domingo, 16 de marzo de 2014

Diccionario de la Biblia

                       Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia



            Alfonso Ropero Berzosa (Ed.)


                                               Recensión de Bernardo Pérez Andreo
                                               Instituto Teológico de Murcia OFM


Por fin podemos contar con un diccionario enciclopédico de la Biblia hecho en la lengua de Cervantes por autores que piensan, sienten, aman y viven su fe en esa misma lengua. Son muchos los diccionarios traducidos de otras lenguas, con autores que viven su experiencia vital y de fe desde otros parámetros, no tan lejanos, pero sí vertidos en otros moldes de pensamiento. Traducir, siempre, exige un esfuerzo de traicionar el texto mismo y la propia lengua, pues nada hay más imposible que el trasiego idiomático entre lenguas. Al cabo, lo único que puede permitirnos comprender correctamente a un ser humano es su verdadera patria, el lenguaje expresado en su idioma. Por eso, este Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, en español y por hispanohablantes era tan necesario para dar un acceso cercano al mundo de la Biblia.
El encargado de esta magna obra, aunque el equipo editorial era amplio, ha sido el infatigable Alfonso Ropero Berzosa, doctor en filosofía y teología, experto en los Santos Padres y en los filósofos griegos, investigador incansable de la tradición cristiana, divulgador ejemplar de cuanto el cristianismo puede aportar al mundo como salvación en Cristo. Ropero Berzosa es la persona más adecuada para llevar a término esta labor de lustros, pues nos consta de su largo trabajo en este Diccionario y de sus desvelos por conseguir unir a los más importantes expertos de España y de Hispanoamérica, de la tradición protestante y del ámbito católico, para poder dar al público de habla hispana un Diccionario con vocación de servicio a la fe común que nos une a todos los cristianos en Cristo. Lejos quedan ya las épocas en las que la adscripción eclesial determinaba la exposición de los avances bíblicos. Hoy no hay muchas diferencias, pues la investigación sobre la Biblia y su mundo se rige por criterios científicos y eso es lo que Alfonso Ropero nos ha dado en esta obra: una obra de rigor científico que abarca todos los aspectos posibles de la Biblia y su mundo.
Con 4.500 entradas, este diccionario puede ser considerado uno de los mayores en su estilo. Cuenta con un equipo de edición amplio y con una lista bastante larga de colaboradores que permiten integrar las distintas ramas del saber en torno a la Biblia: el filológico, el histórico, el arqueológico, el sociológico, el económico y el cultural. De ahí que las voces cuenten con un excelente aparato expositivo que lo hace muy completo. Cada voz contiene su expresión original en hebreo, griego, acádico o ugarítico, su aparición en la Biblia y el contenido y significado exacto. Además, cuenta con una excelente contextualización histórica y arqueológica, en su caso, y con una exposición desde la antropología cultural, la sociología y, si es necesario, la economía. Todas las voces están referenciadas a las últimas investigaciones, permitiendo que tanto el especialista como el neófito puedan acceder al conocimiento actualizado de cada uno de los temas. Además, una lectura diacrónica de los términos relacionados bien podría permitir un uso del diccionario como un manual. Así, de la voz Carpintero podemos ir a la voz, Campesino y de esta a la voz Nazaret y de allí a Pobre/pobreza y Liberación, cerrando un círculo que permite acceder a uno de los lugares más queridos de una de las variantes de la tercera búsqueda. O bien, podemos comenzar por Palestina, pasar a Galilea, ir de allí a María y acabar en Evangelios, con lo que tendremos una perspectiva histórico-canónica de la salvación.
No faltan en el Diccionario las correspondientes introducciones a todos los libros bíblicos, los nombres de los personajes convenientemente explicados, los topónimos, los pueblos que se relacionan con Israel, los acontecimientos y las interpretaciones. En definitiva, todo aquello que hace que esta obra sea ya un referente para el investigador y una obra necesaria para cualquiera que quiera tener un conocimiento amplio de la Biblia y su mundo. Se ha hecho esperar, pero ha merecido la pena, aunque, como el propio editor expresa, aún queda mucho por hacer. Son dos las ediciones vendidas del Diccionario, pero se antoja que serán muchas más, sobre todo por la demanda que otras lenguas están mostrando por la obra. En sucesivas ediciones, creemos, se completarán más voces que aún no han encontrado su sitio, como puede ser Marginal/Marginación, y se dividirán en volúmenes la obra, haciéndola más manejable.
Por poner una pega, y solo por el interés de mejorar una obra de por sí magnífica, echamos en falta un índice de autores con sus voces respectivas que permita al lector ir directamente a aquellas voces que ha elaborado un mismo autor. También ayudaría, en la línea apuntada más arriba, un índice temático que permita una lectura transversal de la obra atendiendo a ciertas temáticas de gran interés y que hacen del Gran Diccionario un perfecto manual de uso de la Biblia. No nos cabe ninguna duda de que todas estas propuestas están siendo ya pensadas y elaboradas para futuras ediciones.
El Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia es la obra de toda una vida que solo la capacidad de trabajo, el esfuerzo y el saber del editor podían llevar a término. También es de agradecer a la Editorial CLIE que ponga en manos del público una obra de estas dimensiones a un precio tan razonable. Otras obras de semejantes características mantienen un precio que resulta prohibitivo para el gran público. Se ve con claridad que se ha antepuesto el servicio al pueblo creyente, y a todos los expertos, a la búsqueda del legítimo lucro económico. Cualquier otra obra similar podría venderse por el doble de su precio actual. Felicitamos, por tanto, a la editorial y al editor por este verdadero don al mundo de la investigación y por facilitar el acceso de los creyentes a la Biblia.

CLIE, Barcelona 2013, 2673 pp., 19,5 x 26,5 cm.


La manzana de Eva

CUARESMA: LA MANZANA DE EVA


    
Esteban Calderón Dorda
                                                      Facultad de Letras
                                                      Universidad de Murcia


            La fuerza narrativa del evangelio del Domingo I de Cuaresma (Mt 4,1-11) marca todo este tiempo fuerte. Las tentaciones de Jesús como centro de la reflexión cuaresmal son una fuente inagotable de sugerencias para la vida del cristiano. El pasaje comienza diciendo que Jesús «fue llevado al desierto», pero no a un desierto como nosotros lo imaginamos, sino «a un lugar desierto», un lugar que, según la tradición, es una montaña: el Monte de la Cuarentena o de las Tentaciones, al otro lado del valle de Jericó. En la alta ladera, excavado en la roca, se levanta desde el s. V –si bien la construcción actual data de 1895– un monasterio ortodoxo dedicado a san Jorge de Coziba. Traspasar sus puertas es retrotraerse varios siglos y hacer un viaje en el tiempo a Bizancio. Pues bien, en ese escarpado y solitario lugar Jesús pasó cuarenta días de penitencia y sufrió las tentaciones que narra el evangelista.
           
Pero este pasaje evangélico, además, va acompañado por una primera lectura de que no por conocida debe pasar desapercibida: la creación de nuestros primeros padres y el pecado de ambos. En mitad del jardín del Paraíso brotó «el árbol del conocimiento del bien y del mal». La historia es sabida: Eva, seducida por la serpiente, comió de su fruto e incitó a Adán a comer también de él. Hasta aquí el texto bíblico. 

            Sin embargo, la tradición nos ha transmitido la imagen de que el fruto 
que tanto atrajo a Eva fue una manzana. El libro del Génesis nada afirma en este sentido. Se han aportado distintas explicaciones, a menudo extrañas a la cultura veterotestamentaria y semítica: las manzanas de las Hespérides, la manzana de la discordia…Nada concluyente. La solución hay que buscarla en otra dirección. El texto griego de los Setenta dice que se trataba del árbol toû ginóskein kalòn kaì poneròn (Gén. 2, 9), es decir, «para conocer lo bueno y lo malo». ¿Cómo, pues, se ha llegado a la conclusión errónea de que se trataba de una manzana? Para recorrer el proceso tenemos que acudir a la traducción latina de la Vulgata, que vierte así el versículo del Génesis: lignumque scientiae boni et mali. La versión es correcta, sin embargo la traducción que ocasionalmente se hace a las lenguas vernáculas provocó una equivocada interpretación del término mali (de malum-i), que significa ‘mal’, a favor mali, también genitivo, pero de malus-i, esto es, el ‘manzano’ (así ya en Virgilio, Geórgicas 2, 70), cuyo fruto es, obviamente, la manzana (también malum-i). De esta forma tan simple ya estaba introducido el error en la tradición.

            No sabemos quién fue el primero en hablar de la manzana de Eva. Parece que la primera representación artística se la debemos a Durero, aunque su plasmación en un lienzo es frecuente en los pintores flamencos, renacentistas y del manierismo. Muy conocida es la escena representada por Tiziano (ca. 1550) y conservada en el Museo del Prado.
           
En cualquier caso, el tema cuaresmal de la tentación nos propone de una manera muy plástica cómo es la pedagogía del Tentador: el mal nunca se nos presenta como algo detestable, perjudicial o aborrecible, sino envuelto en celofán, como algo edulcorado y beneficioso, en definitiva, «apetitoso, atrayente y deseable» (Gén 3,6). Es la imagen infantil, pero muy adecuada al caso, de la manzana, roja y apetitosa por fuera, pero emponzoñada por dentro, que Blancanieves, con toda su bondad, no se resiste a morder. Los hermanos Grimm, sin pretenderlo, nos dejaron casi una plástica catequesis sobre el mal.

Pero volvamos al principio. El evangelio dice que Jesús fue tentado después de recibir el Espíritu a través del Bautismo de Juan, y ese es el ánimo que nos transmite a sus seguidores en Cuaresma: la Gracia todo lo puede.



lunes, 10 de marzo de 2014

Para meditar. Es mi Hijo. Escuchadlo


                                   II DOMINGO DE CUARESMA (A)


              
              «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo»

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17,1-9.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: -Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: -Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: -Levantaos, no temáis.  Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: -No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

1.-  Dios revela a Pedro, Santiago y Juan, y en ellos a los bautizados en Cristo, que la persona de Jesús, su Hijo amado,  es la nueva ley, es el profeta por el que nos habla definitivamente sobre nuestra salvación (cf. Heb 1,3). El Señor se reveló en el Sinaí a Moisés y le dio las tablas de la Ley para que Israel pudiera convivir. Elías es el símbolo del profetismo. Pues bien, Moisés y Elías son sustituidos por Jesús, la Palabra que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14) y que con su vida y doctrina nos comunica la buena nueva de la salvación. La voz llama a su seguimiento: "¡Escuchadle!". Dios ratifica las palabras y la vida de Jesús. Por consiguiente, Dios se deja ver y se escucha en la historia de Jesús, en su doctrina expresada en las parábolas y frases, y en sus hechos, en los milagros que muestran que Dios impulsa la vida curando y devolviendo la libertad a los poseídos por el diablo. Nuestra vida se abre a un mundo nuevo.

2.- El Tabor revela a Dios en su gloria; su cercanía transfigura y emociona. Y tan es así, que los discípulos quieren sujetar ese momento para siempre: «Hagamos tres tiendas…..», porque Dios está al alcance de la mano.  Pero estas experiencias no son permanentes en nuestra historia, transida por el bien y el mal. La tierra ni es el cielo ni es el infierno. Es una mezcla de ambos. Lo importante de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, es lo que nos comunica el Señor: por más que suframos, por más que tengamos problemas y sinsabores, la vida termina en Él; la vida concluye en la transformación final que sólo Dios da a los que le son fieles y le corresponden en el amor. Para ello hay que escuchar a Jesús, y después de escucharlo, adentrarnos en él y ver la realidad con sus ojos, para decir con San Pablo: «No soy yo, es Cristo que vive en mí» (Gál 2,20).


3.-  Cuando el Señor nos llama a salir de sí mismo, o mejor, que Jesús se adentre en nuestra existencia, sólo es posible cuando lo hacemos en la familia, en la comunidad cristiana, en las fraternidades que pululan en la Iglesia. No es posible que solos afrontemos la historia repleta de tentaciones continuas, de violencias sin cuento, o de fantasías irreales. Jesús devolvió a la realidad a Pedro, a Santiago y a Juan. Y, además de Jesús, quien nos indica la verdad de la existencia es la comunidad familiar y la comunidad cristiana. Son los otros los que nos señalan el objetivo de nuestra vida, la meta que debemos alcanzar, y de una forma paulatina la vamos haciendo nuestra. La ventaja es que no corremos solos; que vamos en grupo por la historia apoyándonos mutuamente en las cruces, y comunicando el gozo del Señor cuando los sentimos en nuestro corazón.

domingo, 9 de marzo de 2014

II Domingo Cuaresma: «Este es mi Hijo [...] Escuchadlo»

                                II DOMINGO DE CUARESMA (A)

         «Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo»



Lectura del santo Evangelio según San Mateo 17,1-9.

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos y su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces tomó la palabra y dijo a Jesús: ―Señor, ¡qué hermoso es estar aquí! Si quieres, haré tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: ―Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y tocándolos les dijo: ―Levantaos, no temáis.  Al alzar los ojos no vieron a nadie más que a Jesús solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: ―No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.

1.- Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina. Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, le dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir (cf. Mt 16,21). Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, Santiago y Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó con Juan Bautista (cf. Mt 11,7), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.

2.- Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre le reveló en el Bautismo (cf. Mt 3,17). Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.


3.- La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección. Es la vía que ha recorrido Jesús.  Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos que al final está la resurrección; que al final sólo quedará lo que hayamos amado, es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para solapar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fiel, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.

Libros. Carta a los Romanos

Carta a los Romanos.
Introducción, versión y comentario.



De Romano Penna

                                    Recensión de Rafael Sanz Valdivieso

Este poderoso volumen del comentario a la carta a los Romanos de san Pablo es la traducción española del original italiano publicado en 2008, antes editado en tres volúmenes (desde el año 2004al 2008), por el Prof. Romano Penna de la Universidad Pontificia Lateranense. Ya había escrito un excelente volumen sobre Pablo (L’apostolo Paolo. Studi di esegesi e teología, Milano, Ed. San Paolo 1991; y antes un estudio sobre el “Mysterion” paulino, Brescia, Paideia 1978), así como los textos dedicados a la cristología, I ritratti originali di Cristo (2 vols., 3ª ed., Milano, Ed. San Paolo, 2001-2003), Gesù di Nazaret. La sua storia, la nostra fede (Milano, Ed. San Paolo 2008), y Gesù di Nazaret nelle culture del suo tempo. Alcuni aspetti del Gesù storico, (Bologna, Ed. Dehoniane, 2013), así como otros libros sobre los orígenes cristianos.


Aquí nos presenta el comentario a la carta a los Romanos, como una exploración de un texto complejo y de gran impacto en la historia de la exégesis (desde Orígenes y Juan Crisóstomo o Teodoreto de Ciro, y el Ambrosiaster hasta Lutero y Calvino, recordando a K. Barth o los comentarios de C.K. Barret, Cranfield, Dunn, Fitzmeyer, M. Theobald,  o los estudios de S. Lyonnet), que nos ayuda a comprenderla mejor en su presentación de la gracia incomparable de Dios ofrecida en Cristo y por Cristo, y sus consecuencias para la libertad radical a la que aspira todo ser humano. La razón es que sólo en Cristo está la esperanza de salvación, el evangelio más puro.

Al comentario precede una introducción general (pp. 23-82 detallada en tres capítulos: los destinatarios (pp. 24-42), el remitente (pp. 43-55) y la carta en sí misma, unidad, género y contenidos retóricos, argumento y estructura propuesta (pp.56-81) en dos partes: I, los elementos fundamentales de la identidad cristiana 1,16 – 11,36 dividida en tres secciones (1,18-5,21 la justicia de Dios;  6,1-8,39 el cristiano insertado en Cristo y guiado por el Espíritu; 9,1-11,36 el evangelio e Israel). II, la dimensión ética de la vida cristiana 12,1 – 15,13 dividida en dos secciones (la caridad como criterio central 12,3-13,14; la relación entre débiles y fuertes 14,1-15,12). Conclusiones y saludos 15,13-16,27.
Son los datos de una introducción clásica al comentario, que el autor matiza detalladamente (cf. sobre la mayoría de gentiles en la comunidad de Roma, pp.34-35; la presencia notable de judíos, pp. 38-39 aun cuando la organización concreta de la Iglesia de Roma sea difícil de precisar, como en el caso de los ministerios de Rm 12,4-8 que indicaría una organización articulada), en el caso de la fecha y lugar de composición, en Corinto en los meses de invierno del 57-58 (cf. p. 55).
La crítica literaria ha mostrado algunas propuestas de explicación de la forma actual de la carta, que procedería de dos o más partes combinadas por el mismo Pablo (homilías, por R. Scroggs, cf. p. 58)  o por otros redactores (dos cartas distintas, según Schmithals, p. 59) que habrían combinado dos escritos distintos; también W. Simonis es partidario de dos cartas (cf. pp. 59-60). Pero se mantiene en general la unidad y el equilibrio maduro de la propuesta de Pablo, su summa Evangelii. La retórica está presente también, tanto en la elocutio, como en el disponer la diatriba con la argumentación desarrollada en el discurso, aunque no muestre el rígido esquema  de la dispositio (cf. pp. 64-68) usado en el género carta con todos los recursos y tropos. El argumento es la fe en Cristo (frente a la Ley, para los judíos y los gentiles), Evangelio frente a Ley, sin olvidar que en ese mismo argumento entra la gracia frente al pecado, o la justicia de Dios. Son todos temas que aparecen desde el comiendo (1,16-17 no me avergüenzo del evangelio, fuerza de Dios… que salva a todo el que cree, judío o griego cf. pp. 70-73).
El comentario ofrece en primer lugar una introducción a la perícopa o sección (cf. p. 163-166; 304-307; 477-480; 593; 697-704) y las notas de crítica textual cuando son relevantes (cf. p.131; 307-308; 355-356; 410; 433-34 como en las demás secciones), para proponer una visión de conjunto y seguidamente el comentario, extenso y detallado, versículo a versículo como en los comentarios bien articulados de la compleja sección de 3,21-5,21 (cf. pp. 310ss; 361ss; 412ss; 439ss sobre el pecado; me parece bien que no divida Rm 5 que en sus dos secciones forma una unidad) o también los comentarios más sobrios de la sección 9,1-11,36 (cf. pp. 706ss; 722; 763; 804ss; 861ss), y no menos la segunda parte 12,1-15,13 sobre las relaciones internas de la comunidad (cf. pp.901ss; 920ss sobre el amor mutuo; 934ss; 949ss; 1013ss, 1043ss, 1064ss cristianos débiles y fuertes).
No puedo dar cuenta de toda la inmensa erudición y documentación reunidas en el comentario, que es realmente excepcional y claramente dispuesta, por lo que la lectura requiere esfuerzo y atención continuo. La carta a los Romanos es un documento inigualable y este comentario deja claro su calado y profundidad con su exposición clara y equilibrada. Al final se ofrece una Bibliografía extensa y detallada (son cincuenta y tres páginas de comentarios y monografías), que es la confirmación del inmenso trabajo desarrollado por el autor en su comentario. Recomendable para todos los que quieran “entrar” en la carta a los Romanos y para quienes deseen comprender lo que contiene el “Evangelio” de Pablo. A la Editorial hay que agradecerle que ponga en manos de los lectores de lengua española un instrumento de tan elevada calidad, ya que la edición es correcta y legible no obstante la enorme extensión.  

Traducción del original italiano por Pedro José Tosaus Abadía. Editorial Verbo Divino, Estella (Navarra)  2013,  1358 pp., 23,7 x 16 cm.



sábado, 8 de marzo de 2014

Familia. Franciscana. Misal 12-13.03. 2014

LECCIONARIO FRANCISCANO
                                   
          12 de marzo 

        Ángela Salawa (1881-1922)

           
La beata Ángela Salawa, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Siepraw (Cracovia. Polonia), el 9 de septiembre de 1881; es hija de Bartolomé Salawa y Eva Bochenek. En 1897 se traslada a Cracovia donde trabaja como empleada de hogar. Después de la muerte de su hermana Teresa trata de vivir la fe en la humildad y la pobreza. «Amo mi trabajo -decía- porque en él encuentro una excelente ocasión de sufrir mucho, de trabajar mucho y de orar mucho; y, fuera de esto, no deseo nada más en el mundo». En 1911 fallece su madre y la mujer a quien sirve. El 15 de marzo de 1912 ingresa en la Orden Franciscana Seglar, y hace su profesión el 6 de agosto de 1913. En la Primera Guerra Mundial ayuda al personal sanitario en los hospitales de Cracovia, asistiendo y confortando a los soldados heridos. Enferma en 1917; se le atiende en el hospital de Santa Zita por poco tiempo. Al fin se recluye en una pequeña habitación donde vive entregada a la oración y padeciendo horribles dolores durante cinco años. En octubre de 1920 participa en una peregrinación a Chestochowa para orar a la Virgen de Jasna Gora. Muere el 12 de marzo del año 1922 en Cracovia. El papa Juan Pablo II la beatifica el 13 de agosto de 1991.

                                                Común de Vírgenes
                       
            Oración. Padre bueno, concédenos el espíritu de humildad y amor con el que la beata Ángela se ofreció a sí misma como sacrificio vivo y santo agradable a tus ojos, y haz que, por su intercesión, progresemos en la novedad de la vida evangélica, para conformarnos así a Cristo, tu Hijo. Que vive y reina contigo.

                                               Lecturas

«Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas»

            Así comienza la oración de la Semá que es una de las más queridas de Israel. A lo largo de la historia se acentúa el monoteismo conforme se ahonda en la fe y en la Alianza del Sinaí (cf. Gén 6,18; 12,1). Israel ora y se relaciona con un Dios vivo y presente frente a los dioses falsos (cf. Dt 5,26). Y al ser un Dios vivo se le puede amar, entregarse uno por entero y se le recuerda en todo tiempo, en todo lugar. Jesús recoge esta oración como una parte de lo más importante de la Ley, y Pablo resume la Ley y los Profetas con la relación de amor con Dios concretada en la oración personal y comunitaria (cf. Mc 12,28-31; Rom 13,10; Gál 5,14).


Lectura del libro del Deuteronomio                 6,4-9


            Salmo responsorial                                       Sal 17,2-4.47.51

            La oración del salmista es crear, desarrollar, intensificar la relación de amor que se mantiene con Dios; una oración que descubre los beneficios que nos da cotidianamente y la grandeza de su ser, de su vida, de su persona, en la que se funda y se asienta la vida del creyente.

            V. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.
            R. Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza.


            Aleluya                                                                      Rom 13,10

            Aleluya. Aleluya.
            «La caridad no hace mal al prójimo.
La caridad es, por tanto, la ley en su plenitud»
            Aleluya.


            Evangelio

            «Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? »

            Hay que orar siempre, en todo tiempo, en cualquier sitio. Hay que orar sin desfallecer (cf. Lc 11,5-8; Ap 6,9-11; Mt 8,10-11). La relación permanente con el Señor es la que da la vida a los cristianos; la relación continuada con el Señor es la que expresa dónde están nuestras raíces, dónde asentamos la vida. Como Pablo afirma una y otra vez (cf. Rom 1,10; 12,12; 1Tes 5,17), hay que «orar constantemente», con la convicción que Dios nos escucha, que está pendiente de nuestra vida, que la cuida y sostiene como un padre y una madre viven en razón de sus hijos. Y los cristianos no debemos cansarnos de orar.


Lectura del santo Evangelio según San Lucas        18,1-8

Para meditar

               «Sobre todo esté avisado el que se ama de verdad, que no se contente con el sabor que sentirá en los servicios que a Dios hace o en la gloria que espera; porque este sabor, aunque es bueno, no lo da Dios para que nos contentemos con él solo, sino que para con él vengamos a tomar sabor en la consideración del bien y gloria y señorío que Dios tiene, y para que con grande aliento le alabemos; porque no es otra cosa la hermosura y alabanza de Dios sino un gozarnos de contar al mundo todas las grandezas de nuestro Señor, como se escribe en el salterio y en toda la Santa Escritura y como se presenta en todas las cosas criadas [...].
            También el que se amare de verdadero amor, cuando sintiere haber recibido alguna merced de Dios, debe con todas entrañas darle gracias, no por ver a sí mismo más enriquecido, sino por verse con más fuerzas para que dél se pueda Dios más servir; como si un caballero se holgase de recibir alguna gran merced del rey porque con las mayores riquezas le podría hacer mayores servicios y placeres sin respeto de otras mercedes» (Alonso de Madrid, Arte para servir a Dios, 3,3).



13 de marzo

Agnelo de Pisa (1194-1236)

           
El  beato Agnelo conoce en Venecia a San Francisco, que le recibe en la Orden a los 17 años de edad. El mismo San Francisco le envía a Francia a los 23 años, para formar las primeras fraternidades en el país transalpino. En el Capítulo General de 1223, San Francisco le manda a Inglaterra con la misma misión que en Francia; desembarca en Dover con ocho hermanos el 10 de septiembre de 1224. De inmediato funda dos fraternidades: en Cornhill, junto a Londres, y en Oxford. Aquí invita a enseñar teología al mismo canciller de la Universidad, Roberto Groseteste. Franciscano humilde y sencillo, de honda doctrina y hábil conciliador en las controversias políticas, llega a ser consejero del rey Enrique III. Por obediencia aceptó la ordenación sacerdotal. Asiste al Capítulo de 1230 en Asís como Ministro Provincial de Inglaterra. Vuelto a Inglaterra se establece en Oxford donde fallece a la edad de 42 años en 1236. El papa León XIII aprueba su culto el 4 de septiembre de 1892.

                                                        Común de Pastores

            Oración. Señor, luz de tu pueblo y pastor de los hombres, que, dentro de la Iglesia, has confiado al beato Agnelo de Pisa la misión de apacentar a tu pueblo con su predicación y de iluminarlo con su vida y su ejemplo, concédenos, por su intercesión, guardar íntegro el don de la fe que nos legó su palabra y seguir el camino que nos marcó su ejemplo. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                           Lecturas

«Completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia»
Pablo recibe su ministerio como una tarea que Dios le ha confiado. No es algo que él merezca y menos que le pertenezca. Es un don recibido de Dios y puesto al servicio de la Iglesia. Su esperanza es que dé fruto. Lo que transmite es la Palabra de Dios que revela el misterio de salvación (cf. Rom 16,25-26; Ef 1,9-10); y la salvación, centrada en Cristo, permanece en la historia con la esperanza que sea plena al final de los tiempos, detrás de los días (cf. Ef 3,17; Col 3,4). El deseo del Apóstol es que la salvación sea efectiva; que incida en la madurez cristiana para beneficio de cada creyente y de la Iglesia, en cuanto comunidad que es testigo permanente de la Resurrección de Jesús.

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Colosenses    1,24-29



Salmo responsorial                                                   Sal 109, 1.2.3.4

El sacerdocio de Jesucristo, expuesto en la Carta a los Hebreos, no es un sacerdocio que sacrifique aves y animales al Señor. Su sacerdocio proviene de su servicio amoroso, que no duda en dar la vida por sus hermanos. Es la mediación entre Dios y los hombres, porque es Dios y es hombre, que sólo es posible desde el amor de Dios. Por eso es eterno su sacerdocio.

V. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec
R. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec

            Aleluya                                                                      Mt 23, 9.10

Alleluya. alleluya.
«Uno solo es vuestro Padre,
El del cielo; uno solo es vuestro Maestro, Cristo».
Alleluya.


                                                           Evangelio

                              «El primero entre vosotros será vuestro servidor»

            Cuando los discípulos discuten quién es el mayor, Jesús enseña que el sistema de organización y preeminencia que existe en la sociedad solamente produce esclavos. Primero se pone a él como ejemplo: ha venido a servir, un servicio que le lleva hasta la misma muerte (cf. Mc 10,45). No duda en lavar los pies a los discípulos (cf. Jn 13,14-15). Esta sentencia se eleva a principio en todo el NT (cf. Flp 2,9): para ser cristiano hay que vaciarse de sí mismo y entregarse a los demás. Así no se esclaviza, sino se produce vida. Por eso los responsables de las comunidades deben seguir esta forma de gobierno: tratar a los demás como hermanos y situarse en el último lugar para servirlos. Son las consecuencias de una fe que sólo tiene como absoluto a Dios, que hace a todos hijos.


            Lectura del santo Evangelio según San Mateo 23,8-12

Para meditar

            «Es la misión de los Apóstoles como aquí se refiere: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura (Mc 16,15). Se llama “mundo” por estar siempre en movimiento, pues no les es dado descanso alguno a sus elementos. El mundo se divide en cuatro partes: oriental, occidental, meridional y septentrional. Como el mundo consta de cuatro elementos, los antiguos dijeron que el hombre, un mundo en miniatura, consta de cuatro humores, mezclados en un solo temperamento. El pobre hombre, desde el principio de la vida hasta el final, está siempre en movimiento, nunca descansa hasta que no llegue a su centro: Dios. Así lo dice San Agustín. “Señor, mi corazón está inquieto hasta que llegue a ti” (Confesiones, 1,1). Fijó su morada en la paz (Sal 76,3). El centro del hombre es Dios; nunca hay paz fuera de Él, y por eso a Él hay que volver. Las partes de la vida del hombre son: el oriente del nacimiento, el occidente de la muerte, el mediodía de la prosperidad, el septentrión o aquilón de la adversidad. Debemos ir a este mundo: Id al mundo entero para que veáis lo que fuisteis en vuestro nacimiento y lo que seréis en la muerte; lo que sois cuando os sonríe la prosperidad y cuando embiste la adversidad, si aquélla levanta, si ésta postra. De estas cuatro consideraciones vienen cuatro frutos: desprecio de sí mismo, menosprecio del mundo, constancia para no engreírse y paciencia para no hundirse» (San Antonio de Padua, Sermones Dominicales y Festivos. «La Ascensión del Señor» 2,5).


13.1 de marzo

Dulce Lopes Pontes (1914-1992)

La beata Dulce Rita Lopes Pontes nace el 26 de mayo de 1914 en Salvador (Bahía. Brasil), hija de Augusto y Dulce María. De muy joven frecuenta las favelas o colonias de pobres de la ciudad. El sótano de su casa lo convierte en un lugar de asistencia a los necesitados de alimentos, ropa y medicinas. En el año 1932 profesa en la OFS. Y en 1933 ingresa en el Instituto de las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios y emite los votos en agosto de 1934. Pone toda su atención en el seguimiento de Jesús por medio de pequeños actos de servicio a los marginados. Trabaja en hospital Español de Bahía de enfermera, sacristana y portera, imparte clases en el colegio de Santa Bernadete y colabora con obreros de Itapagipe. Funda las Hijas de María Siervas de los Pobres, además crea colegios para los niños, albergues para los pobres sin techo, el sindicato de los obreros de San Francisco en Bahía y una red de hospitales donde recoge a los enfermos. En el Hospital de San Antonio llega a asistir a 3.000 enfermos al día. Es candidata al Premio Nobel de la Paz en 1988. Tiene una especial devoción al Corazón de Jesús y a María Inmaculada. Fallece en Bahía el 13 de marzo de 1992. Es beatificada el 22 de mayo de 2011 durante el pontificado de Benedicto XVI.

                                               Común de Vírgenes

Oración. Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios de corazón, concédenos, por intercesión de la beata Dulce Lopes, virgen, vivir, por tu gracia, de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

Lecturas
«En nombre de Jesucristo echa a andar»
            Los seguidores de Jesús, después de la experiencia de la Resurrección y la recepción del Espíritu en Pentecostés (cf. Hech 2,1-4), comienzan su misión de continuar en la historia la salvación que Dios inicia con Jesús. Los discípulos son meros mediadores de la salvación (cf. Hech 4,9.12). Ellos actúan en «nombre de Jesús», el Salvador (cf. Hech 5,31; 13,23), al que los nuevos cristianos se unen por el bautismo (cf. Hech 2,38; Rom 6,1-11). La salvación abarca toda la realidad creada (cf. Rom 8,19). Recuperar la salud es, pues, un signo de que la salvación incide decididamente en la vida humana.

            Lectura de los Hechos de los Apóstoles         3,1-10

            Salmo responsorial   143,1-2.9-10

            La vida humana nos somete a muchos peligros: peligros de la guerra, de la enfermedad, en definitiva, de la muerte con la que desparece la vida de la historia. El Señor, entonces, se presenta como un alcázar, como un escudo, como un médico: la roca sobre la que se asienta la vida. Él es el salvador, que vence al enemigo, a la enfermedad, a la muerte. Por eso se le alaba y se le alaba cantando.

            V. Bendito el Señor, mi roca.
            R. Bendito el Señor, mi roca.

Aleluya                                                                        Mt 9,12

            Aleluya. Aleluya.
            «No necesitan médico los que están sanos, sino los enfermos»
            Aleluya



            Evangelio

                        «Los que lo tocaban se ponían sanos»

            Marcos comienza su Evangelio con la proclamación de la filiación divina de Jesús y el anuncio del Reino (cf. Mc 1,1.15). La presencia salvadora de Dios en la historia la realiza por medio de signos, y uno de ellos es la curación de los enfermos. Por la curación, Jesús comunica que Dios actúa salvando, que no condenando. Ante ello, los creyentes buscan y se acercan a Jesús con sus enfermedades y miserias y encuentran al Hijo de Dios, que no sólo sana, sino también perdona y ofrece las condiciones fundamentales para conducirse con una existencia digna. 


            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 6,53-56

           
                                                           Para meditar

            «Si alguno de los hermanos cayere en enfermedad, dondequiera estuviere, los otros hermanos no lo abandonen, sino que se asigne a uno de los hermanos o más, si fuere necesario, que le sirvan, como querrían ellos ser servidos (Mt 7,12); pero en una necesidad extrema, pueden dejarlo a alguna persona que deba satisfacer por su enfermedad.
            Y ruego al hermano enfermo que dé gracias de todo al Creador; y que desee estar tal cual le quiere el Señor, ya sano ya enfermo, porque a todos los que Dios predestinó a la vida eterna (Hech 13,48) los instruye con los aguijones de los azotes y enfermedades y con el espíritu de compunción, como dice el Señor: Yo a los que amo corrijo y castigo (Ap 3,19).
Y si alguno se turba o irrita, ya contra Dios ya contra los hermanos, o si por casualidad exigiere con inquietud medicinas, anhelando en demasía liberar la carne que en seguida morirá, que es enemiga del alma, del malo le viene esto y es carnal, y no parece ser de los hermanos, porque ama más al cuerpo que al alma» (San Francisco, RegNB, 10,1-4).