domingo, 1 de marzo de 2015

Francisco de Asís y su mensaje. XVI: Humanización permanente


                                                          Francisco de Asís y su mensaje

                                                                   XVI


                                                                  Humanización permanente

           
En primera instancia, pensar el cosmos y la historia de la humanidad es seguir el camino que ha recorrido la ciencia. El resultado alcanzado es de algunas certezas y muchas hipótesis, y se continúa investigando para elaborar medios mejores para escudriñar el cosmos y aquilatar el origen y la evolución del hombre. Pero la visión científica de la realidad no agota su significado. Hay mil formas de comprenderla, de acercarse a ella, sobre todo cuando se la une a la evolución e identidad del hombre. De esta forma se entienden mejor los dos pilares de la realidad que nos envuelve. La comprensión cristiana de la realidad dice que tiene una estructura filial; depende de Dios Padre, que crea y redime pensando y obrando por su Hijo. Jesucristo, presente en el universo —«primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas» (Col 1,15-16; cf. Jn 1,3; Heb 1,2)—, y en la humanidad — «La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros» (Jn 1,14)—, logra la filiación y pertenencia divina de toda la realidad existente: «... la prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba Padre!» (Gál 4,6; cf. Rom 8,19-21; Col 1,20).
           
Esto conlleva que Dios se hace presente en la naturaleza creada y en la historia de la humanidad asegurando su bondad originaria y su capacidad de corregir y reorientar la historia cuando la libertad humana la desvía de sus objetivos. Estamos bien hechos y en un ámbito admirable y bello, cuya relación es fraterna. Miradas las cosas desde Dios, la vida humana y la naturaleza merecen la pena vivirse y experimentarse en nuestros ambientes saneados. Ni hay que huir de la comunidad humana, ni hay que esconderse del medio natural en el que se nace y se madura como persona por medio de la cultura que establece los parámetros de la humanización. De ahí la perspectiva positiva radical que transmite la fe cristiana cuando trata del hombre y del mundo. Y el hombre, por más bombas que fabrique, está incapacitado, aunque tenga el poder, de destruir en bloque el hábitat que posee.

           
El Franciscanismo comprende que la bondad del hombre y del cosmos no remite a Dios, sino que contiene a Dios. La bondad de la realidad es participación de la bondad divina, y como tal da la posibilidad de encontrar a Dios en la historia humana, sobre todo después de asumir la vida de Jesús como la última y definitiva palabra que Dios dirige al hombre (cf. Heb 1,2). Tal convicción ratifica de nuevo que la naturaleza y el hombre están bien hechos y, por consiguiente, no se debe buscar la meta de la vida humana y de su contexto más allá de las coordenadas que hacen posible esta humanidad. No es válido inventar mundos futuros a partir de negar y, por tanto, destruir cuanto se observa y se experimenta como obra de Dios recreada por su Hijo. La estructura filial de la naturaleza y del hombre, no es una cuestión exclusiva de su origen, o de su llamada a la existencia. Dios sigue actuando en su Hijo y por medio de su Espíritu.

           
La creación continúa adelante. No está acabada y no depende exclusivamente, para que llegue a su término, del quehacer humano. El Espíritu, la relación de amor que Dios mantiene con la creación, y que es inmanente a ella, cuida, potencia y orienta el trabajo humano que pretende cumplir el mandato del principio de la creación: creced y dominad la tierra (cf. Gén 1,28). El trabajo es el sacramento de una historia de amor que no concluye cuando Dios la llama a la existencia al principio del tiempo, sino que permanece y se enriquece con la respuesta del amor filial de la naturaleza y de la humanidad. Vistas así las cosas, cosmos y humanidad son un despliegue del Amor y de amor. Porque el trabajo no es una cuestión sólo individual, sino social y natural, con una dimensión creativa que afecta al desarrollo de las cosas y del hombre como colectividad. Los desastres ecológicos y la explotación inhumana son expresión de lo que no es ni se debe hacer. Constituirse en creador absoluto de todo es sustituir a Dios y destruir la identidad filial de la realidad.


           

Francisco, a pesar de su naturaleza débil, recuerda en su Testamento, como Pablo (cf. 1Tes 2,9), que ha comido de su trabajo (cf. Test 20; 2Cel 161). Y manda trabajar a sus hermanos sin ánimo de lucro (cf. RegNB 7,3; 8,9; RegB 5). Aunque en su tiempo no se vive el trabajo como la explotación que conlleva la regla de la productividad, sí que era un exponente de la esclavitud o minoridad de los pueblos frente a los mayores o amos de la tierra. Sin embargo para Francisco trabajar es un don, es una gracia: «Aquellos hermanos a quienes ha dado el Señor la gracia del trabajo, trabajen fiel y devotamente» (RegB 5,1-2; cf. Test 20-22), porque actúan las cualidades que Dios pone en cada persona, por los dones de gracia, por la herencia biológica y por el contexto social. Éste es el bagaje que tiene una persona y un pueblo, con lo que se realiza a la medida de sus componentes, que no por lo que producen y tienen (cf. EP 85), estructurando la sociedad al modo filial, es decir, a la medida del hombre, que es la voluntad de Dios (cf. RegB 5,2-5). Y la medida del hombre se hace al poner sus cualidades y su tiempo al servicio de los demás, y no venderlos, o comerciar con ellos (cf. 2Cel 161). Francisco gana en el trabajo de toda su vida apenas 12 denarios (cf. Buenaventura, Epistula de tribus quaestionibus, 12. Opera Omnia 8 334). La pobreza, como elemento fundamental del seguimiento de Jesús, frena la tendencia a acumular cosas por medio del trabajo (cf. RegB 6,1-6; Tes 17-18), con lo que subraya la índole escatológica de la vida humana, además de la fe inquebrantable en la Providencia divina (cf. 1Cel 55; LM 2,8; 9,5), donde el mundo sigue siendo la casa y el huerto que cobija y alimenta a los hermanos (cf. RegNB 9,8.11-12; 14,1-3; Rer 4-5).  

Santos y Beatos: del 2 al 8 de marzo

                                                                                 MARZO

                                                                             2 de marzo


                                                              Inés de Praga (1211-1282)

            Santa Inés, de la Orden de las Clarisas, nace en Praga (Chequia) en el año 1211; es hija de Premysl Otakar I, rey de Bohemia, y de la reina Constancia, hermana de Andrés I, rey de Hungría. Es educada por Santa Eduvigis en el monasterio cisterciense de Trzebnica y en el premonstratense de Doksany (Praga). En 1220 es prometida en matrimonio a Enrique VII, hijo del emperador Federico II. Vive en la corte del duque de Austria hasta el año 1225. Rescinde el pacto de matrimonio, regresa a Praga y se entrega a la oración y a los pobres. El papa Gregorio IX admite su propósito de virginidad. Funda en Praga entre 1232 y 1233 el hospital de San Francisco, el instituto de los Crucíferos y el monasterio de San Francisco para las «Hermanas Pobres» o «Damianitas», donde ingresa el día de Pentecostés de 1234. Profesa los votos de castidad, pobreza y obediencia. Es abadesa del monasterio de por vida y ayuda a Santa Clara en la defensa de la vida de pobreza y en la aprobación de la Regla. Santa Clara de Asís le escribe varias cartas para animarla a seguir en el camino de Cristo pobre y crucificado. Nace así una amistad espiritual que dura casi veinte años, aunque las dos mujeres no llegan a conocerse. Muere el 2 de marzo de 1282. El papa Pío IX aprueba su culto el 28 de noviembre de 1874, y Juan Pablo II la declara santa el 12 de noviembre de 1989.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor, Dios nuestro, que inspiraste la renuncia a los falsos placeres de este mundo a Santa Inés de Praga y la condujiste por el camino de la cruz hacia la meta de la perfección; te suplicamos que, siguiendo su ejemplo, antepongamos los valores eternos a los caducos. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                 3 de marzo


                                                         Mártires de Etiopía (1716)

            LIBERATO WEISS nace el 4 de enero de 1675 en Konnesreuth (Baviera. Alemania); ingresa en la Provincia Francis-cana de San Bernardino de Austria el 17 de octubre de 1693 y es ordenado sacerdote en 1698. SAMUEL MARZORATI nace el 10 de septiembre de 1670 en Biumo Inferiore (Varese. Italia); entra al convento franciscano de los llamados “Reformados”, de Lugano (Suiza), a los 22 años. MIGUEL PÍO FASOLI, nace en Zerbo (Pavía. Italia) el 3 de mayo de 1676; pertenece a la Provincia de San Diego de la Región de Insubria (Milán. Italia); misionero apostólico por la Sagrada Congregación de «Propaganda Fide» el 21 de enero de 1704. La Congregación los envía a Etiopía en 1711. Llegan a Gondar, capital de Etiopía, en julio de 1712. El rey Justos (el Negus) los acoge con gusto y les ruega que no discutan con los coptos y no se declaren romanos. La Fraternidad lleva una vida de oración, trabajo y servicio con la gente pobre y desamparada, evitando la relevancia social de su evangelización. No obstante, el rey Justos, para evitar males mayores, envía a los franciscanos a la provincia de Tigré. Muerto el Rey, le sucede David, rey perteneciente a otra dinastía y muy favorable a los coptos. Los misioneros son enviados a Gondar para ser procesados. En el juicio son condenados a muerte por herejía contra la Iglesia Copta de Etiopía. Son trasladados a un lugar llamado Amba-Abo, donde son lapidados el 3 de marzo de 1716. El papa Juan Pablo II los beatifica el 20 de noviembre de 1988.

                                               Común de Mártires

            Oración. Concédenos, Señor, que nuestras oraciones nos sirvan de alegría y ayuda, para que al celebrar la fiesta anual de los mártires de Etiopía, beatos Liberato, Samuel y Miguel Pío, imitemos su fidelidad a Cristo crucificado. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                5 de marzo


                                                  Cristóbal Macassoli de Milán (1400?-1485)

            El beato Cristóbal Macassoli nace en Milán (Lombardía. Italia) a comienzos del siglo XV. Ingresa en la Orden hacia los 20 años. Se integra en el movimiento de reforma de San Bernardino de Siena, acentuando la conversión, la penitencia y la pobreza para redescubrir la vida de San Francisco. Después de la ordenación sacerdotal, recorre Italia predicando al pueblo la vuelta al Evangelio y la reforma de las costumbres. Funda el convento de Santa María de las Gracias en Vigevano con el beato Pacífico Ramati de Cerano, cuya iglesia fue construida por Galeazzo Sforza y consagrada en 1476. Pasa en esta comunidad el resto de su vida. No obstante su edad, recibe y atiende a muchos cristianos que le visitan para recabar sus consejos y ayuda en todos los órdenes de la vida. Muere el 5 de marzo de 1485. Es sepultado en la iglesia de Santa María de las Gracias, en la capilla de San Bernardino. En 1810 se trasladan sus reliquias a la catedral de Vigevano. En el cuadro del altar de Santa María de las Gracias, de 1653, se representa al beato y a San Bernardino a un lado de la Virgen. El papa León XIII aprueba su culto el 25 de julio de 1890.

                                   Común de Pastores o de Santos Varones

            Oración. Dios y Señor nuestro, que por tu amor hacia los hombres has querido que el beato Cristóbal de Milán predicara la conversión a tu Reino; concédenos, por su intercesión, crecer en la práctica de las virtudes. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                             5.1 de marzo


                                                      Juan José de la Cruz (1654-1734)

            San Juan José de la Cruz nace el 15 de agosto de 1654 en Isquia (Nápoles. Italia); es hijo de José Calosinto y Laura Garguilo. Por la predicación y el testimonio de Juan de San Bernardo, franciscano descalzo de la reforma de San Pedro de Alcántara, ingresa en el convento de Santa Lucía del Monte (Nápoles). En 1674 participa con otros religiosos en la fundación de la fraternidad alcantarina en Piedimonte de Afila, junto a los montes Apeninos. El 18 de setiembre de 1677 es ordenado sacerdote a los 23 años, y a los 27 es nombrado Maestro de Novicios y poco más tarde Guardián. En 1690 es elegido Definidor de la Orden y de nuevo dirige a los Novicios por cuatro años en Nápoles y en Piedimonte. En 1702 asume la Reforma Alcantarina en Italia siendo elegido Ministro Provincial. Organiza las comunidades, los centros de formación y los estudios. El arzobispo de Nápoles, Card. Francisco Pignatelli, le encarga la dirección de setenta monasterios y retiros napolitanos, y el Card. Innico Caracciolo le da la misma misión para su diócesis de Aversa. Después de una vida contemplativa y de extrema austeridad siguiendo el ejemplo de San Pedro de Alcántara, muere el 5 de marzo de 1734 en Nápoles, en el convento de Santa Lucía del Monte, y es sepultado en su iglesia. El 4 de octubre de 1779, en la iglesia franciscana de Santa María de Aracoeli en Roma, Pío VI proclama la heroicidad de sus virtudes y lo declara beato en la Basílica de San Pedro del Vaticano el 24 de mayo de 1789. El papa Gregorio XVI lo canoniza el 26 de mayo de 1839.

                                   Común de Pastores o Santos Varones

            Oración. Señor y Dios nuestro, que hiciste resplandecer a San Juan José de la Cruz por su vida de austeridad y de contemplación, concédenos, por sus méritos, que caminando con una vida penitente alcancemos más fácilmente los bienes del cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                7 de marzo


                                                             Perpetua y Felicidad (202)

            Santa Perpetua es una joven de 22 años acusada de ser cristiana en la persecución de Septimio Severo. Su criada Santa Felicidad comparte la misma suerte que su señora. Las dos son decapitadas. Su martirio se relata en Passio Perpetuae et Felicitatis.

                                               Común de Mártires

            Oración. Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.

                                                                                8 de marzo


                                                                Juan de Dios (1495-1550)

            San Juan de Dios nace en Montemor-o-Novo (Portugal) el 8 de marzo de 1495. Pertenece al ejército de Carlos I. Lucha en la defensa de Fuenterrabía (contra los franceses) y de Viena (contra los turcos). Convertido, se entrega al cuidado de los enfermos. Con un grupo de hermanos funda la Congregación de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Muere en Granada en 1550.

                                               Común de Santos Varones
                                  
            Oración. Señor, tú que infundiste en San Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.


sábado, 28 de febrero de 2015

Palabras en la cruz. II. Dios mío,.....

                              LAS PALABRAS DE JESÚS EN LA CRUZ

                                                                  II


«A media tarde Jesús gritó con voz potente: Eloi eloi lema sabaktani (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mc 15,34; Mt 27,45).

La frase pertenece al Salmo 22,2. Este Salmo ha sido citado en la pasión; se emplea en la repartición de los vestidos d Jesús por los soldados una vez crucificado (Sal 22,7, cf. Mc 15,24par) y en las injurias de los sacerdotes y letrados (Sal 22,9, cf. Mc 15,32par). 
Las palabras de Jesús manifiestan una situación personal que venimos observando a partir de Getsemaní: el abandono de Dios. No solicita Jesús a Dios el porqué le están sucediendo estos hechos, sino expone la queja del justo por su alejamiento y falta de ayuda en la última etapa de su vida, cuando ésta ha descrito una fidelidad sin límites resumida en las tres tentaciones (Lc 4,4.8.10; Mt 4,4.6.10). El mismo Salmo afirma sin rodeos: «Fuiste tú quien me extrajo del vientre, me tenías confiado a los pechos de mi madre; desde el seno me arrojaron a ti, desde el vientre materno tú eres mi Dios» (22,10-11), además del v.9 puesto en boca de sus acusadores: «Acudió al Señor, que lo ponga a salvo, que lo libre si tanto lo quiere».
Pero el verso del Salmo puesto en boca de Jesús reproduce el lamento del justo de no verse liberado de la muerte. Ella le separa de su familia, de su pueblo, de su templo en cuanto presencia de Dios en la historia. El clamor de Jesús revela que habiendo sido fiel al Padre a lo largo de su vida, siente que éste le deja orillado en el camino sin dar la más mínima señal de ayuda y socorro. Porque sus discípulos huyen o duermen (Mc 14,37.40par), Judas le traiciona (14,10-11par), Pedro le niega (14,66-72par) y, ante esto, Jesús pierde la autoridad y el magisterio; los prebostes religiosos de su pueblo le juzgan, se ríen de su causa y le entregan a los romanos (14,55-64par) y, con ello, desaparece su identidad judía; Pilato lo tortura, y quita su forma humana (15,15-20par); y lo ejecuta como enemigo del Imperio arrebatándole la vida. La comunidad cristiana lee con acierto estos acontecimientos identificándolo como el siervo de Isaías: «... sino que se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo [...] se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz» (Flp 2,7-8); y la carta a los Hebreos le da el sentido: «... padeció la muerte para bien de todos» (2,9).

                                                           Reflexión

La reacción de Jesús ante los sufrimientos que padece no sigue la entrega personal que muestran muchos mártires, que ofrecen su vida por Dios y por los mejores ideales humanos. Ni siquiera expresa el dominio de sí del estoicismo griego, que simboliza la imagen de un Dios apático y sin sintonía con la historia. Más bien, aunque de una forma distinta, continúa la experiencia personal de la agonía de Getsemaní, en la que Marcos describe su angustia con esta queja al que puede sacarlo y liberarlo del abismo del dolor y la muerte. Si esto es verdad, también lo es que tanto el Evangelista como los lectores ya saben el final. Es decir, se cita el verso del Salmo de súplica, porque la salida a esta situación de angustia es un futuro en el que Dios ayuda y asiste al justo. De hecho, las tres predicciones de la pasión afirman a la vez la resurrección. La queja se ciñe a un momento en el tiempo y a un espacio concreto del camino del encuentro definitivo con Dios. No es una actitud permanente. De ahí que no enseñe el verso un estado de desesperación de Jesús por el que pierde toda referencia a Dios y se aleja por completo de toda posibilidad de salvación. Esto supondría la rotura definitiva con Dios: la pérdida de la esperanza, que arrastra a la fe y al amor. La frase, al incluir el «Dios mío», indica que Jesús permanece en la relación de toda criatura con su Creador, de Jesús con Dios, aunque no en el nivel que él ha experimentado en su vida: la relación filial con el Padre. Jesús experimenta a Dios como tantas veces sucede en nuestra vida, donde la percepción de sus silencios no son otra cosa que la expresión de nuestra sordera o ceguera  qu no de su fiel compañía.


Los contenedores

                                                          Contenedores

                                                      Francisco Henares Díaz
                                                               Instituto Teológico de Murcia OFM
                                                                                  Pontificia Universidad Antonianum

            Habrán visto Uds. en TV y radio que se quiere aprobar una ley que borra del mapa social a esos pobres hombres y mujeres que pasan por los contenedores al atardecer, levantan la tapa grande, y empiezan a rebuscar materiales que les sirvan, desde unos tomates todavía aprovechables hasta unos zapatos pasables, y desde un bol de plástico a un tubo de metal o de hierro. O sea, que lo que nosotros tiramos, otros lo aprovechan. Más de una vez se ha dicho que por lo que una familia tira a la basura se sabe el nivel de vida en que se halla. El contenedor es como un termómetro que mide la temperatura del bolsillo en billetes. Por ejemplo, si tira una familia mucho papel medimos  que se lee en esa casa y se compran revistas, o algo parecido. Y a lo mejor, pensamos que tiene carrera, y por supuesto, no está en paro. O bien deja una TV obsoleta allí tirada, porque ya se ha comprado una TV de plasma. Y suma y sigue.                 
       
Pues a mí me interesa aquí hacer una defensa solidaria de esas personas junto al contenedor. Haré unas reflexiones acerca de lo que hablamos. Sale en la TV un político municipal o regional y empieza  a hablarnos de lo buena que será esa ley, porque valdrá para más higiene en la calle, para tener más limpia la ciudad, y todo eso. Se ve claro que culpa de la porquería de nuestras calles a esos de la carretilla, la moto y de las bolsas a cuestas que se llevan. Es cierto que más de una persona de las que hablamos en torno a los contenedores, saca las bolsas de adentro, las raja, y esturrea lo que no se lleva. Pero también hay otras personas que dejan la basura en el suelo, o envían al crío y éste no recicla. Pues señores políticos multen, prohíban y repriman a todos los sucios, igual que hacemos con los propietarios de los perros en calles y jardines, pero no prohíban como única forma, sino que vivan las personas de lo que hacían debidamente. No todos serán igual de sucios. Prohibir es la cosa más fácil del mundo. Y encima ese político en la tele decía que las multas serán de órdago. De 800 euros. Se queda uno pensando: este político ¿sabe para quién habla?  Para gente bien, supongo, porque los busca bolsas en el contendedor no han visto 800 euros juntos en su vida, quizás.
           
Y aquí me viene a las mientes otra reflexión. Carroña es cosa, idea o persona despreciable, según el DRAE. Y carroñero sería oficio de eso mismo. La basura es despreciable, pues. Siento que la palabra coja un sentido peyorativo siempre, pero se nos olvida que el ser humano fue carroñero en la antigüedad. Para sobrevivir tuvo que ser carroñero, vivir de las sobras, porque animales más potentes que él se llevaban la mejor parte. Da pena llamar carroñero a un hombre o una mujer, pero el carroñero hace un servicio a la sociedad y a la vida sana, a la ecología. Nadie desprecia a la abubilla, o al cuervo, o al buitre por ser carroñero. Hasta son especies protegidas en la biodiversidad. Son útiles. Así que si el hombre aprovecha lo que otro tira, no debiéramos ofendernos, sino agradecerlo. Pero nos hemos vuelto tan higiénicos y guapos que se convierten en seres despreciables. Hasta habría que ocultarlos y que salgan solo de noche, porque producen mal aspecto en la ciudad.
   
A mí me gustó más lo que dijo una chica en TV, al ser preguntada por todo esto, tras el aviso de que serían prohibidos. Dijo: a nadie le gusta ser carroñero, si estuvieran con un trabajo retribuido, se librarían del contenedor. Vamos que nadie va al contenedor por deporte, señores políticos. Y ahora cabe una última reflexión. ¿Puede haber intereses en borrar del mapa social a estas personas porque no es grata su figura? O ¿cabe la posibilidad de que alguna empresa esté interesada en industrializar todo esto, y le estorben los carroñeros para sus fines? Demasiadas preguntas quizás. Nadie habla de estas posibilidades. Nadie habla de mejoras en el empleo, tan enteco éste. Más fácil hablar de prohibir. Uno vuelve a pensar cómo las especies tienen sentido en su quehacer natural (la hiena, por ejemplo, que es carroñera), y los humanos, no alcanzamos a ordenar nuestra distribución en el hábitat. ¿Quién sabe más de la vida nosotros o ellos?      
           
A mí de todos modos, lo que más me preocupa es la multa. ¿Cómo la va a pagar el hombre con su carrito, su bicicleta vieja, o la bolsa entre las manos? 800 euros. ¿En qué estarán pensando los políticos guapos, bien aseados, y nosotros  pintiparados? Y si no la puede pagar ¿a qué viene poner la multa, si se declaran insolventes?  A lo mejor lo que necesitamos es irnos al campo y ver más a los animales, y que nos dé el aire. Todo menos atosigar a los pobres. Y en todo caso, vamos a crear puestos de trabajo, porque la crisis da para muchos contenedores y para muchas bolsas de hambre.                                                           


lunes, 23 de febrero de 2015

«Maestro. ¡Qué bien se está aquí!»

                                                  II DOMINGO CUARESMA (B)


                                                        «Maestro. ¡Qué bien se está aquí!»

        Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9,1-9.

        En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: —Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
        De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

1.-  Dios revela a Pedro, Santiago y Juan, y en ellos a los bautizados en Cristo, que la persona de Jesús, su Hijo amado,  es la nueva ley, es el profeta por el que nos habla definitivamente sobre nuestra salvación (cf. Heb 1,3). El Señor se reveló en el Sinaí a Moisés y le dio las tablas de la Ley para que Israel pudiera convivir. Elías es el símbolo del profetismo. Pues bien, Moisés y Elías son sustituidos por Jesús, la Palabra que se ha hecho hombre (cf. Jn 1,14) y que con su vida y doctrina nos comunica la buena nueva de la salvación. La voz llama a su seguimiento: "¡Escuchadle!". Dios ratifica las palabras y la vida de Jesús. Por consiguiente, Dios se deja ver y se escucha en la historia de Jesús, en su doctrina expresada en las parábolas y frases, y en sus hechos, en los milagros que muestran que Dios impulsa la vida curando y devolviendo la libertad a los poseídos por el diablo. Nuestra vida se abre a un mundo nuevo.
              
2.-  Cuando el Señor nos llama a salir de sí mismo, o mejor, que Jesús se adentre en nuestra existencia, sólo es posible cuando lo hacemos en la familia, en la comunidad cristiana, en las fraternidades que pululan en la Iglesia. No es posible que solos afrontemos la historia repleta de tentaciones continuas, de violencias sin cuento, o de fantasías irreales. Jesús devolvió a la realidad a Pedro, a Santiago y a Juan. Y, además de Jesús, quien nos indica la verdad de la existencia es la comunidad familiar y la comunidad cristiana. Son los otros los que nos señalan el objetivo de nuestra vida, la meta que debemos alcanzar, y de una forma paulatina la vamos haciendo nuestra. La ventaja es que no corremos solos; que vamos en grupo por la historia apoyándonos mutuamente en las cruces, y comunicando el gozo del Señor cuando los sentimos en nuestro corazón.
              
3.- El Tabor revela a Dios en su gloria; su cercanía transfigura y emociona. Y tan es así, que los discípulos quieren sujetar ese momento para siempre: «Hagamos tres tiendas…..», porque Dios está al alcance de la mano.  Pero estas experiencias no son permanentes en nuestra historia, transida por el bien y el mal. La tierra ni es el cielo ni es el infierno. Es una mezcla de ambos. Lo importante de la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, es lo que nos comunica el Señor: por más que suframos, por más que tengamos problemas y sinsabores, la vida termina en Él; la vida concluye en la transformación final que sólo Dios da a los que le son fieles y le corresponden en el amor. Para ello hay que escuchar a Jesús, y después de escucharlo, adentrarnos en él y ver la realidad con sus ojos, para decir con San Pablo: «No soy yo, es Cristo que vive en mí» (Gál 2,20).




               

Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

                                         II DOMINGO CUARESMA (B)


                                                          Este es mi Hijo amado; escuchadlo.

        Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9,1-9.

        En aquel tiempo Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: —Maestro. ¡Qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Estaban asustados y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: —Este es mi Hijo amado; escuchadlo.
        De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie lo que habéis visto hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos.
Esto se les quedó grabado y discutían qué querría decir aquello de resucitar de entre los muertos.

Iglesia de la Transfiguración
Tierra Santa
1.- Texto. Los discípulos saben que el mesianismo de Jesús no es un camino triunfante avalado por su todopoderosa filiación divina. Poco antes de su transfiguración, en la confesión de Pedro, le dice a los discípulos que el Hijo de hombre tiene que padecer y morir (cf. Mt 16,21). Para reforzar su fe, se lleva a su círculo íntimo a orar al monte. Transfigurado Jesús por la presencia divina, el Padre comunica su identidad y función fundamental a Pedro, Santiago y Juan: es el Hijo amado; es la Palabra que revela la auténtica voluntad del Padre; es el que completa y resume la ley y los profetas. Con él, como ya lo indicó con Juan Bautista (cf. Mt 11,7), comienza un mundo nuevo, una vida nueva.
2.- Mensaje. Pero el estilo de vida de Jesús es el de un siervo, obediente a Dios, obediente al servicio de los hombres, como antes el Padre le reveló en el Bautismo (cf. Mt 3,17). Forma de siervo que le lleva al extremo de morir por amor en la cruz: «No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). Pedro, Juan y Santiago lo van a contemplar muy pronto en la oración del huerto, cuando suda sangre y se rompe interiormente al contemplar la inutilidad de su ministerio y al presentir su camino de cruz (cf. Mc 14,32-42par). Por ello, los discípulos necesitan saber que la cruz no puede esconder, y menos negar, la vocación divina de Jesús, la revelación definitiva de la voluntad salvadora del Señor a todos sus hijos. Y tal experiencia se les presenta con la glorificación de Jesús, aquel que la cruz no podrá con él, porque Dios, desde siempre, le ha sido fiel.
3.- Acción. La pasión y la cruz es un camino que termina en la resurrección. Es la vía que ha recorrido Jesús.  Nuestra vida también entraña las experiencias de felicidad y tristeza, de gloria y de muerte, de gracia y desgracia, etc., en su caminar lento o rápido hacia el encuentro con el Señor. Nuestra existencia no es toda gloria, como si fuéramos ángeles, ni es toda desgracia, como si fuéramos diablos. Nuestra historia es un cúmulo de experiencias buenas y malas, de tabores y de cruces que se entrecruzan continuamente, o por fases y tiempos determinados. Debemos convencernos que al final está la resurrección; que al final sólo quedará lo que hayamos amado, es decir, la dimensión de Dios hecha realidad en nuestros actos y actitudes (cf. 1Jn 4,16). No necesitamos ni la venganza, ni la violencia, ni el poder para solapar la desesperanza o las frustraciones. Simplemente ser fiel, como Jesús, al Padre, que tiene la última palabra sobre nosotros, y nos lo demuestra, de vez en cuando, en los momentos de felicidad que disfrutamos a lo largo de nuestra vida.



domingo, 22 de febrero de 2015

Santos y Beatos: 23-28 febrero

23 de febrero
Policarpo ( 155ca.)

            San Policarpo, obispo de Esmirna (Turquía), es discípulo de los Apóstoles, de los que escuchó la vida y la doctrina de Jesucristo. Recibe a San Ignacio de Antioquía en su viaje a Roma. También San Policarpo va a la Ciudad Eterna para tratar con el papa Aniceto la fiesta de la Pascua. Es martirizado en torno al año 155.

                                               Común de Mártir

Oración. Dios de todas las criaturas, que te has dignado a agregar a San Policarpo, tu obispo, al número de los mártires, concédenos, por su intercesión, participar con él en la pasión de Cristo, y resucitar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.



24 de febrero
Isabel de Francia (1225-1270)

            La beata Isabel de Francia es hija del rey Luis VIII y Blanca de Castilla. Dada en matrimonio a Conrado Hohenstaufen, hijo del emperador Federico II, renuncia a casarse por haber hecho el voto de virginidad. Se dedica a asistir a los enfermos en los hospitales, ayudar a los pobres y acrecentar la devoción a la Eucaristía, medio con que busca identificarse con Cristo. Construye un monasterio de Clarisas en Longchamp, situado a las afueras de París y dedicado a la Humildad de Nuestra Señora. Le acompañan varias jóvenes de la corte francesa y otras hermanas venidas de otros monasterios, en especial de Reims. Las religiosas no se llaman «Hermanas Pobres», como en la Regla de Santa Clara, sino «Hermanas Menores Encerradas». En el claustro adopta una vida de penitencia y oración, haciendo especial hincapié en la humildad y la pobreza, entendida ésta de una forma menos radical que Santa Clara. Vive en un ala del convento con estancias propias; no emite los votos religiosos, seguramente para no ser abadesa. Muere el 23 de enero de 1270. Asiste a los funerales su hermano San Luis IX, rey de Francia. León X aprueba oficio y misa en su honor el 11 de enero de 1520, e Inocencio XII, a finales del s. XVIII, los extiende a toda la Orden Franciscana.

                                               Común de Santas Mujeres

            Oración. Señor, Dios nuestro, que has derramado sobre la virgen Isabel de Francia abundancia de dones celestiales, concédenos imitar en la tierra su seguimiento de Cristo pobre y crucificado, para que también podamos gozar en su compañía en tu gloria eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.


25 de febrero
Sebastián de Aparicio (1502-1600)

            El beato Sebastián de Aparicio nace en Gudiña (Orense. España) en el año 1502, hijo de Juan de Aparicio y Teresa del Prado. Su oficio es de pastor. Con las ganancias mantiene a su familia. Muertos sus padres y casadas sus hermanas, emigra a México. Aquí se dedica a la agricultura y hace carros de carga tirados por bueyes. Con ellos transporta mercancías de un pueblo a otro. Con sus productos comercia en Veracruz, Zacatecas y en la ciudad de México. Todas las ganancias las distribuye entre los necesitados, como antes lo hizo con su familia. En 1552 deja el comercio y se centra de nuevo en las labores agrícolas y ganaderas. Adquiere una hacienda en la que crea la primera escuela industrial que hay en México; se dedica a enseñar a los campesinos para ganarse la vida con honradez. Se casa dos veces. Cuando enviuda de la segunda mujer, ingresa en la Orden el 2 de junio de 1573 a la edad de 71 años en la ciudad de México. Por 27 años vive dedicado a la oración y penitencia. Se encarga de pedir limosna, cuidar el huerto y hacer las compras. Muere el 25 de febrero del año 1600 a los 98 años de edad. Pío VI lo beatifica el 17 de mayo de 1789.

                                               Común de Santos Varones

            Oración. Oh Dios, que hiciste a tu siervo Sebastián de Aparicio caminar por la senda de la simplicidad de corazón y le colmaste de dones celestiales, concédenos, por su intercesión, que te sirvamos con mente pura y con corazón limpio. Por nuestro Señor Jesucristo.


27 de febrero
        Francisca Ana de la Virgen Dolorosa (1781-1855)

            La beata Francisca Ana nace Sancellas (Baleares. España). Trabaja con sus padres y hermanos en labores agrícolas. En su tiempo libre se dedica a explicar el catecismo a los jóvenes en la parroquia de su pueblo. Fallecidos su madre y sus tres hermanos, ingresa en la Orden Franciscana Seglar en 1798. Cuida a su padre hasta 1821, año en que muere. En 1850 el rector de la parroquia, Juan Molinas, crea una casa de caridad al estilo de las Hijas de la Caridad de San Vicente. Le encarga el proyecto a Francisca. El 7 de diciembre de 1851 profesa con otras dos mujeres. Francisca cumple 70 años. No obstante se dedica con todas sus fuerzas a promover el Instituto así llamado Hermanas de la Caridad, y lo dirige con extremada prudencia. En esta casa instruye a los niños, socorre a los pobres, asiste a los moribundos. Muere el 27 de febrero de 1855. El papa Juan Pablo II la beatifica en Roma el 1 de octubre de 1989.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor, tú que te complaces en habitar en los limpios de corazón, concédenos, por intercesión de la beata Francisca Ana, virgen, vivir, por tu gracia, de tal manera que merezcamos tenerte siempre con nosotros. Por nuestro Señor Jesucristo.

27.1 de febrero
José Tous y Soler (1811-1871)

            El beato José Tous y Soler, Franciscano Capuchino, nace en Igualada (Barcelona. España) el año 1811. A los 16 años ingresa en los Capuchinos de Sarriá (Barcelona), profesando el 19 de febrero de 1828. Se distingue por su unión con Jesús realizada por la oración y la devoción a la Eucaristía y a la Virgen María bajo la advocación de la Divina Pastora. En 1835, exclaustrado, viaja a Italia y a Francia donde se dedica a la dirección espiritual. Regresa a Barcelona en 1843. Funda las «Hermanas Capuchinas de la Madre del Divino Pastor», dedicadas a la educación cristiana de la juventud. Inaugura el primer colegio en Ripoll el 27 de mayo de 1850; en 1858 se cierra este colegio y se abre uno nuevo en Capellades. El Instituto cuenta en la actualidad con fraternidades en Cataluña, Murcia, País Vasco y Madrid; y en Iberoamérica: Nicaragua, Costa Rica, Guatemala, Colombia y Cuba. Muere el 27 de febrero de 1871 celebrando la Eucaristía en Barcelona. Es beatificado por el papa Benedicto XVI el 25 de abril de 2010.
                                               Común de Pastores

            Oración. Oh Dios, que al beato José Tous, presbítero, diste la gracia de seguir fielmente a tu Hijo, en la pobreza y humildad de espíritu, y suscitar en la Iglesia la educación cristiana de los niños; concédenos, por sus méritos e intercesión, que profundamente renovados, podamos saborear la dulzura de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.


27.2 febrero
María Caridad Brader (1866-1943)

            La beata María Caridad Brader nace el 14 de agosto de 1860 en Kaltbrunn (St. Gallen. Suiza); es hija de José Sebastián Brader y de María Carolina Zahner. Estudia en el Colegio de María Hilf de Altstätten, de las Religiosas de la Tercera Orden Regular de San Francisco. Ingresa en este Instituto franciscano el 1 de octubre de 1880 y profesa el 22 de agosto de 1881. Con La beata María Bernarda Bütler y otras hermanas viaja en 1888 a Chone (Ecuador) y más tarde a Túquerres (Colombia). Se dedica a evangelizar a los habitantes de las zonas de la selva colombiana. Funda en 1894 la Congregación de Franciscanas de María Inmaculada, dedicada a la educación de los niños y jóvenes pobres y marginados. Participa con intensidad en la Eucaristía y establece la Adoración Perpetua diurna y nocturna. La beata María Caridad es la oración encarnada. La pastoral social, el trabajo de promoción, la formación, la evangelización y la enseñanza religiosa son la herencia que deja a su Congregación. Es Superiora General desde 1893 hasta el 1919, y de 1928 hasta el 1940. En 1933 aprueba la Santa Sede su Congregación. Es beatificada por Juan Pablo II el 23 de marzo del año 2003.

                                               Común de Vírgenes

            Oración. Señor, Dios nuestro, que has derramado sobre la beata María Caridad Brader la gracia de adorarte por medio de su amor a la Eucaristía, concédenos imitar en la tierra esta virtud, para que también podamos gozar en su compañía de las alegrías de la gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.


28 de febrero
Antonia de Florencia (1401-1472)

            La beata Antonia, de la Orden de Santa Clara, nace en Florencia (Toscana. Italia) en 1401. Contrae matrimonio a la edad de 15 años; tiene un hijo y queda viuda muy pronto. Se casa por segunda vez y enviuda de nuevo. Cuando el hijo es mayor de edad, ingresa en el convento de San Onofre de Florencia, de las Hermanas Terciarias Regulares de San Francisco, fundadas por la beata Angelina de Marsciano. Poco después es destinada al convento de Santa Ana de Foligno, y luego al convento de Santa Isabel de Áquila. Aquí conoce a San Juan de Capistrano, que defiende la reforma de la Orden junto a San Bernardino de Siena. En 1447 marcha con un grupo de religiosas al monasterio del Corpus Domini para observar al pie de la letra la Regla de Santa Clara, sobre todo en los aspectos de pobreza y penitencia. San Juan de Capistrano le encomienda la dirección del monasterio, que ejerce durante toda su vida. Ella se ofrece para renovar la Segunda Orden y se convierte en el modelo femenino de la reforma observante. Muere el 28 de febrero de 1472 a la edad de 71 años en Áquila. El papa Pío IX aprueba su culto el 17 de septiembre de 1847.

                                               Común de Santas Mujeres


            Oración. Oh Dios, que infundiste a la beata Antonia de Florencia un profundo amor a la pobreza y la penitencia, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Jesucristo pobre y crucificado, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.