domingo, 11 de enero de 2015

De San Francisco

                                   FRANCISCO, EL LOCO DE ASÍS
                                    

                                                                         Joan Mueller

                                                                                            M.A. Escribano Arráez
                                                                                             Instituto Teológico OFM
                                                                                                                            Pontificia Universidad Antonianum

           
Al encontrarnos con una nueva biografía novelada de san Francisco de Asís, lo primero que pensamos es que se ha aprovechado el tirón del papa Francisco para presentar una biografía, como tantas otras, que encontramos de San Francisco. Sin embargo, cuando se lee la obra se descubren dos cosas importantes. En primer lugar: el desarrollo y presentación de los personajes no es al uso, sino desde el realismo de nuestro mundo; se desarrollan las situaciones sin un exceso de pietismo, sino más bien de realidad. En segundo lugar: desde el estudio de las fuentes franciscanas encontramos que la autora conoce las últimas compilaciones y estudios franciscanos, usa de la nueva corriente dirigida entre otros por el profesor Maranesi en la búsqueda del san Francisco humano, frente al héroe que desde el principio de la Orden se trató de presentar con las biografías de san Buenaventura, y que se retoma en la actualidad con la compilación asisiense.-
           
Destacamos momentos importantes en la vida de san Francisco y que la autora nos presenta con seriedad. La primera, para hacer más fuerte todo lo demás, es el presentar la ciudad de Asís y sus habitantes como un lugar donde se han perdido todos los valores morales y humanos, sólo existe el propio interés en conseguir lo que se desea. Ello hace que, cuando nos habla de la conversión de san Francisco, nos presente a un hombre, si bien de buen corazón, un tanto libertino en cuestiones morales, no las oculta, lo cual le da mayor realismo a la escena y sobre todo fuerza a la conversión y encuentro con Dios. La crudeza de la prisión en Perugia donde se muestra la negación de la persona humana y la aparición de los peores instintos que las personas pueden tener tras una guerra: el odio, la venganza.- Y dentro de este proceso de conversión resalta la figura del sacerdote de san Damián, el padre Pietro, que aparece dentro de la obra como la figura que va asentando la vocación que surge dentro de san Francisco y sin ocultar el temor a la familia Bernardone, sin embargo sabe encauzar al santo hacia la protección del Obispo Guido. Guido es todo un obispo medieval, más señor feudal que obispo, sin embargo acompaña a san Francisco en este proceso de conversión y desapropiación de los bienes terrenos.
           
Y al hablar de la familia no podemos pasar por alto a la señora Pica, la madre que en todas las biografías del santo tiene un lugar destacado. En esta obra aparece como víctima del excesivo temperamento del padre y dentro de la pérdida de valores de la ciudad de Asís; en la violencia doméstica que sufre, se observa el quebranto de lo que debe ser la familia.
            La vida de san Francisco, sus primeros seguidores, el encuentro con el Papa y su aprobación, la conversión de santa Clara y como ella sigue el camino del santo, nuevamente destacamos el papel del obispo Guido. También nos muestra crudamente la negación de la familia Offreducio y la violencia que se desata con la hermana de santa Clara.- Ahora bien, si en la obra debemos buscar un momento impactante es en el relato de la impresión de las llagas en la Verna. En ningún momento habla expresamente de la impresión de las llagas pero sí lo hace de la experiencia de dolor con la que san Francisco se encuentra con Cristo, se observa el dolor que lleva impreso en su cuerpo y en su alma por todos sus hermanos, por ese encuentro íntimo con Dios, por ese rechazo que ahora ve en lo que él empezó como obra de Dios y no todos sus hermanos acaban de comprender. Sin embargo, en este relato de pasión aparece el amor manifestado en la figura de la madre Pica, vuelve a aparecer como ejemplo de quien da amor sin esperar recibir respuesta y sin recibirlo es capaz de no cansarse de amar hasta el extremo. Con este ejemplo descubrimos el amor presente en el sufrimiento de la cruz y que es capaz de mostrar luz.
           
En definitiva, no queda claro que san Francisco recibiera las llagas tal y como la iconografía nos ha mostrado, lo cual no niega que sea un alter Christus en esa unión íntima con Él. Y llegada la muerte nuevamente nos muestra al hombre Francisco que pide los dulces de “fray Jacoba”, que ruega a sus hermanos que la llamen para que esté cerca de él, y la despedida a santa Clara y sus hermanas llena del dolor de quien se sabe unida al hombre de Dios que ya está plenamente en Cristo.- En definitiva una biografía novelada que introduce las últimas tendencias de la reflexión franciscana y que muestra de un modo brillante la espiritualidad del hombre de Dios Francisco de Asís.


                        Ed. Ciudad Nueva, Madrid 2014, 365 pp., 14x21 cm.



Santos y Beatos: 12-18 enero

                                                                              12 de enero


                                                         Bernardo de Corleone (1605-1667)

            San Bernardo nace en Corleone (Sicilia. Italia) el 6 de febrero de 1605 en el seno de una familia muy religiosa. De constitución física fuerte, ejerce el oficio de zapatero. De carácter violento, un día sostiene un duelo en el que hiere gravemente a su adversario. Huido de la justicia se refugia en una iglesia, para después solicitar el ingreso en la vida franciscana en el convento capuchino de Caltanissete (Sicilia). Lleva una vida muy austera hasta el mismo día de su muerte, acaecida el 12 de enero del año 1667. Vive la piedad y contempla las devociones típicas franciscanas, como es el amor a Cristo crucificado y a la Inmaculada. Escribe Juan Pablo II: «Fray Bernardo, con su historia personal, caracterizada por grandes pasiones civiles y religiosas, con un notable sentido de la justicia y de la verdad en medio de numerosas situaciones de sufrimiento y miseria, encarna, en cierto sentido, la imagen del santo contemporáneo, o sea, la de un hombre que se abre al fuego del amor sobrenatural y se deja inflamar por él, transmitiendo su calor a las almas de los hermanos. Como mostró a sus contemporáneos, también nos indica hoy a nosotros que la santidad, don de Dios, produce una transformación tan profunda de la persona, que la convierte en testimonio vivo de la presencia confortadora de Dios en el mundo (Discurso a los peregrinos. L’Obsservatore Romano 15-VI-2001). Es beatificado por Clemente XIII el 15 de mayo de 1768, y canonizado por Juan Pablo II el 10 de junio de 2001.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que nos has dejado un vivo ejemplo de penitencia y de virtudes cristianas en San Bernardo; te pedimos nos concedas, con la fuerza de tu Espíritu, permanecer fieles en la fe y firmes en la confesión de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                 13 de enero


                                                                 Hilario de Poitiers (367)

            San Hilario nace en Poitiers (Vienne. Francia) a principios del siglo IV. Es consagrado obispo hacia el 350. Lucha contra los arrianos. El emperador Constantino lo destierra. Escribe obras trascendentales para la fe cristiana. Muere en el año 367.

                                                            Común de Doctores de la Iglesia

            Oración. Concédenos, Señor Dios, progresar cada día en el conocimiento de la divinidad de tu Hijo y proclamarla con firmeza, como lo hizo, con celo infatigable, tu obispo y doctor San Hilario. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                14 de enero


                                                      Odorico de Pordedone (1265-1331)

            El beato Odorico nace en Villanova de Pordedone (Venecia. Italia) en el seno de una familia noble que le educa con sentido cristiano. Ingresa en la Provincia de San Antonio de Padua y, después de ordenarse sacerdote, intensifica su vida de oración y penitencia. Solicita ir a misiones. Entonces emprende un largo viaje que le lleva a Trebisonda. Desembarca y recorre Armenia, Tauris, Soldolina, capital de Persia, y Casan. De allí pasa a la India; visita Ormuz y Thana, en donde fueron martirizados Tomás Sacalia, Demetrio y Pedro, franciscanos, y cuyas reliquias recoge. Visita la isla de Java; después Pekín y tres años más tarde recorre el Tibet. Viaja a pie y descalzo, sufre peligros de toda clase y salva la vida varias veces de milagro. Vuelto a Europa, visita al Papa en Avignon. Le expone la necesidad urgente de la evangelización en Oriente. Al poco, cincuenta Franciscanos marchan hacia aquellas tierras. Odorico no puede acompañarlos al caer gravemente enfermo. Se traslada al convento de Udine, donde muere el 14 de enero de 1331. El papa Benedicto XIV aprueba su culto el 2 de julio de 1775.

                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que por medio del celo apostólico del beato Odorico, presbítero, llevaste a tu Iglesia a muchos pueblos de Oriente, concédenos, por su intercesión, perseverar en la fe y vivir en la esperanza del Evangelio que él predicó. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                                15 de enero


                                                                    Jaime de Villa (1304)

            El beato Jaime de Villa nace en Città della Pieve (Perusa. Italia) en fecha desconocida. Sus padres se llaman Lucantonio Villa y Mustiola, que le educan con criterios cristianos. Estudia Derecho en Siena, estudios que más tarde utiliza para la defensa de los pobres y enfermos. Jaime responde a la invitación a seguirle que Jesús hace al joven rico: «Jesús se quedó mirándolo, le amó y le dijo: —Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme» (Mc 10,20-21); y, al estilo de San Francisco de Asís, sigue a Jesucristo desapropiándose de los bienes terrenos que poseía. Pero Jaime no lo entrega directamente a los pobres, o se los devuelve a su padre como el Poverello, sino que los vende, y con el dinero recibido reconstruye un viejo hospital para los enfermos desamparados. Jaime se implica en su servicio con otros voluntarios que le ayudan para los que, según él, son las personas más abandonadas y sufrientes de aquella sociedad. Al poco se ordena sacerdote e ingresa en la Orden Franciscana Seglar. Un habitante de la ciudad de Chiusi se apodera de los bienes del hospital de la ciudad, donde también se ayuda a los pobres. Jaime interviene como jurista en el tribunal de Chiusi, después en el de Perusa, ganando en ambos tribunales, sentencia que confirma la Corte de Roma. El potentado de Chiusi contrata a unos sicarios para asesinarlo. Lo matan a hachazos. Muere el 15 de enero de 1304 en el mismo pueblo de su nacimiento, Città della Pieve (Perusa). Su tumba se convierte muy pronto en lugar de peregrinación y su culto se difunde rápidamente en la región. Lo beatifica el papa Pío VII en 1806.

                                               Común de Pastores

            Oración. Oh Dios, que todos los años nos alegras con la fiesta del beato Jaime de Villa; ahora que celebramos su entrada en la gloria, concédenos la gracia de imitar su servicio a los enfermos, su defensa de la justicia y su muerte por ti. Por Jesucristo nuestro Señor.

                                                                                16 de enero


                                                Berardo, Pedro, Acursio, Adyuto y Otón
                                                Mártires de Marruecos (1220)

            San Francisco, que deseó ser martirizado (cf. 1Cel 55; 2Cel 30; LM 9,5-6.9; Flor 24), escogió a seis hermanos para predicar la fe de Cristo entre infieles. Estos seis hermanos fueron: Vidal, Berardo, Pedro, Otón, Acursio y Adyuto. Fray Vidal enfermó en Aragón y no pudo continuar el viaje. Los cinco restantes marcharon a Coimbra, y de Coimbra a Sevilla. Aquí fueron apresados por predicar la fe de Cristo. De Sevilla pasaron a Marruecos. El Sultán los encarceló, torturó y tentó con toda clase de bienes. Los Hermanos le respondieron que con gusto renunciaban a los bienes pasajeros de este mundo por amor de Cristo. El Sultán, «al verse desairado, se encolerizó, empuñó la espada y uno a uno, de un tajo, les abrió una brecha en la cabeza; luego, con su propia mano, les clavó en la garganta tres cimitarras». Fue en Marrakesch el día 16 de enero de 1220. San Francisco dijo al recibir la noticia: «Ahora sí puedo decir con verdad que tengo cinco hermanos menores». San Antonio de Lisboa ingresó en la Orden al contemplar el traslado de sus restos. La expedición a Marruecos fue el comienzo de las misiones entre infieles de la Orden a lo largo de los siglos, iniciadas en vida de San Francisco y bajo su ardiente inspiración y mandato. Estos mártires fueron canonizados por Sixto IV el 7 de agosto de 1481 (cf. «Crónica de los Ministros Generales», Analecta Franciscana 3 [1897] 613-616).

                                               Común de Mártires

Oración. Padre misericordioso, que santificaste los comienzos de la Familia Franciscana con la sangre de sus primeros mártires, los Santos Berardo y compañeros, concédenos que, a ejemplo de ellos, sepamos mantenernos firmes en la fe, y con nuestra vida demos testimonio de ti ante los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                              17 de enero


                                                                    Antonio Abad (356)

            San Antonio nace en Egipto hacia el 250. Al fallecer sus padres, da sus bienes a los pobres y se retira al desierto para llevar una vida de penitencia y oración. Consuela a los perseguidos por Diocleciano y apoya a San Atanasio en su lucha contra los arrianos. Muere el año 356.

                                               Común de Santo Varones

            Oración. Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a San Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.


                                                                                18 de enero


                                                                    José Tovini (1841-1897)

            El beato José Tovini nace el 14 de marzo de 1841 en Cividate Camuno (Brescia. Italia). Abogado y educador, se instala en Brescia en 1867. Se casa con Emilia Corbolani, con la que tiene diez hijos. De 1871 a 1874 es alcalde de Cividate. En 1881 ingresa en la Orden Franciscana Seglar, que aporta a su inmensa actividad las virtudes de la sencillez, la pobreza, la oración, el diálogo respetuoso con todos y la defensa de los pobres. De ahí su interés por las obras de carácter social, como las Cajas de Ahorro Municipales; funda la Unión Diocesana de las Sociedades Agrícolas y de las Cajas Municipales; en Brescia erige el Banco de San Pablo y en Milán el Banco Ambrosiano; crea la revista pedagógica y didáctica «Escuela Italiana Moderna», el semanario «La voz del pueblo», el «Boletín de los terciarios franciscanos», etc. Lucha para que la Iglesia se haga presente en el mundo del trabajo, lo que le lleva a hacer una propaganda intensa y constante para la fundación de las asociaciones obreras católicas. En su última relación pública, habla del apostolado de la oración y dirige una apasionada invitación a la comunión eucarística. Muere el 16 de enero de 1897. El papa Juan Pablo II lo beatifica en Brescia el 20 de septiembre de 1998.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Señor, tú ves que somos débiles y que desfallecemos; por medio del ejemplo del beato José Tovini, afiánzanos en tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.



sábado, 10 de enero de 2015

Dios en Jesús. 1

                                  LA REVELACIÓN DE DIOS EN SU HIJO JESÚS

                                                                 Marta Garre Garre
                                                              Instituto Teológico OFM
                                                      Pontificia Universidad Antonianum
            Introducción
 En unos tiempos como los que hoy corren de fragmentación y desintegración, en los que las modas ideológicas se suceden a un ritmo vertiginoso y los modos de ser y de pensar están sometidos a un constante cambio, ya sea el económico, cultural, científico o social, los creyentes, lejos de culpabilizar permanentemente a nuestra sociedad y su cultura hemos de acercarnos a ella y ser conscientes de en qué mundo vivimos para así poder diseñar un programo apto de acción evangelizadora.
Hoy la teología de la fe cristiana, tiene que enfrentarse con la cuestión del significado y de la exigencia de “ser cristiano hoy”. Se impone la cuestión fundamental de saber dar razón de nuestra fe y para ello la forma de hacer teología también ha de ser distinta.
           Por esta razón, en un momento como el actual en el que todavía “resuenan” los cincuenta años de recepción del Concilio vaticano II, me parecía adecuado, incluso necesario, para un mejor desarrollo y compresión de nuestra disciplina, profundizar en la obra de Juan Alfaro SJ (1914-1993), cuya novedad consiste en la nueva orientación de fondo que, tras los trabajos conciliares,  imprime a su reflexión teológica desde una comprensión de lo que es el hombre tal como nos lo aportan las ciencias humanas y la filosofía contemporánea, la cual debe recuperar su función de búsqueda de la verdad y de respuesta a las preguntas últimas.
Los escritos de Alfaro se caracterizan por una notable unidad de fondo y, sobre todo, de planteamientos que tienen una relación directa con lo que él considera que debe ser el quehacer teológico. Nos referimos a aquella preocupación por hacer inteligible el problema central de la teología: la presencia del Absoluto en el mundo, en la historia, en el hombre. Dicho con una formulación más técnica, es el problema de la relación-conjunción de la trascendencia de la gracia con su real inmanencia. Este es el horizonte de comprensión que marca sus reflexiones teológicas y que se apoya en dos puntos principales: uno, antropológico, su concepto de hombre como criatura intelectual abierta a la trascendencia y otro más estrictamente teológico, el misterio de Cristo, sintetizado en la categoría bíblica de encarnación.
La noción de criatura intelectual expresa el anhelo incontenible de infinitud que experimenta el hombre como un ser inacabado, permanentemente insatisfecho en sus necesidades más íntimas. Esta constitución del hombre como ser-abierto lanzado hacia la consecución de una plenitud añorada como culminación de sus aspiraciones es la estructura puesta por Dios mismo para autocomunicarse al hombre en la gracia y en la revelación. De este modo, el hombre está abierto al don de Dios y que la presencia de este en el hombre estaría en continuidad con la experiencia que tiene de sí mismo como ser indefinido.
Hablamos de giro metodológico porque cuando Alfaro aborda sistemáticamente el problema y el método de la ciencia teológica, ya ha recorrido un largo camino haciendo teología. No dice lo que se entiende por ella de un modo puramente académico y apriorístico porque para él  no se trata tanto de elaborar una definición impecable del concepto de teología sino más bien, de hacer teología; en realidad no se sabe lo que es propiamente teología hasta que no se hace -dirá él-.
La teología consiste en el continuo esfuerzo de la fe por comprenderse a sí misma. Su contacto con los estudios bíblicos caracterizará el primado de la Escritura (método genético-progresivo), lo cual le lleva a reconocer el primado de Cristo en la comprensión, elaboración y sistematización de los distintos temas teológicos. De hecho, el Concilio Vaticano II en el Decreto sobre la formación sacerdotal “Optatam totius” pone de relieve la importancia de la Sagrada Escritura en la enseñanza de la teología sistemática de modo que el punto de partida en la reflexión teológica no debe ser el dato dogmático, ni la tesis teológica (método regresivo), sino la palabra de Dios en la riqueza de su contenido total. Tal método no tenía en cuenta que los dogmas y las tesis teológicas representan el resultado de una elaboración posterior, llevada a cabo dentro de categorías y esquemas mentales extrabíblicos. Al pretender buscar los dogmas por los textos bíblicos se hacía inconscientemente una reducción del dato bíblico al dogmático. No se tenía presente que las fórmulas dogmáticas o las tesis teológicas suponen una posterior trasposición del dato bíblico al pensamiento occidental, dominado por la filosofía griega, sobre todo por el aristotelismo.                                                                                       
El método genético-progresivo supone que la reflexión teológica parte del dato revelado y trata de descubrir  la creciente penetración del mismo por la fe de la Iglesia a lo largo de los siglos, con especial atención a la expresión de esta fe en las fórmulas dogmáticas, interpretadas dentro de su contexto histórico, para intentar finalmente la comprensión de la revelación cristiana dentro del pensamiento y del lenguaje de nuestros días.
Para ello, la función de la teología como “intellectus fidei” exige entrar en el campo filosófico: el intento de llegar hasta el fin (hasta donde sea posible) en la comprensión de la revelación divina implica necesariamente una reflexión humana hasta lo último, es decir, una filosofía. Y esto es, precisamente, lo que hace Alfaro, quien en su acercamiento a los pensadores y problemas de la modernidad, se dio cuenta de las dificultades que experimentan los hombres de nuestro tiempo para dar el salto a la trascendencia y, consecuentemente, las dificultades que tiene la Iglesia (y la teología) para predicar y hacer creíble el mensaje evangélico.
La aportación que, en este sentido, realiza Alfaro a la teología fundamental como disciplina que está llamada a dar razón de nuestra fe, es de gran relevancia, puesto que su objetivo es hacer especialmente teología para el hombre secularizado y para llegar con el mensaje de la fe al hombre secular hay que profundizar antes en la comprensión que este hombre tiene de sí mismo. Por eso, se acerca a la trascendencia desde la sed de infinitud que experimenta el hombre  y apoya su reflexión en la paradoja en la que este consiste, mediante un análisis antropológico de carácter trascendental: el hombre es autotrascendencia que no puede realizarse en la finitud o, dicho de otro modo, es existencia abierta y, sin embargo, asentada en la inmanencia.

Alfaro, entonces, desde una intención claramente apologética- pastoral, dentro de las exigencias del método científico genético-progresivo, intenta hacer comprensible la autocomunicación de Dios en la gracia y en la revelación desde una trasposición de las categorías antropológicas griegas a otras más afines al pensamiento filosófico moderno. Categorías que responden a la dimensión constitutiva de todo hombre y, además, del hombre Jesús. 

miércoles, 7 de enero de 2015

Bautismo del Señor. Meditación

BAUTISMO DEL SEÑOR
          


          Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1,6b-11.

         En aquel tiempo proclamaba Juan:
         —Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias.
         Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: —Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

                                            Jesús se acerca a Juan

           
1.- La pretensión de Juan es que la gente tome conciencia de su pecado, pueda descubrir a Dios y encontrarse con Él también de una forma amigable y misericordiosa. Las diatribas lanzadas por el Profeta intentan provocar una conversión que, por una parte, alcance al individuo, al pueblo y a toda la humanidad; y, por otra, suponga en el creyente un cambio de corazón, de toda la interioridad humana y que se exprese en la conducta. Se hace referencia al término vuelta, retorno al camino de Dios, que jamás se debió abandonar. Alcanza, pues, lo más profundo de la persona y va más allá de la práctica religiosa. La expresión externa del arrepentimiento es el bautismo que ofrece. De ahí su nombre de «Bautista».— Jesús coincide con el Bautista en proclamar la situación de infidelidad en la que se encuentra Israel, dirigido por unas autoridades religiosas que, en connivencia con los poderes económicos y políticos, impiden una relación entre los creyentes y el Señor, sobre todo según las tradiciones proféticas. Por fin Dios anuncia una intervención definitiva sobre todos nosotros. El mensaje que nos da el Señor es la necesidad de nuestra conversión urgente, de un cambio de rumbo en nuestra vida.

2.- «En cuanto salió del agua, vio que los cielos se rasgaban y el Espíritu bajando sobre él como una paloma» (Mc 1,10). Dios ha encontrado a alguien disponible a quien entregarse plena y personalmente y preparado para que le obedezca.   Dios se dirige a Jesús como su Padre; se relaciona con la cercanía y amor que colma la vida de Jesús, lo cual le señala como Hijo único, el amado, el predilecto. La alegría divina de haber encontrado a alguien que le responda a su amor y realice la tarea que tantas veces ha encomendado a Israel, se fundamenta en que va a instaurar la justicia y el derecho en todo el mundo, y con el testimonio de una mansedumbre que es capaz de ofrecer su vida por todos. La declaración divina puede entenderse como una llamada que hace Dios a Jesús. Y es una llamada para que cumpla su voluntad con un estilo muy diverso de aquel que pregona la gloria y el poder para su enviado, según señalan las tradiciones. La vocación de Jesús es nuestra vocación cristiana; es la llamada que nos hace continuamente el Señor para hacer presente su vida de amor a todos nuestros hermanos desde nuestra vida sencilla y humilde.

3.- No se sabe con certeza cuándo surge en Jesús la experiencia de su peculiar filiación divina y la posesión del Espíritu con el que desarrolla la proclamación del Reino. La tradición cristiana coloca esta conciencia de Jesús en el bautismo por Juan, donde Dios le revela su identidad y misión. Esto significa el preámbulo de su actividad pública y, por consiguiente, un cambio trascendental de su vida, que su familia no ha presentido a lo largo de su convivencia doméstica. Y se observa cuando Jesús vuelve a su pueblo después de un primer contacto con la muchedumbre, a la que anuncia el Reino con unos hechos sorprendentes, y «fue predicando y expulsando demonios en sus sinagogas por toda la Galilea» (Mc 1,39). Y su familia, incluida su Madre, se extrañan de esta cambio trascendental de su vida (cf. Mc 6,2-3). — Es probable que Jesús esté un tiempo con Juan. El relato de la vocación de los primeros discípulos del evangelio de Juan así lo supone. Jesús está cerca de «Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba» (Jn 1,28). Está, pues, fuera de su contexto familiar y de su trabajo. Sucede que dos discípulos de Juan, Andrés y Felipe, dejan al maestro y siguen a Jesús, lo que sugiere que éste los conoce, porque también forman parte del entorno de Juan cuando él emprende un nuevo camino. Este conocimiento previo que tiene Jesús de sus discípulos, donde es posible que todos estén a la espera de la intervención divina anunciada por el Bautista, explica la llamada drástica al seguimiento sin mediar diálogo alguno como se narra en los Evangelios (Mc 1,16-20). Por otra parte, Jesús aparece bautizando con sus discípulos: «... Jesús con sus discípulos se dirigió a Judea; allí se quedó con ellos y se puso a bautizar» (Jn 3,22; cf. 4,1). Se deduce, junto con el ser bautizado por Juan, su estancia por un tiempo con el Bautista, y se explica que él siga con la práctica bautismal de su maestro. Nuestra vocación cristiana crece al calor de la cercanía de la vida d Jesús, de la relación con él, de adecuar nuestra vida a sus exigencias.


Bautismo del Señor

BAUTISMO DEL SEÑOR


         Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1,6b-11.

         En aquel tiempo proclamaba Juan:
         —Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias.
         Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: —Tú eres mi Hijo amado, mi preferido.

1.- Galilea es la pequeña patria de Jesús. Es el lugar que más tarde será la sede del Evangelio, en el que las gentes le seguirán, escogerá a los discípulos y donde muy pronto se extenderá su fama. Del pueblo donde vive, Nazaret, o quizás desde la ciudad donde trabaja, Tiberíades, camina Jesús hacia una región distinta situada al otro lado del Jordán. Es el camino que frecuentan la mayoría de los judíos que viajan a Jerusalén desde Galilea, porque así evitan pasar por la región de Samaría, donde habita un pueblo no afecto al judaísmo. Es la misma ruta que tomará Jesús para ir a Jerusalén a celebrar la última Pascua. En este momento, un desconocido Jesús va a escuchar a Juan, famoso profeta, al que acude mucha gente para recibir el bautismo de conversión. Él también quiere recibir el bautismo.— Entonces «... fue bautizado por Juan en el Jordán» (Mc 1,9). El hecho significa que Jesús acepta el sentido que Juan le está dando al bautismo, es decir, de integrarse en el grupo de israelitas que esperan la salvación y que supone un arrepentimiento de los pecados como alternativa a los ritos propuestos por la religión oficial. Estos ritos oficiales se orientan a admitir la situación social tal y como es defendida por los poderes fácticos, donde la práctica religiosa es una pieza clave para dicha estabilidad.
           
           
2.Salido de las aguas, Jesús ve al instante que los cielos se rasgan. En esta experiencia personal comprende que Dios se le comunica bajando de su propia gloria, como él mismo acaba de salir del río Jordán, o subir del agua, provocándose el encuentro mutuo en la historia. Dios ha encontrado a alguien disponible a quien entregarse plena y personalmente y preparado para que le obedezca.  Y lo experimenta Jesús de una forma plástica: viene del cielo como desciende una paloma hacia su nido o hacia su cebadero. A continuación pasa Jesús del ver al oír: «Se oyó una voz del cielo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto» (Mc 1,11). Dios se dirige a Jesús como su Padre; se relaciona con la cercanía y amor que colma la vida de Jesús, lo cual le señala como Hijo único, el amado, el predilecto.

           
San Juan Bautista. Tierra Santa
3.Jesús es el siervo (cf. Is 42,1), el preferido de Dios y que, al darle su Espíritu, le ha capacitado para devolver la fidelidad y estabilidad de la alianza entre Dios y los hombres. Esta alegría divina de haber encontrado a alguien que le responda a su amor y realice la tarea que tantas veces ha encomendado a Israel, se fundamenta en que va a instaurar la justicia y el derecho en todo el mundo, y con el testimonio de una mansedumbre que es capaz de ofrecer su vida por todos (cf. Is 42,1-9). La declaración divina puede entenderse como una llamada que hace Dios a Jesús. Y es una llamada para que cumpla su voluntad con un estilo muy diverso de aquel que pregona la gloria y el poder para su enviado, según señalan las tradiciones. Es lo que más tarde concreta Marcos para los seguidores de Jesús: «Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Quien se empeñe en salvar su vida, la perderá: quien la pierda por mí y por la buena noticia, la salvará» (Mc 8,34-35par). Todo justo debe una obediencia humana al orden establecido por Dios. La obediencia de Jesús a Dios es la del justo. Es una obediencia que manifiesta su entrega hasta el límite de sus fuerzas exigida por el Padre a su condición filial histórica. Es nuestro camino.