Dios se ofrece en cada elemento de la realidad, como lo vive San Francisco y enseña San Buenaventura: las criaturas son vestigio, imagen y semejanza de Dios. Las criaturas y la humanidad no remiten al Señor, sino que lo contienen. De ahí que la relación con Él también pasa por las relaciones con las criaturas y los hombres: «Venid benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer,….».  Otro aspecto de la experiencia divina es la receptividad; sentirse habitado por el Señor de forma que todo se ve desde Él. Entonces todo es gracia (cf. Ef 2,4-10). El Señor da seguridad. Dice M. Paula: «Dios está siempre con vosotros, viendo como lucháis y para ayudaros si por acaso vais a tropezar» ―le dice a sus hijas. A Dios se le debe obediencia y se expande su experiencia a todas las gentes, porque el bien se comunica por sí mismo, además de recibir y cumplir el mandato de Jesús: «Id y predicad a todas las naciones…».
Pero Dios se ha hecho visible en la vida de Jesús. El Logos se encarna para dar vida a los hombres y éstos reciban su gracia y salvación divinas. No es el hombre el que debe huir de la historia, pues en ella se nos ha dado el Señor. Es aquí donde debemos encontrarle. M. Paula entiende esto en el servicio a los niños y a los ancianos. La tentación de apartarse del mundo, que ya la tuvo San Francisco, y que le disuade Santa Clara y Fr. Silvestre,  no la tiene M. Paula. Ella vive al Señor por medio de Jesús quien lo sitúa en el servicio a los hermanos y en la coherencia y estructura de la vida de las hermanas. La misión entre los pobres nace del seguimiento a Jesús pobre y crucificado, como San Francisco. Y la estructura de la fraternidad de las hermanas une las características que entraña la itinerancia de Jesús y los Doce con la de la comunidad cristiana primitiva de Jerusalén. De ahí que conciba la misión en fraternidad, nunca en soledad. Y a la estructura de la comunidad cristiana: vida de oración, comunicación de bienes, escucha de la Palabra y celebración de la Última Cena, une las exigencias de Jesús a sus discípulos: la fidelidad, la cruz, dar la vida, la limosna; los comportamientos de evitar la ofensa, el juicio y la conciencia que la vida de entrega y defensa de los pobres causa conflictos de todo tipo. La muerte de M. Paula, sola en su lecho de dolor y donde encuentra definitivamente al Señor, es muy distinta a la de Jesús ―en la cruz―, o la de San Francisco ―rodeado de sus discípulos―. Sin embargo las crisis colectivas y personales que tiene Jesús y San Francisco, también las sufre M. Paula en la dilatación de la aprobación de su fundación por parte de la Santa Sede, y en sus «frías oraciones» que experimenta por un tiempo, es decir, en su alejamiento interior del Señor, que no del Señor de ella.
El Espíritu se palpa en su vida y en su Congregación. Como ocurre con San Francisco en la fundación de la Orden, M. Paula siente también las enormes dificultades que padece para que la vida y misión de las hijas de la Purísima sigan adelante. Pero la presencia del Espíritu, la relación de amor de Dios con sus hijos, se hace presente, no sólo con la aprobación de la Congregación desde Roma, lo que la capacita para extenderse por todo el mundo,  sino en la capacidad de amor que muestras las hermanas en misiones tan difíciles como la riada de Murcia, la epidemia del cólera en la misma ciudad del Segura, o las inundaciones de Consuegra. El Espíritu mantiene la unión de la Congregación, no obstante las tentativas de desviar los objetivos de la fundación y crear una fraternidad (Orihuela-Alicante) a la espalda de M. Paula. Y el Espíritu se muestra también en la comprobación del cambio vital de M. Paula y de las hermanas. Es la vida nueva que describe S. Pablo, basada en la caridad mutua y en la entrega a los más desfavorecidos: «Sólo os pido caridad, caridad, caridad», le dice a las hermanas e insta a una entrega amorosa que se hace en una historia esencialmente relativa: «Mientras vivamos estamos en un tiempo de prueba; debemos además como esposas que somos del Cordero, participar con él de su Pasión […] Pensad que Jesús nos espera en el Calvario con los brazos abiertos, para que no nos olvidemos de él y nos vayamos en pos de las criaturas».

María es su madre, es la forma concreta que M. Paula toma para configurar su vida y la de las Hermanas.  Es curioso que no sigue la devoción a María según la costumbre de su tiempo: Ensalzarla sobre todas las criaturas, dándole los valores y virtudes propios de una emperadora,  una princesa, etc., y haciéndola inalcanzable a las Hermanas. Tampoco se centra en los dogmas marianos. M. Paula sigue la vida histórica, reflejada en los Evangelios, de la Madre de Jesús. Ella es hija de Israel; ella es esposa y madre, responsable de la marcha de su hogar y educadora en todos los sentidos de Jesús; ella pasa de madre a ser creyente en Jesús, le sigue, le imita, está al pide la cruz y con los discípulos en la apertura de la comunidad cristiana a todas las gentes. Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, Madre de las hijas de la Purísima. Es la consagrada al Señor, no separándose de la vida humana, sino perteneciendo al Señor experimentando la existencia como mujer en todas sus dimensiones. No es una vestal, es una mujer judía que se entrega a su hijo y a su causa del Reino con todas sus fuerzas. M. Paula ve en ella el amor de una mujer. Por eso la retiene como la verdadera Superiora General de la Congregación. Ella, no sólo le da forma femenina de consagración a las hermanas, sino también su identidad. Por eso los votos de la vida religiosa, ubicados en las relaciones fraternas, se deben vivir como lo hizo María y San Francisco: Son una relación de amor con el Señor, que hace a las hermanas vaciarse de sí y mostrar al mundo lo que dicho amor es como gratuidad y libertad. Para ello la obediencia al amor del Señor es fundamental para comprender los votos y vivirlos según el Evangelio.
 Cada capítulo termina con una visión de futuro de los temas tratados y una guía de lectura para que la sigan las comunidades e individualmente cada hermana. Al final se publican las Cartas y la Sucinta Reseña del nacimiento de la Congregación de M. Paula con una nueva división, que es la que se cita en el texto.



Editorial Espigas, Murcia 2013,  498 pp., 14,5 x 21,5 cm. (ITM. Serie Textos 6).

Para meditar. Sólo adorarás a Dios

I DOMINGO CUARESMA (A)

«Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto»


Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4, 1- 11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: --Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó, diciendo: --Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
--Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le dijo: --También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: --Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Entonces le dijo Jesús: --Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían


1.-  El Señor le ha dado la misión a Jesús en el bautismo, como a nosotros cuando nuestros  padres nos llevaron a la iglesia para incorporarnos a la comunidad cristiana. Nuestra vocación y misión es servir a los demás con una vida entregada, orillando todo lo que sea vanidad, imponernos sobre los otros y tratar de vivir sin responsabilidades familiares, sociales y religiosas. El Señor nos pone en guardia para que podamos defendernos de los ataques diabólicos que pululan en la atmósfera que respiramos cada momento en la sociedad. Pero Él no nos deja: está continuamente amándonos para que podamos frenar las tentaciones.
2.- Se le ofrece a Jesús ser señor de multitud de reinos, con tal de adorar al diablo. Sería reconocer como señor a alguien distinto a Dios, su Padre. La tentación como oferta de poder, como al principio del tiempo Adán y Eva experimentaron el poder de decidir el bien y el mal (Gén 3,5), no sólo expresa la invitación que se le hace tantas veces en su vida a manifestar su condición de superioridad sobre los humanos por su identidad filial, sino a la misma comprensión de sus discípulos sobre su misión. Sin  embargo, una y otra vez Jesús nos recuerda la vocación servicial del bautismo: «Sabéis que entre los paganos los que son tenidos por jefes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros; antes bien, quien quiera entre vosotros ser grande que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero que se haga esclavo de todos. Pues este Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos» (Mc 10,42-45).

3.-  El Señor nos revela nuestra vocación; la vida nos ofrece tres alternativas para suplir la vocación cristiana de dar la vida de una forma sencilla y humilde, adecuada a nuestras posibilidades y valores. La ventaja que tenemos los cristianos es que la relación con Dios la vivimos en comunidad: la familia, la Iglesia, las comunidades y grupos eclesiales y humanos que nos ayudan a objetivar nuestra vida, a superar tantas dificultades, a apoyarnos para poder llevar nuestras cruces con un poco de alivio. Las tentaciones se debilitan mucho cuando la afrontamos en común: con un hermano o hermana, con un amigo o amiga, con creyentes con los que compartimos la fe, el culto, la Palabra del Señor. No perdamos nunca de vista a las personas que nos quieren para vivir la fe que actúa en la caridad.

Evangelio. Tentaciones

                                    I DOMINGO CUARESMA (A)

                «No sólo de pan vive el hombre»



Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 4, 1- 11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: --Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.
Pero él le contestó, diciendo: --Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo lo lleva a la ciudad santa, lo pone en el alero del templo y le dice:
--Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras. Jesús le dijo: --También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios.
Después el diablo lo lleva a una montaña altísima y, mostrándole los reinos del mundo y su gloria, le dijo: --Todo esto te daré, si te postras y me adoras. Entonces le dijo Jesús: --Vete, Satanás, porque está escrito: Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.
Entonces lo dejó el diablo, y se acercaron los ángeles y le servían



1.-  El Espíritu de la vida y fuerza de Dios derramado sobre Jesús en el Bautismo le conduce al desierto, el lugar para Israel del encuentro con Dios y con el diablo. En esta dimensión figurativa y teológica de las tentaciones, la estancia de Jesús se fija en cuarenta días, que es un número simbólico que refiere una situación estable de paz, o también, si se cifra en años, es igual a una generación, es decir, el tiempo en que una persona o un pueblo se hace, en este caso los años que camina Israel hasta alcanzar la tierra prometida. Aplicado a Jesús, estos días indican la duración de su inmediata actividad pública hasta su resurrección, en la que se revela progresivamente su verdadera identidad de Hijo de Dios. Satanás, el adversario del hombre, un acusador, un fiscal, o el espíritu del mal desafía a Jesús. Y lo desafía para que abandone la misión que Dios le ha encomendado como Hijo de iniciar el Reino en forma de hombre, de siervo, sin poderes excepcionales para defenderse o imponerse a los demás.
2.- La primera tentación recuerda cuando Jesús alimenta a la multitud en la multiplicación de los panes en su condición poderosa de hijo de Dios (Mc 6,30-44par) como signo de su preocupación por la vida de los demás. Por consiguiente, su poder filial puede utilizarlo en beneficio propio cuando tenga hambre, o cuando se vea en peligro, pero esto le desviaría de su forma servicial de vida. La segunda tentación propone usar sus poderes filiales tirándose desde el lugar más público de Israel para hacer una exhibición de cara a la galería, con lo que seduciría a las masas. Se le invita a realizar un signo con que demuestre su filiación gloriosa y poderosa. Esta escena evoca el momento cuando Jesús está muriendo en la cruz y resuenan estas palabras en sus oídos: «Se ha fiado de Dios: que lo libre si es que lo ama. Pues ha dicho que es hijo de Dios» (Mt 27,43). Sin embargo, la salvación viene con un estilo de amor, cuyo sacramento es el servicio y el sacrificio. Pero este estilo, al que Jesús es fiel, no lo conocen sus adversarios ni sus discípulos. Por último, se le ofrece a Jesús ser señor de multitud de reinos, con tal de adorar al diablo. Pero Jesús no ha venido a mandar, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos» (Mc 10,42-45).


3.- Jesús no cae en la tentación, porque es fiel al Señor por medio de la oración. Nosotros también percibimos a lo largo de nuestra vida las tentaciones de evadirnos de nuestras resposabilidades familiares, sociales y religiosas. También nos sentimos tentados de ser el centro de todos los corros y de imponernos a la fuerza a los demás. Y Jesús nos enseña que el único camino para alcanzar nuestra dignidad humana y la única posibilidad de hacer el bien a todos, es servir como expresión máxima del amor. Y al amor a Dios y a sus hijos es lo que hace a Jesús superar las tentaciones. Es el ejemplo a seguir. Marcos concluye con una frase que indica la paz del paraíso prometido por Dios: «Vivía con las fieras y los ángeles le servían» (1,13). Los animales no son ahora enemigos en busca de su presa, sino los que acompañan al hombre en el camino de la vida. Y los ángeles que le sirven recuerdan la apertura de los cielos por la permanente relación de fidelidad de Dios hacia Jesús, al que mantiene unido a lo largo de todo su ministerio público. Y también los que colaboran con el Hijo del hombre para reunir a sus elegidos; son aquellos que han estado junto a él y le han ayudado a su misión.