lunes, 16 de febrero de 2015

«Jesús vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

                                                      I DOMINGO CUARESMA (B)


                                       «Jesús vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1,12-15.

            En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: —Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

           
1.-  La intención diabólica es corregir la forma concreta de acometer la misión de Jesús como Hijo de Dios. Jesús se encuentra en su vida con serios inconvenientes para realizar su ministerio. Y, a la vez, dichas tentaciones pueden indicar cierto conflicto personal o resistencia interior, aunque sea de una manera muy indirecta y tangencial, bien al inicio, o bien como lógica consecuencia a las duras pruebas a las que se le somete en su actividad pública. No podemos olvidar la resistencia a la proclamación del Reinado de algunos grupos religiosos, la invitación de Pedro para que huya del sufrimiento, la advertencia a todos los discípulos sobre la pretensión de la gloria y del poder para hacer presente el Reino; la rebeldía personal a sufrir y a sufrir en la cruz. Es lo que le hace escribir al autor de la  Carta a los Hebreos: «Cristo, con gritos y lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte».
2.-  Las tentaciones van dirigidas a variar los fundamentos y condiciones que mantienen nuestra vida plena de esperanza. El Señor le ha dado la misión a Jesús en el bautismo, como a nosotros cuando nuestros  padres nos llevaron a la iglesia para incorporarnos a la comunidad cristiana. El Señor nos revela nuestra vocación; la vida nos ofrece muchas alternativas para sustituir la vocación cristiana de dar la vida de una forma sencilla y humilde, adecuada a nuestras posibilidades y valores. La ventaja que tenemos los cristianos es que la relación con Dios la vivimos en comunidad: la familia, la Iglesia, las comunidades y grupos eclesiales y humanos que nos ayudan a objetivar nuestra vida, a superar tantas dificultades, a apoyarnos para poder llevar nuestras cruces con un poco de alivio. Las tentaciones se debilitan mucho cuando la afrontamos en común: con un hermano o hermana, con un amigo o amiga, con creyentes con los que compartimos la fe, el culto, la Palabra del Señor. No perdamos nunca de vista a las personas que nos quieren para vivir la fe que actúa en la caridad.
3.- Las tentaciones a Jesús se centran en el poder real que tiene como Hijo de Dios, a cuya condición le invita el diablo que practique para evadirse de las condiciones de hombre humilde y servicial que Dios le revela en el Bautismo. La tentación como oferta de poder, como al principio del tiempo Adán y Eva experimentaron el poder de decidir el bien y el mal (Gén 3,5), no sólo expresa la invitación que se le hace tantas veces en su vida a manifestar su condición de superioridad sobre los humanos por su identidad filial, sino a la misma comprensión de sus discípulos sobre su misión. Sin  embargo, una y otra vez Jesús nos recuerda la vocación servicial del bautismo: «Sabéis que entre los paganos los que son tenidos por jefes tienen sometidos a los súbditos y los poderosos imponen su autoridad. No será así entre vosotros; antes bien, quien quiera entre vosotros ser grande que se haga vuestro servidor; y quien quiera ser el primero que se haga esclavo de todos. Pues este Hombre no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por todos» (Mc 10,42-45).






Las tentaciones de Jesús

                                                   DOMINGO I CUARESMA (B)


                                       «Jesús vivía entre alimañas y los ángeles le servían»

            Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1,12-15.

            En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: —Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia.

1.- Texto. .-  El Espíritu de la vida y de la fuerza de Dios derramado sobre Jesús en su bautismo le conduce al desierto, el lugar para Israel del encuentro con Dios y con el diablo. En esta dimensión figurativa y teológica de las tentaciones, la estancia de Jesús se fija en cuarenta días, que es un número simbólico que refiere una situación estable de paz, o también, si se cifra en años, es igual a una generación, es decir, el tiempo en que una persona o un pueblo se hace, en este caso los años que camina Israel hasta alcanzar la tierra prometida. Aplicado a Jesús, estos días indican la duración de su inmediata actividad pública hasta su resurrección, en la que se revela progresivamente su verdadera identidad de Hijo de Dios. Satanás, el adversario del hombre o el espíritu del mal desafía a Jesús. Y lo desafía para que abandone la misión que Dios le ha encomendado como Hijo de iniciar el Reino en forma de hombre, de siervo, sin poderes excepcionales para defenderse o imponerse a los demás.
           
2. Mensaje. Satanás es el que se opone a Dios para esclavizar a los hombres. Aquí prueba a Jesús, lo desafía, como cuando Pedro le invita a no seguir el camino de sufrimiento que lleva consigo su misión mesiánica: «¡Retírate, Satanás! Piensas al modo humano, no según Dios» (Mc 8,33). Revela la tentación padecer una situación agobiante e incierta que incita a la rebeldía, además de la seducción para hacer el mal, rompiendo de esta manera la unión amorosa con Dios. En la vida de Jesús puede relacionarse con las invitaciones que los hombres le presentan para dejar el camino de servicio y sacrificio señalado por Dios para cumplir su misión, o simplemente un ataque a la experiencia personal de su filiación. Y esto es real en Jesús, como en cada uno de nosotros, cuando se nos invita o ataca para romper las relaciones familiares, laborales, sociales, o religiosas. La tentación no es la crisis que se sufre en el crecimiento y cambios sociales humanos, sino la quiebra de los valores que sostienen nuestra vida.
3.- Acción. Jesús no cae en la tentación, porque es fiel al Señor por medio de su vida y oración. Nosotros también percibimos a lo largo de nuestra vida las tentaciones de evadirnos de nuestras resposabilidades familiares, sociales y religiosas. También nos sentimos tentados de ser el centro de todos los corros y de imponernos a la fuerza a los demás. Y Jesús nos enseña que el único camino para alcanzar nuestra dignidad humana y la única posibilidad de hacer el bien a todos es compartir los dones y las gracias que nos ha regalado la cultura, la familia y nuestro esfuerzo personal. Jesús es el ejemplo a seguir. Marcos concluye con una frase que indica la paz del paraíso prometido por Dios: «Vivía con las fieras y los ángeles le servían» (1,13). Los animales no son ahora enemigos en busca de su presa, sino los que nos acompañan en el camino de la vida. Y los ángeles que le sirven recuerdan la apertura de los cielos por la permanente relación de fidelidad de Dios hacia Jesús, al que mantiene unido a lo largo de todo su ministerio público. Y también los que colaboran con el Hijo del hombre para reunir a sus elegidos; son aquellos que han estado junto a él y le han ayudado a su misión. El mundo terreno —los animales— y celeste —los ángeles— nos acompaña en nuestro lento caminar por la vida.




domingo, 15 de febrero de 2015

Los contenedores

                                                           Contenedor-carroñero

                                                       Francisco Henares Díaz
                                                             Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                                                 Pontificia Universidad Antonianum

           
Habrán visto Uds. en TV y radio que se quiere aprobar una ley que borra del mapa social a esos pobres hombres y mujeres que pasan por los contenedores al atardecer, levantan la tapa grande, y empiezan a rebuscar materiales que les sirvan, desde unos tomates todavía aprovechables hasta unos zapatos pasables, y desde un bol de plástico a un tubo de metal o de hierro. O sea, que lo que nosotros tiramos, otros lo aprovechan. Más de una vez se ha dicho que por lo que una familia tira a la basura se sabe el nivel de vida en que se halla. El contenedor es como un termómetro que mide la temperatura del bolsillo en billetes. Por ejemplo, si tira una familia mucho papel medimos  que se lee en esa casa y se compran revistas, o algo parecido. Y a lo mejor, pensamos que tiene carrera, y por supuesto, no está en paro. O bien deja una TV obsoleta allí tirada, porque ya se ha comprado una TV de plasma. Y suma y sigue.                
       
Pues a mí me interesa aquí hacer una defensa solidaria de esas personas junto al contenedor. Haré unas reflexiones acerca de lo que hablamos. Sale en la TV un político municipal o regional y empieza  a hablarnos de lo buena que será esa ley, porque valdrá para más higiene en la calle, para tener más limpia la ciudad, y todo eso. Se ve claro que culpa de la porquería de nuestras calles a esos de la carretilla, la moto y de las bolsas a cuestas que se llevan. Es cierto que más de una persona de las que hablamos en torno a los contenedores, saca las bolsas de adentro, las raja, y esturrea lo que no se lleva. Pero también hay otras personas que dejan la basura en el suelo, o envían al crío y éste no recicla. Pues señores políticos multen, prohíban y repriman a todos los sucios, igual que hacemos con los propietarios de los perros en calles y jardines, pero no prohíban como única forma, sino que vivan las personas de lo que hacían debidamente. No todos serán igual de sucios. Prohibir es la cosa más fácil del mundo. Y encima ese político en la tele decía que las multas serán de órdago. De 800 euros. Se queda uno pensando: este político ¿sabe para quien habla?  Para gente bien, supongo, porque los busca bolsas en el contendedor no han visto 800 euros juntos en su vida, quizás.

Y aquí me viene a las mientes otra reflexión. Carroña es cosa, idea o persona despreciable, según el DRAE. Y carroñero sería oficio de eso mismo. La basura es despreciable, pues. Siento que la palabra coja un sentido peyorativo siempre, pero se nos olvida que el ser humano fue carroñero en la antigüedad. Para sobrevivir tuvo que ser carroñero, vivir de las sobras, porque animales más potentes que él se llevaban la mejor parte. Da pena llamar carroñero a un hombre o una mujer, pero el carroñero hace un servicio a la sociedad y a la vida sana, a la ecología. Nadie desprecia a la abubilla, o al cuervo, o al buitre por ser carroñero. Hasta son especies protegidas en la biodiversidad. Son útiles. Así que si el hombre aprovecha lo que otro tira, no debiéramos ofendernos, sino agradecerlo. Pero nos hemos vuelto tan higiénicos y guapos que se convierten en seres despreciables. Hasta habría que ocultarlos y que salgan solo de noche, porque producen mal aspecto en la ciudad. A mí me gustó más lo que dijo una chica en TV, al ser preguntada por todo esto, tras el aviso de que serían prohibidos. Dijo: a nadie le gusta ser carroñero, si estuvieran con un trabajo retirubuido, se librarían del contencedor. Vamos que nadie va al contenedor por deporte, señores políticos. Y ahora cabe una última reflexión. ¿Puede haber intereses en borrar del mapa social a estas personas porque no es grata su figura? O ¿cabe la posibilidad de que alguna empresa esté interesada en industrializar todo esto, y le estorben los carroñeros para sus fines? Demasiadas preguntas quizás. Nadie habla de estas posibilidades. Nadie habla de mejoras en el empleo, tan enteco éste. Más fácil hablar de prohibir. Uno vuelve a pensar cómo las especies tienen sentido en su quehacer natural (la hiena, por ejemplo, que es carroñera), y los humanos, no alcanzamos a ordenar nuestra distribución en el hábitat. ¿Quién sabe más de la vida nosotros o ellos?      
           
A mí de todos modos, lo que más me preocupa es la multa. ¿Cómo la va a pagar el hombre con su carrito, su bicicleta vieja, o la bolsa entre las manos? 800 euros. ¿En qué estarán pensando los políticos guapos, bien aseados, y nosotros  pintiparados? Y si no la puede pagar ¿a qué viene poner la multa, si se declaran insolventes?  A lo mejor lo que necesitamos es irnos al campo y ver más a los animales, y que nos dé el aire. Todo menos atosigar a los pobres. Y en todo caso, vamos a crear puestos de trabajo, porque la crisis da para muchos contenedores y para muchas bolsas de hambre.            
                             LA REVELACIÓN DE DIOS EN SU HIJO JESÚS

                                                                        VI
                                                                             
                                Inmanencia-trascendencia de la gracia en el hombre y en Cristo




                                               Marta Garre Garre
                                               Instituto Teológico OFM
                                                    Pontificia Universidad Antonianum


Punto de partida

El objetivo del estudio es responder a la pregunta: ¿Cómo y bajo qué condiciones se inserta la gracia en el corazón del hombre? Es necesario, para ello, conjugar dos extremos: el carácter sobrenatural, gratuito trascendente de la visión-gracia que se comunica al hombre y, segundo, la orientación innata de éste a la misma, expresada con el término clásico del “desiderium naturale videndi Deum”.
La única respuesta posible es que la Gracia no se superpone a la naturaleza como si fuera un adorno que no afecta para nada a su ser íntimo. Dicho en otros términos, lo sobrenatural no puede concebirse como una yuxtaposición o superposición a la intelectualidad creada, que sin ello y con ello no experimentaría un cambio vital profundo en su íntima estructura. Por otro lado, tampoco la inmanencia de la Gracia puede significar un rebajamiento, una cosificación del don de Dios. Alfaro tiene muy presente que la gracia no es algo que podamos palpar y definir, está en nosotros (inmanencia) pero de modo absolutamente indisponible (trascendencia). Estamos ante la gran paradoja constitutiva de la existencia humana que Alfaro tratará de justificar mediante una explicación razonable.  
Acerca de esta paradoja Alfaro destaca también la aportación de Rahner.  El punto de partida de Rahner en los dos artículos en cuestión es la crítica  de la concepción tradicional sobre la relación naturaleza-gracia. Para Rahner, si el hombre existe en el orden de la gracia, esto se ha de reflejar en nuestra conciencia. No sabríamos qué sería el ser humano si no hubiera sido elevado al orden sobrenatural;  pero es claro que la ordenación al fin sobrenatural no puede ser constitutiva de la naturaleza humana en cuanto tal. Para ello, distingue entre la esencia concreta del hombre y la naturaleza con el fin de hacer ver cómo la ordenación  a la visión de Dios no es un elemento accidental y externo al ser humano. Esta esencia del hombre incluye como elemento esencial -lo más íntimo del hombre-, el “existencial natural”, la ordenación a la comunión con el Dios trino. Frente a ella, la naturaleza es solo un resto cuyo contenido no se puede precisar. De hecho, la naturaleza no es nunca naturaleza pura, sino una naturaleza en el orden sobrenatural, conformada por la gracia. En el segundo artículo, introduce la noción de “espíritu creado” que es, precisamente, la apertura en el hombre al Ser Absoluto. Aquí es donde comienzan las afinidades con Alfaro. Veamos.
La preocupación básica es armonizar la gratuidad de la auto comunicación de Dios (trascendencia de la gracia) y la inmanencia de la misma. Y aquí hay que anotar la preferencia terminológica del término “supercreatural” para calificar la visión divina y todo lo que pertenece al orden de la gracia.
En la misma criatura tiene que haber un aspecto ontológico que le haga “capaz” de llegar a la visión de Dios. Expresa esto con el término “criatura intelectual” o su equivalente “espíritu finito”, lo cual equivale a no tener que aplicar  un concepto de naturaleza cerrado y definido.

Como vemos, las diferencias son significativas: el pensamiento de Rahner se articula en torno al existencial sobrenatural, que es lo más profundo de la esencia concreta del hombre. Para Alfaro, la llamada a la visión es también la dimensión más profunda y básica del hombre en su existencia concreta, pero en la “creaturalidad intelectual”. 

Francisco de Asís: La enfermedad y la muerte


                                                     Francisco de Asís y su mensaje


                                                                 XV

          El hombre imagen de Dios y de Cristo

           
La enfermedad y la muerte. La muerte responde al ser natural del hombre. Con ella termina biológicamente la vida y, a la vez, su ser individual y relación social. Pero casi todas las culturas muestran el deseo de inmortalidad que anida en la humanidad. Ésta rompe el impulso instintivo que tienen los animales, obedeciendo a su código genético: nacer, crecer, reproducirse y morir. Cuando la teología afronta el mayor misterio de la naturaleza, indica que es algo extraño a la criatura creada por Dios, y Dios interviene, no sólo para rehacer la naturaleza contingente y finita, sino también para superar las condiciones que la provocan: el mal y el pecado. Y Dios lo hace asumiendo la vida humana por la encarnación de su Hijo, que muere como toda criatura. Y vence a la muerte al ser resucitado por Dios, como primicia de todos los que creen en él.
           
La muerte tiene sus precedentes en la enfermedad; con ella los hombres experimentan la presencia anticipada del fin de la vida y la labilidad de la naturaleza, tanto física, como psíquica y espiritual. Francisco sufre la enfermedad desde el principio de su vida: es un ser naturalmente débil (cf. LP 2.76); su existencia está surcada por enfermedades de todo tipo (cf. 1Cel 3.52.105 TC 6; LP 37). Y comprende la maldad de la enfermedad en los leprosos, porque forman la imagen de la muerte en la sociedad. De ahí su rechazo (cf. Test 2; 2Cel 9). Francisco une su sufrimiento a Jesús crucificado; aquí encuentra su sentido, tanto en su referencia al amor, como a la maldad humana (cf. 1Cel 71; LM 9,3; 2Cel 10.210; TC 14). Lucha contra la enfermedad y la muerte con dos perspectivas que aparecen en los Evangelios: cuidar a los enfermos para que recuperen la salud y ofrecer, a la vez, modelos para el sufrimiento, y la fe en una creación que, por salir de las manos de Dios, está bien hecha, y no tiene por qué estropearla ni la enfermedad ni la muerte.
           
En la primera Regla escribe: «Si alguno de los hermanos cayere en enfermedad, dondequiera que estuviere, los otros hermanos no lo abandonen, sino que se designe a uno de los hermanos o más, si fuere necesario, que le sirvan, como querrían ellos ser servidos» (RegNB 10,1; cf. RegB 6,9). Y la única causa que establece para poder usar dinero es para cuidar a los enfermos (RegNB 8,3.7), aunque, más tarde, en la Regla Bulada son los bienhechores los que corren con los gastos originados por ellos (cf. RegB 4,2). Y manda que los hermanos vayan a cuidar a los leprosos (cf RegNB 8,10; 9,2; 1Cel 39) —es la primera prueba de su seguimiento de Jesús (cf. 1Cel 17)—, ya que ellos, como todo enfermo, representan a Cristo (cf. 2Cel 85; LM 1,6; 8,5). Junto a esto, Francisco da unas pautas de comportamiento que responden a la experiencia de Jesús: el dolor debe alojarse en el amor, y el amor es el que capacita al enfermo para vivir la enfermedad con paciencia y serenidad. No hay razón para turbarse (cf. RegNB 10,4), pues la vida no termina; y la muerte, en la que tantas veces desemboca la enfermedad, es un paso al encuentro definitivo con Dios, encuentro que se inicia en esta existencia, siendo el dolor una experiencia que intensifica su presencia si se une a los dolores de Jesús en el calvario (cf. Adm 5-6; RegB 10,9; LP 83).
           
La segunda perspectiva proviene de su experiencia de fe en el Creador que impregna de su bondad a la creación y a la vida humana. Francisco sufre un ataque de tracoma y se retira al convento de San Damián, donde está Clara de Asís con sus hermanas (cf. 1Cel 98). Era tal el dolor y la molestia, que ni soporta la luz del día ni la del fuego por la noche. Lo ocultan en una celda oscura, aislado, donde sufre fuertes dolores, además de la presencia, por el olor de la sangre de las llagas, de «tantos ratones en la casa y en la celdilla donde yace que con sus correrías encima de él y a su derredor no le dejan dormir» (LP 83). Cuando la naturaleza se le vuelve en contra y sus hermanos brillan por su ausencia, destruida su naturaleza y solo, Francisco «se centró, se concentró un momento y empezó a decir: Altísimo, Omnipotente, y buen Señor [...] Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano Sol, el cual es día y alúmbrasnos por él [...] Loado seas, mi Señor, por el hermano Fuego, por el cual iluminas la noche, y él es bello y jocundo y robusto y fuerte» (Ibíd.; Cántico 1.3.8). Francisco revalida su fe en el Creador, como Jesús cuando está en la cruz y pone su vida en las manos de Dios (cf. Lc 23,46). Aunque la naturaleza le golpee con tanta fuerza, no le hace perder la fe en Aquél que la ha creado buena y bella; no porque personalmente sienta el mal, abjura del bien que lo impregna todo. Y lo mismo le sucede con la muerte. Porque la naturaleza cierre su ciclo biológico y muera, no por eso está mal confeccionada; así ha salido de las manos de Dios; por eso sigue cantando: «Loado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Muerte corporal, de la cual ningún hombre viviente puede escapar» (Ibíd., 12; cf. 2 Cel 217; LP 100). Llamar a la muerte hermana no procede de que ella posibilita el tránsito a la eternidad de Dios, que también, sino de aceptar al hombre como es: una criatura que está creada a imagen y semejanza de Dios y gracias a que Jesús es su hermano, es, además y sobre todo, hija de Dios.

            Ningún mal, subjetivo u objetivo, puede nublar el amor de Francisco a la vida y a la belleza de todo cuanto existe. Por eso lucha por recuperar a los enfermos de sus enfermedades, a los pobres de sus carencias, y aceptar la muerte como una experiencia natural de nuestra hechura de criaturas al salir de un Dios bueno y Padre de todo cuanto existe (cf. RegNB 9,2). 

Santos y Beatos Franciscanos: 16-22 febrero

16 de febrero
Felipa Mareri (1236)

            La beata Felipa Mareri, de la Orden de Santa Clara, nace hacia finales del siglo XII en Borgo San Pietro (Rieti. Italia). San Francisco se hospeda en casa de su familia cuando visita el Valle de Rieti. Se retira a un eremitorio con su hermana y algunas amigas. En la actualidad se conoce el eremitorio como «Gruta de Santa Felipa». Poco más tarde, sus hermanos Tomás y Gentil le dan en el año 1228 el castillo de San Pietro de Molito. San Francisco manda a Rogelio de Todi para que las cuide espiritualmente. Cumple su misión hasta la muerte de la beata. Como sucede en el Monasterio de San Damián con Santa Clara, pronto se convierte San Pietro en una escuela de espiritualidad clariana dirigida por la beata Felipa, en la que se alterna la vida de trabajo, asistencia a los pobres con la elaboración de medicinas para los enfermos sin recursos, y una vida de pobreza, austeridad y penitencia fraterna unida a la contemplación, la devoción a María y a la Eucaristía. La comunidad influye en la renovación de la vida cristiana en todo el Valle de Rieti. Muere el 16 de febrero de 1236. Inocencio IV, en una bula de 1247, da a Felipa el título de «santa». Pío VII confirma su culto y aprueba la misa y oficio en su honor el 30 de abril de 1806.

                                               Común de una Virgen

            Oración. Infunde, Señor, en nuestros corazones el mismo espíritu con que enriqueciste a la beata Felipa Mareri, para que lleguemos a un conocimiento profundo del misterio incomparable del amor de Cristo y alcancemos nuestra plenitud según la plenitud total de Dios. Por nuestro Señor Jesucristo.

           

17 de febrero
Lucas Belludi (1286)

            El beato Lucas Belludi nace en Padua (Véneto. Italia) hacia el año 1200. Con toda probabilidad estudia en la Universidad de Padua. En 1220 escucha a San Francisco que, a su regreso de Oriente, desembarca en Venecia, y después de cumplir el tiempo prescrito para evitar la propagación de las pestes, de camino a Asís, pasa por Padua. En Arcella, junto a Padua, funda un monasterio de clarisas, y en él admite a la beata Elena Enselmini. En la fraternidad que atiende a las hermanas, recibe Lucas el hábito de manos de San Francisco. Cuando San Antonio de Padua predica por los pueblos del norte de Italia y sur de Francia y es elegido Provincial en 1227, Lucas Belludi es su compañero y colaborador hasta su muerte en Padua. Es Ministro Provincial varias veces. Es editor de los «Sermones de San Antonio», promotor de la Basílica edificada en su honor; junto a ella, construye el convento de los franciscanos. Escribe una colección de «Sermones», que se conservan inéditos en la Biblioteca Antoniana de Padua. Muere en Arcella (Padua) el 17 de febrero de 1286. Es beatificado por Pío XI el 18 de mayo de 1927.
                                   Común de Pastores o Santos Varones

            Oración. Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el beato Lucas Belludi anunciara a tu pueblo la riqueza insondable que es Cristo; concédenos, por su intercesión, crecer en el conocimiento de tu misterio y vivir siempre según el Evangelio, dando fruto abundante de buenas obras. Por nuestro Señor Jesucristo.

19 de febrero
Conrado de Piacenza (1290?—1351)

            San Conrado Confalonieri, de la Orden Franciscana Seglar, nace en Piacenza (Milán. Italia). Contrae matrimonio con Eufrosina de Lodi. En una cacería quema un matorral para obligar a salir a las piezas. Esto provoca un incendio que destruye casas y cosechas. Ante el temor de un enfrentamiento entre güelfos y gibelinos, se acusa a un hombre, pero, cuando éste iba a ser ejecutado, Conrado se declara culpable, y con sus bienes y los de su esposa paga a los damnificados. Arruinados deciden consagrarse al Señor. Eufrosina ingresa en el monasterio de Clarisas de Piacenza y Conrado prefiere vivir como ermitaño dedicado a la penitencia y oración. En 1315 recibe el hábito de la OFS en Calendasco. Viaja a Roma, Malta, Sicilia, etc. En Noto Antica, al sur de Siracusa, cuida de los enfermos del Hospital de San Martín. Más tarde se retira a la Gruta de los Pizzoni, sita a unos 5 km. de Noto, donde conoce al beato Guillermo Buccheri de Scicli, también ermitaño franciscano seglar. Y aquí permanece consagrado a la oración y a la asistencia a los enfermos y pobres hasta su muerte, acaecida el 19 de febrero de 1351. Fue enterrado en la iglesia de San Nicolás de Noto. Aprueban su culto los papas León X, Pablo III y Urbano VIII. Este último lo canoniza el 12 de septiembre de 1625 y concede a la Orden Franciscana celebrar su misa y oficio.

                                               Común de Santos Varones


Oración. Oh Señor, justo y bueno, que llamaste a San Conrado a una vida de penitencia y servicio a los pobres, te pedimos, por su intercesión, trabajar por la justicia en el mundo y servir a los demás con entrega generosa. Por nuestro Señor Jesucristo.

20 de febrero
Pedro de Treia (1225-1304)

            El beato Pedro de Treia, que es el nombre actual del antiguo Monticello (Las Marcas. Italia), pertenece a una generación de franciscanos que, siguiendo el carisma de nuestro Padre, alternan la vida contemplativa con la evangelización. Pedro de Treia pasa grandes temporadas en el monte Alvernia. Continúa la experiencia mística de San Francisco, llevando una existencia de penitencia. Pertenece a la corriente de los espirituales franciscanos que defienden la forma de vida del Poverello según el rigor fraterno primitivo. Junto a la vida contemplativa, evangeliza toda la región de las Marcas según la tradicional predicación penitencial franciscana. Mantiene una especial relación con Conrado de Offida, según las Florecillas (c.42). Muere el 19 de febrero de 1304 en el convento de Sirolo. Aprueba su culto el papa Pío VI el 11 de setiembre de 1793.

                                               Común de Santos Varones

Oración. Señor, tú que llamaste al seguimiento de San Francisco al beato Pedro de Treia, para que te sirviera con una vida de oración y penitencia, concédenos por su intercesión que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.


22 de febrero
Cátedra del Apóstol San Pedro

La fiesta de la Cátedra de San Pedro viene del siglo IV. Se celebraba en Roma, y el objetivo es dar gracias a Dios por la misión encomendada a San Pedro y a sus sucesores. Cátedra es la sede fija del obispo, símbolo de la autoridad de su magisterio, de la enseñanza evangélica y de que es sucesor de los Apóstoles. Las sedes de Pedro son Jerusalén, Antioquía y Roma.

                                               Común de Apóstoles

Oración. Señor Dios, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.



sábado, 14 de febrero de 2015

Escritos de San Francisco, y IV

                             Edición crítica de los Escritos de San Francisco

                                                     Carlos Paolazzi OFM
                            

                                                           IV


                                                                            Por Rafael Sanz Valdivieso OFM
                                                                               Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                                                                          Pontificia Universidad Antonianum


El texto del Officium passionis Domini es la oración más extensa compuesta por Francisco, con un total de quince salmos. Quizá fue compuesto entre 1221 y 1223, después del Capítulo de las Esteras, época de las tensiones comunitarias relativas a la composición de la Regla y periodo de “tentación” de Francisco. En la composición se contempla el misterio de la redención desde la Encarnación hasta la Pascua, como ya indicaba el P. Esser[1], por lo que debería quizá llamarse Oficio pascual, celebrando las maravillas que el Padre ha realizado en su “Hijo dilecto”. Destaca el texto editado y la traducción un aspecto relevante, es la oración compuesta por Francisco no tanto para tejer una serie de citas de textos bíblicos, de los Salmos, sino para dar expresión a la exigencia interior de Francisco, que ora con la Palabra y la convierte en espíritu y vida[2]; por eso deja que resuene la voz de Cristo y de la Iglesia, ya que es una oración en plena consonancia con la Liturgia de la iglesia, que reza unida con su Señor Jesús. El texto de los salmos según el llamado Psalterium gallicanum indicaría que es posterior a 1223 (cf. p. 66), fecha en la que el dicho salterio fue normativo para la Orden.
Las Cartas reúnen un total de once textos, que se sitúan, sobre todo, en los últimos años de su vida desde 1219 en adelante, así la carta a los clérigos en sus dos redacciones y la dirigida a las autoridades de los pueblos, de 1220 junto con las dos redacciones de la carta a los custodios, en la que recomienda la difusión de estos escritos epistolares. Quizá de los años siguientes sea también el autógrafo a fray León, después de la carta a san Antonio y la carta a toda la Orden, acercándola a las fechas posteriores a la cuaresma de san Miguel de 1224, fecha en la que se sitúa la segunda redacción de la carta a los fieles.
Las cartas son un medio perfectamente adecuado para la animación comunitaria y para el anuncio del Evangelio, teniendo en cuenta que esas cartas de contenido amplio serían dictadas por Francisco – facere scribi – y con un destinatario colectivo, en las que destaca su amor reverente por las palabras divinas y por el cuerpo y la sangre del Señor, la devoción eucarística que trata de promover en plena sintonía con la Iglesia, que son rasgos propios de la madurez personal y espiritual de Francisco. A esa etapa final de su vida pertenecerían los textos más extensos, carta a toda la Orden y segunda redacción de la carta a los fieles (cf. p. 133) en las que destaca el proyecto de vida cristiana y evangélica, en el que exhorta a los fieles a la veneración de la eucaristía y de la palabras del Señor, y a los frailes a la observancia fiel de la Regla. Las tres o cuatro cartas personales son más circunstanciales, y serían la muestra de un número más amplio de misivas personales de las que sólo queda mención en las fuentes.

3. En cuanto a las Reglas y exhortaciones, la edición del P. Paolazzi da un relieve notable a estos escritos, característicos de la radicalidad evangélica y del sentir con la Iglesia propios de Francisco de Asís, por lo que son fundamentales en la legislación de los Frailes Menores, textos en los que hay también una evocación resumida de los orígenes, como lo dice en el Testamento: la luz de la fe permite leer esos acontecimientos como una “revelación” de la vida según el Evangelio, que hizo poner por escrito con brevedad y fue confirmada por el papa Inocencio III; pero no sólo como norma de vida se comprende dicha revelación, sino también expresión de la voluntad del Señor en la que entra “el don de los hermanos” y el hacerlo según la santa Madre Iglesia, viviendo en fraternidad. Es la experiencia franciscana transmitida también en las demás fuentes franciscanas (la obra de Celano y las legendae). De ahí el relieve concedido al Testamento y a la Rnb y los fragmentos editados de redacciones de la misma. La novedad de esta edición es la vuelta al texto según la traición textual latina, de los manuscritos y de las ediciones del siglo XVI, que ya había sido puesta de relieve por el P. Esser en un estudio realizado con el P. R. Oliger[3]. Se puede decir que el texto de la Rnb, conservando la división en capítulos y versículos de la edición de P. Esser, remite a una tradición textual más depurada y sin tener en cuenta el inciso de A. Clareno en el prólogo, así como la corrección del cap. XII, eliminando el v. 6 de aquella edición, por ser una interpolación posterior. También se coloca de forma diferente el texto del versículo 21 del capítulo XXII, que afecta a los versículos 20 y 21 de la edición de P. Esser. El texto latino, como en toda la edición de los “Escritos” se ha configurado según la práctica medieval, sin someterlo a la corrección gráfica del latín clásico.
La novedad de los fragmentos – los excerpta de la Rnb – de redacciones alternativas de la Regla no bulada, proceden de tres fuentes diferentes, del códice ms. 27 de la Catedral de Worcester, de Hugo de Digne en su comentario a la Rb de la mitad del siglo XIII[4], y de Tomás de Celano, que utilizan un texto añadido a la Rnb en el cap. X, 4 incluido en la redacción propuesta, lo mismo que el pasaje del cap. XXII, 5 mitigando el texto de la Rnb por un rasgo de tendencia más espiritual; lo mismo los retoques incluidos en cap. XXI,1 o en VII,14 y XVI,10-11 referidas a la tribulación y la muerte, según Hugo de Digne. Todos ellos deben proceder de una redacción intermedia de la Rnb entre el 1221 y la Rb de 1223 que destacaba las exhortaciones espirituales dirigidas a los Frailes en conjunto – omnes fratres -. ¿Fue retocado el texto en algún capítulo general de esos años  indicados? Si se hizo con vistas a una posible aprobación papal no es posible saberlo con la documentación que poseemos en la actualidad, sobre todo porque la redacción a la que se refieren el códice de Worcester, Hugo de Digne y Celano parece que identificando el texto como una redacción diferente puede indicar que ya la consideraban superada y considerada una etapa transitoria de la evolución de la Regla de los Frailes menores.
En cuanto al apéndice que contiene los “Dichos”, reunidos en la edición de P. Esser entre los “Opuscula dictata” (agrupaba ocho textos) y en la edición española de 2003, incluidos en las “últimas recomendaciones” (pero sólo el Testamento de Siena, la Bendición a fray Bernardo, la Última voluntad a santa Clara, y la Exhortación cantada ‘Audite poverelle’) y el texto de la Verdadera y perfecta alegría en los avisos espirituales. Ahora los 3 “Dichos” que edita son: La verdadera y perfecta alegría, según el texto contenido en el códice  C 9.2878 de la Biblioteca Nacional de Florencia y publicado en AFH, aunque hay una redacción más completa y desarrollada en sentido hagiográfico que se encuentra en los Actus beati Francisci y en las Florecillas[5]. El Testamento de Siena, se encuentra en forma de bendición y exhortación dirigida a los frailes según la Legenda de Perusa 59 que recoge la petición de Francisco a fray Benedetto da Piratro para que transmitiera por escrito sus palabras de “bendición y testamento”. Se considera un dicho auténtico de pleno derecho. La Bendición a fray Bernardo, rescatada para la edición del P. Esser, es considerada un dicho apócrifo por algunos autores, presente también en los Actus Beati Francisci de forma diferente, aunque en la Legenda de Perusa, 12 aparece como última bendición a Bernardo. Se encuentra también en el Espejo de perfección 107 y es plenamente coincidente con las formas y el pensamiento de Francisco en su expresión de amor y obediencia a Bernardo como si fuera a él mismo.
Respecto de las cartas perdidas o dudosas, que en la edición de P. Esser son consideradas no auténticas o indicadas como cartas perdidas, entre ellas la carta a Hugolino, la carta a los Frailes de Francia o la carta a los ciudadanos de Bolonia, ser reproducen ahora según los testimonios relativos a cartas escritas realmente por Francisco, y que comprende cinco textos: Carta a los Frailes de Francia, Carta a los ciudadanos de Bolonia, Carta a Clara y hermanas sobre el ayuno, Bendición escrita para Clara y hermanas, y la Carta a fray Jacoba, también el texto de la Carta a Hugolino obispo de Ostia. De nuevo los testimonios son la Vita prima de Celano, las legendae y el Tratctatus de adventu Fratrum Minorum in Anglia, y la Tercera carta de Clara, o los Actus Beati Francisci. Ninguno de estos textos aparece en la edición de Los Escritos de san Francisco de Asís, por lo que ahora se han incorporado a esta edición bilingüe con la correspondiente traducción y el contraste con el texto de las mismas según la edición española de la Biografías y legendae.
La presente edición, texto crítico y traducción,  quiere ser una oferta de un texto fiable y cercano al que escribió o mandó escribir Francisco, y a la vez que llegue al mayor número posible de personas, para que puedan apreciar el “espíritu” de Francisco y el alcance de su experiencia vital según la forma del santo Evangelio. Ojalá que los lectores no sólo aprecien el trabajo realizado sino que, si hay fallos, los hagan saber amablemente para poder repararlos y mejorar el texto en lo posible.



[1] Esser, Die Opuscula, p. 322.
[2] C. Paolazzi, Lettura degli “Scritti” di Francesco d’Assisi, 2ª ed. ampliata, Ed. Biblioteca Frances-cana, Milán 2002, p. 56.
[3] Cf. K. Esser – R. Oliger, La tradition manuscrite des Opuscules de saint François d’Assise. Préliminaires de l’édition critique. Istituto Storico dei Cappucicini, Roma 1972 y el complemento aportado por E. Kurten ofm, “Weitere Textzeugen für die Opuscula des hl. Franziskus von Assisi”, en Collectanea Franciscana 45 (1975) 251-267.
[4] Cf. a edición de D. Flood, Expositio super regulam Fratrum Minorum, ed. por …, Ad Claras Aquas, Grottaferrata (Roma), 1979.
[5] B. Bughetti, “Analecta de Sancto Francisco Assiensi saeculo XIV ante medium collecta e códice Dlorentino C 9. 2878”, en Archivum Franciscanum Historicum 20 (1927) 107. Cf. Actus, cap. VII, en Fontes Franciscani, 2099-2101. Los Actus fueron redactados entre los años 1327 y 1337. Florecillas, VIII en Fontes Franciscani, 1140-1147. San Francisco de Asís. Escritos. Biografías, 814-816.